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lunes, 16 de marzo de 2009

Religión y Ajedrez.


A lo largo de la historia, el ajedrez ha estado mal visto por todas las religiones monoteístas (judía, cristiana y musulmana) y en países como Rusia, Francia, Alemania, o Irán, también estuvo prohibida su práctica durante alguna época. Incluso los caballeros templarios ejercieron en algún tiempo esta prohibición.
San Bernardo de Claraval (1090-1153) prohíbe a la Nova Militae practicar el juego de Ajedrez.

El Ajedrez se volvió muy popular durante las Cruzadas pero Alexander Neckam, un autor Británico, condenó al Ajedrez como algo frívolo.
Por el año de 1195, los judíos estaban seriamente envueltos en el juego del Ajedrez pero el Rabbi Maimonides, incluyó al Ajedrez entre los juegos prohibidos para los judíos.

En 1197, el Abad de Persigny estuvo advirtiendo a la gente a que no jugara al Ajedrez.
En el año de 1208, el Obispo de París Odo Sully prohibió el Ajedrez en París a su Clero. También estuvo prohibido en Worcester, Inglaterra en el año de 1240 por el liderazgo religioso. En 1254, San Luís de Francia restringió el Ajedrez a los laicos.

Algunos musulmanes, en la actualidad, sostienen que jugar al Ajedrez es un pecado.
La visión que a lo largo de la historia se ha ido teniendo del juego-ciencia por parte del cristianismo, ha ido variando considerablemente y han jugado al Ajedrez líderes religiosos como Tomás Becket (Arzobispo de Canterbury), Charles Borromeo (Obispo de Milan), el Papa Gregorio VI, el Papa Inocencio III, el Papa Juan Pablo I, el Papa Juan Pablo II, el Papa Leo X, el Papa Leo XIII, el Cardenal Richelieu y Billy Graham.

Entre las virtudes del ajedrez, está la de estimular a las personas a concentrarse con mayor facilidad y a los jóvenes a buscar un plan estratégico con el cual se sientan identificados, aplicable no sólo en el ajedrez, sino también al juego de la vida.

La cruz Tau.


La T arqueada –la Tau- se encuentra en numerosas edificaciones relacionadas con el Temple. Se trata de la novena letra del alfabeto hebreo, que concuerda con el emblemático número 9. Simboliza la serpiente, el color rojo y el planeta Marte (Dios de la guerra); pero las raíces de esta esotérica cruz son mucho más ancestrales y ya la utilizaron los antiguos egipcios y representaba para el neófito, la compresión del todo.
Los Templarios la abrazaron con la misma pasión de la que hacen alarde en la actualidad los frailes franciscanos y el Papa Inocencio III vio a la cruz Tau como un signo divino: Después de describir la triste situación de los Santos Lugares hollados por los Sarracenos, el Pontífice lamentó los escándalos que desacreditaban el rebaño de Cristo y lo amenazó con los divinos castigos si no se enmendaba. Evocó la famosa visión de Ezequiel, cuando Yahvéh, agotada la paciencia, exclama con voz poderosa: «"Acercaos, vosotros que veláis sobre la ciudad; acercaos con el instrumento de exterminio en vuestras manos". Y he aquí que seis hombres llegaron con sendos azotes en sus manos. Entre ellos estaba un varón vestido de lino, con recado de escribir a la cintura. Y díjole Yahvéh: "Recorre Jerusalén, y señala con una TAU las frentes de los justos que se encuentren en ella". Y dijo a los otros cinco: "Recorred la ciudad tras él, y exterminad sin piedad a cuantos encontréis; mas no toquéis a ninguno que esté señalado con la TAU". "¿Quiénes son -continuó el Papa- los seis varones encargados de la venganza divina? Ésos sois vosotros, Padres conciliares, que, valiéndoos de todas las armas que tenéis a mano: excomuniones, destituciones, suspensiones y entredichos, habéis de castigar implacablemente a cuantos no estén señalados con la TAU propiciatoria y se obstinen en deshonrar la Cristiandad».- «En su discurso de Letrán, Inocencio III había señalado con el signo Tau a tres clases de predestinados: los que se alistaren en la cruzada; aquéllos que, impedidos de cruzarse, lucharen contra la herejía; finalmente, los pecadores que de veras se empeñaren en reformar su vida» (O. Englebert, Vida de S. Francisco de Asís. Santiago de Chile 1973, pp. 226 y 238).

martes, 3 de marzo de 2009

La Cuaresma


Mañana miércoles de ceniza da comienzo la Cuaresma. La palabra deriva del latín Quadragesima (Cuadragésimo día antes de Pascua; o lo que es lo mismo, cuarenta días antes de Pascua.)

La Cuaresma por tanto, es el tiempo litúrgico de conversión, que marca la Iglesia para prepararnos a la gran fiesta de la Pascua. Es tiempo para arrepentirnos de nuestros pecados y de cambiar algo de nosotros para ser mejores y poder vivir más cerca de Cristo.

En la Cuaresma, Cristo nos invita a cambiar de vida, escuchando la Palabra de Dios, orando, compartiendo con el prójimo y haciendo obras buenas. Nos invita a vivir una serie de actitudes cristianas que nos ayudan a parecernos más a Jesucristo, ya que por acción de nuestro pecado, nos olvidamos de Dios.

Tras el ayuno de Jesús en el desierto y venciendo a las tentaciones del Maligno, los Templarios contemplaban y respetaban la Cuaresma al límite; ya que así la vivió el Mesías, sirviéndole para transfigurarse en el Cristo esperado durante siglos. Durante estos cuarenta días los Pobres Caballeros de Cristo, continuaban sus ejercicios ayunando, orando y ayudando al prójimo.

Entramos en un tiempo para la reflexión individual de cada uno de nosotros, que coincide con el fin del invierno y con el reflorecer que ofrece la renovadora primavera, que nos enseña que después de la muerte “invernal”, renace nuevamente la vida.