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jueves, 24 de diciembre de 2009

La otra Navidad.


Queridos lectores, desde la encomienda de Barcelona, queremos desearos que paséis una agradable Nochebuena y una Feliz Navidad, en compañía de vuestros seres queridos.

También os invitamos a hacer una reflexión esta Nochebuena. Después de la tradicional cena, queremos invitaros a que entre todos juntos creemos una cadena de oración a favor de aquellas personas que por diferentes circunstancias, en lugar de tener una Especial Navidad, tendrán que pasar una Navidad especialmente dura.

Deberíamos acabar entre todos con “la otra Navidad”, la que ninguno de nosotros desearía para nuestros seres queridos.

Acordémonos del prójimo. Esta madrugada a las 12:00h, recemos juntos por todos ellos.

¡FELIZ NAVIDAD!

miércoles, 23 de diciembre de 2009

Las sociedades secretas: La iniciación en el Tíbet


Siguiendo con la indagación sobre las sociedades secretas, hoy le toca el turno al budismo en el Tíbet, en lo que hoy se conoce como lamaísmo. El texto lo hemos extraído del libro de Ramiro Calle “Historia de las sociedades secretas”.

Desde la encomienda de Barcelona, esperamos que sea de vuestro agrado.

A lo largo de los siglos la doctrina suprema del Tíbet ha estado en poder de los lamas y los anacoretas. En ese excitante país a 4.000 metros de altura, en donde el aire se enrarece y todo adquiere un marcado colorido mágico, en donde los fenómenos paranormales han sido siempre aceptados como la cosa más natural y un número elevadísimo de jóvenes abrazaba la vida religiosa y se dedicaba con fervor a la meditación, en donde el budismo se entremezcló con el tantrismo y con la primitiva religión Bon-po; en ese enigmático país en donde lo milagroso no llama la atención y en donde los monasterios de los lamas han sido edificados en los más escarpados lugares, como un reto a la exuberante naturaleza, la iniciación ha ocupado un lugar sobresaliente: El país de las nieves, el techo del mundo. Clarividencia y premonición, viajes astrales y telepatía. Zona de hermosos y sólidos monasterios (gompa), lamas superiores (tulkus) de una iluminadora sabiduría, desconcertantes hechiceros (bon), místicos de penetrante intuición, ermitaños (gomtchen) expertos en las más eficaces técnicas mentales, seres humanos especializados en elevar la temperatura del cuerpo (tumo) o en recorrer velozmente enormes distancias (lung-gompas).

El neófito va siendo iniciado poco a poco, progresivamente, a medida que se va conociendo y purificando. No recibe la iluminación del maestro, sino de él mismo. El maestro le orienta, le prepara, le ayuda a resolver sus dudas. La verdad está en uno mismo y en uno mismo hay que rescatarla.

El asceta tibetano es aquel que ha renunciado por completo al mundo, apartándose de todo. Los placeres son pasajeros y nada representan para él: son como pétalos de rosa que se marchitan. Se esfuerza en contemplar su propia mente, en escudriñarla, en conocer todos sus mecanismos. Habrá de sustituir el raciocinio por la aprehensión directa. El Yo debe observar la propia mente e ir imponiéndole la serenidad necesaria, pues tal serenidad es requisito previo para pasar a superiores estados de conciencia. El ermitaño recorre así un sendero inaccesible para la persona ordinaria. Los obstáculos materiales o espirituales no le decepcionan o desaniman, sino que le estimulan y le sirven de medio para fortalecer su voluntad. Sabe lo que quiere y lo que debe hacer. Nada puede sorprenderle: ninguna dificultad puede detenerle; ha adoptado una actitud de imperturbable quietud ante todo.

El neófito tiene que ir esclareciendo su discernimiento, serenándose y desapegándose, auto controlándose y cultivando su mundo interior. El maestro le preguntará, le someterá a diversas pruebas, sopesará su grado de progreso espiritual. Pueden emplearse unas u otras técnicas –varían según los maestros-, pero como quiera que sea, el discípulo debe ir tomando plena conciencia de sí mismo y de sus relaciones. El dominio de las pasiones es insoslayable. El adiestramiento psíquico es con frecuencia difícil y no está exento de peligros. El discípulo debe mostrarse con su gurú o lama sumamente respetuoso y obediente. Es su maestro quien le va a facilitar los conocimientos necesarios para progresar convenientemente. No importa cómo sea el maestro, sino lo que sepa y lo que enseñe. Más allá de los defectos que pueda tener el maestro, el discípulo cree firmemente en él, porque la flor sigue siendo como en todos los sistemas religiosos o filosóficos de Oriente el maestro es siempre incondicionalmente respetado. En el Tíbet, además de la enseñanza oral, el maestro se comunica a veces telepáticamente con el discípulo y le estimula psíquicamente. A medida que el discípulo va progresando, se va haciendo consciente de que carece de Yo, de que él no es más que un conjunto de agregados que cambian continuamente; es el principio budista de la negación del ego.

El discípulo, mediante el adiestramiento adecuado, debe ir desarrollándose mentalmente, y aprender mediante el conocimiento, a trascender el dolor de la ilusión. Cada uno debe llegar a sus propias conclusiones, pero siempre a través del conocimiento exacto. La atención juega un destacado papel en el entrenamiento psíquico, y hay que irla perfeccionando progresivamente, pues ella le permitirá al discípulo el irse aproximando al conocimiento exacto. Hay que alertar la atención, mantenerla siempre vigilante para permanecer consciente de sí mismo y de todo lo que a uno le rodea. Es necesario indagar, buscar, escudriñar. La meditación va enriqueciendo el mundo interior y abriendo la mente, siendo extirpados los deseos y eliminados los conflictos y las contradicciones. Hay que trascender el agitado contenido mental, pasar de la verdad relativa a la verdad absoluta, aprender a distinguir lo que es realmente de uno y lo que es lo adquirido, lo falso, lo artificial.

Padmasambhava (“el nacido del loto”) cifraba la evolución espiritual en varias fases. La primera de ellas es aquella durante la cual el practicante debe leer y estudiar numerosos libros filosófico-religiosos y experimentar personalmente todos los métodos y enseñanzas que descubra.

La segunda fase consiste en seleccionar la enseñanza que al practicante le parezca mejor para él y desestimar todas las restantes.

Durante la tercera etapa, el practicante debe tratar de conseguir una gran confianza y seguridad en sí mismo, esforzándose por obtener el desapego y por ser humilde.

La cuarta etapa comporta un tenaz entrenamiento psicológico y mental, a fin de que el practicante pueda independizarse de todo y no verse afectado o perturbado por nada.

La quinta fase es la serenidad absoluta.

La sexta fase representa la comprensión del vació.

El practicante puede así ir apoderándose de las cinco clases de sabiduría: La “sabiduría absoluta” o intuición; la “sabiduría diferenciadora”, que permite encontrar las más sutiles semejanzas entre las cosas, y la “sabiduría de lo divino”, que facilita la “comprensión total”.

La austeridad, el autocontrol, la proyección en el vacío, el conocimiento exhaustivo de uno mismo, el adiestramiento en la verdad y la escalada hacia la “sabiduría de lo divino”, es la labor nada sencilla del asceta (naldjorpa).

El budismo llegó al Tíbet alrededor del siglo VII d.C. Encontró en el “país de las nieves” un terreno fértilmente abonado para su desenvolvimiento, porque el príncipe Srong-brtsansgam-po estaba desposado con dos mujeres budistas, una hija del emperador de China y otra hija del rey del Nepal. Incluso el príncipe se convirtió a la doctrina de la buena ley y envió a numerosos jóvenes de la aristocracia a la India para que se instruyesen sobre la enseñanza budista. Al principio, pues, el budismo se desarrolló entre la clase aristocrática, pero después se fue extendiendo a las clases restantes y consiguió cada vez mayor número de adeptos, constituyéndose en religión nacional durante el período del soberano Krisron-Ide-brtsan (755-797 d.C.)

En el siglo VIII fue fundado el monasterio de Sam-yas, y como en el país había diferentes corrientes religiosas y filosóficas (budismo, tantrismo, escuela de vacío, escuela Chan), tuvo lugar un concilio de todas las sectas budistas. A partir de ese momento se tradujeron numerosas obras sánscritas y múltiples pandits indios se establecieron en el Tíbet. Todo parecía indicar que el budismo arraigaba definitivamente en este país. Pero el rey fue asesinado por su hermano y esto iba a comportar una cruel persecución del budismo, ya que el nuevo rey era bon-po. Se arrasaron los monasterios, fueron asesinados o expulsados del país numerosos monjes y se quemaron los textos sagrados.

El rey asesino fue a su vez asesinado por un monje tibetano. Se sucedieron las guerras civiles y, después de varias décadas, los biznietos del soberano que persiguiese tan fanáticamente el budismo, se interesaron vivamente por la doctrina e hicieron venir al país a algunos misioneros budistas.

El budismo toma de nuevo vida en el Tíbet, pero fusionado a elementos yoguis y tántricos. Lobon Padma Chunge fundó la secta del lamaísmo, conocida como los “bonetes rojos”. Budismo, yoga, tantrismo, bon-po, nigromancia y magia formaban el contenido doctrinal propio del lamaísmo.

El gran reformador del lamaísmo fue Tson-K,a-pa, en el siglo XVI, quien, enérgico y honesto, expulsó a los monjes degenerados, prohibió la hechicería y la magia, cerró monasterios y eliminó lugares santos. Fundó la secta de los “bonetes amarillos”, también conocidos como “observadores del valor virtuoso”. Con unas sobresalientes dotes de organización, creó normas y preceptos, restableció los verdaderos principios e impuso una eficaz jerarquía.

En tanto los “bonetes rojos” han perdido la esencia verdadera del budismo, adoran a las imágenes y están influenciados por la magia bon-po, los “bonetes amarillos” rechazan las imágenes, condenan la nigromancia y otras formas de magia y viven más de cerca el verdero budismo.

Había tres jefes espirituales del lamaísmo: el Dalai Lama, que vivía en la capital del Tíbet, en Lhasa, descendiente espiritual de Tson-K,a-pa, reencarnación de Avalokitesvara y máxima autoridad tanto en los asuntos materiales como en los espirituales; era él quien regentaba el célebre monasterio de Potala. Otro de los jefes espirituales era el Tashi Lama, que únicamente tenía autoridad espiritual y que vivía comúnmente en la provincia de Tsang. La Gran Lama, que era la abadesa del monasterio situado en las proximidades del lago Yomdok, también era el jefe espiritual. A estos jefes espirituales les seguían por orden jerárquico los Chutuktus, similares a nuestros cardenales, y los Chubil Kans o sacerdotes.

El aspirante a lama tiene que estudiar medicina, escritura sagrada, filosofía, metafísica, ritual, gramática, aritmética, los preceptos monásticos y esoterismo. Los “bonetes rojos” sólo exigen el ser célibes todos ellos, pero los “bonetes rojos” sólo exigen el celibato para los lamas superiores. El aspirante estudia, medita y lleva una vida totalmente monacal. Pero el que no desea seguir el camino religioso y monacal, sino el “camino directo”, no encontrará el monasterio que busca, y tendrá que tratar de hallar un maestro que le imparta personalmente la enseñanza secreta. Los maestros del camino directo no están por lo general en los monasterios, sino en la soledad de las montañas o de los bosques; no siguen normas religiosas establecidas ni se someten a los ritos; viven aislados en su reducida celda (Tsham-khag), dedicados por entero al trabajo interior y llevando una vida ascética que la mayoría de los seres humanos no podrían soportar.

Antes de la dominación china, no era tan extraño como pueda parecer el encontrarse con un devoto del camino directo encerrado en su Tsham-Khang, en la que a veces permanecía durante muchos años, o incluso durante toda una vida, en absoluto silencio y en una total oscuridad. Se necesita ya una sólida madurez para poder soportar durante tanto tiempo esa hermética soledad.

El anacoreta invierte su tiempo haciendo prácticas de concentración y de meditación, ejercicios respiratorios y contemplación del Kyilkhor, que son diagramas con un significado esotérico y simbólico especial y que sirven de apoyo a la atención y van unificando el pensamiento. Así el renunciante va elevándose por encima de sus sentidos físicos y obteniendo la “vista penetrante” (thag thong). La ignorancia se transmuta en conocimiento y el místico comienza a vivir a través de una sublime serenidad.

martes, 22 de diciembre de 2009

22 de diciembre: Sorteo Extraordinario de Navidad


Hoy se celebra el Sorteo de Navidad, desde la encomienda de Barcelona, les deseamos a todos 'Suerte', deseando que en estos tiempos de crisis económica, ayude a los más necesitados.

Desde aquí hemos buscado información en wikipedia, sobre este día tan celebrado día en España.

El Sorteo Extraordinario de Navidad, también conocido como Sorteo o Lotería de Navidad, es uno de los sorteos de lotería más populares que se celebra en España cada 22 de diciembre, y que tiene lugar, generalmente, en el salón de sorteos de Loterías y Apuestas del Estado, en Madrid. El premio máximo recibe el nombre de El Gordo, que desde 2005 tiene un valor de 3 millones de euros al billetedécimo). El periodo de venta de este sorteo es el más largo del año, ya que las administraciones reciben los números las primeras semanas de julio. Por ello no es de extrañar que sea también el más vendido y popular de los Sorteos. (300.000 euros por décimo)

Historia

La primera vez que se sorteó la lotería en Navidad fue el 18 de diciembre de 1812 en Cádiz. El primer premio 'Gordo' fue a parar al número 03604. Entonces el precio del billete era de 40 reales y premio de 8.000 pesos fuertes.

Pero la primera vez que se la llamó Sorteo de Navidad, fue del 23 de diciembre de 1892 y sustituyó a la leyenda de "Prósperos de Premios", aunque no figuró impresa en los billetes hasta la Navidad de 1837.

Hoy en día el sorteo extraordinario de Navidad, que se celebra todos los años el día 22 de Diciembre, es el más importante y popular de todos los sorteos de Loteria realizados en España.

Características

Los boletos reciben el nombre de décimos porque el apostante juega la "decima" parte del importe del billete (un billete = 10 décimos). De cada número se emiten series, es decir, cada billete tiene su número de serie. Desde 2005, participan 85.000 números: desde el número 00000 al 84999. En 2007 se han emitido 185 series de cada número. Puesto que el precio de cada décimo es de 20 euros (200 euros por billete), el precio de un número completo es de 37.000 euros.

El total de la emisión asciende a 3.060 millones de euros, y la cantidad que se destina a premios (el 70% de la emisión) alcanza los 2.142 millones euros. El 30% restante se destina al pago de comisiones a los puntos de venta (3,70%), a gastos de administración y al Tesoro Público (aproximadamente el 22%). En total se premian 22.667.800 décimos en el sorteo

Premios

Todos los billetes del segundo premio del sorteo de 2006 se vendieron en la Puerta del Sol, en el centro de Madrid.

Desde 2005, se introducen 1.787 bolas en el bombo de premios, con las siguientes cantidades por cada billete -independientemente de su serie- (hay que dividir entre diez para calcular el premio por cada décimo):

  • 1 primer premio de 3.000.000 de euros, conocido como «El Gordo».
  • 1 segundo premio de 1.000.000 de euros.
  • 1 tercer premio de 500.000 euros.
  • 2 cuartos premios de 200.000 euros.
  • 8 quintos premios de 50.000 euros.
  • 1.774 premios de 1.000 euros, conocidos como la «Pedrea».

Además, también se obtiene premio con las siguientes aproximaciones:

  • 2 premios de 20.000 euros a los números anterior y posterior al primer premio.
  • 2 premios de 12.500 euros a los números anterior y posterior al segundo premio.
  • 2 premios de 9.600 euros a los números anterior y posterior al tercer premio.
  • 297 premios de 1.000 euros a la centena del primero, segundo y tercer premios.
  • 198 premios de 1.000 euros a la centena de los cuartos y quintos premios.
  • 2.547 premios de 1.000 euros a todos los billetes cuyas 2 últimas cifras coincidan con los del primero, segundo o tercer premios.
  • 8.499 reintegros (coincidencia de la última cifra del primer premio) de 200 euros.

La Lotería de Navidad ofrece a sus jugadores un 84,32% de posibilidades de perder todo el dinero invertido y un 10% de no ganar nada, según los datos de un estudio elaborado el profesor de Matemática Aplicada de la Universidad CEU San Pablo, Miguel Córdoba Bueno, en el que se analizan las posibilidades de las diversas clases de loterías que se juegan en España. La posibilidad de ganar algo en el sorteo de la Lotería de Navidad es “sólo” del 5,68%. Evidentemente, la probabilidad de ganar el Gordo (tres millones de euros a cada serie) es de una entre 85.000.

Celebración del Sorteo

El salón se abre a las 8:00 del día 22 de diciembre, permitiéndose la entrada a los espectadores, sin más limitación que el aforo del local. A las 8:30 se constituye la junta que preside y autoriza el sorteo. Posteriormente, después de ser mostradas al público, las bolas son transportadas mecánicamente en la tolva, un recipiente utilizado para trasportar las bolas hasta los bombos. Por último, los bombos son cerrados y a una señal del presidente se voltean simultáneamente.

Un niño del Colegio de San Ildefonso extrae una bola del bombo de números y otro niño, a la vez, una del de premios, siendo cantadas ambas por otros dos que insertan las bolas en los alambres dispuestos al efecto. Los bombos sólo giran cuando se llena el alambre. Estos alambres se reúnen en una "tabla" hasta contener doscientas bolas de cada clase, siendo cerradas debidamente delante de la mesa de la junta con la conformidad del presidente y del interventor. Al llenarse la tabla, los cuatro niños que han participado en esa tabla son reemplazados por otros cuatro, y se repite el proceso. El sorteo de Lotería de Navidad concluye cuando en el bombo de premios no quede bola alguna.

Publicidad

En el ámbito de la publicidad, ha cobrado una gran relevancia mediática los anuncios protagonizados por el personaje popularmente conocido como El Calvo de la Lotería. Este personaje navideño, interpretado por Clive Arrindell, se hizo famoso en España al protagonizar desde 1998 hasta 2005 de forma ininterrumpida la publicidad de invierno de la Lotería Nacional española.

lunes, 21 de diciembre de 2009

Los elegidos del Temple.



Queremos desde la encomienda de Barcelona, compartir un texto de Jesús Ávila Granados, de su libro “La mitología templaria”.

Esperamos sea de vuestro agrado.

En un capitel de la iglesia de Saint-Nectaire, en Puy-de-Dôme (Auvernia, Francia), aparece un ángel cabalgando sobre un cansado corcel. Se trata del ángel exterminador, que, con su mano derecha, lleva tres flechas, cada una de ellas representando las tres pesadillas del mundo occidental de la alta Edad Media: el hambre, la guerra y la mortandad.

De todas las órdenes religioso-militares que conformaron la Edad Media en el mundo occidental, sólo los templarios pasaron a la leyenda, gracias, fundamentalmente, a sus profundos conocimientos esotéricos, que sólo un grupo muy reducido de miembros fue capaz de desarrollar; porque los templarios practicaron en secreto el arte de Hermes. El erudito francés Claude d’Yge lo resume muy bien: “Si los templarios han creado una leyenda, esa leyenda es el reflejo de su fantasma, su contrario analógico. Si creemos que fue una “asociación de cambistas y banqueros” es debido a que sus riquezas reales provenían de una fuente muy distinta. Sólo vagamente sabemos lo que hacían en las salas superiores de sus fortalezas, pero ignoramos por completo qué hacían en los sótanos y en los túneles, en donde circulaba, activa e imperceptible, la verdadera vida de la orden”.

Nueve fueron, pues, los primeros caballeros que constituyeron el germen de la Orden del Temple –los Pobres Compañeros de Cristo-, fundada en la ciudad de Jerusalén en 1118; nueve caballeros temerosos de Dios, que se regían por dos doctrinas: una para el restringido número de sus nobles fieles, y otra, la católico-romana, para el círculo exterior. Todo ello organizado en dos niveles: una minoría esotérica (dirigente), en donde se hallaban los magos o los iniciados a los saberes más profundos del conocimiento, y una mayoría exotérico, formada por guerreros y servidores.

Los miembros, a su vez, se organizaban en tres clases, en función de sus menesteres y procedencias:

1. Caballeros, de origen noble, su cuya misión era guerrear. Su traje era blanco.

2. Sirvientes, de cuna más baja, dedicados al cuidado de peregrinos y clérigos. Su traje era negro y en él portaban, al igual que los caballeros, una cruz encarnada (por concesión del Papa cisterciense Eugenio II, en 1145). La forma de esta cruz era, para algunos historiadores, octogonal, y para otros, doble, similar a la patriarcal; según otras versiones, era la parte inferior de esta última. Aparecen documentos que en total suman 15 diferentes formas (cinco patés –pateadas- o célticas, tres de las ocho beatitudes y cuatro patriarcales o lignum crucis, más la tau griega y la última utilizada en Portugal por la Orden de Cristo).

3. Y, y por último, los clérigos, que actuaban como capellanes.

Entre los primeros, es preciso destacar la importancia que para el Temple tuvo la caballería. En este sentido, debemos recordar el clima de armonía que, durante mucho tiempo, llegaron a respirar las tres culturas monoteístas de la España medieval –judíos, cristianos e hispano-musulmanes-, que compartían las artes y tradiciones populares –arquitectura, alquimia, cosmología, medicina, etcétera- cuando Alfonso X el Sabio (1252-1284), el monarca castellano mediador entre Oriente y Occidente, y los caballeros del Temple establecieron unas pautas de conducta verdaderamente ejemplares, que deberían seguirse en nuestros días. Entre estas artes, debemos destacar la caballería islámica, que fue antecesora de la caballería occidental. “La observancia de la ley coránica proporcionaba un marco donde el sacrificio, el heroísmo, la nobleza, la abnegación y el hermetismo conformaban toda una actividad con fondo espiritual”, recuerda el erudito Bartolomé Bioque. El arte de cabalgar a galope tendido a pelo es una estrategia militar que los cristianos aprendieron de los hispano-musulmanes; en numerosas crónicas de las tres culturas se hace referencia a hechos muy concretos. Por ejemplo, el destacamento de nazaríes que, llamado por el monarca catalano-aragonés Pedro III (1276-1285), se desplazó desde Granada a la ciudad de Igualada para enseñar a los caballeros cristianos los secretos del arte de cabalgar. Este encuentro se llevó a cabo bajo el auspicio de los templarios.

Los templarios, ante el patriarca de Jerusalén, Gordoud de Piquigny, efectuaron tres votos: pobreza, castidad y obediencia.

También adoptaron la divisa: “Non Nobis, Domine, non nobis, sed Nomini tuo da Gloriam.” (No a nosotros, Señor, no a nosotros, sea la Gloria en Tu Nombre.)Entre sus estatutos: “Siempre deberán aceptar el combate contra los herejes, aunque estén en proporción de tres a uno.”

Y en cuanto a sus obligaciones, entre otras, se dictó la siguiente: “Comerán carne tres veces por semana. Los días que no coman de ella, podrán comer tres platos.”

Y en lo que se refiere al aspecto religioso, la obligación de los caballeros templarios consistía en comulgar tres veces al año, oír misa tres veces por semana y hacer limosna tres veces por semana.

Para el historiador francés Louis Charpentier, se trataba de la más perfecta organización que hay podido concebir la humanidad: el campesino que alimenta, el artesano que crea la herramienta, el comerciante que distribuye y el guerrero, guardián de los bienes a cuya posesión no tiene acceso. El especialista Rafael Alarcón lo define muy bien: “Los templarios civilizaron el mundo occidental, convirtiendo a los siervos en seguidores y a los nobles en caballeros.”

En torno a toda esta filosofía de vida, y desde los espacios más profundos del microcosmos templario, gravita una gran riqueza simbólica, que representa la esencia cultural de una sabiduría que ahonda sus raíces en los credos y filosofías del mundo oriental. Porque aquellos originarios nueve caballeros, con sus correspondientes servidores, enviados en 1118 a Tierra Santa por Bernardo de Claraval, se nutrieron de las culturas de los monjes armenios, de los cabalistas hebreos, de los místicos sufíes y también de los ismaelitas aglutinados en torno al Viejo de la Montaña, patriarca de la Orden de los Assasins. Muchas de estas claves, en forma de símbolos, pueden interpretarse a través de unos códigos secretos, basados en los saberes recogidos en el mundo occidental; otros símbolos, en cambio, fueron traspasados a la Edad Media de las culturas clásicas (Grecia y Roma), sin olvidarnos de las fuentes empíricas de los mitos celtas.