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lunes, 16 de abril de 2012

Evangelio dominical: ¡Felices los que creen sin haber visto!


Desde la encomienda de Barcelona volvemos como de costumbre a compartir la reflexión del evangelio de ayer domingo 15 de abril. Esta vez San Juan nos invita a creer en Jesús, como el Mesías que había de venir, para que de esta forma podamos tener Vida eterna.

Desde Temple Barcelona estamos deseosos que estos versículos nos sean útiles para conseguir arribar al único camino que lleva a la Verdad.

Retrato de Jesús enseñando sus heridas a Felipe.

“Al atardecer de ese mismo día, el primero de la semana, estando cerradas las puertas del lugar donde se encontraban los discípulos, por temor a los judíos, llegó Jesús y poniéndose en medio de ellos, les dijo: "¡La paz esté con ustedes!".
Mientras decía esto, les mostró sus manos y su costado. Los discípulos se llenaron de alegría cuando vieron al Señor.
Jesús les dijo de nuevo: "¡La paz esté con ustedes! Como el Padre me envió a mí, yo también los envío a ustedes".
Al decirles esto, sopló sobre ellos y añadió: "Reciban el Espíritu Santo.
Los pecados serán perdonados a los que ustedes se los perdonen, y serán retenidos a los que ustedes se los retengan".
Tomás, uno de los Doce, de sobrenombre el Mellizo, no estaba con ellos cuando llegó Jesús.
Los otros discípulos le dijeron: "¡Hemos visto al Señor!". El les respondió: "Si no veo la marca de los clavos en sus manos, si no pongo el dedo en el lugar de los clavos y la mano en su costado, no lo creeré".
Ocho días más tarde, estaban de nuevo los discípulos reunidos en la casa, y estaba con ellos Tomás. Entonces apareció Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio de ellos y les dijo: "¡La paz esté con ustedes!".
Luego dijo a Tomás: "Trae aquí tu dedo: aquí están mis manos. Acerca tu mano: Métela en mi costado. En adelante no seas incrédulo, sino hombre de fe".
Tomas respondió: "¡Señor mío y Dios mío!".
Jesús le dijo: "Ahora crees, porque me has visto. ¡Felices los que creen sin haber visto!".
Jesús realizó además muchos otros signos en presencia de sus discípulos, que no se encuentran relatados en este Libro.
Estos han sido escritos para que ustedes crean que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y creyendo, tengan Vida en su Nombre.” (Jn 20, 19-31)

Reflexión:

El evangelista Juan nos comenta cómo Jesús una vez resucitado se presenta varias veces a sus discípulos para que no tengan ninguna duda sobre Él. Les demuestra con las heridas propias de su crucifixión, que ha vencido a la muerte. De esta forma nos enseña que la muerte no es el final, sino un inicio de una vida perdurable en el tiempo.

Si seguimos sus enseñanzas y nos mostramos dignos de Su Amor, Él nos dará una vida eternamente feliz, donde no sobrevendrán ni las mentiras, ni el odio, ni el dolor, ni el hambre; sino que por el contrario sentiremos un abundante amor que rebosará y embriagará nuestra alma.

Plegaria:

¡Señor!, muéstranos tus heridas las veces que nos sean necesarias para que nunca dudemos acerca de tu naturaleza humana y divina. Tú que como Hijo de Dios que eres, fuiste enviado por el Padre para enseñarnos a merecer ser “Hijos de Dios”, haz que tu Palabra resuene por siempre en nuestros corazones.

viernes, 13 de abril de 2012

El misterioso ídolo de los templarios (II)


Desde la encomienda de Barcelona volvemos a tratar el apartado dedicado a indagar sobre la historia de la Orden del Temple.

Por ello, hemos continuado con un nuevo texto de la paleógrafa italiana Barbara Frale, recogido de su libro “I templari e la sindone di Cristo”, donde profundiza en cómo fue el proceso de falsas acusaciones contra los monjes templarios.

Desde Temple Barcelona estamos convencidos de que su lectura os aclarará algunos aspectos interesantes en tan trágica conspiración

  1. Bajo una capa de infamia

Al amanecer del 13 de octubre de 1307 los soldados del rey de Francia se presentaron armas en ristre en todas las encomiendas para detener a los frailes residentes: los sometieron a interrogatorio inmediatamente, les arrancaron bajo tortura determinadas confesiones que mandaron redactar en forma oficial para enviarlas luego al papa como prueba. Seguían al pie de la letra una orden de captura que Felipe el Hermoso había promulgado y luego difundido de manera secreta el 14 de septiembre anterior. El soberano afirmaba actuar tras una consulta con el papa y a solicitud expresa de la Inquisición de Francia, porque había tomado cuerpo una fuerte sospecha de herejía de los templarios. Decía:

Quienes son recibidos en el seno de la orden solicitan el pan y el agua, luego el preceptor o el maestro encargado de recibirlos los conduce en secreto hasta detrás del altar o a la sacristía: entonces, siempre en secreto, les muestra la cruz y la figura de Nuestro Señor Jesucristo y les ordena renegar tres veces del profeta, es decir de Nuestro Señor, cuya es la imagen, y escupir tres veces sobre la cruz; luego se les manda quitarse la ropa y quien los recibe los besa en el extremo de la espina dorsal, bajo los calzones, luego en el ombligo y finalmente en la boca: y dice que si alguna vez algún hermano de la orden quisiera unírseles carnalmente, no deben negarse, porque, de acuerdo con los estatutos de la orden, están obligados a soportarlo. Por este motivo muchos de ellos practicaban la sodomía. Y cada uno usa ceñido sobre la camisa un cordoncillo que debe llevar siempre encima, de por vida; estos cordoncillos han sido arrollados alrededor de un ídolo con forma de cabeza de hombre de barba larga, cabeza que ellos besan y adoran en sus capítulos provinciales; pero esto no lo saben todos los frailes, sino sólo el gran maestre y los ancianos. Además, los sacerdotes de su orden no consagran el Cuerpo de Nuestro Señor: sobre esto deberá indagarse especialmente cuando se interrogue a los sacerdotes templarios.

Con una rapidez increíble para aquella época, resultado de una cuidadosa estrategia preparada durante años, los funcionarios de Felipe el Hermoso recogieron centenares de confesiones en todo el reino, que fueron presentadas a Clemente V como pruebas irrefutables de herejía incluso antes de que la Curia romana tuviera tiempo de reaccionar. De esta manera los juristas de la corona deseaban atar las manos al papa y dejarle un estrechísimo margen de maniobra: inmediatamente después de la detención, Guillaume de Nogaret, el abogado real enviado a Anagni para arrestar a Bonifacio VIII, organizó asambleas populares en las que la culpabilidad de los templarios se presentaba como un hecho cierto. Se ordenó a los frailes franciscanos y dominicos que predicaran al pueblo acerca de la herejía de los templarios, a fin de crear un verdadero prejuicio en la gente común.

Las investigaciones prosiguieron en toda Francia a ritmo acelerado hasta comienzos del año siguiente: en poco tiempo, el castillo de acusaciones que los juristas reales llevaron a cabo dio pasos de gigante y a las acusaciones ya denunciadas en el dossier de octubre de 1307 se agregaron otras, amasadas con materiales recogidos aquí y allá de las diversas confesiones a medida que se sucedían las presiones y las torturas. Fue un trágico crescendo que, ampliamente alimentado por la fantasía popular se mantendría a lo largo de todo el proceso como un río crecido que en su descenso hacia el mar arrastra todos los detritos que encuentra en su camino. Junto con la negación de Cristo y el ultraje a la cruz, que eran los cargos que el rey de Francia denunciara originariamente, se acumularían muchas otras acusaciones, hasta elevar de siete a más de setenta las imputaciones contra los templarios.

De un primera fase de completa confusión, durante las primeras semanas posteriores a la captura, Clemente V pasó a la sospecha de que el rey estuviera actuando absolutamente de mala fe. Esta sospecha se convirtió en certeza a finales de noviembre de 1307 con el regreso a la Curia de dos cardenales enviados a París para interrogar a los templarios detenidos por el rey y aclarar las cosas, quienes informaron al papa que no se les había permitido ni siquiera ver a los prisioneros. En diciembre fue a París una segunda delegación formada por los mismos purpurados, pero esta vez con facultad para excomulgar a Felipe el Hermoso si volvía a impedirle el contacto con los presos: esto permitió a Jacques de Molay denunciar todas las violencias y las graves irregularidades padecidas; en febrero el papa suspendió a toda la Inquisición de Francia por graves irregularidades y abuso de poder, lo que dejó aparcado el proceso. Toda la primavera siguiente estuvo dominada por una enconada guerra diplomática entre el rey Felipe, que ya se había apoderado de los bienes de los templarios y quería lograr la condena, y el pontífice, que se negaba a tomar ninguna decisión antes de poder examinar personalmente a los detenidos. Ante la obstinada insistencia de Clemente V, el rey comprendió que no tenía opción, de modo que permitió que una minoría de templarios, entre ellos el gran maestre y altos dignatarios de la orden, saliera de París bajo escolta para ir a la Curia romana, que por entonces residía en Poitiers, para ser interrogados allí por el papa. Entre el 28 de enero y el 2 de julio de 1308, Clemente V pudo por fin realizar su investigación sobre los templarios; paradójicamente, pese a ser la única persona del mundo con autoridad para investigar a esta orden, sólo entonces el papa pudo ver personalmente a los imputados por primera vez, cuando sus confesiones extraídas bajo tortura ya habían recorrido durante meses Europa entera. Las pruebas estaban completamente contaminadas; el honor de la orden había sido aplastado bajo una enorme capa de infamia.

Tras haber comprobado el amplio uso de la tortura en los interrogatorios realizados por los funcionarios del rey de Francia, Clemente V descubrió que, más allá del montaje creado por los juristas de la corona, los templarios admitían la existencia de una tradición, de una costumbre que, transmitida en el más estricto secreto, obligaba al nuevo miembro de la orden a renegar de Cristo y a realizar un acto de ultraje de la cruz (generalmente escupirla). Los frailes lo explicaban con las palabras modus est ordinis nostri, “es costumbre de nuestra orden”. La existencia de este ceremonial secreto, una especie de prueba de obediencia al final de la ceremonia de ingreso propiamente dicha, desplazaba la responsabilidad a la institución templaria: estaba claro que no se podía culpar de manera individual a los frailes si habían sido obligados por sus superiores a cometer aquellos gestos indignos para seguir una tradición de la orden. Los sarracenos acostumbraban a torturar a los prisioneros cristianos para obligarles a renegar del cristianismo y, como signo tangible de abjuración, les exigían que escupieran sobre el crucifijo: el extraño ritual de los templarios repetía esa costumbre como una puesta en escena muy realista, que incluía también amenazas, palizas y hasta el doloroso aislamiento en la cárcel. Su objetivo era templar el carácter del nuevo miembro de la orden con una experiencia traumatizante, esto es, haciéndole sentir de inmediato lo que sufriría en caso de caer en manos enemigas; probablemente también servía para enseñarles la absoluta obediencia que la orden exigía, la renuncia a la libertad personal para depositar su confianza en el juicio de los superiores con una sumisión prácticamente total.

A la negación de Cristo –escupiendo sobre la cruz- se agregaron luego elementos extraños que hoy podríamos considerar afines a las “novatadas”, o sea, bromas muy pesadas y humillantes que los veteranos hacían a los recién llegados, entre ellos tres besos (en la boca, el ombligo y las nalgas) y la recomendación de no negarse a los cofrades en busca de relación homosexual; la invitación a la sodomía era una simple humillación de palabra, que no se prolongaban en los hechos concretos; de los más de mil templarios que confesaron el proceso, sólo seis hablaron efectivamente de relaciones homosexuales con sus hermanos de orden.

jueves, 12 de abril de 2012

El padre Gabriele Amorth: una vida consagrada a la lucha contra Satanás


Desde la encomienda de Barcelona retomamos el apartado dedicado a conocer la experiencia del exorcista del Vaticano, el padre Gabriele Amorth, donde esta vez nos explica la importancia que tienen algunos elementos para poder dominar a las fuerzas del mal.

Hemos extraído el siguiente texto de su libro Memorie di un esorcista –La mia vita in lotta contro Satana-“.

Desde Temple Barcelona deseamos que su lectura os sea beneficiosa.

Reliquias, santos, papas

Don Gabriele, usted dice que, en los exorcismos, lo más importante es la fe, pero ¿también pueden resultar efectivos símbolos u objetos vinculados a situaciones concretas?

A veces, sí. Hay reliquias que pueden ser efectivas, como la famosa cadena de san Vicino de Sarsina, pero no funcionan siempre. Le pongo un ejemplo. El exorcista más anciano de todos, el padre Cipriano De Meo (lleva unos cincuenta y siete años practicando exorcismos), que vive en San Severo di Foggia, cerca de San Giovanni Rotondo, es el postulador de la causa del padre Matteo, quien vivió en el siglo XVII. Pues bien, cuando el padre Cipriano, durante sus exorcismos, invoca: “¡Que venga el padre Matteo!”, es increíble cómo se nota la influencia del padre Matteo.

Alguna vez, yo también he intentado invocar al padre Matteo, y nada. Está claro que es muy importante tener un vínculo personal hondo y fuerte.

Yo siempre invoco al padre Pío, al padre Candido o a Juan Pablo II, que también es muy fuerte. El demonio me ha dado respuestas; recuerdo dos de ellas: “¿Por qué odias tanto a Juan Pablo II?”, le pregunto. Primera respuesta: “Porque desbarató mis planes”. Creo que se refiere a la caída del comunismo. Otras veces me responde: “Porque me ha robado a muchos jóvenes”.

El diablo odia a los sacerdotes santos ya fallecidos, y también siente una profunda hostilidad hacia los miembros vivos de la Iglesia actual, curas, obispos y el Papa, a quienes ataca con dureza. Lo malo es que, frente a un ataque de tan vasto alcance, nuestro clero y nuestro episcopado no están preparados para responder a las peticiones de ayuda, ni siquiera para escuchar. En cuanto oyen hablar de estos problemas, dicen: “¡No son más que cuentos!”.

Incluso hay exorcistas que se limitan a decirle a la gente que vaya al psiquiatra. “Ya he ido”, responden los infelices. “¡Ve al psiquiatra!”, insisten. Y también hay exorcistas que jamás han exorcizado. Escribí sobre esto en un libro, Esorcisti e psichiatri; el segundo capítulo va en contra de los exorcistas franceses, sobre todo contra Isidore Frock, su secretario, que alardeaba hasta en la televisión de no haber practicado nunca un exorcismo y afirmaba que jamás haría ninguno, aunque, por increíble que parezca, hace años escribió un libro sobre los exorcistas.

El poder de los objetos sagrados

¿Los objetos sagrados (el agua, la estola…) tienen poder para exorcizar?

Algo de eso hay, aunque no es fácil determinar con exactitud de qué se trata. Por ejemplo, a algunas personas les digo que se sienten ahí [señala un silló negro de piel sintética, estilo oficina o sala de espera de los años sesenta, cubierto con una especie de esterilla], porque no hacen mucho ruido; pueden estar muy poseídos, pero no son gritones. De todas formas, a veces aquí también recibo a algún gritón; hay casos muy penosos, ¿cómo voy a rechazarlos? Por ejemplo, tengo un joven casado, pintor de paredes. Sólo puede venir los domingos, porque trabaja en una empresa de construcción y no libra ningún sábado. Chilla, pero ¿cómo voy a decirle que no venga? Los martes y los viernes trabaja…Ahora ya no acepto más visitas, porque estoy desbordado. Hay gente que necesitaría, como mínimo, un exorcismo a la semana, y yo sólo los trato una vez al mes.

Volviendo a los objetos, la estola es uno de los más efectivos. Algunos de mis pacientes, cuando les pongo la estola sobre los hombros se la quitan. Y el agua. A algunos, el agua bendita les provoca reacciones muy fuertes, a otros no. El pintor, por ejemplo, escupe mucha espuma, una cantidad tremenda de saliva, y lanza un grito muy peculiar, fuerte y habitual en él, una especie de aullido grave…No sé por qué…A veces le pregunto medio en broma: “¿Te duele?”. Él intenta quitarle importancia, pero sé que en casa le ocurre lo mismo, porque me lo ha dicho su mujer. En cambio, en el trabajo nunca le ocurre.

¿El demonio intenta mantenerse oculto?

Es un demonio que intenta ocultarse, que quiere hacerlo sufrir, pero sin impedirle trabajar. Lo mismo le sucede a una mujer, paciente del cura al que no le han dado la facultad de exorcizar: es enfermera y, en el trabajo, se comporta de forma impecable.

En el caso del pintor, ¿cuál es el origen de la posesión?

Familiares, como sucede tantas veces. A menudo, los maleficios proceden de familiares, de personas allegadas, casi siempre por conflictos de intereses. Yo procedo de una familia de abogados y he conocido muchas familias que se quieren mucho hasta el momento de repartir la herencia. Entonces todos se convierten en lobos feroces; porque no es lo mismo un hijo soltero que uno casado, ni una hija soltera que una casada. Sólo piensan en su nueva familia y ya no les importan ni sus padres, aunque queden en la miseria, abandonados.

¿Qué efectos tiene la Cruz?

La Cruz también surte efecto en algunas personas, lo mismo que el Santísimo; yo siempre lo llevo encima, lo coloco sobre la cabeza del paciente y pregunto: “¿Qué tienes aquí? Eres tú, oh, Señor…”. Se dan perfecta cuenta de todo. El objetivo de la Eucaristía no es expulsar a los demonios, pero los demonios sufren, porque, aunque no vean a Dios, saben muy bien que existe. Y lo odian, a quien más odian es a Dios. Es un odio irreversible, de ahí la eternidad del infierno.

He ido muchas veces a Medjugorje, me siento muy vinculado a ese lugar. Las primeras apariciones se produjeron el 24 de junio de 1981. Fui allí enseguida; vivían en la miseria más absoluta, nosotros les llevábamos ropa y comida. Existía la barrera de la lengua, pero eran muy hospitalarios. Una vez, Mirjana le pidió a la Virgen: “Madre querida, ¿es posible que un condenado se arrepienta, que pida perdón? ¿Dios podría sacarlo del infierno y llevarlo al cielo?”. La Virgen, sonriendo, le contestó: “Por supuesto, Dios podría; son ellos los que no quieren”. De ahí la eternidad del infierno, la raigambre del pecado. Y quien no cree en la eternidad del infierno, no cree en el Evangelio.

miércoles, 11 de abril de 2012

El engaño del Real Madrid


Desde la encomienda de Barcelona nos ha llamado la atención una noticia publicada en la página de Forum Libertas donde indica que el club de fútbol del Real Madrid ha decidido eliminar de su escudo la cruz de su corona para poder vender mayor número de camisetas en países de mayoría musulmana.

Es muy triste que por dinero, los directivos de un club con tanto prestigio como es el caso del R. Madrid, sean capaces de “adulterar” su emblema, eliminando el símbolo cristiano por excelencia, la cruz.

Desde Temple Barcelona, le pedimos a los socios del “Real” que se pronuncien en contra de esta lamentable decisión y se posicionen a favor de potenciar los valores cristianos, también en el mundo musulmán.

Imagen de los escudos del R. Madrid y el F.C. Barcelona.

ForumLibertas.com

No es habitual que hablemos de equipos de fútbol, pero en este caso es obligado hacerlo porque la actuación del Real Madrid va más allá, mucho más, del hecho relacionado con el deporte para situarse de pleno en lo que son los principios y las creencias.

Ya es de dominio público que el Real Madrid, para no despertar presumibles iras del mundo islámico y para poder efectuar su negocio de ‘Real Madrid Resort Island’, que tiene que construirse en la Unión de Emiratos Árabes, ha prescindido de la cruz que estaba encima de la corona real. Digamos de paso que de esta manera la corona deja de ser ‘real’, al menos en la heráldica española, y que por consiguiente a estos efectos el Real deja de serlo. Podríamos llamarlo ya ‘Madrid’ a secas, pero esto tiene una importancia relativa. Lo que sí posee significación es que un club de fútbol importante como el de la capital de España, que en alguna medida tiene la vocación de expresar el fútbol español, que es un club de un potencial económico extraordinario, sea capaz de atentar contra su propia identidad por dinero. Porque, en definitiva, de eso se trata.

Florentino Pérez, la Junta Directiva y los socios del Real Madrid son corresponsables en la medida en que no protesten, son capaces de cargarse un elemento simbólico de nuestra cultura colectiva, la cruz en la corona, y de la propia identidad del club, por un puñado, no dudamos que importante, de euros. Pero además esto lo ha hecho por la puerta de atrás, y he aquí el engaño. Un engaño que es doble, engaña a los musulmanes porque se presenta como lo que no es, se presenta como un club ‘no cruzado’. Y engaña a sus seguidores y a los españoles en general porque ha hecho esta importante transformación sin decir ni palabra.

El Milan, cuando tuvo que jugar con Turquía, no cambió su camiseta del centenario porque lucía una enorme cruz de San Jorge, a pesar de que despertó las iras y las protestas de los turcos. Consideraron que era absolutamente injusto que vieran en la cruz de su identidad una ofensa para ellos, cuando nosotros no vemos en la media luna algo parecido, a pesar de que las Cruzadas se realizaron hace muchísimos años y los atentados de quienes se declaran fieles islamistas son el pan nuestro de cada día, o casi.

El Club de Fútbol Barcelona, que tiene una importante salida comercial en los países árabes, no sólo en el Golfo sino también en Marruecos, nunca ha autorizado que se prescinda de la cruz de San Jorge que luce su escudo y las camisetas que se ven en este sentido, en algunos de estos países, ya se sabe que son falsificadas y de origen chino. Esto ha creado más de un problema a los seguidores del club que son muy numerosos, por ejemplo en Marruecos, pero la identidad ha permanecido, porque lo que se pide es algo que es absolutamente arbitrario e irresponsable.¿Por qué hemos de quitarnos la cruz de nuestra simbología, deportiva o la que sea, ante la exigencia de los musulmanes? Esto es absurdo, es una intromisión intolerable y el Madrid con esta cesión hace un flaco favor a sus principios, y contribuye al acrecentamiento de esta arbitrariedad.

Dicho todo esto, hay que reclamar de sus seguidores, de la gente de Madrid, que digan alguna cosa, que sean capaces de alzar la voz. Porque demasiados sectores de esta ciudad, hasta hace poco tiempo especialmente sensible y beligerante ante todo aquello que significa una acción negativa contra la Iglesia católica, cosa que ciertamente les honra, o ante aquello que representa una alteración profunda de la ley natural, ahora, desde hace unos pocos meses, desde que gobierna el PP, permanecen singularmente callados. Han estado callados con la decisión del actual Gobierno de mantener la legislación sobre el matrimonio y la adopción homosexual, y ahora permanecen callados, sin solicitar el envío de cartas de protesta ni nada parecido, ante lo que ha hecho el Real Madrid. A ver si al final resultará que, en lugar de defender una cultura y una concepción cristiana, lo que se está haciendo pura y llanamente es ideología de partido.

martes, 10 de abril de 2012

Maestros constructores, historia, mito y leyenda


Desde la encomienda de Barcelona retomamos la normalidad, después de haber celebrado entre hermanos, la Semana Santa en la localidad de Alcobendas (Madrid). Estamos preparando una crónica que intentaremos subirla a la mayor brevedad posible.

Mientras tanto hemos encontrado interesante el compartir con todos vosotros un texto del desaparecido Xavier Musquera, donde nos habla de los maestros constructores y que hemos extraído de su obra “La aventura de los templarios en España”.

Desde Temple Barcelona esperamos que su contenido lo encontréis atractivo.

Imagen de uno de los símbolos de la masonería.

El mito fundacional de los maestros constructores se retrotrae a la época del rey Salomón. El monarca tenía que llevar a cabo la promesa que hizo a su padre, el rey David, de erigir un templo para mayor gloria de Yahvé. Pero Salomón tuvo que acudir al rey de Tiro, puesto que en su reino, Israel, no existían constructores con la maestría necesaria para llevar a cabo dicho proyecto.

El rey de Tiro mandó a su maestro de obras, Irma o Adonhiram, según las versiones. Éste formó a los distintos gremios de profesionales, que tardaron siete años en la construcción del Templo de Salomón.

Donde finaliza el retrato bíblico comienza la leyenda del maestro Hiram. El maestro otorgó la palabra de paso o contraseña a aquellos que obtenían el grado de maestros en su especialidad y se convertían en perfectos artesanos. Se cuenta que tres de entre ellos no alcanzaron este grado y, furiosos, decidieron por la fuerza conocer esas palabras de paso. El maestro Hiram, al negarse ante tal petición, fue muerto por sus tres discípulos.

Hoterfut golpeó con su nivel a Hiram en el pórtico de Oriente. Stechin le golpeó con una regla en la puerta de Occidente y el tercero, Holem, golpeó al maestro con un mazo en la puerta Sur.

Los restos del maestro Hiram fueron enterrados por separado: su cuerpo en una parte, sus hábitos en otra y finalmente su vara, símbolo de su mando, en otra. Dice la tradición que una rama de acacia, árbol considerado sagrado por la masonería, surgió de cada fosa para permitir así recuperar sus despojos y su abacus.

Esta leyenda es semejante a aquella perteneciente al mito isiaco en la que se recuerda cómo la hermana y a la vez esposa de Osiris recorre tierras del Mediterráneo en busca de los restos de su cuerpo esparcidos por el traidor Set.

A partir de aquí, el seguimiento histórico resulta indeterminado y confuso. Cuando empieza a recuperarse el hilo conductor en la existencia de estos gremios artesanales nos encontramos en pleno siglo XI y especialmente en el siglo XII. Es en este período cuando se produce un renacimiento medieval. Las fraternidades constructoras, la realeza y la Iglesia emprenden programas arquitectónicos. Lamentablemente, pronto surgen desavenencias entre las autoridades y los gremios artesanales, que coinciden con la creciente degradación que se observa en el seno de la Iglesia y la aparición de una nobleza cada vez más pujante. Así es como dichos gremios buscarán un acercamiento a las órdenes religioso-militares y será precisamente la Orden del Temple la que dará cobijo a estos artesanos, a los que protegerá de los abusos de la nobleza y de la Iglesia.

Son conocidas tres corrientes tradicionales de gremios artesanales. Los Hijos del Padre Soubise, que estaban bajo la protección de la Orden Benedictina, los cuales construyeron los mejores monumentos románicos. Los Hijos del Maestro Jacques, corriente que tal vez impulsó las catedrales de Chartres, Amiens y Reims, así como la impronta que dejarían a lo largo del camino la peregrinación a Santiago.

Cuenta la tradición que el maestro Jacques, nacido en una pequeña localidad del Midi francés denominada Carte, la actual Saint-Romilly, fue hijo del maestro de obras Jacquin, que alcanzó el grado de maestro tras sus viajes a Egipto, Grecia y Jerusalén, donde habría realizado las dos columnas del Templo de Salomón, una de las cuales es denominada la columna de Jacquin.

Finalmente está la corriente conocida como los Hijos de Salomón, cercana a la Orden del Cister y en consecuencia a la Orden del Temple. Esa rama gremial ha sido considerada la impulsora del Estilo Gótico. Tras la disolución de los templarios en el siglo XIV, estos constructores pasaron a la clandestinidad y se tiene la sospecha de que algunos de ellos se integraron en la francmasonería, origen de la masonería moderna.

A principios del siglo XII, los canteros y albañiles no habían dejado de ser obreros, pero en cambio habían conquistado libertades y empezaban a organizarse. Consiguieron el derecho a tener su logia, es decir, un lugar a cubierto en el que trabajar y guarecerse de las inclemencias del tiempo y en el que poder celebrar sus asambleas en privado.

Pronto empezaron a experimentar un sentido de dignidad, incluso de orgullo, al reconocer la importancia de su oficio. Terminaron por formar una auténtica hermandad y con ella se organizaron.

A mediados del siglo XII, la logia de los constructores se convirtió en escuela con biblioteca y archivo para la conservación de planos, ya que hasta aquel momento eran inexistentes. El Gótico, con su extraordinaria complejidad, vino a complicar su trabajo y fue necesaria su confección.

Cuando un cantero itinerante les visitaba, describía los edificios en los que había trabajado, así como aquellos que había observado en su camino. Les enseñaba bocetos y dibujos y les contaba sus técnicas constructivas. Las logias se ocupaban de hacer copias y de distribuirlas entre ellas.

Cuando llegaba un viajero, daba tres golpes en la puerta principal, la abría y gritaba: “¿Trabajan aquí constructores?”. Después la cerraba y aguardaba. Los que estaban dentro se quitaban el mandil, se ponían el jubón, se calaban el gorro y se aprestaban a recibir al huésped en el comedor o en el salón. Uno de ellos tomaba un cincel como símbolo de bienvenida y salía a recibirle. Se intercambian saludos, se daban un apretón de manos y, si consideraba que todo estaba en regla, entonces era admitido. A finales del medioevo, las logias también servían de posadas, bancos y caballerizas para sus propios hermanos. Con el fin de reconocerse entre ellos y evitar que nadie pudiera hacerse con sus conocimientos crearon complicados ritos y convirtieron su oficio en secreto.

Para ingresar en los gremios medievales se precisaban determinados requisitos y largos períodos de formación, tanto profesional como intelectual. Se pasaba del grado de “aprendiz” hasta ascender al de “oficial”. Tras duro trabajo y perfeccionamiento, y después de demostrar sus cualidades y aptitudes ante las más altas jerarquías de la logia, se recibía el tan anhelado título de maestro y se era considerado en aquel momento como un “compañero”. Comenzaba entonces un largo peregrinaje que podía durar largos años, incluso toda una vida, en pos de nuevos conocimientos que se adquirían con las obras de otros compañeros constructores.

Ser compañero era toda una filosofía y un comportamiento de vida. Lo importante era la obra a realizar para la posteridad y no la fama o el protagonismo. Por esta razón, la mayoría vivieron en el más completo y absoluto anonimato y se desconoce en la mayoría de casos quiénes eran. Son escasísimas las biografías que pueden consultarse al respecto, ya que la aparición de un nombre no es prueba de autenticidad, pues presumiblemente dicho nombre sea en realidad iniciático. Cabe añadir incluso que un mismo nombre podía ser utilizado por varios compañeros por tratarse de un nombre tradicional de oficio.