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viernes, 7 de octubre de 2011

El veredicto de la historia: Iª parte


Desde la encomienda de Barcelona queremos compartir las conclusiones del escritor y novelista Piers Paul Read sobre el veredicto que se puede tener de los Templarios a lo largo de la historia.

Para ello hemos seleccionado un texto del mencionado autor que fue publicado en su libro cuyo título es “The Templars”.

Recordad que el contenido de lo que publicamos en esta humilde página, no necesariamente deba ser aprobado en su totalidad por la dirección de Temple Barcelona. El propósito de tales escritos, es el de llevar la luz y la reflexión, acercando la historia de la Orden del Temple tanto a hermanos como también a profanos.

Deseamos que su contenido os sea grato.

¿Cuál ha sido el veredicto de la historia sobre los Templarios? Desde el momento mismo de su enjuiciamiento, la opinión se dividió acerca de si había cometido o no los crímenes que se les atribuían. Dante Alighieri pensaba que eran las víctimas inocentes de la codicia del rey Felipe IV, mientras que el mallorquín Ramón Llull, poeta, místico, misionero y teórico de las Cruzadas, aunque inicialmente dubitativo, terminó aceptando que los cargos imputados contra la Orden eran inciertos. Pero ambos eran parciales: Dante había sido expulsado de Florencia por el bando apoyado por Carlos de Anjou, y Llull, como Felipe el Hermoso, estaba fanáticamente empeñado en la fusión de las dos principales órdenes militares.

En los siglos siguientes, los juicios retrospectivos sobre el Temple se vieron análogamente distorsionados por consideraciones políticas: los partidarios de los papas romanos y los reyes franceses no querían admitir que los predecesores de sus soberanos hubieran perpetrado una grosera injusticia, en tanto que los demócratas y constitucionalistas tendían a describir a los Templarios como víctimas de la tiranía. Así, a principios del siglo XVI, en De occulta philosophia, de Enrique Cornelio Agrippa, se compara a los Templarios con las brujas, mientras que ya avanzado el mismo siglo, el pensador político francés, Jean Bodin, los cita, junto con los judíos, como ejemplo de una minoría marginalizada y vulnerable, expropiada luego por un rey rapaz.

En los siglos XVII y XVIII, los protestantes y escépticos usaron por igual la presunción de culpa en la causa de los Templarios como una vara con que castigar a la Iglesia católica romana: el teólogo anglicano, Thomas Fuller, escribió que fue “en parte su viciosidad y en parte su riqueza” lo que provocó la “extirpación final” de los Templarios; y Edward Gibbon, en su Historia de la decadencia y caída del Imperio romano, se refirió al “orgullo, la avaricia y la corrupción de esos soldados cristianos”. Esta impresión de los Templarios fue la inspiradora de los personajes Templarios de Sir Walter Scott.

No obstante, con el advenimiento de la Ilustración, en el siglo XVII, emergió una tercera visión de los Templarios no como cristianos ortodoxos o heréticos, sino como los sumos sacerdotes de una religión antigua y oculta anterior al nacimiento de Cristo. Podría pensarse que un movimiento intelectual que se enorgullecía de reemplazar la superstición con el sentido común se sacudiría las telarañas de confusión que rodeaban la historia de los Templarios: pero la Ilustración, como señaló Peter Partner en su libro sobre los Templarios, The Murdered Magicians, estaba lejos de ser el simple ejercicio de las facultades racionales que algunos de sus propagandistas gustaban de sugerir.

Los principales agentes de este “Templarismo” por el que los Templarios pasan del plano histórico al plano mítico fueron los francmasones, confraternidades secretas de apoyo mutuo cuyo impreciso deísmo las hacía perniciosas para la Iglesia católica romana. No fueron los primeros en convertir a los Templarios en personajes de ficción: aun antes de la disolución de la Orden, los Templarios habían comenzado a aparecer en romances y epopeyas, a menudo como paladines de los amantes, consolándolos si su pasión no era correspondida, facilitando su consumación, si lo era. Mucho más que los Hospitalarios o los Caballeros Teutónicos, los Templarios capturaron la imaginación de cronistas y poetas por igual. Los caballeros del Grial en el Parzival de Wolfram von Eschenbach son descritos como Templarios, pero “en su poema no hay ninguna evidencia de que él, un pobre caballero germánico, poseyera algún conocimiento secreto sobre la Orden del Temple, que en ese momento todavía tenía muy pocas propiedades en Germania, y cuyos miembros eran en su mayoría franceses”.

La hipótesis de los francmasones era tan fantasiosa como el Parzival. Andrew Ramsay, un jacobita escocés exiliado en Francia y que fuera director de la Gran Logia Francesa en la década de 1730, sostenía que los primeros masones habían sido picapedreros de los estados cruzados, que habían aprendido los rituales secretos y alcanzado la sabiduría especial del mundo antiguo. Ramsay no hizo ninguna afirmación específica sobre los Templarios, quizá porque no quería protagonizar con su anfitrión, el rey de Francia; pero en Germania, otro exiliado escocés, George Frederick Johnson, fabricó un mito que transformaba a los “Templarios […] de su ostensible estatus de monjes-soldados iletrados y fanáticos al de profetas caballerescos ilustrados y sabios que habían usado su estancia [en Tierra Santa] para recuperar los secretos más profundos de Oriente y emanciparse de la credulidad católica medieval”.

Según los masones germánicos, los grandes maestres de la Orden habían aprendido los secretos y adquirido el tesoro de los judíos esenios, que cada uno pasaba a su sucesor, Jaime de Molay, la noche de su ejecución, había enviado al conde de Beaujeu a la cripta de la iglesia del Temple de París para recobrar ese tesoro que incluía el candelabro de siete brazos tomado por el emperador Tito, la corona del reino de Jerusalén y un sudario. Sabemos que en testimonio dado en el juicio de los Templarios, un sargento, Juan de Châlons, sostuvo que a Gerardo de Villiers, el preceptor de Francia, le habían avisado de su inminente arresto y había escapado entonces con una flota de dieciocho galeras llevándose el tesoro de los Templarios. Si eso fue así, ¿qué pasó con ese tesoro? George Frederick Johnson creía que había sido llevado a Escocia, y uno de sus seguidores especificó que fue concretamente a la isla de mull.

Las especulaciones no terminaron con el siglo XVIII; de hecho, nunca fueron tan febriles como en la actualidad, creando, en palabras de Malcom Barber –el más destacado historiador británico de los Templarios- “una pequeña industria muy activa, rentable por igual para científicos, historiadores del arte, periodistas, publicistas y expertos en televisión”. Comenzando por las afirmaciones esotéricas de los masones, se sostiene que los Templarios han sido los guardianes del Santo Grial, el cáliz usado por Cristo en la Última Cena, de la línea de sangre de los reyes merovingios, descendientes de la unión de Cristo y María Magdalena, o simplemente de la más preciada reliquia de los Templarios, el Sudario de Turín.

La especulación da cuerpo a hechos aislados. En Les Templiers, Ces Grands Seigneurs aux Balancs Manteaux (1997), el escritor francés Michel Lamy retrocede hasta el abad cisterciense de Citeaux, Esteban Harding, el amigo y mentor de Bernardo de Claraval, antes de la fundación de los Pobres Soldados de Cristo en 1118. Nos recuerda que el abad Esteban buscó la ayuda de rabinos judíos para sus traducciones de los libros del Antiguo Testamento. “¿Qué razón había para ese repentino interés en los textos hebreos?”, se pregunta. Según Lamy, esos textos revelaban que había un tesoro oculto enterrado bajo el Monte del Templo. Por tal razón, el protector laico de los cistercienses, el conde Hugo de Champagne, fue a Jerusalén e incitó a su vasallo, Hugo de Payns, a establecer su orden de los Pobres Soldados de Cristo en el Monte del Templo: “Puede pensarse que los documentos probablemente llevados a Palestina por Hugo de Champagne (quien sin duda los descubrió en compañía de Hugo de Payns) tenían algún tipo de relación con el lugar que más tarde se convertiría en la morada de los Templarios.”

La misma hipótesis se encuentra en dos libros de escritores británicos, The Holy Blood the Holy Grial, de Michael Baigent, Richard Leigh y Henry Lincoln (1982), y en The Head of God, de Keth Laidler (1998): el ritmo lento de reclutamiento en los primeros años de la Orden se explica por la necesidad de confinar esa búsqueda del tesoro sólo a unos pocos iniciados. “La aparente falta de actividad de los Templarios en sus años de formación –escribe Laidler- parece haberse debido a alguna forma de trabajo encubierto debajo del Templo de Salomón o en las inmediaciones del mismo, una operación que sólo podía revelarse a unos pocos nobles de alto rango.” Laidler defendió la idea de que los Templarios descubrieron la cabeza embalsamada de Cristo.

Ésa era la cabeza conocida como Bafomet, supuestamente adorada en secreto por los Templarios. Si Hugo de Payns no la encontró debajo del Templo, entonces tal vez fue María Magdalena quien la llevó a Francia, donde quedó en posesión de los cátaros, siendo guardada en su fortaleza de Montségur. Cuando Montségur estaba por caer ante los cruzados, tres parfaits escaparon con su tesoro. “¿Pero cuál era ese tesoro de los cátaros? ¿Cuánto oro y plata podáin llevar tres perfecti? No podía ser dinero… Tuvo que ser otra cosa, algo que estuvo guardado en Montségur hasta el último momento, algo que fuera esencial para el ritual que se celebraba durante el equinoccio de primavera, el día anterior a la capitulación del castillo…”, en otras palabras, la cabeza de Cristo. Y dónde podían llevarla los cátaros fugitivos sino “al único lugar de Francia que estaba fuera del alcance del rey, una organización que era en todo sentido autónoma y que compartía básicamente la misma cosmovisión gnóstica de los cátaros: la Orden del Temple”. (continuará)

jueves, 6 de octubre de 2011

¿Es bueno que existan sociedades secretas en países democráticos?


Desde la encomienda de Barcelona nos hacemos eco de una noticia publicada en la página Forum Libertas donde se cuestiona si en un estado democrático es positivo que existan sociedades secretas o por el contrario deben considerarse éstas como ilegales.

Nosotros les invitamos a la lectura del artículo para que saquen sus propias conclusiones, deseándoles –de igual forma- que la noticia la encuentren interesante.

ForumLibertas.com

La masonería promueve conciertos musicales en Barcelona a base de presentar a los compositores Mozart y Haydn como masones. Aunque es cierta la adscripción de estos músicos a este grupo secreto, sorprende, precisamente por su condición ocultista, que planteen abiertamente un acto de estas características y que, además, lo haga desde el diario La Vanguardia una defensora y militante de la ideología de género, Maricel Chavarría.

Chavarría es una de las periodistas abanderadas del adoctrinamiento de la ideología de género y su labor se desarrolla en torno a la escritura de tesis forzadas sobre la ideología de género.

En su edición de este lunes, 3 de octubre, la cabecera del periódico catalán da un gran relieve a un “concierto benéfico” basado, según la propia Chavarría, “en las aproximaciones masónicas de Mozart y Haydn”. La propia autora sostiene en el texto: “Qué puede ser mejor que sumergirse guiados por un mundo que ha resultado históricamente tan misterioso, opaco y fascinante como las lógicas masónicas”.

El concierto en cuestión, celebrado en el Teatro Romea este lunes a las 20 horas fue con motivo del bicentenario del Supremo Consejo Masónico de España. Se da la circunstancia que el artículo recoge declaraciones de Maria Àngels Prats, secretaria del Supremo Consejo Masónico de España, primera mujer del territorio español que llega al grado máximo de profundización de la escuela libre de pensamiento. Prats subraya que desde la organización “queríamos hacer un concierto de música masónica compuesta por autores masones”.

La masonería, entre lo público y lo secreto

En un contexto general, la reflexión que la Masonería se presenta de dos maneras diferentes. Una cara pública, que aparece muy de cuando en cuanto, y otra cara no pública. Para saber más de esta segunda, hay que acudir al reportaje que hizo el Canal de Historia sobre la ‘Masonería en Portugal’ en el que diversos responsables de las ramas masónicas (existen varias masonerías en Portugal) declaraban que el secreto es algo propio de la masonería y lo justificaban en función del riesgo que puede tener ser masón.

Por lo tanto, muchos responsables masones admiten el hecho de que se trata de una organización secreta. De hecho, es tan secreta que en sus reuniones utilizan nombres diferentes a los suyos, una práctica histórica en este grupo que se mantiene en la actualidad. La segunda consideración que cabe hacer en torno a las afirmaciones de estos responsables masones es, ¿realmente ser masón es un riesgo en nuestra sociedad? Si realmente supusiera un riesgo para sus miembros, no se podrían organizar eventos como el desplegado en Barcelona alrededor de un festival de música clásica con motivo del bicentenario del Supremo Consejo Masónico. Hoy en día supone asumir más y mayores riesgos ser cristiano que ser masón.

Clandestino y secreto

Cabe aclarar aquí la diferencia entre ‘clandestino’ y ‘secreto’, ya que la masonería se inscribe en el segundo calificativo. Es lógico que en situaciones reales de riesgo las personas prefieran que no se sepa que pertenecen a una organización determinada que pone en riesgo su integridad. A esta situación de verdadero riesgo se le llama clandestinidad, un ejemplo lo encontramos en los partidos políticos que en la época de Franco tuvieron que proseguir con su actividad en la clandestinidad.

Por otro lado, ‘secreto’ significa que en condiciones normales no sabes a quien tienes al lado. Las sociedades democráticas en Europa son estados de derecho que garantizan la libertad de pensamiento de las personas. Por lo tanto el riesgo a la pertenencia de grupo en el caso de la masonería es una justificación insolvente para continuar siendo secretos.

Sin embargo, ¿qué ventaja ofrece el secreto?, que puedes operar determinadas maniobras sin que se vea que pertenecen a un grupo en cuestión. Un ejemplo de este último aspecto lo encontramos de nuevo en una referencia histórica: el reportaje del Canal de Historia ya mencionado recogía declaraciones en las que los propios grupos masones reconocían que el golpe de estado que tuvo lugar en la Primera República portuguesa, a principios del siglo XX, era un golpe orquestado y organizado por la masonería. ¿Cuántos masones había en aquella época en Portugal?, según el reportaje, mil. Es evidente que a través de un mecanismo claro no se puede impulsar un cambio de esas características y la masonería ha utilizado el secretismo como herramienta para modificar la sociedad y la política a su conveniencia.

La última cuestión que cabe pensar es si una sociedad democrática se puede permitir que hayan organizaciones secretas, es decir, que no se conozca la filiación pública y que se pueda mentir negando la adscripción a esa organización utilizando nombres encubiertos y alias en reuniones secretas para no saber quién es el otro.

España tendría que legislar en esta materia y la Unión Europea también, porque así se beneficiaría la claridad y la transparencia; y los ciudadanos sabrían con quién están o quién les gobierna. Por ejemplo, se debería hacer incompatible cualquier cargo en la Administración ni de representación pública a una persona que pertenece a una organización que no cumple las normas de publicidad, transparencia e información. Se trata de una fórmula para que grupos de poder utilicen su condición de secretos para influir de forma sigilosa en la sociedad a través de las herramientas que tienen a su alcance. (fin del artículo)

Opinión de la encomienda de Barcelona

A la pregunta de ¿es bueno que existan sociedades secretas? Debemos tener en cuenta que en un mundo donde se intenta tener el control total de todo lo que sucede a nuestro alrededor por parte de los Estados –también los considerados democráticos- es positivo para nuestra sociedad que existan comunidades fraternales, que de manera privada tomen sus decisiones sin que éstas necesariamente deban hacerse públicas a aquellas personas que no formen parte de estas sociedades.

Primero, para salvaguardar el derecho a la privacidad identitaria de las hermandades en cuestión frente control absoluto de los elementos estatales, donde pudieran existir ideas contrarias –o simplemente que no se ajusten- al modelo ideológico de los que están al frente de las instituciones públicas, pudiendo estas últimas aprovechar su condición para coaccionar o marginar a las primeras.

Segundo, si entendemos que en una sociedad democrática los gobernantes son elegidos mediante sufragio universal y el voto de los participantes en el mismo es secreto, -precisamente para preservar su condición ideológica- no es entendible que las decisiones internas que adopta cualquier asociación debidamente constituida en el marco de la legalidad jurídica, deba obligatoriamente dar a conocer al exterior sus decisiones internas.

Tercero, para alentar al grupo a continuar unido en fraternal comunión con el resto de miembros, evitando que pueda existir perjuicios provocados por agentes externos en las decisiones a adoptar por el Órgano asociativo.

Podríamos continuar enumerando algunos aspectos más, pero la idea de las “sociedades secretas” es precisamente la de preservar su originalidad, su costumbre y además en el caso de la Orden del Temple, en servir con humildad a Nuestro Señor Jesucristo, portando el manto blanco con la honestidad que se espera de todo cristiano y que caracterizó a nuestros hermanos mayores.

Para concluir os diré que no hay secretos para Dios, Él es el Único Juez y a pesar de su inagotable misericordia, no dudará en castigar a aquéllos que lo merezcan y por contrapartida, premia a los justos, porque siguen Su Palabra.

miércoles, 5 de octubre de 2011

Conociendo a Jesucristo: Dios Padre


Desde la encomienda de Barcelona continuamos acercando las ideas y la vida de Jesús a todos vosotros, para que con la ayuda del teólogo protestante J.R. Porter, podamos discernir con mejor visión, la ética y la doctrina que Jesús en su vida terrena, anunció al mundo.

Para ello hemos seleccionado un nuevo texto del libro “Jesus Christ”, cuyo autor hemos citado anteriormente.

Desde Temple Barcelona os sugerimos su lectura, por su simplicidad aclaradora.

Fotografía de la iglesia del Pater Noster en el Monte de los Olivos, ubicada en el lugar donde se afirma que Jesús dijo su oración.

El concepto de Dios como padre es central en la vida y doctrina de Jesús tal y como se presenta en los evangelios, y sin lugar a dudas el concepto era conocido en el judaísmo de la época. Deriva de las Escrituras hebreas, donde, por ejemplo, se describe a Dios como el padre de la nación de Israel (Dt 32, 6; Is 63,16; Jer 31, 9) y del reino de Israel (2 Sam 7, 14).

Sin embargo, “padre” es mucho menos frecuente en la Biblia hebrea que otras descripciones y títulos de Dios, mientras que Jesús emplea “padre”, prácticamente sin excepción (aunque algunos ejemplos de su uso del término pueden deberse a los evangelistas o a la liturgia de la Iglesia primitiva). Por el contrario, aunque “rey” es un título que a menudo se aplicaba a Dios en el judaísmo de la época, pese al hecho de que el reino de Dios es otro tema constante de las enseñanzas de Jesús, sólo en una ocasión Jesús se refiere a Dios como rey (Mt 5, 35), e incluso este ejemplo es cuestionable. Así pues, no existe mucha duda de que el concepto de Dios como padre es un elemento auténtico de la doctrina de Jesús.

Para Jesús, la paternidad de Dios significa que se trata de una deidad misericordiosa y que la misericordia tiene que ser una marca especial de los verdaderos creyentes (Mt 6, 14; Mc 11, 25). La descripción del Padre como “celestial” o “el que está en el cielo” –especialmente frecuente en Mateo- apunta a la perfección de Dios, la cual de nuevo debe ser una característica de sus verdaderos seguidores (Mt 5, 48), los cuales serán ayudados por su espíritu (Mt 10, 20; Lc 11, 13).

Ante todo, Jesús enseña que el Padre celestial cuida activamente de toda su creación, sobre todo de los hombres, buenos y pecadores, y una compasión así, una vez más, debe ser un modelo para todos (Mt 5, 43-46; Lc 6, 32-36). La providencia de Dios se extiende al mundo natural (Mt 6, 25-34, 10, 29; Lc 12, 6, 12, 22-30). Puede compararse con un padre que siempre intentará dar lo mejor a sus hijos (Mt 7, 7-11; Lc 11, 9-13), de manera que los hijos del Padre celestial, a diferencia de otros, pueden estar seguros de que él siempre proveerá sus necesidades si su prioridad es entrar en el reino (Mt 6, 31-34; Lc 12, 29-31).

Los “pequeños” –probablemente no sólo los niños sino todo aquel que cree con la inocencia de un niño, tal y como sugiere un añadido en un manuscrito están siempre a la vista del padre (Mt 18, 10-14). Dios conoce los secretos del corazón humano, de manera que no son las acciones hacia el exterior como dar limosna, orar o ayunar en las que él se fija, sino que es la intención interior de una persona la que obtiene su recompensa (Mt 6, 2-8, 16-18).

Los evangelios recogen cinco oraciones de Jesús en las que se dirige a Dios como “Padre”, de las que la más conocida es el “Padre Nuestro”. En sus dos oraciones desde la cruz recogidas en Lucas (Lc 23, 24, 46) Jesús también se dirige a su “Padre”: en el segundo caso, la palabra es añadida a una cita del Salmo 31. Tiene especial importancia la oración de agradecimiento de Jesús (Mt 11, 25-27; Lc 10, 21-22), que representa una relación única entre Jesús y su padre divino. Este pasaje caracteriza a Jesús en gran medida tal y como se le representa en el Evangelio según Juan, por lo que ha sido despreciado como un añadido posterior con influencias del helenismo o incluso del gnosticismo. Pero la idea expresada en esta oración de que una persona especial puede ser admitida para conocer secretos divinos y que ésta a su vez los revele a otros, aparece en escritos judíos como los libros de Enoc y algunos textos de Qumrán.

La quinta oración al “padre” de Jesús fue dicha en Getsemaní (Mc 14, 36 y paralelos). Marcos preserva el término arameo de Abba (traducido más apropiadamente como “mi padre” o “nuestro padre”), y la mayor parte de los entendidos coinciden en que ésta es la palabra que Jesús habría utilizado, tanto aquí como en el resto. También aparece dos veces al margen de los evangelios (Rom 8, 15; Gál 4, 6), donde representa la práctica de las iglesias de habla griega –un hecho que con toda probabilidad demuestra cuán profundamente había calado el uso del propio Jesús en la tradición cristiana.

Según algunos estudiosos, el término Abba representa la manera de hablar de un niño pequeño (el equivalente a “papi”), lo que indica una especial intimidad por parte de Jesús con su Padre celestial. Pero no se da una verdadera evidencia de que Abba signifique nada más que “padre” y su significado exacto debe determinarse por el contexto. Por ejemplo, era el título habitual que se utilizaba para hablar con los maestros rabínicos reverenciados.

El Padre Nuestro

La oración más famosa de Jesús es el Padre Nuestro (Mt 6, 9-13; Lc 11, 2-4). Debería describirse mejor como “La oración de los discípulos”, ya que está pensada como un modelo breve y comparativamente sencillo que los discípulos pueden seguir, en comparación con las “muchas palabras” que al parecer caracterizaban las oraciones de los gentiles (Mt 6, 7). No existen diferencias fundamentales de contenido entre las versiones de Mateo y Lucas, y las peticiones que siguen a las palabras iniciales reflejan la doctrina general de Jesús sobre la naturaleza del Padre celestial.

En Mateo, la frase “hágase tu voluntad” refleja la necesidad de la vida terrenal de corresponderse con la celestial: en la doctrina de Jesús, aquellos que deseen pertenecer a la familia del Padre deben buscar primero llevar a cabo el propósito divino (Mc 3, 35 y paralelos; Mt 7, 21). La siguiente petición, referente al “pan cotidiano”, probablemente haga referencia a que Dios cubre las necesidades básicas del hombre, de lo que Jesús habla en otros pasajes. Los entendidos han propuesto que el opaco término griego traducido como “cotidiano” realmente significa “para mañana” y se refiere al día del Juicio, que se esperaba fuera pronto, pero el original arameo sugiere que el “de cada día” de Lucas da el verdadero sentido, puesto que en otros pasajes Jesús desaprueba cualquier preocupación por el “mañana” (Mt 6, 34).

De nuevo, la oración por la remisión de los pecados apela tanto al atributo divino del perdón como al requerimiento de que el hombre le imite en sus relaciones con los otros. La última petición, sea cual sea su verdadero significado, refleja la aseveración de Jesús en otros pasajes (Mt 18, 14) de que el Padre protegerá a los creyentes del mal.

martes, 4 de octubre de 2011

La Reconquista: Guerra en el Estrecho


Desde la encomienda de Barcelona queremos compartir con todos vosotros un texto escrito por el que fuera periodista D. Juan Antonio Cebrián, donde nuevamente gracias a su libro “La Cruzada del Sur”, nos relatará las luchas que hubieron entre cristianos y musulmanes por conquistar los puertos peninsulares del Mediterráneo para su control marítimo.

Desde Temple Barcelona, somos sabedores que volveréis a navegar a través de los márgenes de estas singulares líneas.

Imagen de Alfonso XI “el Justiciero”.

A principios del siglo XIV Castilla pugnaba por el control absoluto sobre las aguas del Estrecho. En su costa norte Tarifa, Gibraltar y Algeciras se mantenían como las plazas que abrían o cerraban las puertas peninsulares. Tarifa había caído en manos cristianas en 1292, por tanto, las dos restantes constituían objetivos prioritarios para las tropas del joven rey Fernando IV. Éste, una vez obtenida la mayoría de edad en 1301, consigue estabilizar una corona de Castilla devastada por el hambre, la enfermedad y las interminables guerras civiles. Gracias al exquisito tacto diplomático de su madre, doña María de Molina, el monarca pudo manejar determinadas situaciones internas de forma airosa, lo que permitió, sin duda alguna, que se pudiera pensar de nuevo en la expansión castellana.

En 1308 Castilla vuelve decididamente a tomar cartas sobre la Reconquista hispana; la amenaza de los benimerines marroquíes era demasiado tangible como para ignorarla. Por si fuera poco, el reino de Granada no mostraba el más mínimo inconveniente en pactar con los magrebíes llegando incluso a cederles algunos enclaves. Todo hacía ver que tarde o temprano surgiría una nueva oleada invasora desde África a la usanza almohade o almorávide; en consecuencia se debía actuar y pronto. A tal efecto se convocan Cortes en Burgos para reunir el dinero necesario cara a la futura empresa militar contra los granadinos y sus aliados. Se solicita el apoyo de los aragoneses y su rey, Jaime II, acepta complacido la reanudación de las hostilidades contra el sempiterno enemigo musulmán. Un año más tarde se firmaba entre Aragón y Castilla el Tratado de Alcalá por el que los aragoneses podrían avanzar hasta Almería, mientras que los castellanos harían lo propio con Algeciras.

Las tropas de Fernando IV lanzaron una desigual ofensiva sobre el Cádiz mahometano, aunque el propósito principal era tomar la importante plaza de Algeciras. El ejército castellano chocó contra los muros de la ciudad protegidos por una tenaza resistencia sarracena. Una tras otra llegaron las embestidas cristianas, pero todo fue inútil y los castellanos se vieron obligados a una penosa retirada.

Sin embargo, apareció nuevamente el genio de don Alonso Pérez de Guzmán, quien supo enardecer a una desmotivada hueste para lanzar un eficaz ataque contra Gibraltar, ciudad, por otra parte, menos protegida que Algeciras. Lo que olía a desastre de las tropas castellanas se tornó, debido al empuje de don Alonso y los suyos, en unas tablas muy beneficiosas para Castilla, ya que los musulmanes de Granada tuvieron que solicitar la paz admitiendo un oneroso vasallaje. Lo cierto es que el reino nazarí había salvado la estratégica Algeciras a costa de entregársela a sus presuntos aliados benimerines. El emir granadino Nars se veía en una posición muy delicada ante algunas facciones fundamentalistas de su corte que no aceptaban ser vasallos de los cristianos; en consecuencia, llegó una nueva guerra civil en los pagos mahometanos. Nars solicitó auxilio militar a Fernando IV con el fin de restablecer su dominio en el reino nazarí. El monarca castellano no se lo pudo negar y organizó un contingente que él mismo dirigió en 1312 en ayuda de su vasallo. Cuando el ejército castellano transitaba por Jaén en dirección a Granada, una trombosis acabó con la vida de Fernando IV a la edad de veintisiete años. Su fallecimiento se asoció a una maldición lanzada por dos hermanos condenados injustamente a muerte; éstos emplazaron al rey a comparecer en menos de un me ante una corte infernal que le juzgara por todos sus desmanes. Desde entonces, Fernando IV fue llamado “el Emplazado”. Su óbito dejaba a un pequeño heredero de tan sólo un año recién cumplido; una vez más la sufrida María de Molina se tuvo que hacer cargo de la regencia sobre su nieto Alfonso XI, en este caso compartida con la reina madre, doña Constanza de Portugal, y los tíos de Fernando IV, don Juan y don Pedro. Como ya era habitual, buena parte de la aristocracia se levantó en conspiraciones absurdas que únicamente pretendían seguir con el reparto de la territorialidad castellana.

El rey Alfonso fue creciendo en el temor de verse derrocado o muerto en cualquier momento de aquellos años turbulentos. Para mayor tragedia, en 1319 los infantes don Juan y don Pedro murieron en las Vegas de Granada combatiendo a los musulmanes; dos años más tarde, fallecería la insigne María de Molina.

La preocupación manifiesta por la debilidad dinástica de Castilla provocó en 1325 la precipitada coronación de Alfonso XI, llamado “el Justiciero”. Tenía tan sólo catorce años y ante él un paisaje sembrado de peligros internos y externos.

En el asunto de la Reconquista las tropas de Alfonso XI atacaron algunos puntos de la frontera con Granada apropiándose de castillos y localidades sin mucha relevancia. Los nazaríes respondieron con una ofensiva sobre Gibraltar, plaza que cayó tras cinco meses de asedio el 20 de junio de 1333. en el sitio participaron 7.000 guerreros benimerines llegados desde África para la empresa. Este episodio supuso un duro revés para las aspiraciones castellanas de controlar los asentamientos neurálgicos del Estrecho. De nada sirvió el intento postrero de Alfonso por auxiliar a los maltrechos defensores de Gibraltar viéndose en la necesidad de aceptar una tregua con el reino nazarí; era momento para recuperar aliento y, sobre todo, recomponer ejércitos a la espera de una situación más propicia para la guerra en aquel frente tan enrevesado. La paz con los granadinos y benimerines se estableció en un tiempo de cuatro años durante los cuales ningún bando podría atacar al otro. Pero la ambición por dominar el sur peninsular era demasiado grande y pronto cristianos y musulmanes comenzaron a preparar sus ejércitos y flotas de combate.

En 1338 el viento de la guerra soplaba fuerte a un lado y otro del estrecho de Gibraltar. Los benimerines habían arbolado 60 galeras y casi 200 naves de más o menos tonelaje. Por su parte los cristianos desplegaron 33 galeras y algunos buques de apoyo. Mientras tanto, en tierra firme, miles de guerreros benimerines se acuartelaban en Algeciras preparándose para los combates futuros. Desde Granada se lanzaban algaras constantes contra el territorio castellano. La respuesta de Alfonso XI no se hizo esperar, entrando él mismo en Andalucía al frente de una gran hueste compuesta por miles de jinetes y peones. Los cristianos se establecieron en Sevilla con el fin de mantener una posición hegemónica sobre nazaríes y benimerines. Estos últimos se habían mostrado especialmente belicosos bajo la dirección del príncipe Abu Malik, hijo del emir de Marrakech, Abu I-Hasan. Desde Algeciras salían numerosas columnas punitivas contra localidades cercanas, de ese modo, plazas como Jerez, Medina, Lebrija, Arcos o Alcalá de los Gazules, sufrieron intensamente el rigor benimerí. En una de estas expediciones Abu Malik encontró la muerte a manos cristianas. El hecho contrarió el ánimo de su padre quien ordenó vengar con sangre la muerte de su querido hijo. En el año 1339 miles de voluntarios benimerines se embarcaban rumbo a Algeciras dispuestos para la yihad con el sueño de recuperar la casi perdida Al-Andalus.

lunes, 3 de octubre de 2011

Evangelio dominical: Arrendará la viña a otros labradores


Desde la encomienda de Barcelona queremos compartir nuevamente con todos vosotros la reflexión del evangelio de este pasado domingo 2 de octubre, con la intención de intentar comprender mejor la Palabra de Nuestro Señor Jesucristo.

Mateo recoge una parábola de Jesús, donde nos habla de que no vasta con tener una viña, sino que lo más importante es trabajarla para que pueda dar buenos frutos. Así pues la viña de la que nos habla el Mesías es el mundo, y las herramientas para poder labrar perfectamente la tierra, es la Palabra venida del Hijo de Dios y los labradores somos las personas que debemos tener la voluntad necesaria para coger esos útiles y poder ofrecer sus frutos al dueño de la viña; es decir a Dios.

Desde Temple Barcelona deseamos que su meditada lectura nos acerque más a Dios.

Representación de los viñadores asesinando al hijo del dueño de la viña.

“Escuchen otra parábola: Un hombre poseía una tierra y allí plantó una viña, la cercó, cavó un lagar y construyó una torre de vigilancia. Después la arrendó a unos viñadores y se fue al extranjero. Cuando llegó el tiempo de la vendimia, envió a sus servidores para percibir los frutos. Pero los viñadores se apoderaron de ellos, y a uno lo golpearon, a otro lo mataron y al tercero lo apedrearon. El propietario volvió a enviar a otros servidores, en mayor número que los primeros, pero los trataron de la misma manera. Finalmente, les envió a su propio hijo, pensando: "Respetarán a mi hijo". Pero, al verlo, los viñadores se dijeron: "Este es el heredero: vamos a matarlo para quedarnos con su herencia". Y apoderándose de él, lo arrojaron fuera de la viña y lo mataron. Cuando vuelve el dueño, ¿qué les parece que hará con aquellos viñadores?». Le respondieron: «Acabará con esos miserables y arrendará la viña a otros, que le entregarán el fruto a su debido tiempo». Jesús agregó: «¿No han leído nunca en las Escrituras: "La piedra que los constructores rechazaron ha llegado a ser la piedra angular: esta es la obra del Señor, admirable a nuestros ojos"? Por eso les digo que el Reino de Dios les será quitado a ustedes, para ser entregado a un pueblo que le hará producir sus frutos».” (Mt 21, 33-43)

Reflexión

En tu viña, Señor, el único abono es el amor. Que sepamos acoger a todos. Que nadie se sienta excluido ni menospreciado.

Plegaria

Concédenos, Señor todopoderoso, que de tal manera saciemos nuestra hambre y nuestra sed en estos sacramentos, que nos transformemos en lo que hemos recibido.