Desde
la Encomienda de Barcelona, recuperamos el apartado para aquellos seguidores de
la página que les interesa los temas sobre la masonería y sus interpretadas
vinculaciones con los templarios. Para ello hemos extraído unas líneas de la
obra “The Temple and the Lodge”, realizadas por los coautores Michael Baigent y
Richard Leigh.
Desde
Temple Barcelona deseamos que su contenido os sea interesante.
Portada del libro The Temple
and the Lodge
A unos cinco
kilómetros al sur de Edimburgo se encuentra el pequeño pueblo de Rosslyn.
Consiste en una única calle con una procesión de casas y tiendas y, al cabo de
la calle, dos pubs. El pueblo comienza en el borde de una profunda garganta
boscosa, el valle de North Esk. A doce kilómetros de allí, cerca de donde el
North Esk se une con el South Esk, se encuentra la antigua preceptoría
templaria de Balantrodoch, hoy llamada simplemente Temple.
El valle del North
Esk es un lugar misterioso, aparentemente habitado por fantasmas. Esculpida en
una gran piedra cubierta de musgo, una salvaje cabeza pagana observa al
caminante. Río abajo, en una cueva excavada detrás de una cascada, encontramos
lo que parece ser otra enorme cabeza con ojos cavernosos, tal vez una escultura
erosionada por el tiempo, quizás un producto natural de los elementos. El
camino que atraviesa el valle pasa junto a numerosas construcciones de piedra
en ruinas y a la pared de un risco con una ventana tallada en la piedra. Detrás
de esta ventana hay una verdadera madriguera de túneles, suficientes para
ocultar a un número considerable de hombres y accesibles sólo a través de una
entrada secreta: uno debe ser bajado a un pozo. Según la leyenda, Bruce
encontró refugio aquí durante una de las numerosas crisis que afectaron a sus
campañas.
Posado en el mismo
borde de la garganta hay un edificio espectral y extraño, la capilla de
Rosslyn. La primera impresión que se tiene es que parece tratarse de una
catedral en miniatura. No es que sea particularmente pequeña. Pero es tan
recargada, tan chorreada de tallas góticas y adornos floridamente intrincados
que, de alguna manera, parece ser la parte truncada de algo más grande, como si
fuese un fragmento de la catedral de Chartres trasplantado a la cima de una
colina escocesa. La construcción transmite una sensación de opulencia amputada,
como si los constructores, después de haber volcado pródigamente sobre la
estructura sus habilidades más asombrosas y los materiales más caros,
simplemente hubiesen interrumpido la obra de forma abrupta.
De hecho, eso fue lo
que hicieron. Se les acabó el dinero. La capilla de Rosslyn estaba destinada
originalmente a formar parte de algo mucho más grande, la Capilla de la Virgen
de una enorme colegiata, una catedral de tamaño natural a escala francesa. Al
acabarse los fondos, el proyecto jamás se llevó a cabo. Desde el muro
occidental existente se proyectan unos enormes bloques de piedra, esperando a
otros que jamás llegaron.
El interior de la
capilla es una febril alucinación en piedra, una explosión tumultuosa de
imágenes talladas y configuraciones geométricas apiladas una encima de otra,
fluyendo entre sí, superponiéndose unas sobre otras. Y abundan los motivos que
anticipan aquellos que caracterizarían a la masonería. Uno se encuentra en lo
que parece ser un compendio petrificado de “artilugios esotéricos”.
Como cabría esperar
de un lugar así, la capilla de Rosslyn es un foco de secretos y leyendas. Las
más famosas de ellos corresponden al extraordinario pilar situado en el extremo
oriental de la estructura, llamado hoy el Pilar del Aprendiz. Un relato
publicado en 1774 habla de:
‘…una
tradición que ha pasado en la familia de Roslin de padre a hijo, que cuenta que
un modelo de este hermoso pilar había sido enviado desde Roma, o algún lugar
extranjero; el maestro de albañilería, al verlo, no consintió en trabajar
semejante pilar bajo ningún concepto, hasta que no fuese a Roma, o algún lugar
extranjero, para inspeccionar el pilar del cual el modelo había sido tomado;
que, en su ausencia, cualquiera que como se yergue hoy; y que el maestro, a su
regreso, viendo el pilar tan exquisitamente acabado, hizo averiguaciones,
preguntó quién lo había hecho, y, presa de la envidia, mató al aprendiz.’
Encima de la puerta
occidental de la capilla se puede ver la cabeza tallada de un joven que
presenta un corte en la frente. Se dice que es la cabeza del aprendiz
asesinado. En el lado opuesto se puede ver la cabeza de un hombre con barba, el
maestro que le mató. A su derecha, hay otra cabeza, la de una mujer, llamada “la
Madre Viuda”. Por lo tanto, resulta evidente que el anónimo y precoz joven era
–para emplear una expresión familiar a todos los masones- un “Hijo de la
Viuda”. Como hemos señalado, la misma frase se utilizó para nombrar a Perceval
o Parzival en los romances del Grial.
Las connotaciones
masónicas presentes en la capilla y su simbolismo difícilmente pueden ser obra
del azar, ya que Rosslyn fue construida por la familia que, quizás más que
cualquier otra en Gran Bretaña, llegó a ser asociada con la masonería
posterior: los Saint-Clair o, como se les conoce hoy, los Sinclair.
Fotografía del Pilar del Aprendiz de la iglesia de Rosslyn
No hay comentarios:
Publicar un comentario