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lunes, 31 de marzo de 2014

Evangelio dominical: Jesús sana a un ciego

Desde la Encomienda de Barcelona queremos, como cada lunes, compartir con todos vosotros la reflexión del evangelio de ayer domingo 30 de marzo. Esta vez podemos disfrutar de la sanación del ciego por parte de Jesús.

Desde Temple Barcelona confiamos que su meditación os será gratificante.


Jesús, al pasar, vio a un hombre ciego de nacimiento.

Sus discípulos le preguntaron: "Maestro, ¿quién ha pecado, él o sus padres, para que haya nacido ciego?".

"Ni él ni sus padres han pecado, respondió Jesús; nació así para que se manifiesten en él las obras de Dios.

Debemos trabajar en las obras de aquel que me envió, mientras es de día; llega la noche, cuando nadie puede trabajar.

Mientras estoy en el mundo, soy la luz del mundo".

Después que dijo esto, escupió en la tierra, hizo barro con la saliva y lo puso sobre los ojos del ciego, diciéndole: "Ve a lavarte a la piscina de Siloé", que significa "Enviado". El ciego fue, se lavó y, al regresar, ya veía.

Los vecinos y los que antes lo habían visto mendigar, se preguntaban: "¿No es este el que se sentaba a pedir limosna?".

Unos opinaban: "Es el mismo". "No, respondían otros, es uno que se le parece". El decía: "Soy realmente yo".

Ellos le dijeron: "¿Cómo se te han abierto los ojos?".

El respondió: "Ese hombre que se llama Jesús hizo barro, lo puso sobre mis ojos y me dijo: 'Ve a lavarte a Siloé'. Yo fui, me lavé y vi".

Ellos le preguntaron: "¿Dónde está?". El respondió: "No lo sé".

El que había sido ciego fue llevado ante los fariseos.

Era sábado cuando Jesús hizo barro y le abrió los ojos. Los fariseos, a su vez, le preguntaron cómo había llegado a ver. El les respondió: "Me puso barro sobre los ojos, me lavé y veo".

Algunos fariseos decían: "Ese hombre no viene de Dios, porque no observa el sábado". Otros replicaban: "¿Cómo un pecador puede hacer semejantes signos?". Y se produjo una división entre ellos.

Entonces dijeron nuevamente al ciego: "Y tú, ¿qué dices del que te abrió los ojos?". El hombre respondió: "Es un profeta".

Sin embargo, los judíos no querían creer que ese hombre había sido ciego y que había llegado a ver, hasta que llamaron a sus padres y les preguntaron: "¿Es este el hijo de ustedes, el que dicen que nació ciego? ¿Cómo es que ahora ve?".

Sus padres respondieron: "Sabemos que es nuestro hijo y que nació ciego, pero cómo es que ahora ve y quién le abrió los ojos, no lo sabemos. Pregúntenle a él: tiene edad para responder por su cuenta".

Sus padres dijeron esto por temor a los judíos, que ya se habían puesto de acuerdo para excluir de la sinagoga al que reconociera a Jesús como Mesías.

Por esta razón dijeron: "Tiene bastante edad, pregúntenle a él".

Los judíos llamaron por segunda vez al que había sido ciego y le dijeron: "Glorifica a Dios. Nosotros sabemos que ese hombre es un pecador".

"Yo no sé si es un pecador, respondió; lo que sé es que antes yo era ciego y ahora veo".

Ellos le preguntaron: "¿Qué te ha hecho? ¿Cómo te abrió los ojos?".

El les respondió: "Ya se lo dije y ustedes no me han escuchado. ¿Por qué quieren oírlo de nuevo? ¿También ustedes quieren hacerse discípulos suyos?".

Ellos lo injuriaron y le dijeron: "¡Tú serás discípulo de ese hombre; nosotros somos discípulos de Moisés!

Sabemos que Dios habló a Moisés, pero no sabemos de dónde es este".

El hombre les respondió: "Esto es lo asombroso: que ustedes no sepan de dónde es, a pesar de que me ha abierto los ojos.

Sabemos que Dios no escucha a los pecadores, pero sí al que lo honra y cumple su voluntad.

Nunca se oyó decir que alguien haya abierto los ojos a un ciego de nacimiento.
Si este hombre no viniera de Dios, no podría hacer nada".

Ellos le respondieron: "Tú naciste lleno de pecado, y ¿quieres darnos lecciones?". Y lo echaron.

Jesús se enteró de que lo habían echado y, al encontrarlo, le preguntó: "¿Crees en el Hijo del hombre?".

El respondió: "¿Quién es, Señor, para que crea en él?".

Jesús le dijo: "Tú lo has visto: es el que te está hablando".

Entonces él exclamó: "Creo, Señor", y se postró ante él.

Después Jesús agregó: "He venido a este mundo para un juicio: Para que vean los que no ven y queden ciegos los que ven".

Los fariseos que estaban con él oyeron esto y le dijeron: "¿Acaso también nosotros somos ciegos?".

Jesús les respondió: "Si ustedes fueran ciegos, no tendrían pecado, pero como dicen: 'Vemos', su pecado permanece". (Jn 9, 1-41)

Reflexión:
Estos extensos versículos del evangelista Juan, ponen de manifiesto el continuo examen al que estaba sometido Jesús. Cualquier prédica o actuación del Mesías, era criticada y puesta en tela de juicio por los judíos más ortodoxos. Incluso el feliz ciego al que sana Jesús, al igual que sus padres, deben medir sus palabras para que no sean marginados por aquéllos que se empeñan en ensuciar las obras y el buen nombre de Jesús. Podemos decir que el miedo de toda la familia a las evidentes represalias, acaban traduciéndose en prudencia. Jesús rompe esa prudencia afirmando que los que no creen están ciegos y permanecen en el pecado, mientras que aquéllos que tienen fe en Él, serán salvados porque ven.

Plegaria:
¡Señor! Sáname también de toda ceguera y hazme ver los buenos frutos de la fe.



El ciego lavándose en la fuente de Siloé.

viernes, 28 de marzo de 2014

El presidente Obama, impresionado por la humildad de Francisco: "Es maravilloso encontrarle"

Desde la Encomienda de Barcelona queremos compartir con todos vosotros un artículo publicado por la página de Forum Libertas donde nos habla sobre la visita del presidente de los EE.UU., Obama al papa Francisco. Obama destaca del Papa "su coraje para hablar sin pelos en la lengua sobre los desafíos económicos y sociales".

Desde Temple Barcelona esperamos que la noticia sea de vuestro interés.


por Forum Libertas

ForumLibertas.com
Era un encuentro que había levantado una gran expectación: el Papa Francisco y el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, han mantenido una reunión privada de 50 minutos en el Vaticano. "Es maravilloso encontrarle", ha asegurado el mandatario estadounidense al saludar al Santo Padre, que le ha recibido con la frase "bienvenido, señor presidente.

La reunión se ha alargado más de la media hora prevista, ya que ha empezado a las 10,28 horas y ha finalizado a las 11.19 horas. En el encuentro en la Biblioteca privada del Papa había dos traductores, una mujer para el presidente de Estados Unidos y un secretario de la Casa Pontificia para el Pontífice.

Tras la conversación privada, y nuevamente frente a las cámaras, el presidente Obama ha obsequiado al Pontífice con una caja azul con diversas semillas de plantas que crecen en la Casa Blanca. El Papa y el presidente de Estados Unidos se han despedido con un fuerte apretón de manos.

Obama ha llegado al Vaticano sin su mujer ni sus hijas, escoltado por un extenso dispositivo de seguridad, formado por veintiséis coches blindados y ocho motocicletas.

A su llegada ha sido recibido por el secretario del papa Benedicto XVI y prefecto de la Casa Pontificia del papa Francisco, Georg Gänswein.

"Impresionado" por la humildad de Francisco
Previamente, Obama ha afirmado en una entrevista al periódico italiano Corriere della Sera que el Papa es "una gran autoridad moral" y que su voz tiene que ser escuchada por el mundo. "Cuando el Papa habla, sus palabras pesan", ha expresado.

De esta forma, ha comentado que el Papa recuerda que "cada persona tiene la responsabilidad individual de vivir de modo recto y virtuoso" al tiempo que ha manifestado estar "impresionado" por humildad y por sus actos de misericordia.

El presidente estadounidense ha destacado "su testimonio, el sencillo gesto de buscar a los últimos, a aquellos que vive en condiciones más difíciles" como valores del Papa. También ha afirmado que una de las cualidades que más admira en el Papa Francisco es "su coraje para hablar sin pelos en la lengua sobre los desafíos económicos y sociales" de la actualidad.

Así, ha matizado que aunque no estén de acuerdo en todas las cuestiones, ha subrayado que el Papa invita "a pensar sobre la dignidad que es innata a todo ser humano".

También ha elogiado su capacidad para "motivar y hacer reflexionar a la gente en todo el mundo, así como "a tratarse recíprocamente con mayor sentido de la dignidad y de la compasión".

La agenda de Obama
Obama se encuentra de viaje oficial por Europa. El Air Force One, el avión presidencial del presidente de Estados Unidos, aterrizó el miércoles por la noche en el aeropuerto romano de Fiumicino.

La agenda pública del presidente de Estados Unidos ha comenzado este jueves a las 10:30 cuando se ha reunido en el Vaticano con el Papa Francisco. De allí, a las 12:30 horas está previsto que se dirija al Quirinale, donde se reunirá con el presidente de la República italiana, Giorgio Napolitano. Obama también mantendrá un encuentro con el primer ministro italiano, Matteo Renzi a las 14:30 horas en Villa Madama.


Tras la conferencia de prensa, el presidente estadounidense tiene en programa una visita privada al Coliseo a las 16:30 horas, donde se encontrará con el ministro de cultura italiano, Dario Franceschini. El viernes 28 de marzo por la mañana, el presidente de Estados Unidos viajará a Arabia Saudí.

Fotografía de Francisco y Obama reunidos ayer en el Vaticano

jueves, 27 de marzo de 2014

Clara 35

Desde la Encomienda de Barcelona volvemos a compartir con todos vosotros otra bonita carta escrita del libro del periodista y escritor José María Zavala de su obra “Padre Pío: Los milagros desconocidos del santo de los estigmas”, donde ha seleccionado una serie de epístolas sobre la intercesión del Padre Pío en distintas situaciones donde se la había reclamado mediante la oración.

Desde Temple Barcelona esperamos que su lectura os guste.


por José María Zavala

Un día le dije al Señor: “Si Tú quieres, te ofrezco una nueva maternidad para seguir honrándole como madre”.

La verdad es que la propuesta no le entusiasmó a mi marido, pues en aquel momento teníamos ya tres hijos, el menor de los cuales apenas contaba ocho meses.

A la semana siguiente, viajamos todos juntos a Santa Cruz de Tenerife para celebrar nuestro décimo aniversario de boda. Al regresar a casa, reparamos en que habíamos traído un regalo inesperado de nuestras vacaciones: una tierna, incipiente, maravillosa y bendecida criatura que nacería nueve meses después.

Nada más conocer mi embarazo, pedí a la Virgen de la Candelaria, patrona de las islas Canarias, y al Padre Pío que protegiesen al bebé.

En la primera consulta, el ginecólogo me confirmó la fecha probable del parto: 2 de febrero, día de la Purificación de la Virgen y fiesta de la Candelaria. Agradecí al Señor que atendiese mis plegarias.

Pero la natural alegría dio paso enseguida a una auténtica “guerra familiar” para poner nombre a la criatura. En cuanto supimos que sería niña, buscamos sin cesar uno para ella.

Mi hermana María Lourdes, gran devota del Padre Pío, me sugirió:

-¿Por qué no le ponéis Clara? Es un nombre precioso; al Padre Pío le hubiese gustado, pues no olvides que San Francisco y Santa Clara eran franciscanos como él.

-Bueno –titubeé yo-, la verdad es que no acaba de…

Por más que ella insistía, el nombre de Clara seguía sin convencerme. Para colmo Gerardo, mi marido, ya tenía el suyo: Ziortza. En cuanto lo pronunció, nos quedamos todos horrorizados.

Así que seguimos buscando… Yo proponía varios: Candela, Luz, Llum, Blanca, Paloma, Isabel… Pero mi marido se impuso al final diciendo que Ziortza y punto.

Entre tanto, indagué en Internet el origen de aquel nombre: era una advocación mariana muy poco conocida, surgida en el año 986 en la localidad de Bolívar (Vizcaya).

Su significado, “ladera oscura”, me gustó aún menos.

Dos semanas antes del parto, mi hija mayor, María, no se dio por vencida:

-¡A punto de nacer la niña y aún no tiene nombre! –se lamentó.

-¡Claro que lo tiene! –repuso mi esposo-; se llama Ziortza.

Sucedió entonces algo inexplicable. María cogió una libreta, apremiándonos a todos: “¡Venga, digamos cada uno los nombres que más nos gusten y después elegimos…¡Papá, empieza tú!”.

Tras repetir Ziortza, barajamos los nombres de Blanca, Paloma, Almudena, Mar, Candela, Luz, Llum, María Luz, Teresa, Pilar… Así, hasta treinta y cuatro diferentes.

Fuimos luego al comedor, donde mi esposo y yo nos acomodamos en el sofá, mientras María lo hizo en el suelo. Para su sorpresa, reparó en que a su lado había una estampa del Padre Pío que jamás había visto en su vida. Yo fui la segunda sorprendida. ¿De dónde había salido aquella estampa?

De repente, María gritó: “¡La niña ya tiene nombre…! ¡El Padre Pío quiere que se llame Clara!”.

Nos quedamos todos absortos. Luego, reparamos en que acababa de leer al dorso de la estampa: “Clara 35”.

¡Habíamos barajado 34 nombres para nuestra hijita y el 35 y definitivo era Clara!
Mi esposo sentenció: “Pues si el Padre Pío quiere que se llame Clara, no hay más que hablar”.

Averiguamos luego la procedencia de la estampa. Días antes yo había sacado del armario una caja donde guardaba cosas importantes; entre ellas, los recuerdos que una amiga me había traído aquel verano de San Giovanni Rotondo, adonde yo no pude ir por mi gestación.

Creemos que fue el pequeño, que entonces gateaba, quien extrajo aquel regalo de la caja obedeciendo tal vez a su “abuelito” del Cielo.

Mª Dolores Simó Caballer
Vinarós. Castellón (España)


martes, 25 de marzo de 2014

El último templario de Coelleira

Desde la Encomienda de Barcelona queremos compartir con todos vosotros una nueva leyenda templaria. Esta vez la historia, sucede en tierras gallegas. El texto en cuestión, realizado por el investigador histórico, el valenciano D. Santiago Soler Seguí, cuya publicación la hemos entrado en el libro “Codex Templi”.

Desde Temple Barcelona, deseamos que su lectura os entretenga.


El paisaje norteño que sirve de escenario a esta leyenda aparece maravillosamente descrito en los versos de “El último templario”, tradición gallega recogida por José Castro Pita:

“En medio de los mares, besado por la espuma, las ruinas de un castillo del Temple yo admiré, y vi a sus caballeros en mitad de las brumas, blandiendo sus espadas por la cristiana fe”.

Cuenta la historia que el joven Guillelme se debatía entre su alma guerrera y aventurera, y su corazón melancólico y enamorado. Como sus antepasados, soñaba con poder participar en los juegos florales, componer bella poesía, ser capaz de transmitir los sentimientos más profundos, pero también soñaba con la idea de cabalgar hacia Jerusalén, defender sus murallas, expulsar al infiel de Tierra Santa y proteger a los peregrinos, como la Orden del Temple.

Mas el bueno de Guillelme sentía que sus fuerzas flaqueaban cada vez que pensaba en una bella joven, hidalga honesta, que ocupaba su corazón.

Así ocurrió que una noche, bajo el amparo de las estrellas y al resplandor de la luna, el joven Guillelme cruzó una tierna mirada y un profundo suspiro con la hermosa joven Rosalía, que lo estaba esperando junto a una enorme cruz de piedra próxima a un templo.

Fue en ese momento cuando el joven caballero, sacando fuerzas de flaqueza, le contó a la dama su intención de ser templario. Rosalía entre sollozos y lágrimas, intentó en vano que el joven renunciara a su idea, y entristecida y llorosa, le hizo un último ruego:

-Si muero, tal vez mi cadáver deje fuera del ataúd la mano de desposada, si es así, estréchala tú entonces, pero pronuncia también mi nombre antes de tu muerte.

No hay datos sobre las andanzas del valeroso Guillelme. Es de suponer que ingresó en la Orden del Temple, seguramente en la encomienda de San Fiz do Ermo, o tal vez en otra de menor importancia aunque subordinada a la principal de San Fiz.

Galicia se encontraba por aquel entonces en la retaguardia de la Reconquista, por lo que la función principal de las encomiendas templarias en esa región estaba relacionada con la administración y la intendencia. No obstante, cabe pensar que Guillelme realizaría alguna actividad militar, como era su deseo, protegiendo a los peregrinos contra los salteadores que infestaban los caminos, no en Tierra Santa, sino en Galicia. No debe olvidarse que San Fiz do Ermo se hallaba en pleno bullicio del Camino de Santiago.

Transcurrió el tiempo y una tarde gris, el buen caballero Guillelme acertó a pasar cerca de una abadía. Apenas desmontó de su cabalgadura, una punzada fría como el hielo congeló su corazón. Varias voces entonaban en el interior de la abadía un De Profundis.

A pesar de todo, con coraje, siguió adelante, al tiempo que su mirada contemplaba un túmulo con antorchas encendidas, rodeando el cadáver de una hermosa mujer que tenía una mano fuera del ataúd.

El joven templario se acercó al cadáver, y estrechó con suavidad y cariño la mano de la mujer; las lágrimas recorrieron su rostro entristecido y se retiró apesadumbrado.

Buscó después un lugar apartado donde poder entregarse a la meditación y a la melancolía. Y lo halló en un magnífico monasterio, levantado sobre las rocas de una pequeña isla en la costa cantábrica, donde las aguas del río Sor y del río Arrotreba se unen para morir devorados por las olas del mar.

En aquella época, el rey Felipe IV de Francia había ordenado quemar todos los pendones y enseñas del Temple que ondeaban en los Dardanelos. La Orden del Temple, injuriada y derrotada, sin hogar y sin altares, abandonaba poco a poco sus últimas fortalezas y encomiendas en toda Europa.

Y cuenta la leyenda que en la isla de Coelleira, donde se encontraba Guillelme, se oyó una noche tañer las campanas del monasterio. Varios hombres armados degollaban sin piedad ninguna a los monjes que allí dormían.

Treinta y cinco templarios yacían muertos, inertes, a los pies de sus asesinos. Al despuntar los primeros rayos del sol, sólo quedaba una víctima a la que sacrificar. Era un joven valeroso, rubio, con los ojos entristecidos. Se presentó pues a las puertas del convento, donde sus asesinos lo esperaban con los rojos aceros ensangrentados.

-      Aquí me tenéis. Soy el último templario.
Y clavando su rodilla en tierra y alzando la mirada al cielo, gritó:
-      ¡Rosalía, Rosalía!

Después, sintió cómo el frío acero penetraba en su cuerpo varias veces, hasta que cayó en un último suspiro.

Algunos años más tarde moría en la orilla del río Landro un noble caballero perteneciente a la ilustre familia de los Quirós, señor de todos aquellos vastos parajes, y bajo cuya dominación se había llevado a cabo el brutal asesinato de los freires.

Y afirma la tradición que, para salvar su alma, apenada por aquel crimen, el caballero ordenó que se escribiese este cláusula en aquel crimen, el caballero ordenó que se escribiese esta cláusula en su testamento: “Dejo treinta y seis misas para bien de las almas de treinta y seis religiosos que por orden del rey, y en una sola noche, he mandado degollar en la isla de la Colleira”.


Fotografía de la isla de Coelleira

lunes, 24 de marzo de 2014

Evangelio dominical: Diálogo y comunicación del Evangelio

Desde la Encomienda de Barcelona, queremos compartir con todos vosotros la meditación del evangelio de ayer domingo 23 de marzo. Unas líneas bastante recordadas como es el diálogo entre Jesús y una samaritana.

Desde Temple Barcelona esperamos que su reflexión la encontréis positiva.


‘Jesús llegó a una ciudad de Samaría llamada Sicar, cerca de las tierras que Jacob había dado a su hijo José.
Allí se encuentra el pozo de Jacob. Jesús, fatigado del camino, se había sentado junto al pozo. Era la hora del mediodía.
Una mujer de Samaría fue a sacar agua, y Jesús le dijo: "Dame de beber".
Sus discípulos habían ido a la ciudad a comprar alimentos.
La samaritana le respondió: "¡Cómo! ¿Tú, que eres judío, me pides de beber a mí, que soy samaritana?". Los judíos, en efecto, no se trataban con los samaritanos.
Jesús le respondió: "Si conocieras el don de Dios y quién es el que te dice: 'Dame de beber', tú misma se lo hubieras pedido, y él te habría dado agua viva".
"Señor, le dijo ella, no tienes nada para sacar el agua y el pozo es profundo. ¿De dónde sacas esa agua viva?
¿Eres acaso más grande que nuestro padre Jacob, que nos ha dado este pozo, donde él bebió, lo mismo que sus hijos y sus animales?".
Jesús le respondió: "El que beba de esta agua tendrá nuevamente sed,
pero el que beba del agua que yo le daré, nunca más volverá a tener sed. El agua que yo le daré se convertirá en él en manantial que brotará hasta la Vida eterna".
"Señor, le dijo la mujer, dame de esa agua para que no tenga más sed y no necesite venir hasta aquí a sacarla".
Jesús le respondió: "Ve, llama a tu marido y vuelve aquí".
La mujer respondió: "No tengo marido". Jesús continuó: "Tienes razón al decir que no tienes marido,
porque has tenido cinco y el que ahora tienes no es tu marido; en eso has dicho la verdad".
La mujer le dijo: "Señor, veo que eres un profeta.
Nuestros padres adoraron en esta montaña, y ustedes dicen que es en Jerusalén donde se debe adorar".
Jesús le respondió: "Créeme, mujer, llega la hora en que ni en esta montaña ni en Jerusalén se adorará al Padre.
Ustedes adoran lo que no conocen; nosotros adoramos lo que conocemos, porque la salvación viene de los judíos.
Pero la hora se acerca, y ya ha llegado, en que los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad, porque esos son los adoradores que quiere el Padre.
Dios es espíritu, y los que lo adoran deben hacerlo en espíritu y en verdad".
La mujer le dijo: "Yo sé que el Mesías, llamado Cristo, debe venir. Cuando él venga, nos anunciará todo".
Jesús le respondió: "Soy yo, el que habla contigo".
En ese momento llegaron sus discípulos y quedaron sorprendidos al verlo hablar con una mujer. Sin embargo, ninguno le preguntó: "¿Qué quieres de ella?" o "¿Por qué hablas con ella?".
La mujer, dejando allí su cántaro, corrió a la ciudad y dijo a la gente:
"Vengan a ver a un hombre que me ha dicho todo lo que hice. ¿No será el Mesías?".
Salieron entonces de la ciudad y fueron a su encuentro.
Mientras tanto, los discípulos le insistían a Jesús, diciendo: "Come, Maestro".
Pero él les dijo: "Yo tengo para comer un alimento que ustedes no conocen".
Los discípulos se preguntaban entre sí: "¿Alguien le habrá traído de comer?".
Jesús les respondió: "Mi comida es hacer la voluntad de aquel que me envió y llevar a cabo su obra.
Ustedes dicen que aún faltan cuatro meses para la cosecha. Pero yo les digo: Levanten los ojos y miren los campos: ya están madurando para la siega.
Ya el segador recibe su salario y recoge el grano para la Vida eterna; así el que siembra y el que cosecha comparten una misma alegría.
Porque en esto se cumple el proverbio: 'no siembra y otro cosecha'
Yo los envié a cosechar adonde ustedes no han trabajado; otros han trabajado, y ustedes recogen el fruto de sus esfuerzos".
Muchos samaritanos de esta ciudad habían creído en él por la palabra de la mujer, que atestiguaba: "Me ha dicho todo lo que hice".
Por eso, cuando los samaritanos se acercaron a Jesús, le rogaban que se quedara con ellos, y él permaneció allí dos días.
Muchos más creyeron en él, a causa de su palabra.
Y decían a la mujer: "Ya no creemos por lo que tú has dicho; nosotros mismos lo hemos oído y sabemos que él es verdaderamente el Salvador del mundo".’ (Jn 4, 5-42)

Reflexión:
Los versículos del evangelista Juan nos ofrecen a un Jesús comunicativo y heterodoxo, rompiendo las costumbres judías y dialogando con total naturalidad con una mujer samaritana, ‘no judía’. De esa charla se desprende el valor fundamental que tiene la prédica del evangelio para todas aquellas personas que desconocen la Palabra encarnada en Jesucristo, su Hijo, y de esa forma puedan conocer la Verdad y disfrutar de ella.
Plegaria:
¡Señor! Al igual que nos enseñaste a que el diálogo es la mejor herramienta para llevar la ‘Buena Nueva’ a todo el mundo. Haznos partícipes de esa comunicación dándonos ánimos para no sólo creer en tu palabra, sino también compartirla con los demás.

viernes, 21 de marzo de 2014

Francisco: “Sin trabajo, la dignidad humana está herida”

Desde la Encomienda de Barcelona, queremos compartir con todos vosotros una noticia que hemos recibido del Servicio de Información Vaticana (VIS) relacionada con la visión que tiene el papa Francisco sobre el trabajo y la crisis, y sus posibles soluciones.

Desde Temple Barcelona confiamos en que su lectura la encontraréis acertada.


por Forum Libertas

Ciudad del Vaticano, 20 marzo 2014 (VIS).- El Papa Francisco ha reiterado el valor primario del trabajo y la necesidad de creatividad y solidaridad para hacer frente a la crisis económica recibiendo esta mañana a los empleados y directivos de la Fábrica de Aceros Especiales de Terni (Italia) - a los que acompañaba el obispo de esa diócesis y un grupo de fieles- con motivo del 150 aniversario de la fundación de esa industria.

“Es necesario reafirmar -ha dicho el Pontífice- que el trabajo es una realidad esencial para la sociedad, para las familias y para los individuos y que su principal valor es el bien de la persona humana, ya que la realiza como tal, con sus actitudes y sus capacidades intelectuales, creativas y manuales. De esto se deriva que el trabajo no tenga sólo un fin económico y de beneficios, sino ante todo un fin que atañe al hombre y a su dignidad. ¡Y si no hay trabajo esa dignidad está herida! Cualquier persona sin empleo o subempleada corre, de hecho, el peligro de que la sitúen al margen de la sociedad y de convertirse así en una víctima de la exclusión social”.

“¿Que podemos decir frente al gravísimo problema del paro que afecta a tantos países europeos? !Es la consecuencia de un sistema económico que ya no es capaz de crear puestos de trabajo, porque ha colocado en el centro a un ídolo llamado dinero! Por lo tanto, los diversos sujetos, políticos, sociales y económicos están llamados a promover un enfoque diferente, basado en la justicia y la solidaridad, para garantizar a cada uno la posibilidad de desempeñar un trabajo digno. El trabajo es un bien de todos, que debe estar al alcance de todos. Hay que abordad esta fase de grave dificultad y de desempleo con las herramientas de la creatividad y la solidaridad. La creatividad de empresarios y artesanos valientes, que miran hacia el futuro con confianza y esperanza. Y la solidaridad entre todos los miembros de la sociedad, que renuncian a algo y adoptan un estilo de vida más sobrio, para ayudar a aquellos que pasan necesidades”.

Este gran reto -ha concluido el Papa- interpela a toda la comunidad cristiana... El primer compromiso es siempre el de reavivar las raíces de la fe y la adhesión a Jesucristo. Este es el principio rector de las decisiones de un cristiano: la fe. !La fe mueve montañas! La fe cristiana es capaz de enriquecer a la sociedad a través de la carga de fraternidad que lleva en sí misma... No cejéis nunca en esperar un futuro mejor. No os dejéis atrapar por el vórtice de pesimismo. Si cada uno aporta lo que le corresponde, si todos ponen en el centro a la persona humana con su dignidad, si se consolidan la solidaridad y la compartición fraternal, inspiradas en el Evangelio, se podrá salir del marasmo de una época económica y laboral dura y difícil”.



El papa Francisco, foto de la web mipuntodevista.com.mx

jueves, 20 de marzo de 2014

El Temple: ¿inocente o culpable? IIª parte

Desde la Encomienda de Barcelona, seguimos con la conmemoración del setecientos aniversario de la ejecución del Gran Maestre templario, Jacques de Molay. Para ello, retomamos la segunda parte sobre si la Orden del Temple fue inocente o culpable, realizada por el historiador francés Alain Demurger de su obra: ‘Vie et mort de l’ordre du Temple’, que nos da su punto de vista.

Desde Temple Barcelona deseamos que os haya gustado.


Por Alain Demurger

Pero a finales de siglo se produce una evolución. Un estudio reciente ha demostrado que la herejía, pese a haber sido combatida vigorosamente durante sesenta años, no sólo no había desaparecido por completo del Languedoc, sino que había ganado a ciertas familias de la nobleza cruzada, las familias de barones del Norte venidos con Simón de Montfort y que se habían aposentado en el Midi. Si hay influencia cátara, más vale explicarla por el hecho de que el Temple encuentra sobre todo sus reclutas entre la pequeña y la mediana nobleza, que, en el Languedoc, fueron muy permeables al catarismo, lo cual pudo afectar al Temple. Pero no únicamente a él. En este aspecto como en muchos otros, me niego a clasificar aparte al Temple. En resumen, quizá se dieron casos aislados de herejía, pero la orden en conjunto no era herética. Ni siquiera Clemente V lo pensaba así. Jacobo de Molay, en su declaración del 28 de noviembre de 1309, tenía todo el derecho de defender la ortodoxia de la orden y hacer una profesión de fe católica. Los errores de los templarios en materia de fe se refieren a la conducta, no a la creencia. Además, último argumento a este propósito, si el Temple se hubiera convertido en una secta herética, se hubiera encontrado al menos un hermano que muriese por su fe, como entre los cátaros o los dolcinistas. Tanto los cincuenta y cuatro condenados a la hoguera en 1310 como Molay y Charney murieron por la fe católica.

En cuanto a la idolatría, la adoración de la cabeza, la breve historia siguiente debe inducirnos a la desconfianza: Guillermo de Arrablay, antiguo limosnero real, dio una descripción tan precisa de la cabeza que la comisión de investigación pidió al guardián de los bienes del Temple de París que la buscase. Era una cabeza-relicario de plata…

Quedan los contactos con el islam, que sería vano negar. Dos siglos de combate contra el infiel en Oriente dejan huellas. Los templarios empleaban mano de obra musulmana, con frecuencia esclava, en sus dominios de Siria-Palestina y España. Negociaban treguas por su propia cuenta y, por lo tanto, tenían que desarrollar una diplomacia adaptada a las costumbres del mundo musulmán. Mantenían una red de agentes secretos (Guillermo de Beaujeu). Tampoco en esto se singularizaron. Los hospitalarios y los barones locales hacían lo mismo.

Ya he puesto de manifiesto la incomprensión demostrada por los occidentales en cuanto a la política oriental. Para ellos, los latinos de Tierra Santa son amigos de los sarracenos. Un templario irlandés explicará la impopularidad de la orden por su buen entendimiento con los musulmanes. El diálogo siguiente entre Nogaret y Molay, el 28 de noviembre de 1309, resulta esclarecedor, Nogaret…

…dice al maestre que se contaba en las crónicas de Saint-Denis que, en tiempos de Saladino, sudán de Babilonia, el que entonces era maestre de la orden y otros dignatarios habían rendido homenaje a Saladino y que éste, enterado de la gran desgracia que habían sufrido entonces los templarios, había dicho públicamente que los templarios la habían padecido porque estaban carcomidos por el vicio de sodomía y porque habían faltado a su ley y a su fe; el susudicho maestre quedó en extremo estupefacto y declaró que nunca hasta entonces lo había oído decir, pero que sabía bien, sin embargo, que, encontrándose en ultramar en la época en que el maestre de la susodicha orden era el hermano Guillermo de Beaujeu, él mismo, Jacobo y muchos otros hermanos del convento de los susodichos templarios, jóvenes deseosos de hacer la guerra, como es costumbre en los jóvenes caballeros […], habían murmurado contra dicho maestre porque, durante la tregua que el difunto rey de Inglaterra había establecido con los sarracenos, dicho maestre se mostraba sumiso al sudán y conservaba su favor; pero que, finalmente, el susodicho hermano Jacobo y otros del susodicho convento de los templarios quedaron satisfechos, viendo que el susodicho maestre no podía obrar de otra manera, porque en aquel tiempo su orden tenía bajo su mano y bajo su guarda muchas ciudades y fortalezas de la tierra del susodicho sudán […] y no hubiera podido guardarlas de otra forma…(pp. 169-171).

Un texto apasionante, ya que se ve en él el foso que separa a los latinos de Oriente de los cruzados, un foso que aparece en el seno del propio Temple. Se observa también la renovación constante del mismo. De todos modos, adviértase la mala fe de Nogaret. En las Crónicas de Saint-Dionis no se hace ninguna alusión a lo que él cuenta.

Se comprende muy bien cómo pudo servirse la acusación de la impopularidad de estas prácticas para sugerir un lazo todavía más fuerte con el islam, cuando no una conversión secreta. ¡Cuántas especulaciones azarosas se han hecho a este respecto! Ya me he referido al problema a propósito de las relaciones con la secta de los asesinos y, más en general, a propósito de las relaciones entre cristianos y musulmanes. Sólo vuelvo sobre ello para precisar que todas las elucubraciones sobre una pretendida “ósmosis dogmática” entre templarios y musulmanes carecen de fundamento. Por lo demás, la reacción de Molay ante las invenciones de Nogaret confirma lo que ya se sabía: la renovación de los hombres en el Temple es demasiado rápida para permitir la menos ósmosis. Esteban de Troyes, que profesó en el Temple en 1297, indica en su declaración que asistió a un capítulo en París (probablemente en 1300). “En ese capítulo, se decidió enviar trescientos hermanos a ultramar”.

Si hubiesen tenido lazos privilegiados en el islam. ¿se puede creer que Saladino, Baibars, Qalawun y al-Ashraf, hubieran matado sistemáticamente a sus prisioneros templarios u hospitalarios? No, los templarios constituyen el duro núcleo de la ofensiva cristiana contra el islam, no el caballo de Troya del islam en el mundo cristiano.

La acusación no era nueva. Paradójicamente, uno de los primeros en formularla fue el emperador Federico II, bien conocido por sus relaciones amistosas contra el cristianismo cuando visitó el Sepulcro de Cristo. Mathieu Paris se apresuró, claro está, a propagar la acusación de traición formulada por Federico II con ocasión de la derrota de Gaza, en 1240. Nogaret no tuvo que buscar muy lejos para encontrar sus argumentos.

¿Culpable o no culpable?

Tomadas una por una, ninguna de las acusaciones presentadas contra el Temple es falsa. Siempre se encontraría un templario sodomita, un templario avaro, un templario violento, un templario que, en un día de gran cólera, hablase imprudentemente sobre la fe (recordemos a Ricaut Bonomel). Por lo demás, numerosos artículos de la regla están dedicados a la represión de esas faltas y delitos, prueba de que existen. Los acusadores del Temple echan abajo una puerta abierta, que hubieran podido derribar, de la misma manera en cualquier otra casa religiosa.

Se comprueba además que, cuanto más se retrasa el proceso, más se recargan las tintas. En 1307, los acusados confiesan los besos obscenos en la boca, el ombligo, la parte inferior de la espina dorsal: en 1311 se añaden al ano, la entrepierna, el sexo. Se entera uno también de que, desde hace veinte años, si no más, todos conocen las pequeñas manías del Temple. Un franciscano, Esteban de Néry, cuenta que, en 1291, cuando uno de sus parientes se preparaba para entrar en el Temple, sus parientes y amigos le embromaban: “¿Así que mañana vas a besar el ano del comendador?” Ni siquiera la comisión pontificia se lo cree ya.

Por consiguiente, consideradas una a una las acusaciones no significan nada. Para que se conviertan en operatorias, se precisa que una voluntad política las reúna en un sistema coherente, ajustándose a la opinión corriente a fuerza de deformaciones, de añadidos, de mentiras. Tal es la obra de Guillermo de Nogaret y sus adjuntos, que trabajan por cuenta de la realeza francesa. Sólo elucidando los motivos del rey se llega a una explicación racional de la cuestión del Temple.


miércoles, 19 de marzo de 2014

El Temple: ¿inocente o culpable? Iª parte

Desde la Encomienda de Barcelona, continuamos con la conmemoración del setecientos aniversario de la ejecución del Gran Maestre templario, Jacques de Molay, con unas líneas del historiador francés Alain Demurger de su obra: ‘Vie et mort de l’ordre du Temple’, que reflexiona sobre si la orden fue inocente o culpable.

Desde Temple Barcelona esperamos que su lectura os sea interesante.


Por Alain Demurger

En 1914, Victor Carrière, uno de los mejores historiadores del Temple, afirmaba: “Hoy en día, está definitivamente demostrado que el Temple, en cuanto orden, es inocente de los crímenes que durante tanto tiempo se le han imputado”. Desde entonces, se han publicado numerosos estudios, que confirman, pero matizan también, esta afirmación perentoria. Dejaré de lado toda una corriente “sectaria” que, para defender su causa, necesita la culpabilidad de los templarios (al menos a los ojos de la opinión de la época), los que dicen, por ejemplo, que el Temple sabía que Cristo era un malandrín ejecutado por sus crímenes, razón por la cual la Iglesia “oficial” condenó el Temple.

En primer lugar, hay que situar bien el proceso, que no es un proceso criminal ordinario, sino lo que se denominaría en la actualidad un proceso político, siguiendo un procedimiento de excepción, el procedimiento de la Inquisición. No se propone “descubrir la verdad, sino convertir a un sospechoso en culpable”, como escribió en febrero de 1308 un templario inglés.

Las instrucciones dadas por el rey el 14 de septiembre de 1307 carecen de toda ambigüedad. Los comisarios reales harán primero una investigación sobre los templarios detenidos y luego “llamarán a los comisarios de la Inquisición y examinarán la verdad con cuidado, recurriendo a la tortura si fuere necesario…”. Se interrogará a los templarios “con palabras generales hasta que se les saque la verdad y perseveren en esa verdad”. Y el rey pide que se le envíe lo más de prisa posible “la copia de la declaración de aquéllos que confirmen dichos errores, principalmente la negación de Cristo” (pp. 27-29). Los dos templarios alemanes detenidos e interrogados en Chaumont negaron los cargos presentados contra la orden; no fueron torturados, pero el inquisidor se negó a poner su sello en las declaraciones, porque no hubo confesión. Se conoce la verdad por adelantado. “Se les dirá que el papa y el rey están informados a través de testigos muy dignos de fe, miembros de la orden, sobre el error…” (p.27). Los templarios se ven así ante un dilema: los comisarios “les prometerán el perdón si confiesan la verdad volviendo a la fe de la santa Iglesia o, de otro modo, que sean condenados a muerte” (p. 27).

Tal es el cuadro que fijan tanto Felipe el Hermoso y sus consejeros como la Inquisición, a la que aquéllos controlan en Francia. La veracidad de los cargos debe ser examinada teniendo en cuenta este contexto.

Ciertos cargos se refieren al comportamiento de los individuos: desenfreno, homosexualidad, avaricia, orgullo. Se puede afirmar sin temor a equivocarse que hubo templarios que no respetaron su voto de castidad, que sedujeron a damas o se entregaron a la homosexualidad. Recordemos la frase que el historiador árabe Ibn al-Atir achaca al rey de Aragón Alfonso I el Batallador: “El hombre que se dedica a la guerra necesita la compañía de hombres, no de mujeres”. Sin embargo, no hay que tomar al pie de la letra la acusación de sodomía. Constituye un estereotipo, empleado, antes o después del proceso del Temple, c ada vez que se quiere “aprobar” la herejía de aquel a quien se ataca.

La misma evidencia se aplica a la acusación de avaricia y de dureza. La actitud del maestre de Escocia, Brian de Jay, en 1298 demuestra sin ambigüedad que los templarios recurrieron a la violencia para expoliar a los demás. Pero también este cargo, lo mismo que el referente a la negativa a dar limosna, pertenece al viejo fondo del anticlericalismo medieval.

Se encuentran testimonios contradictorios sobre todos estos aspectos. Hay templarios que dan magnánimas limosnas y, por supuesto, no todos los templarios son sodomitas. Los hechos tomados aisladamente no prueban nada.

Las acusaciones contra las prácticas religiosas parecen más serias. Los templarios en general reconocieron haber cometido un error, y el propio Molay se lo había confesado al rey poco antes de su detención: la práctica de la absolución de los pecados por laicos. El maestre de la orden, los preceptores de provincias, los de algunas encomiendas importantes, aunque laicos, han dado la absolución a los hermanos templarios venidos a confesarse. William de la Forbe, preceptor de Denney (Cambridge), lo admite así. Y William Middelton, uno de los templarios escoceses detenidos, no reconoce más que este cargo.

Esta falta, que los acusadores convierten en un crimen, resulta de la ignorancia de ciertos preceptores, que creían obrar bien, y de una confusión. Al terminar el capítulo dominical, en el que se señalaban, discutían y sancionaban las faltas, el preceptor perdonaba al hermano culpable. Se pudo fácilmente confundir el perdón con la absolución, que sólo un sacerdote puede dar. No había hermano capellán en todas las encomiendas. Bien explotado, este pecado venial permitió a obtener otras confesiones.

El reproche hecho a los templarios de negarse a confesarse con otros que no fueran su capellán, es infundado, como demuestran los testimonios de los franciscanos de Lérida.

Los inquisidores que llevaron el proceso en Inglaterra descubrieron que John Mohier, preceptor de Duxvorth, que había pronunciado palabras herética. Un testigo, un monje agustino, recordaba haberle oído negar la inmortalidad del alma. Un templario entre ciento cuarenta…

Los acusadores hicieron recaer lo esencial de sus preguntas sobre el problema de la negación de Cristo y el escupir sobre la cruz. La mayoría de los templarios confesaron que se habían visto obligados a realizar esos actos y que lo hicieron de mala gana. Así lo dice Esteban de Troyes, recibido por Hugo de Pairaud hacia 1297, el cual le “ordenó que negase a los apóstoles y a todos los santos del Paraíso”. El abate Petel ve en este testimonio una broma, una especie de novatada para probar al postulante. Cuenta que, después de la ceremonia, los templarios decían riendo al aterrorizado recién llegado: “Vete a confesar, imbécil”. Las novatadas existían ya entonces. Los hospitalarios de Acre disfrazaban al postulante y le llevaban, al son de trompetas y tambores, desde los Baños al Albergue del Hospital. La práctica se prohibió en 1270. En este mismo sentido, se puede señalar la pregunta formulada por un inquisidor a uno de los templarios: ¿no sería un medio de probaros? Si os hubierais negado, ¿no os hubieran enviado antes a Tierra Santa? Otro testimonio: Beltrán Guasc, interrogado en Rodez, cuenta que fu recibido en la orden en Sidón (Siria). Mientras que le pedían que negase a Cristo, un brutal ataque de los musulmanes contra la ciudad obligó a interrumpir la ceremonia para ir a combatirles. Al regresar, el preceptor le dijo que no hablase de aquello, que se trataba de una broma y de una prueba.

¿Broma de un gusto dudoso? ¿Rito iniciático? Probablemente nos enfrentamos a un rito simbólico, cuyo sentido se ha perdido (¿un recuerdo de san Pedro, que negó a Cristo?). La confesión de Godofredo de Charney se puede interpretar en este sentido:

‘Dijo también bajo juramente que al primero que recibió en la orden lo recibió de la misma manera que él había sido recibido y que a todos los demás los recibió sin ninguna negación, ni ningún escupitajo ni ninguna otra cosa deshonesta, conforme a los estatutos primitivos de la orden, ya que se daba cuenta de que la manera en que le habían recibido a él era vergonzosa y sacrílega y contraria a la fe católica (p.33).’

En cuanto a Hugo de Pairaud, declara que, para recibir a los nuevos hermanos, se ha conformado al rito de la negación y el escupitajo porque tal “era el uso según los estatutos de la orden” (p.41). ¿No son reveladores esas contradicciones (no olvidemos la tortura) de un ritual que ha perdido su significación?

Pasemos ahora a las afinidades con el catarismo, que suelen explicarse por el contacto con Oriente. El catarismo, como se sabe, tiene sus fuentes en el maniqueísmo oriental y se ha hecho a veces a los templarios responsables de su introducción en Occidente. Pero la influencia cátara pudo penetrar en el Temple durante el siglo XIII de otra manera. Muchos sospechosos fueron enviados a Tierra Santa para expiar sus faltas. Tal vez allí contaminaron la orden. Resultaba relativamente fácil entrar en ella. Incluso en Languedoc, donde la represión fue muy dura, algunos cátaros, o simplemente personas que corrían el peligro de ser sospechosas de catarismo, pudieron entrar en la orden por precaución. Pero ¿por qué sólo los templarios habían de ser contaminados? ¿Y los hospitalarios? ¿Y los teutónicos? En el Midi cátaro, los templarios apoyaron más bien a los cruzados del Norte que a los herejes. ¿No se ha dicho que el odio de Nogaret contra el Temple se explicaba por el hecho de que el abuelo de ese “patarino” (la expresión es de Bonifacio VIII) murió como hereje en la hoguera a causa de los templarios? (continuará)