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lunes, 14 de mayo de 2012

Evangelio dominical: “Ámense los unos a los otros, como yo los he amado”



Desde la encomienda de Barcelona seguimos reivindicando la importancia que tiene la reflexión del evangelio. Por ello creemos fielmente que es bueno compartir con todos vosotros el contenido del evangelio de ayer domingo 13 de mayo.

Desde Temple Barcelona deseamos que su contenido nos sea provechoso para entender el mensaje de Nuestro Señor Jesucristo.

Recreación de la escena del lavapiés del Señor a sus discípulos.

“Como el Padre me amó, también yo los he amado a ustedes. Permanezcan en mi amor. 
Si cumplen mis mandamientos, permanecerán en mi amor, como yo cumplí los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor. 
Les he dicho esto para que mi gozo sea el de ustedes, y ese gozo sea perfecto. 
Este es mi mandamiento: Ámense los unos a los otros, como yo los he amado. 
No hay amor más grande que dar la vida por los amigos. 
Ustedes son mis amigos si hacen lo que yo les mando. 
Ya no los llamo servidores, porque el servidor ignora lo que hace su señor; yo los llamo amigos, porque les he dado a conocer todo lo que oí de mi Padre. 
No son ustedes los que me eligieron a mí, sino yo el que los elegí a ustedes, y los destiné para que vayan y den fruto, y ese fruto sea duradero. Así todo lo que pidan al Padre en mi Nombre, él se lo concederá. 
Lo que yo les mando es que se amen los unos a los otros.” (Jn 15, 9-17)

Reflexión:

Si tuviésemos que hacer una valoración sobre estos versículos recogidos en el Cuarto Evangelio, cabrían destacar las siguientes palabras: Amar, dando de corazón todo nuestro afecto; Gozo, culminación satisfecha de la obra; Amistad, complicidad afectiva hacia otros; Servicio, propósito a obedecer; Destino, meta señalada. Así pues todos estos términos nos invitan a la humildad necesaria para obedecer con fe el propósito que Jesús nos encomienda para culminar la obra del Padre basada en el AMOR.

Plegaria:

¡Señor!, guíanos por senderos claros para que podamos servir de ejemplos hacia nuestros semejantes; para que así también ellos puedan ser partícipes de tu Palabra.

viernes, 11 de mayo de 2012

Padre Gabriele Amorth: Una vida consagrada a la lucha contra Satanás



Desde la encomienda de Barcelona seguimos con el apartado dedicado a acercar al lector del riesgo al cual estamos sometidos los humanos cuando las fuerzas del mal intentan controlarnos.

El padre Amorth, nos acerca a un mundo donde el exorcismo, se convierte en el arma más poderosa para luchar contra el Maligno. Por ese motivo hemos seleccionado un nuevo texto de este mediático exorcista de su libro “Memorie di un esorcista –La mia vita in lotta contro Satana-“.

Desde Temple Barcelona deseamos que su contenido nos conciencie a todos del peligro de los demonios.

Una batalla de caridad

Comenzó usted a ejercer de exorcista a cierta edad, y ahora tiene más de ochenta años, de modo que no puedo evitar preguntarle si su tarea le resulta muy gravosa físicamente.

Sí, claro, es gravosa, sobre todo porque me pasa algo muy raro: cada año tengo una año más…Ya tengo ochenta y cuatro años, los cumplí el 1 de mayo. No puede ser casual: estoy convencido de que nací el primer día del mes dedicado a María en honor de la Virgen.

Pues bien, volviendo a lo pesado que puede ser mi trabajo, lo que más cansa es ver la necesidad de la gente y la compasión que siento por ellos. Me encuentro con casos de enormes sufrimientos que se prolongan durante años. Y veo que los exorcismos les hacen mucho bien y con frecuencia los liberan por completo. San Alfonso de Ligorio, que entendía de estas cosas, decía: “No siempre se llega a la liberación total, pero siempre se obtiene un gran beneficio”. Y es cierto. Algunas personas, aun sin estar completamente liberadas, han conseguido tal grado de autonomía que nadie nota su peculiar condición. Pueden llevar una vida normal, con su familia y su trabajo, y sólo necesitan visitarme una o dos veces al año para recibir exorcismos. Una o dos veces al año no son nada, sobre todo si pensamos que empezaron acudiendo una vez a ala semana, y que quizá los teníamos que atar a una camilla. En cambio, ahora están muy cerca de la liberación total, vienen aquí solos y se sientan tranquilamente en la butaca.

En los casos más difíciles, al comenzar el proceso de exorcismo se producen manifestaciones tan violentas que necesito, al menos, seis o siete personas que me ayuden a controlar los ahogos y reacciones del endemoniado.

Desde luego, el auxilio físico que prestan los colaboradores es muy importante (inmovilizan a los obsesos, o les limpian la cara y la ropa cuando babean, lo cual es muy frecuente), pero su ayuda también consiste en la oración que acompaña su acción durante el exorcismo. Además de estos colaboradores laicos, también asisten curas que desean aprender y perfeccionar su ministerio de exorcistas.

¿Hay muchos casos de poseídos?

¿Cuántos casos de posesión real hay entre miles de exorcismos? ¿Un centenar?

Más, porque ha practicado y sigo practicando muchos exorcismos, ya ha visto mi calendario. Ahora he bajado el ritmo, porque me hago viejo, aunque poco; de hecho, aún me paso el día practicando exorcismos, mañana y tarde, incluso en Navidad y en Semana Santa. Siempre, excepto el tiempo que dedico a predicar y a los programas de televisión, actividades que también forman parte de mi trabajo.

Calculando por encima, habré hecho más de setenta mil exorcismos. No me refiero a setenta mil personas, claro está. No puedo calcular cuántas personas, sólo puedo contar las sesiones de exorcismo. Ahora que hago menos, debo practicar unos diecisiete por día. Antes eran más. Las mañanas las reservo para los casos más difíciles y atiendo a unas cinco personas. Evidentemente, quien no tiene cita previa no puede entrar; si no, me volvería loco.

En algunos casos, le he practicado cientos de exorcismos a la misma persona; por eso, como decía, puedo calcular grosso modo cuántos exorcismos he llevado a cabo, pero no puedo decir a cuántas personas he atendido. De todos modos, está claro que me he encontrado con más de cien poseídos. Hasta llegar al número cien los fui anotando, pero luego me cansé y dejé de hacerlo.

Además, al suceder al padre Candido heredé a todas la personas que acudían a él, incluidos los poseídos por el demonio. Me encontré con muchos sujetos perturbados a causa del diablo y empecé a atender a mi clientela, entre la que había muchos casos de posesión.

Luego están los que nunca se liberaron. Como decía san Alfonso de Ligorio, no siempre se llega a la liberación total, pero siempre se obtiene un gran beneficio. Por ejemplo, una señora que vive aquí cerca llegó a la liberación total, pero tardó muchos años. Primero la exorcizaba un cura ya fallecido, un gran amigo mío. Era párroco y exorcista, y la exorcizó durante muchos años. Después yo seguí exorcizándola varios años más, hasta que se liberó por completo.

El diablo no tiene sentido del humor

¿El demonio bromea con usted?

No, no tiene sentido del humor, aunque alguna vez…Una vez yo diría que me tomó el pelo. Estábamos exorcizando a una señora, a quien había exorcizado en muchas ocasiones el padre Candido. En mi opinión, es uno de esos casos que nunca se liberarán; ha mejorado, eso sí, puede hacer vida normal como madre de familia, pero nada de liberación total. Yo estaba con otro exorcista, mejor alumno del padre Candido que yo. Según creo, fue la única vez que practicamos un exorcismo de cinco horas y media. Era el día de la Inmaculada, un día sugestivo...Como he dicho, este exorcismo duró cinco horas y media, y creíamos que el demonio había salido. Al final, lágrimas de emoción, abrazos, besos. Sin embargo, al cabo de una semana la situación volvió a ser la de antes. El padre Candido me dijo: “Ya lo ve usted, padre Amorth, hacer exorcismos largos no sirve de nada”. Por eso mis exorcismos duran media hora.

¿Cómo y por qué le tomó el pelo el demonio?

Le hice el siguiente reproche: “Dijiste que ibas a salir ese día y a esa hora, pero no lo has hecho”. Y él, con voz meliflua, me respondió: “¿No sabes que soy un mentiroso? ¿No te lo han dicho? ¡Yo digo mentiras, soy un embustero! ¿No te lo han enseñado?”. Me sentí humillado, hubiese querido que me tragara la tierra.


jueves, 10 de mayo de 2012

El gobierno español no modificará el acuerdo con la Santa Sede sobre la exención del IBI de la Iglesia.



Desde la encomienda de Barcelona queremos compartir con todos vosotros una noticia que fue publicada ayer miércoles y que habla sobre la polémica que ha suscitado días atrás la petición por parte de algunos políticos españoles, en pedir que se acabe con el privilegio de que la Iglesia no tenga que pagar el impuesto de bienes inmuebles (IBI) al Estado.

Fotografía del comunista Gaspar Llamazares, impulsor de la idea.
ForumLibertas.com
El director de Cooperación Jurídica y Relaciones con las Confesiones del Ministerio de Justicia, Ángel Llorente Fernández de la Reguera, ha asegurado que no ve razón “fundada” para modificar el Acuerdo sobre Asuntos Económicos suscrito entre el Estado Español y la Santa Sede en 1979 ni la Ley de Mecenazgo 49/2002 que establece que la Iglesia católica está "exenta" de pagar el Impuesto de Bienes Inmuebles (IBI).
Llorente profundiza así en la respuesta que ya le dio el Gobierno a una pregunta formulada por el diputado de IU Gaspar Llamazares sobre el pago del Impuesto de bienes Inmuebles (IBI) por la Iglesia Católica. El Ejecutivo de Rajoy respondió al diputado comunista afirmando que ve “innecesario” elaborar un censo de bienes inmuebles de la iglesia Católica para que ésta pague el correspondiente impuesto inmobiliario como el resto de los ciudadanos.

 “Tal censo es innecesario, habida cuenta que tales bienes estarán inscritos a favor de la entidad de la Iglesia Católica que corresponda y serán los ayuntamientos los que deberán girar el correspondiente impuesto y la Iglesia justificar, en su caso, la exención correspondiente”, sentencia el Ejecutivo en una respuesta a la que tuvo acceso Servimedia.

En su réplica, el Gobierno explicó a Llamazares que el artículo 62.1.c del texto refundido de la Ley Reguladora de las haciendas Locales establece que, entre otros, están exentos de pagar el IBI los inmuebles de la Iglesia Católica, en los términos previstos en Acuerdo entre el Estado español y la Santa Sede, suscrito el 3 de enero de 1979.

Zaragoza cobrará parte del IBI a la Iglesia

El director de Cooperación Jurídica y Relaciones con las Confesiones del Ministerio de Justicia, Ángel Llorente Fernández realizó sus declaraciones coincidiendo con el anuncio por parte del Ayuntamiento de Zamora de que cobrará el IBI a algunos edificios de la Iglesia no incluidos en la Ley de Mecenazgo ni en los Acuerdos con la Santa Sede, decisión a la que han llegado tras la revisión y actualización de los padrones.

En una entrevista concedida a Europa Press, Llorente Fernández ha asegurado que la respuesta del Gobierno ante las "muchas preguntas parlamentarias promovidas por algún grupo político" al respecto del pago del IBI por la Iglesia, va a ser el mantenimiento de la regulación actual y de una legislación que, según ha explicado, se remonta al año 1979 y que ningún gobierno ha modificado hasta el momento. "No hay en principio razón que nosotros consideremos fundada para modificar esa situación", ha remarcado.

Llorente ha afirmado que "se aplica la ley" y ha recordado que España "no se puede entender sin referencia al cristianismo" y "al papel que ha tenido la Iglesia". En esta línea, ha subrayado que existe un marco que ha funcionado "muy bien" y que, si ningún Ejecutivo ha querido modificarlo es "porque la regulación es satisfactoria y no hay una alternativa que pueda verse como algo mejor".

Además, ha precisado que el Acuerdo del Estado español con la Santa Sede es un convenio internacional, un "contrato entre dos partes", que "no se puede incumplir ni por parte de la Santa Sede ni del Gobierno". En cualquier caso, ha señalado que podría denunciarse, renegociarse o dejarse sin efecto, pero ha insistido en que "no hay motivos" para hacerlo.

Concretamente, ha indicado que el planteamiento de quitar privilegios a la Iglesia "no es correcto" pues, según ha indicado, "no son privilegios sino el resultado de una negociación" y, en todo caso, a su juicio, debería pedirse lo contrario, es decir, "tratar que se equiparen los derechos de las personas de otras confesiones con la Iglesia Católica".


miércoles, 9 de mayo de 2012

Los templarios: ¿conservadores o innovadores?



Desde la encomienda de Barcelona continuamos con el apartado histórico de la orden del Temple. El catedrático en historia, Alain Demurger, nos muestra con sencillez los aspectos más destacados de los caballeros templarios ante el debate de si éstos fueron conservadores o contrariamente innovaron en distintos aspectos. Para ello hemos elegido un nuevo texto de su libro “Vie et mort de l’ordre du Temple”, donde nos aclarará esta cuestión.

Desde Temple Barcelona esperamos que su lectura os sea instructiva para poder discernir sobre su modo de entender la época en la que convivieron.

La encomienda se presenta bajo formas diversas: granjas explotadas directamente: señoría con reserva en explotación directa y terrazgos campesinos sometidos a rentas y servicios. Los templarios prefieren en general la explotación directa, ya que, sin participar en el trabajo agrícola, quieren seguir de cerca la evolución de la producción en sus dominios. No son “rentistas del suelo”, según la célebre fórmula de Marc Bloch, que definía así a los señores del siglo XIII. En los Estados de la corona de Aragón, conservaron hasta el final reservas importantes.

Sin embargo, los templarios no tienen ideas preconcebidas sobre la materia y  no vacilan en abandonar la explotación directa por el arrendamiento cuando les conviene. Se advierte en Inglaterra una tendencia en este sentido a finales del siglo XIII. Una tierra aislada como la de Calatayud, situada a ciento cuarenta kilómetros de la encomienda de Villel, es concedida en arriendo a dos judíos en 1255, a cambio de ciento veinte morabetinos. En 1290, se da en arriendo la casa templaria de Camon, en el torrente de Pau. La dificultad para encontrar mano de obra ha podido empujar a veces a los templarios a adoptar este sistema, que les libera de la responsabilidad de la administración.

Los templarios emplean en sus reservas un personal permanente, que vienen a completar en la época de los grandes trabajos personas sometidas a la prestación de servicios y luego, cada vez en mayor cantidad, un personal asalariado. Las veinticinco personas censadas en Baugy, desde los labradores hasta el guardián de los potros, cubren poco más o menos toda la gama de las actividades agrícolas de la encomienda. La condición jurídica de las personas empleadas varía según las regiones. Son libres en Normandía o Picardía, regiones que no conocieron la servidumbre; siervas en el Languedoc, donde ésta es importante. Se ha dicho que la entrada en el Temple comportaba la liberación. En Douzens no son raras las donaciones de siervos y en ninguna de las actas del cartulario se encuentran indicios de manumisión. No obstante, los templarios han incluido siempre a sus siervos entre los “hombres del Temple”, que se benefician de los privilegios y las exenciones de la orden.

En España, tanto el Temple como el Hospital utilizaban regularmente los servicios de esclavos moros, comprados o prisioneros de guerra. Los inventarios hechos en 1289 en quince encomiendas de Aragón muestran que cada casa del Temple empleaba por término medio veinte esclavos (la cifra asciende a cuarenta y nueve en Monzón).

El Temple se vio obligado a poner en práctica en la península Ibérica una política de doblamiento, puesto que recibía territorios asolados, cuando no estaban todavía sin conquistar. Concede, por lo tanto, cartas de doblamiento, que dan a los campesinos que desean instalarse en ellos un cierto número de derechos: en el Ebro a partir de 1130, en la zona de Lérida en 1151, en el Bajo Ebro, en el sur de Aragón y el reino de Valencia en el siglo XIII. El sistema no da siempre resultado. En Villastar, en la frontera del reino de Valencia, se publica en 1264 una primera carta para veinte campesinos cristianos, que se comprometen a permanecer allí por lo menos tres años antes de vender el lote que se les entrega. Pasados los tres años, no se quedan más que cuatro. El Temple se dirige entonces, en la conquista cristiana y les concede también una carta. Por último, en 1271, una tercera carta instalada allí a diecisiete campesinos cristianos.

De modo que los templarios no vacilan en incitar a los musulmanes a regresar a esta zona difícil. Se trata de una práctica general en España, utilizada asimismo por los poderes laicos. No se emplean ya esclavos. En 1234, los templarios, al aceptar la rendición de Chivert, prometen a los musulmanes que, si regresan antes de un año y un día, les reinstalarán en su tierra y sus casas. Y así sucedió, puesto que se llegó a un acuerdo con ellos para precisar las condiciones de su estancia: libertad de culto, exención de todo servicio militar, de rentas y de pagos durante dos años. En 1243, el Temple hace construir un muro para proteger el barrio moro. En esta ocasión, los musulmanes juran a su señor, el Temple, que observarán la carta “como unos fieles y leales súbditos deben hacerlo”.

El 8 de julio de 1231, el rey Jaime el Conquistador, que acaba de apoderarse de las islas Baleares, permite a los templarios instalar en el territorio de Inca a treinta familias de siervos sarracenos. Templarios y  hospitalarios colonizarán sistemáticamente sus dominios de las Baleares de esta manera, hasta el punto de atraerse la censura del papa Gregorio IX en 1240.

Naturalmente, para no quedarse sin mano de obra en sus propiedades ya explotadas, los templarios hacen lo que han hecho todos los señores en un caso semejante: conceder las mismas ventajas. Cartas en este sentido fueron otorgadas a las comunidades rurales, muy vivaces en España. Consultan a sus representantes (“universidad” en Cataluña, “concejo” en Aragón) sobre la elección de ciertos agentes, oficiales de justicia y administradores. Al norte de los Pirineos, el Temple ha sabido hacer las concesiones necesarias para responder a la voluntad de emancipación de los burgos y las ciudades. En 1288, el burgo de Montsaunès recibe una carta de consulado, es decir, la autonomía municipal.

Para resolver estos problemas de repoblación, los templarios encontraron soluciones originales. En Bretaña, en la región de los montes de Arrée y del Menez Hom, utilizaron, conjuntamente con los cistercienses y los hospitalarios, una forma de arriendo muy particular, la quévaise. Estas regiones, pobres y baldías, carecen de hombres y de señores. No es cuestión aquí de explotación directa. Mediante el arriendo a quévaise, el Temple cede a un cultivador el disfrute individual de un lote, contra un pago anual en dinero, pagos en especie y algunos trabajos fijos, además del disfrute colectivo del terreno comunal, a cambio del pago de una parte de la cosecha. Este lote se transmite en línea directa, en provecho del más joven de los hijos. En los montes de Arrée, se concede así una casa con huerta contra un pago anual de cinco sueldos, una gallina y diversas obligaciones de trabajo y el disfrute colectivo de los campos contra un impuesto de tres gavillas por cada veinte recogidas. Este tipo de arriendo une a las comunidades rurales todavía frágiles a causa de su instalación reciente. Impulsa las roturaciones y, por el “derecho del más joven”, incita a los mayores a instalarse por su cuenta, para fundar a su vez una quévaise.

Muchos otros ejemplos demuestran que, lejos de ser conservadores, los templarios han innovado. Se ha calificado su administración de “eficaz y tradicional”. Yo la caracterizaría más bien por su capacidad de adaptación a las condiciones muy variadas que se dan en Occidente y por su flexibilidad. Más en general, los templarios no se contentaron con seguir la expansión de Occidente. Favorecieron la extensión de los terrenos cultivados y desarrollaron métodos y técnicas de explotación y de administración innovadores. Es evidente que preferían recibir en donación tierras ya cultivadas y no eriales y desiertos. Pero se guardaron bien de rechazar estos últimos y procedieron a revalorizarlos. A los ejemplos españoles y bretones ya examinados añadiremos los siguientes: e 1168, Pedro de Aragón, prior de San Esteban del Mas, dona al Temple una parcela de tierra sin roturar. En el país de la Selve (Rouergue). P. Ourliac indica que adoptaron como política la creación de excepciones y los compara con una especie de empresarios en repoblación. En Velay, participaron en las roturaciones, por ejemplo en la parroquia montañesa y forestal de Riotard. En la encomienda de Montsaunès, la tierra de Planha, o Plagne, era terreno de paso para los rebaños del Temple. En 1303, el preceptor firmó un contrato de condominio con el señor vecino, Raimundo de Aspet, para levantar allí una quinta. Los dos tercios de las rentas serían para el Temple, el resto para Raimundo. Esta creación tardía en una región de bosques y de pastos prolonga el trabajo de revalorización de los Prepirineos emprendida en el siglo anterior por los hospitalarios.

En las regiones agrícolas más ricas y más avanzadas, los templarios incitan a sus hermanos de oficio y todos sus empleados a utilizar los métodos más productivos. Practican la rotación de cultivos cuatrienal en Sommereux-en-Beauvaisis, cuyo terreno está dividido en cuatro royes o parcelas de superficie casi igual, dedicadas al trigo, a la avena, al mars (guisantes, habas, leguminosas) y el barbecho. El inventario de Baugy de 1307 parece incluso poner de manifiesto un abandono del barbecho: de setenta y siete acres (o sea, cuarenta hectáreas poco más o menos), dieciocho están dedicados al trigo y al centeno, veinticuatro a la cebada, quince a la avena y veinte a las leguminosas (guisantes, arvejas).

Los templarios del Douzens se interesaron mucho por los molinos, a juzgar por la veintena de actas que hablan de ellos. Son molinos de derecho señorial, construidos sobre el Aude, el Lauquette y el Orbieu. Un dicho señorial, construidos sobre el Aude, el Lauquette y el Orbieu. Un dique para hacer subir el agua opone una barrera al curso del río; por encima de este dique, parten dos caces o captaciones de agua, provistos de compuertas. Así se forma un canal o cada lado del río, canal que se divide en tantos brazos como ruedas haya (a menudo tres de cada lado). Un canal de derrame devuelve las aguas al río. El conjunto de las instalaciones, con los molinos propiamente dichos, la casa del molinero y los graneros para las gavillas y la paja, forma el molnaere. El rendimiento de estos establecimientos es elevado, como prueban los pagos anuales cobrados por su asentamiento. Dan nacimiento a una actividad industrial: panaderías y molinos de paños. Otro ejemplo de repercusión industrial de las producciones agrícolas está representado por el curtido de las pieles de cordero en el Larzac y la fabricación de quesos. Se dice que los templarios fueron los promotores de la industria del Roquefort.

En el valle aragonés del Cinca, los templarios lo hicieron mejor todavía. Crearon la notable red de irrigación, existente todavía en la actualidad, que convirtió la región en una zona privilegiada de cultivo en el siglo XIII. De 1160, con la acequia de Conchiel, a 1279, con la acequia de Sotiles, abrieron catorce canales de riego. El agua circula libremente, incluso por las canalizaciones privadas, a condición de que se devuelvan las aguas no utilizadas a la acequia. Los templarios se encargan del mantenimiento de las canalizaciones y se reservan los molinos, en los que cobran un derecho de utilización. En la mayoría de los casos, la orden negocia la apertura de un nuevo canal con las comunidades de habitantes y las iglesias. Por ejemplo en Paules, donde se encuentra una importante encomienda subordinada a la de Monzón, el capítulo de la provincia de Aragón, reunido en Monzón en 1250, decide la construcción de una acequia, con el acuerdo de los treinta y ocho habitantes. Las aguas, abundantes, serán captadas en Cofita. Los habitantes podrán abrir brazos secundarios y regar de día y de noche, a condición de devolver el agua inutilizada a su “madre”, so pena de la multa de un sueldo. Se les autoriza a construir pasarelas y plantar árboles, pero sólo los templarios tendrán derecho a instalar molinos.

Como se ve, los templarios innovaron e invirtieron en el sector agrícola. Su actividad se vio aguijoneada, en efecto, por ese poderoso motor que es el afán de ganancia. Tienen que producir lo bastante para enviar trigo, caballos, carne y cueros a Tierra Santa; tienen que vender para comprar hierro, madera, armas, y para disponer de importantes cantidades de dinero. El afán de ganancia determina en sus menores detalles la administración templaria. En 1180, los templarios catalanes de Palau Solità prestan 120 morabetinos a Guillén de Torre. Las tierras de este señor, cuyo inventario se establece, sirven de garantía. El hermano templario que redacta el inventario no se contenta con un catálogo de productos; indica el valor comercial de cada uno de ellos y calcula así la renta total de los bienes que constituyen la garantía. Los templarios adaptaron a sus necesidades (el mercado, la venta) su habilidad como contables. Thomas Bisson, que comenta este documento, escribe:

“Establecidos en una sociedad rural madura, lejos de los peligros sarracenos, los hermanos de Palau se mueven con la misma soltura en sus pequeños campos y en los pequeños mercados locales que en los negocios importantes de Barcelona, la Iglesia y el Estado. Entre otras empresas, se han introducido en la empresa agraria.”

V. Carrière afirmaba ya: “El monje soldado encara el cultivo siguiendo el modelo de la industria”. Pero Carrière se situaba en un contexto de tradición, no de innovación, con lo cual se equivocaba.

Así se comprenden mejor las actividades financieras de los templarios (y de los hospitalarios, con respecto a los cuales se podrían hacer observaciones idénticas). Se inscriben en el contexto general de las actividades económicas de las órdenes militares. Dad su misión, las órdenes no podían hacer otra cosa que producir para obtener un provecho. Extraño itinerario mental el de esos hombres procedentes de la aristocracia, cuyo ideal consistía en producir para dar, para obrar “con largueza” .

martes, 8 de mayo de 2012

El misterioso ídolo de los templarios (II)



Desde la encomienda de Barcelona reprendemos el apartado destinado a esclarecer algunas sombras de la historia de la Orden del Temple.

Para ello, hemos seleccionado con un nuevo texto de la paleógrafa italiana Barbara Frale, extraído de su libro “I templari e la sindone di Cristo”, donde se centrará en los argumentos acusatorios que utilizó Felipe el Hermoso y sus compinches para deshonrar al buen nombre de los caballeros templarios.

Desde Temple Barcelona os invitamos a seguir descubriendo la vida de estos heroicos paladines de Cristo.


  1. La arcana presencia

Las últimas investigaciones realizadas sobre los documentos del proceso contra los templarios han permitido aclarar muchos aspectos al demostrar, entre otras cosas, que el efecto tan destructivo que tuvo el teorema acusatorio de Felipe el Hermoso se debió a que se apoyaba en cierto fondo de verdad: determinadas acusaciones, como la de renegar de Cristo, el hecho de escupir sobre la cruz y los besos indecentes derivaban de hechos reales oportunamente falseados y adaptados con el fin de que pudieran ser presentados como pruebas de herejía. Unos años antes de atacar al Temple, el rey de Francia había introducido secretamente en la orden unos espías para recoger informaciones sobre todo lo que pudiera servir para perjudicarla; luego un grupo de juristas de la corona, bajo la dirección de Guillaume de Nogaret, trabajaron sobre esas informaciones y levantaron un castillo de acusaciones en toda regla: estos hábiles técnicos del derecho partieron de unos pocos puntos básicos y, mediante el empleo de la deducción, como se hace en matemáticas cuando se quiere construir un teorema, extrajeron de ellos ciertas verdades. No es exagerado decir que Nogaret y sus colegas edificaron el “teorema de la herejía templaria”. La técnica elegida fue la de las medias verdades: toda acusación que se quería demostrar estaba ligada a un hecho verdadero, desagradable o en todo casos condenable, pero cometido sin intenciones pecaminosas; en los interrogatorios, los templarios admitían el hecho en sí y por sí mismo, por ejemplo, que se los había obligado a renegar de Jesús, y luego negaban la acusación asociada, la de que no creían en Cristo: pero a estas alturas su posición se mostraba poco creíble. Exactamente el mismo esquema de deducción se empleó para argumentar que los templarios habían dado masivamente la espalda a Cristo para entregarse al culto de un ídolo misterioso.

La acusación partía de un hecho material y evidente: los templarios llevaban sobre la túnica un cordoncillo de hilo de lino. Era algo que no se podía negar, porque todo el mundo lo veía, además de que su existencia estaba contemplada incluso en el capítulo de los estatutos templarios que regulaba la vestimenta de los frailes. Los templarios sabían que este cordoncillo tenía un valor simbólico, no práctico, y hasta tenían la obligación de no quitárselo nunca, ni siquiera por la noche, cuando dormían; pero ignoraban su significado preciso. Apoyándose en este dato indiscutible, el uso del cinturón de lino, el objeto tenía en realidad un valor perverso: se aprovechaba el hecho de que la mayoría de los templarios ignoraba la función de aquella prenda para afirmar que el cinturón había sido puesto en contacto con un objeto diabólico, un oscuro y misterioso ídolo con forma de cabeza de hombre de barba larga. De acuerdo con la acusación, los templarios declinaban a ese ídolo liturgias especiales, sólo abiertas a los grandes dignatarios, ceremonias solemnes en las que era adorado, besado y se le ponía en contacto con los cordoncillos que luego se distribuían a todos los frailes de la orden. El cinturón de lino era un objeto muy banal que en sí mismo no tenía nada que pudiera servir para difamar a los templarios; pero era algo que afectaba a la orden en su totalidad, a todos y cada uno de sus miembros. El ídolo, en cambio, era absolutamente exclusivo de los niveles más altos de la jerarquía y sólo podía servir para atacar a éstos. Al afirmar que los cordoncillos de los templarios habían sido “manchados” por el contacto con el ídolo oscuro, Nogaret hacía recaer la sospecha de idolatría en cada uno de los frailes del Temple, “contaminados” por el ídolo, aunque sin saberlo, a causa de aquel cinturón que llevaba permanentemente puesto.

Es indudable que, de todos los golpes que se asestaron a los templarios, el de herejía era el más tenebroso, y no resultaba asombroso que semejante sugerencia inspirara a tantos novelistas; sin embargo, es curioso que esta acusación no fuera el caballo de batalla de Nogaret en el proceso, que no fuera su arma principal, sino una especie de pequeño corolario agregado a modo de coda a otras acusaciones: en su documento de denuncia, Felipe el Hermoso especificaba con claridad que sólo una pequeñísima parte de los templarios estaba al corriente del ídolo. ¿Por qué se produjo tal incoherencia? La respuesta es simple; la acusación, que había construido su teorema sobre bases sólidas con las afirmaciones recogidas por los “topos” durante cerca de diez años, sabía bien que los tres actos de indecencia del rito de ingreso eran prácticas comunes en todas las encomiendas de la orden. Todos o casi todos los templarios podían ser inducidos con amenazas u otros métodos a admitir hechos pertenecientes a la vida cotidiana en el Temple, hechos que había que manipular e instrumentar. En cambio, la existencia del ídolo y su culto, fuera lo que fuese, era una cuestión exclusiva de la élite, por lo cual la esperanza de obtener alguna confesión a ese respecto resultaba harto dudosa.

El rumor relativo al misterioso objeto parecía muy tentador para Nogaret, porque le permitiría montar una semejanza muy eficaz para escandalizar al papa: así como Moisés había descubierto con ira y dolor que en su ausencia los hebreos habían abandonado el culto del Dios único y se habían fabricado un vellocino de oro, así también habría de recibir el papa Clemente V la prueba de que los templarios, a pesar de su pertenencia a una orden religiosa, adoraban en secreto a un ídolo extraño del que estaban poseídos. Pero esto chocaba con la gran dificultad de que únicamente los dignatarios del más alto rango del Temple tenían conocimiento de ese ídolo y, en consecuencia, se preveía que a duras penas se obtendría un número mínimo de confesiones.

El objetivo de Felipe el Hermoso era conseguir la disolución de la orden, y para eso necesitaba convencer al papa de que la totalidad del cuerpo templario estaba infectado de inmoralidad y herejía: al rey no le servía de nada que sólo se condenara a sus máximas cabezas, que serían destituidas y luego reemplazadas; lo que buscaba era la incriminación masiva, idónea para pedir al papa la extinción total de la orden. Un escaso número de confesiones, por muy impresionantes que fuesen, no resultaba valioso para la acusación: aun cuando se encontraran  diez o veinte templarios dispuestos a admitir que practicaban la brujería e invocaban a los demonios, eso no habría servido para nada, porque de inmediato se habría hecho pasar la circunstancia como un defecto (si bien gravísimo e imperdonable) de los reos confesos y sólo de ellos. Así las cosas, la Inquisición procedería a condenar exclusivamente a los culpables. Pero lo que Nogaret y Felipe el Hermoso necesitaban eran grandes números, debían asestar golpes tal vez no tan graves, pero que estuvieran tan extendidos en la orden como para poder afirmar que sería muy difícil hallar un templario inmune a esos males. A tal respecto, el rito militar de ingreso iba como anillo al dedo, la existencia de la ceremonia secreta con sus gestos tan ofensivos para la religión cristiana era ideal. Se sabía que ese ritual, si bien con formas muy distintas, era una práctica común, razón por la cual era posible que casi todos los miembros de la orden admitieran haber realizado al menos alguno de esos actos culpables, como abjurar de Cristo o escupir sobre la cruz; y puesto que la praxis jurídica de la época no era aficionada a las sutilezas, en la confusión general producida por el escándalo se podía fácilmente sostener que la orden estaba toda ella afectada por tendencias anticristianas.

El ídolo era un detalle muy tentador, pero muy poco consistente. El pueblo oía misa en las iglesias de los templarios, veía rezar a los hermanos de la orden, comunicarse y seguir todas las liturgias habituales sin ningún tipo de ídolos. Asignar al culto del ídolo un lugar destacado en el teorema de la acusación era desaconsejable porque se corría el riesgo de que todo el castillo pareciera fundado en meras calumnias. Como brillante abogado que era, Nogaret prefirió insistir en las acusaciones con mayores probabilidades de ser confirmadas por los frailes de la orden y redujo la cuestión del ídolo a la simple condición de un detalle oscuro, espeluznante; por eso dejó perfectamente claro en la acusación que la gran mayoría de los frailes desconocía esa imagen. Como se preveía, el resultado que se obtuvo en relación con la brujería fue muy pobre, unas escasas descripciones muy contradictorias que, pese a todo, los estrategas de Felipe el Hermoso trataban de impregnar de tintes sombríos.