
No hemos podido resistirnos a escribir sobre este tema porque hay personas que desconocen qué esconde el movimiento masón. Existen individuos que creen que los Templarios son masones, porque los propios masones han intentado buscar un origen legendario a sus propósitos con el fin de reclutar a más miembros para sus logias. Y, ¿qué mejor que intentar asociar los orígenes de la masonería regular con el final de la Orden del Temple?
Esa afirmación no sólo es falsa, sino que las Damas y Caballeros de la SMOTH-MIT, somos contrarios a la masonería.
La Masonería surge como un movimiento reaccionario y conspiratorio durante el siglo XVIII con el ánimo de conquistar el poder y utilizarlo para sus fines.
Fue un presidente masón, Truman, el primero en lanzar la bomba atómica; ha sido un ex presidente masón, Giscard d’Estaing, el padre de un proyecto de constitución europea que excluye cualquier referencia a la herencia cristiana; ha sido la masonería francesa, la que ha servido para articular todo un sistema despiadadamente colonial en África.
Durante los años del ex presidente francés Mitterrand, los masones tendrían un papel también relevante en la corrupción, situación imposible de separar de la gestión socialista. Su programa en ocasiones parecía reducirse a una filosofía laicista, a una supuesta solidaridad social que justificara el aumento del gasto público y creara bolsas de voto cautivo mediante subvenciones; y a unos negocios controlados por la administración que permitieran obtener ilegales beneficios personales.
La Logia P-2, bajo la dirección de Gelli, integró en su seno a políticos, magistrados, hombres de negocios y militares dispuestos a dar un golpe de Estado que aniquilara el sistema parlamentario de Italia. Esta logia tuvo además un papel significativo en el episodio del Banco Ambrosiano y las finanzas vaticanas a través del banquero masón Michele Sindona –que logró convertirse en consejero del Papa Pablo VI-. La logia P-2 puso de manifiesto que la masonería había logrado introducirse en el Vaticano y llevar a cabo un conjunto de tramas que sólo podían tener como resultado la bancarrota y el descrédito de la Santa Sede.
En España, la masonería reapareció de manera oficial tras la muerte de Franco. El 30 de septiembre de 1979, Felipe González fue elegido secretario general por un Congreso extraordinario. En la lista donde se encontraban, entre otros masones, Joan Reventós, Enric Sopena, Gregorio Peces-Barba o Gaspar Zarrias. Quizás por ello no resulte tan sorprendente que el Gran Maestre del Gran Oriente español fuese en 2004 un antiguo diputado del PSOE. Los socialistas españoles tras la corrupción manifiesta del gobierno de González, regresan nuevamente a la Moncloa en 2004, esta vez dirigidos por José Luis Rodríguez Zapatero, nieto de militar masón y responsable del mayor ataque lanzado por un gobierno contra la Iglesia Católica desde los años de la Segunda República.
Del pasado de la masonería sabemos que choca frontalmente con el cristianismo: que ha demostrado una inmensa capacidad para derribar gobiernos y alcanzar el poder. Sus mensajes han podido ser atrayentes y sugestivos, pero por regla general han sido deplorables. En ese sentido, la masonería se asemeja a otras utopías de la Historia, como el socialismo y el comunismo.
Un futuro en manos de la masonería, significaría, un recorte de las libertades de aquellos que no estén dispuestos a plegarse a un discurso único, sincrético y multicultural; un aplastamiento de los que no comulguen con un sistema laico.
En la Unión Europea, nos encontramos con una constitución que excluye los orígenes cristianos de occidente, y cuya identidad como civilización va camino de convertirse en inexistente, dirigiéndose hacia un pensamiento espiritual absurdo mezclado con ese ocultismo peliculero denominado New Age.
Las Damas y Caballeros del Temple, no estamos dispuestos a renunciar a la Verdad y continuaremos defendiendo las obras y las palabras del Único Salvador del mundo; Nuestro Señor Jesucristo.