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viernes, 30 de noviembre de 2012

Templarios en las tierras del río Ebro: Riba-roja d’Ebre



Desde la encomienda de Barcelona volvemos a recobrar el apartado dedicado a conocer los lugares más representativos del río Ebro, donde la Orden del Temple tuvo presencia. Para ello hemos elegidos un nuevo texto del escritor D. Jesús Ávila Granados, de su obra “Templarios en las Tierras del Ebro”.

Su autor nos envuelve en una discreta atmósfera que entremezcla pasado y presente y que invita a saborear el fantástico entorno de la villa de Riba Roja de  Ebro situada en la comarca Ribera del Ebro.

Desde Temple Barcelona os recomendamos su relajada lectura..

Panorámica del río Ebro a su paso por la villa de Riba-roja d’Ebre.

Riba-roja d’Ebre, Ribera d’Ebre, Tarragona

Riba-roja d’Ebre, en el extremo NO de la comarca, es una de las poblaciones más desconocidas de la Cataluña templaria. El pueblo, en la ribera derecha del río, es el primer núcleo de población que baña el Ebro en tierras catalanas. Importantes vestigios de otras civilizaciones confirman la importancia estratégica de este lugar desde tiempos prehistóricos; pero fueron los hispano-musulmanes, primero, y los templarios, después, los artífices de una esplendor socio-cultural sen precedentes en la historia de este municipio. A los primeros les deben unas tradiciones basadas en el mejor aprovechamiento de los recursos hidráulicos, para que la agricultura pudiese conseguir su mejor desarrollo; y a los segundos, el establecimiento de un núcleo fuerte y respetable, que ofrecía garantía de bienestar a todos sus habitantes, por encima de los credos religiosos.

Riba-roja d’Ebre no fue procesión templaria hasta el año 1181, cuando la plaza fue concedida a la Orden de manos del monarca Alfonso II, para compensación de las elevadas deudas que este rey había contraído con el Temple. Cuatro años después, la villa obtenía su Carta de Población, confirmada por el obispo Ponce de Tortosa, lo que dice mucho del peso que los templarios tenían en la capital de las Tierras del Ebro. El pueblo creció entorno a su fortaleza, levantada sobre una roca calcárea roja, que da nombre al lugar, sustituyendo al anterior alcázar andalusí; este recinto templario era conocido con el nombre de Rippe Rubee.

La sub-encomienda de Riba-roja no se creó hasta el año 1271; antes, esta villa dependía de la vecina encomienda de Ascó. Una década después (1281), el obispo de Tortosa, entre otras concesiones, cedidas al maestre provincial del Temple, Pedro de Moncada, la iglesia de Riba-roja, dedicada a san Bartolomé, con sus diezmos, primicias y otros derechos.

Pero la singular ubicación de esta población, que ejerce como centinela del Ebro y al mismo tiempo deviene el centro de un territorio de gran riqueza agraria, no tardó en levantar envidias. En este sentido, pues, los templarios tuvieron que rechazar en numerosas ocasiones a los sanguinarios ataques de las tropas de la familia Entenza. Violentos encuentros que tuvieron como escenario los mismos muros de la fortaleza, y también la zona conocida con el nombre de Berrús (o Barruç, ver el origen judío, citado en documentos de finales del siglo XIII), donde se alzaba la ermita templaria de Santa María Magdalena. A causa de la construcción del pantano, el nombrado templo fue trasladado de piedra en piedra, en el año 1960, hasta el emplazamiento actual.

El pueblo ha conservado su trazado medieval, que se percibe y se respira en los edificios y en el trazado urbanístico de la villa; también aquí las tres culturas de la España medieval compartieron momentos de esplendor, gracias a la presencia mediadora del Temple. Entre los edificios destacables, cabe citar la iglesia parroquial, dedicada a san Bartolomé; se trata de una construcción barroca (finales del siglo XVIII), que se levanta sobre los cimientos de la anterior iglesia templaria. En la fachada se exhibe una figura que recuerda al Bafomet templario; a demás, sobre la llave del arco de la puerta, hay grabada una cruz de ocho beatitudes, en el interior de un blasón. La calle que se abre enfrente de la iglesia, en descenso, llevará al visitante a la plaza donde se alza el castillo de Riba-roja, construcción que espera una necesaria restauración. Detrás de la fortaleza se percibe el sinuoso curso del Ebro.

En el otro lado del río, domina una plataforma estratégica, se alza la torre de guía,  conocida popularmente como la Garita, también de origen templario; se trata de un magnífico mirador, desde el cual se obtienen las mejores imágenes del Ebro y de las tierras de conreo ribereñas. Igualmente os animamos a ascender hasta la ermita de Berrús y a visitar la ermita de Santa Margarita, de planta octogonal, sobre la ribera izquierda del Ebro, y el santuario de Santa Madrona, en la fachada en la cual aparece esculpido un escudo de piedra que evoca la barca y el resto de la leyenda que rodea a esta santa; en sus cimientos se encuentran los restos de un castrum celta.  

jueves, 29 de noviembre de 2012

¿Cómo hablar de Dios en nuestro tiempo?



Desde la encomienda de Barcelona queremos compartir con todos vosotros una interesante noticia que hemos recibido del Servicio de Información Vaticana (VIS) y que hemos creído conveniente compartir con todos vosotros.

Benedicto XVI ha hecho una serie de reflexiones acerca de cómo podemos las personas de nuestro tiempo hablar sobre Dios.

Desde Temple Barcelona estamos seguros de que su lectura no os dejará indiferentes.

Ciudad del Vaticano, 28 noviembre 2012 (VIS).- “¿Cómo hablar de Dios en nuestro tiempo? ¿Cómo comunicar el Evangelio para abrir caminos a su verdad salvadora?”. Estos han sido los interrogantes a los que el Santo Padre ha querido responder con la catequesis de la audiencia general de los miércoles, que ha tenido lugar en el Aula Pablo VI.

“En Jesús de Nazaret- ha dicho el Papa- encontramos el rostro de Dios que ha bajado de su Cielo, para sumergirse en el mundo de los hombres y enseñarnos el “arte de vivir”, el camino de la felicidad, para liberarnos del pecado y hacernos plenamente Hijos de Dios”.

“Hablar de Dios -ha proseguido- significa, ante todo, tener claro lo que debemos transmitir a los hombres y mujeres de nuestra época: Dios ha hablado con nosotros, (...) no un Dios abstracto, una hipótesis, sino un Dios concreto, un Dios que existe, que ha entrado en la historia y está presente en la historia; el Dios de Jesucristo (...) como respuesta a la pregunta fundamental de por qué y cómo vivir. Por eso hablar de Dios requiere un continuo crecimiento en la fe, una familiaridad con Jesús y su Evangelio, un profundo conocimiento de Dios y una fuerte pasión por su proyecto de salvación, sin ceder a la tentación del éxito (...) sin temor a la humildad de los pequeños pasos y confiando en la levadura que entra en la masa y hace que crezca lentamente. Al hablar de Dios, en la obra de la evangelización, bajo la guía del Espíritu Santo, necesitamos recuperar la simplicidad, regresar a lo esencial del anuncio: la Buena Nueva del Dios concreto, que se interesa por nosotros, del Dios-amor que se acerca a nosotros en Jesucristo, hasta la Cruz, y que en la Resurrección nos da esperanza y nos abre una vida que no tiene fin, la vida eterna”.

El Papa ha recordado que para San Pablo, comunicar la fe “no significa manifestar el propio yo sino decir abierta y públicamente lo que ha visto y sentido en el encuentro con Cristo, lo que ha experimentado en su vida ya transformada por ese encuentro. El Apóstol no se contenta de proclamar con las palabras, sino que implica toda su existencia en la gran obra de la fe (...) Para hablar de Dios, hay que dejarle sitio, con la confianza de que es Él quien actúa en nuestra debilidad: dejarle espacio sin miedo, con sencillez y alegría, con la profunda convicción de que cuanto más el centro sea Él y no nosotros, más será fructífera nuestra comunicación (...) Y esto es válido también para las comunidades cristianas que están llamadas a mostrar la acción transformadora de la gracia de Dios, superando individualismos, cierres, egoísmos, indiferencia y viviendo en las relaciones diarias el amor de Dios. Tenemos que ponernos en marcha para ser siempre y realmente anunciadores de Cristo y no de nosotros mismos”.

En este punto, ha proseguido, debemos preguntarnos “cómo comunicaba Jesús. Jesús (...) habla de su Padre - Abba lo llama - y del Reino de Dios, con los ojos llenos de compasión por los sufrimientos y las dificultades de la existencia humana. En los evangelios vemos cómo se interesa por todas las situaciones humanas que encuentra, se sumerge en la realidad de los hombres y mujeres de su tiempo, con una plena confianza en la ayuda del Padre (...) En Él, anuncio y vida están entrelazados: Jesús actúa y enseña, siempre a partir de una relación profunda con Dios Padre. Esta forma se convierte en una indicación fundamental para los cristianos: nuestro modo de vivir en la fe y en la caridad se transforma en un hablar de Dios hoy, porque demuestra, con una existencia vivida en Cristo, la credibilidad y el realismo de lo que decimos con palabras. Tenemos que prestar atención a interpretar los signos de los tiempos en nuestra época, a individuar el potencial, los deseos y los obstáculos de la cultura contemporánea; en particular el deseo de autenticidad, el anhelo de trascendencia, la sensibilidad por la salvaguardia de la creación, y comunicar sin temor la respuesta que ofrece la fe en Dios”.

“Hablar de Dios significa, por lo tanto, hacer entender con nuestras palabras y nuestras vidas que Dios no es un competidor de nuestra existencia, sino, al contrario el verdadero garante, el garante de la grandeza de la persona humana. Así que volvemos al principio: hablar de Dios es comunicar, con la fuerza y la sencillez, con la palabra y la vida, lo que es esencial: el Dios de Jesucristo, ese Dios que nos ha mostrado un amor tan grande como para encarnarse, para morir y resucitar por nosotros; ese Dios que nos invita a seguirlo y dejarnos transformar por su amor inmenso para renovar nuestra vida y nuestras relaciones; el Dios que nos ha dado a la Iglesia, para caminar juntos y, a través de la Palabra y los Sacramentos, renovar toda la ciudad de los hombres para que pueda llegar a ser la Ciudad de Dios”, ha concluido el Santo Padre.

miércoles, 28 de noviembre de 2012

La vida del hermano templario Roger de Flor



Desde la encomienda de Barcelona regresamos con unas nuevas líneas destinadas a comprender la historia de El Temple. Para ello hemos extraído el siguiente texto del historiador francés Alain Demurger de su libro “Vie et mort de l’ordre du Temple”. Hoy conoceremos a un personaje que estuvo muy vinculado con los templarios tanto por su valor como su disciplina y que gozó de una vida extraordinaria plagada de intensas aventuras. La historia ha dejado un espacio para el hermano Roger de Flor.

Desde Temple Barcelona sabemos que saborearéis su intensa vida.

El cronista catalán Ramón Muntaner, que espumó el Mediterráneo al servicio del rey de Aragón, conoció bien a finales del siglo XIII y principios del XIV a Roger de Flor, del que fue durante algún tiempo teniente general. Nos ha contado su historia.

“Hombre de origen poco elevado que, por su valentía, llegó a un rango más alto que el que haya alcanzado ningún otro”, era hijo de un halconero del emperador Federico II y de una mujer rica de Brindisi. El halconero murió en la batalla de Tagliacozzo, que aseguró la victoria de Carlos de Anjou sobre Conradino, el último de los Hohenstaufen. Huérfanos, privados de los bienes de su padre, Roger y su hermano se crían en Brindisi, donde invernan los navíos de Apulia y de Mesina.

‘Cuando el mencionado niño Roger tenía alrededor de ocho años, sucedió que un hombre bueno, hermano lego del Temple, llamado hermano Vassayl, el cual era natural de Marsella, y comendador de un navío del Temple, y buen marinero, vino a pasar un invierno en Brindisi para lastrar su navío y hacerlo carenar en Apulia’.

El niño Roger, que vivía no lejos del muelle, pasaba su tiempo a bordo del barco.

El buen hermano Vassayl se apegó al mencionado niño Roger que le quería como si fuese su hijo. Lo pidió a su madre y le dijo que, si se lo confiaba, haría todo cuanto estuviese en su mano para que fuese buen hombre del Temple. La madre, viendo que era un hombre bueno, se lo confió sin cuidado, y él lo recibió […]. El niño Roger se convirtió en el niño más experto del mar […] tanto que, cuando tenía quince años, fue considerado como uno de los buenos marinos del inmundo en cuanto a la práctica; y cuando tuvo veinte años, fue buen marino en cuanto a la teoría y la navegación […]. El Gran maestre del Temple, que le vio tan ardiente y bueno, le dio el manto y le hizo hermano lego. Poco tiempo después de ser hermano, el Temple compró a los genoveses un gran navío, el más grande construido en aquel tiempo y que tenía por nombre El Halcón, y se lo confió al susodicho hermano Roger de Flor.

Este barco navegó largo tiempo prudentemente y con gran valor, de manera que Roger se encontraba en Acre en el mismo momento que la flota del Temple; entre todos los navíos que allí había, ninguno valía tanto como el suyo.

Generoso, Roger comparte todo lo que gana…

‘…entre los honorables caballeros del Temple, y sabía así ganarse muchos y buenos amigos. El esa época, se perdió Acre; él estaba entonces en el puerto de Acre, con el navío, sobre el cual acogió a damas y damiselas, con grandes tesoros y muchas buenas gentes; los transportó después a Mont-Pèlerin, y ganó un sinfín en ese viaje.

Entregó mucho dinero al Gran maestre y a todos los que tenían poder en el Temple […]. Algunos envidiosos le acusaron ante el Gran maestre, diciendo que poseía grandes tesoros, que había amasado tras la cuestión de Acre; hasta el punto de que el Gran maestre se apoderó de todo lo que pudo encontrar que le perteneciese, y luego quiso prenderle. Pero él lo supo, desaparejó el barco en el puerto de Marsella y se vino a Génova’.

Sus amigos le prestan dinero para comprar una galera, La Olivette, con la cual se dirige a Mesina, poniéndose al servicio del rey Federico de Sicilia, hermano del rey de Aragón. Se entrega entonces a la piratería, a expensas de los angevinos, que siguen siendo los amos de Italia del Sur. La reputación de Roger aumenta sin cesar. Se hace famoso por pagar a sus marinos y soldados por adelantado y puntualmente. Crea así una “compañía”, compuesta de catalanes y aragoneses, fieles y disciplinados (la experiencia del Temple no se ha perdido…), que constituye el esbozo de la célebre Compañía catalana. Se puede considerar a Roger de Flor como uno de los primeros condottieri de la Italia medieval.

En 1302, Carlos II de Anjou y Federico firman la paz; el primero se queda con Nápoles y la Italia meridional; el segundo, con Sicilia. Roger pierde su ocupación.

‘Pensó así que no sería bueno para él permanecer en Sicilia; que dado que el señor rey estaba en paz con la Iglesia, el maestre del Temple, el rey Carlos y el duque (Roberto de Anjou), que tan mal le querían, no dejarían de reclamarle al papa’.

Roger decide entonces, con el acuerdo de su rey, pasar a Grecia y poner su compañía al servicio del emperador bizantino contra los turcos, a condición de que sea a soldada.

‘Dio la cosa por hecha, ya que gozaba de gran renombre en la casa del emperador y porque, en el tiempo en que mandaba el navío llamado El Halcón del Temple, había prestado muchos servicios a los barcos del emperador que encontraba en ultramar, y porque conocía a los griegos.’

Consigue reunir cerca de cuatro mil combatientes, entre ellos caballeros de primer plano, como Berenguer de Enteça, que “era hermano suyo por juramento”. También en este caso se transparenta en la Compañía catalana la influencia de la disciplina y la “fraternidad” del Temple. El emperador Andrónico le acoge con favor y le nombra “megaduque” del Imperio.

La Compañía inicia sus hazañas aniquilando a los genoveses de Constantinopla, cosa que no disgusta al emperador, harto de su tutela. Después, Roger y sus hombres franquean el Bósforo y combaten contra los turcos, antes de invernar en la región de la antigua Troya. A su regreso a Constantinopla, Roger abandona su título de megaduque a favor de Berenguer de Enteça y toma el de “César”, el predicado imperial. Sus éxitos y este título indisponen contra él al hijo del emperador. Miguel. Roger es atraído a una trampa en Andrinópolis y muere asesinado. Esto ocurría en 1305.

martes, 27 de noviembre de 2012

Los milagros del Padre Pío



Desde la encomienda de Barcelona continuamos con el apartado dedicado a conocer la vida y obras del Padre Pío.

Para ello, hemos extraído un nuevo texto de D. José Mª Zavala de su libro “Padre Pío: Los milagros desconocidos del santo de los estigmas”, donde nos ofrece los milagros del santo de los estigmas, que realizó a diferentes personas, intercediendo para mayor gloria del Señor.

Desde Temple Barcelona, estamos seguros que con los relatos os emocionaréis.

Ver o no ver

Sin sufrimiento, tampoco había curaciones…

María Winowska, Leandro Sáez de Ocáriz, Francisco Sánchez-Ventura y otros tantos autores daban fe de un nuevo prodigio suyo con la niña Ana María Gemma di Giorgi, quien, pese a nacer ciega y sin pupilas, recobró la vista al comulgar de manos del Padre Pío el 18 de junio de 1947.

Años después, concluida la enseñanza secundaria, se vio a la joven pasear del bracete de su abuela por San Giovanni. Preguntado por su curación, el Padre Pío puntualizó: “No me mezcléis en ese asunto… no fui yo sino la Madonna”.

Pero dejemos a la protagonista, Ana María Gemma di Giorgi, que explique cómo empezó todo:

“Yo nací precisamente en la Nochebuena de 1939, noche santa que conmemora el nacimiento del Niño Jesús. Mis padres afirmaban que mis ojos estaban medio cerrados, pero no percibieron en ellos nada anormal. Fue a los tres meses, aproximadamente, cuando mi madre, mientras me bañaba, notó que mis ojos no reflejaban su imagen como en los otros niños; reparó entonces en que carecía de pupilas. Espantada, se precipitó con mi abuela en casa del médico, quien me llevó luego a dos especialistas que no dudaron en declararme ciega por falta de pupilas. Mi madre tenía entonces dieciocho años y, aunque bastante inteligente, no comprendía en su ingenuidad lo irremediable de mi mal. Mi abuela, en cambio, consciente de mi oscuro destino, comprendió que la única esperanza de curación dependía de un milagro del Cielo. Como tenía muy pocos meses, yo no me daba cuenta de lo que pasaba, por lo que ruego a mi abuela que continúe este relato, explicando cómo el Señor tuvo la bondad de concederme la vista por intercesión del Padre Pío de Pietrelcina.”

La abuela conoció entonces, por una monja, la existencia del Padre Pío.

Soñó con el fraile la noche siguiente y decidió escribirle a San Giovanni Rotondo, relatándole la odisea de su nietecita.

Entre tanto la religiosa, que ya había escrito al Padre Pío, recibió poco después una postal suya que decía: “Te aseguro que rezaré por la niña, pidiendo lo que más le convenga”.

Abuela y nieta se encaminaron finalmente a San Giovanni, donde tuvo lugar el prodigio, como ya sabe el lector. Los médicos aseguraron que, sin pupilas, la niña no podía ver. Pero lo cierto era que la pequeña veía perfectamente y consagró su vida a Dios, cambiando su nombre por el de Ángela de la Divina Misericordia.

Como ella, Grazia Siena, ciega de nacimiento, también recuperó la vista al cabo de veintinueve años por intercesión del Padre Pío.

El mismo fraile que medió en la curación de Gemma y de Grazia, optó en cambio por el más absoluto mutismo con el ciego Petruccio, a quien todo el mundo conocía en San Giovanni Rotondo en los años sesenta.

El Padre Pío, que amaba a Petruccio, le dijo un día:

-¡Tú sabes que hay muchos en el mundo que pecan por sus ojos…!

A lo que el pobre ciego repuso:

-Entonces, Padre: que el Señor tome los míos… Se los ofrezco por todos los pecadores.

Desde aquel día, el Padre Pío guardó a Petruccio como el más preciado tesoro para la expiación de las almas.

De muribundas, nada

Las curaciones provenían incluso del otro lado del Atlántico, como la de la Madre Teresa Salvadores, superiora del taller-escuela de la Medalla Milagrosa de la Ciudad de Montevideo, en Uruguay.

El converso Alberto del Fante recordaba que esta monja se debatía entre la vida y la muerte a principios de 1921. El informe médico era descorazonador: la paciente adolecía de una grave afección cardíaca, con lesión en las aortas, unida a otros gravísimos problemas gástricos originados por un cáncer de estómago que le carcomía las entrañas.

La religiosa no podía moverse de la cama si no era con ayuda de sus hermanas; tampoco toleraba ya  ninguna clase de medicamento, salvo las inyecciones de morfina que retardaban su agonía.

En noviembre de aquel año, la comunidad escribió al Padre Pío pidiéndole un milagro, mientras la enferma aguardaba ya resignada su final, habiendo renunciado incluso a la morfina.

La Providencia no tardó en actuar. Uno de aquellos días, las monjas recibieron la visita de una señora emparentada con monseñor Fernando Damiani, vicario de la diócesis uruguaya de Salto.

Damiani conservaba como oro en paño un tesoro traído de su reciente visita a San Giovanni Rotondo: uno de los guantes del Padre Pío.

La propia Madre Teresa Salvadores desvelaba lo que a continuación sucedió:

“Me pusieron el guante, primero al lado de donde tenía una hinchazón tan grande como un puño; luego en la garganta, donde sentía que me asfixiaba. Me adormecí de inmediato. En mi sueño vi al Padre Pío que me tocaba en el costado dolorido; después me sopló en la boca, diciéndome muchas cosas que no eran de este mundo. El hecho es que, al cabo de tres horas, desperté y pedí mi hábito para levantarme de la cama donde yacía desde hacía meses… Me incorporé sin ayuda de nadie y bajé a la capilla… Al mediodía fui al refectorio y yo, que desde hacía tiempo no probaba bocado, comí incluso más que mis hermanas… Desde aquel día no he vuelto a sentir nada.”

Su propio médico, Juan Bautista Morelli, profesor ordinario de la Universidad de Montevideo, viajó luego a Italia para conocer al Padre Pío y regresó a su país convertido en un hombre nuevo.

La misma suerte que la Madre Teresa corrió la terciaria franciscana Paulina Preziosi, madre de cinco hijos. Desahuciada por su médico a causa de una grave pulmonía, su familia pidió también auxilio al Padre Pío. “Díganle que no tenga miedo, porque resucitará con el Señor”, sentenció el fraile.

La noche del Viernes Santo, mientras la enferma rogaba al Señor que la curase en atención a sus cinco hijos, se le apareció el Padre Pío: “No temas –le dijo-. No temas, criatura de Dios. Ten fe y espera. Mañana, cuando suenen las campanas, estarás curada”.

Esa misma noche, la mujer entró en coma; su familia preparó la mortaja para revestirla en cuanto falleciese.

Pero al día siguiente, al toque de las campanas del Cristo Resucitado, Paulina Preziosi se incorporó de la cama movida por una fuerza sobrenatural mientras entonaba loas a Jesús y alabanzas al Padre Pío.

Infinita es la misericordia del Señor.


lunes, 26 de noviembre de 2012

Evangelio dominical: “He nacido y he venido al mundo para dar testimonio de la verdad”




Desde la encomienda de Barcelona volvemos, como cada lunes, a compartir con todos vosotros la meditación sobre el evangelio de ayer domingo 25 de noviembre.
Hemos acabado el año litúrgico y tras él, dará comienzo un nuevo año del ciclo C.
Desde Temple Barcelona estamos seguros que desde la privacidad, meditaréis sobre el transfondo de estas sagradas palabras.

‘Pilato volvió a entrar en el pretorio, llamó a Jesús y le preguntó: "¿Eres tú el rey de los judíos?". 
Jesús le respondió: "¿Dices esto por ti mismo u otros te lo han dicho de mí?". 
Pilato replicó: "¿Acaso yo soy judío? Tus compatriotas y los sumos sacerdotes te han puesto en mis manos. ¿Qué es lo que has hecho?". 
Jesús respondió: "Mi realeza no es de este mundo. Si mi realeza fuera de este mundo, los que están a mi servicio habrían combatido para que yo no fuera entregado a los judíos. Pero mi realeza no es de aquí". 
Pilato le dijo: "¿Entonces tú eres rey?". Jesús respondió: "Tú lo dices: yo soy rey. Para esto he nacido y he venido al mundo: para dar testimonio de la verdad. El que es de la verdad, escucha mi voz".’ (Jn 18, 33b-37)

Reflexión:

Durante la conversación que mantienen Jesús y Poncio Pilato, este último desea juzgar con prudencia y por ello pregunta a Jesús qué ha hecho para merecer que sea juzgado. A lo cual Jesús le da a entender a Pilato que goza de cierta “realeza”, pero que “no es de aquí”. ¿A qué se refiere Jesús con tal afirmación? Se han interpretado esas palabras como que el poder de Jesús no es terrenal sino que viene del Reino de los Cielos. Y concluye Jesús diciéndole “He venido al mundo para dar testimonio de la verdad”. Jesús le refiere a Pilato que su prédica no está falseada con obras que contradicen la Palabra dada por Dios al pueblo de Israel. Él explica a sus seguidores cómo han de obrar acorde a la Palabra dada por Dios. Cómo deben honrarle para que el Altísimo se sienta orgulloso de sus hijos y Éste les premie con la salvación de sus almas, venciendo de esa forma a la muerte.

Plegaria:

¡Señor! Otórgame la sabiduría necesaria para saber comportarme debidamente ante tus ojos y los del prójimo. Haz que no me olvide de aquéllos que me rodean.

viernes, 23 de noviembre de 2012

Descubriendo a María Magdalena




Desde la encomienda de Barcelona continuamos con la segunda parte del capítulo de ayer jueves 22 de noviembre, escrito por el teólogo catalán Lluís Busquets de su obra “Els evangelis secrets de Maria i de la Magdalena. La història amagada”. La respuesta a la cuestión planteada de quién fue María Magdalena, el autor del libro se pronuncia de manera contundente e intenta  demostrar que la Magdalena fue una apóstol, no estuvo casada –al igual que Jesús-, tampoco fue prostituta y muy probablemente tuviese un peso significativo en el núcleo primitivo de los seguidores de Jesucristo.

Desde Temple Barcelona, no podemos más que insinuaros que leáis el texto ínegro.

¿María Magdalena o María “la Grande”? IIª parte

Así las cosas, el núcleo familiar dejaba de ser una fuerza vinculante, las mujeres dejaban de estar bajo la autoridad de los hombres. Si añadimos a todo esto que, para Jesús, la institución familiar era sólo temporal, destinada a disolverse en el Reino de los Cielos (“Pues cuando resuciten de entre los muertos, ni ellos tomarán mujer ni ellas marido, sino que serán como ángeles en los cielos” (Mc 12, 25), todo ello resultaba aún más fascinante y seductor para las mujeres subyugadas en aquella sociedad patriarcal. El hecho de poder imaginarse un mundo superando los corsés familiares y toda otra clase de sujeciones, incluso matrimoniales, resultaba nuevo y liberador.

¿La Magdalena, siguiendo a Jesús, vivió en sus carnes esta experiencia esperanzada? No disponemos de datos suficientes para asegurarlo. Sabemos, eso sí, que se nos presenta sin ningún varón de referencia, cosa inaudita en las mujeres de aquel tiempo; la Magdalena no es madre de nadie, esposa de nadie ni hija de nadie… Ahora bien, más que sus orígenes, probablemente tenga mucho más fundamento histórico su presencia como discípula en los últimos tiempos, su interrelación con los demás discípulos y su experiencia de identificar al Crucificado como el Resucitado, rasgos que, por sí solos, le otorgaban la categoría de “apóstol” y que sólo el machismo jerárquico de aquellos días pretendió negarle, como hemos insinuado antes y pensamos demostrar. De momento, retengamos que la Magdalena llevaba el nombre de María y que sus orígenes, puestos a ser sinceros, son tan inciertos como su final del todo legendario. La tradición la convierte en hija de Magdala (Migdal), pueblo situado en la ribera occidental del mar de Galilea (lago de Genesaret), al norte de la ciudad de Tiberíades.

¿Pudo haber estado casada con Jesús? Es cierto que un judío, en la cultura de aquella época, se realizaba plenamente en el matrimonio. Los valedores del matrimonio de la Magdalena y Jesús se basan, sobre todo, en la petición del cadáver por parte de ésta (Jn 20, 15ss); sólo la mujer tendría derecho al cuerpo de su marido muerto. Vaya por delante esta afirmación: aunque Jesús hubiese estado casado con ella, en nada cambiarían la tarea y los méritos de él en su fijación por cambiar el mundo y en su misión trascendente. Para quien tiene fe, Dios puede hacer salir hijos suyos de las piedras. No obstante, tendríamos que pensar en un matrimonio muy libre, capaz de vivir prescindiendo de todo tipo de ataduras familiares, fuera de cualquier parámetro de aquel entonces, lo cual habría estado muy mal visto en su tiempo. Nuestra postura es que un matrimonio así sólo puede ser fruto de la ficción. Todavía hay quien ofrece una enseñanza de la Mishná que dice así: “Un hombre soltero no puede convertirse en rabino”. Si Jesús, aducen éstos, hubiese conservado la soltería, nunca habría sido nombrado Maestro. Muchos filósofos del mundo pagano, especialmente los estoicos, que también predicaban como los discípulos de Jesús de forma itinerante, tenían el celibato en gran estima. ¿Se ha de negar a Jesús la misma altura moral? Jesús, por otro lado, debe de haber conocido en algunos profetas como Jeremías a celibatarios célebres y, sobre todo, ha aprendido la libertad que otorga la falta de ataduras matrimoniales en Juan Bautista y quién sabe si en los esenios de Qumrán; no es de extrañar que con frecuencia se refiera a la renuncia de toda clase de bienes (incluidos mujeres e hijos) que exige a sus seguidores. ¿No proclamó que había quien se hacía eunuco por el Reino? ¿No se mantuvo Pablo célibe, según 1Co 7, 7)? Examinaremos más adelante las fuentes menos tardías que podrían llegar a sugerir cierta intimidad entre Jesús y la Magdalena (cosa que no se encuentra en las más antiguas). El profesor Ehrman incluso esgrime pruebas de que Jesús y la Magdalena no estaban casados:

¿Por qué los autores de los evangelios nunca lo mencionan? Y lo que es peor: ¿por qué la mayoría de ellos ni siquiera mencionan a la Magdalena durante el ministerio público de Jesús? ¿Y por qué el único que lo hace, Lucas, la cita en compañía de otras dos mujeres (una de ellas casada) y en un grupo de otras? Los autores de los evangelios hacen referencia a la madre, al padre, a los hermanos (a cuatro de ellos por su nombre) y a las hermanas de Jesús, ¿pero ni siquiera mencionarían una vez a su mujer?

¿Era originaria de Magdala? Aunque ninguna otra mujer de los Evangelios ve su nombre relacionado con su pueblo de origen, es la postura tradicional. El hecho se remonta al siglo IV, cuando Elena, madre de Constantino, viajó a la ciudad de Magdala (actual Migol o, en árabe, el-Meydel) de Galilea y “descubrió allí” la casa de María Magdalena. (Hoy sabemos que muchos de sus “descubrimientos” son inventados.) La profesora Margaret Starbird ha demostrado, de acuerdo con documentos romanos que van de 43 a.C. a 53 d.C., que la ciudad de Migdol (Magdala), que significa ‘torre’ en hebreo, situada en la orilla de poniente del mar de Galilea, verdadero centro pesquero, era conocida durante el siglo I como Tariquea (Tarichaea, ‘salazón’). Tenía unos 40.000 habitantes, unas 230 barcas de pesca, huertos, hipódromo y una próspera industria de conserva de pescado. Se habría erigido sobre una pequeña aldea de pescadores denominada en arameo Migdol Nunayá (“torre de los pescadores” o bien “torre del pescado”). Flavio Josefo la cita con este nombre griego pese a que escribía en arameo. Destruida por Tito Vespasiano en el año 67 d.C., aparte de los testimonios de Flavio Josefo, Estrabón también menciona Tariquea por la fama de su salazón, y así la vuelven a denominar Plinio y Suetonio. Por el contrario, el Talmud judío (recopilación del s.IV) vincula a la actual Migdol los núcleos de el-Meydel, Migdol-Geder, Migdol Nunayá y Migdol Sebayá. Ante tantas variaciones, todavía parece menos probable que el apelativo de la Magdalena se acuñara para designar una ciudad de origen. El Talmud llega a decir que era una ciudad inmoral, destruida por la prostitución, cosa fácil de entender si se considera a Tariquea helenizada del todo y convertida en centro vacacional. No debió de resultar difícil, pues, hacer coincidir a la pecadora (hamartolós) –y no prostituta (porne)- de Lucas (Lc 7, 37) con la misma mujer a la que un poco más adelante (Lc 8, 2) se llama la Magdalena, de la cual “habían salido siete demonios”, hecho sobre el que volveremos más abajo. “La relación entre la ciudad de mala reputación, la mujer de la unción a la cual se le perdonan los pecados (Lc 7, 37-48) y Magdalena comenzó aquí”. No obstante, Magdala no habría existido nunca en tiempos de Jesús, ya que era conocida como Tariquea.

En definitiva, María Magdalena, ¿era o no de Magdala? De hecho, padres de la Iglesia como Tertuliano, Ambrosio, Jerónimo, Agustín, Bernardo y Tomás de Aquino, entre muchos otros, identificaban a María Magdalena, no con la mujer innominada de Lucas (Lc 7, 37), sino con María, hermana de Marta y Lázaro, de Betania. Ninguna relación con Magdala, por lo tanto. Y la identificación es antigua: proviene del s.I. En la vieja liturgia romana de la fiesta de la Magdalena celebrada el 22-VII, se solicitaba al Señor recibir ayudas por medio de las plegarias de “la bienaventurada María Magdalena, cuyas oraciones obtuvieron de ti la resurrección de la vida de su hermano Lázaro…”. En el posconcilio Vaticano II, en 1969, la Iglesia católica, siguiendo a ortodoxos y protestantes, se retractó de esta identificación al establecer el calendario del santoral renovado, y reconoció que no existía ninguna evidencia escriturística de que la Magdalena fuese una prostituta penitente ni se pudiese confundir con María de Betania. Para la profesora Starbird, esto supuso contradecir erróneamente la tradición: María de Betania, hermana de Lázaro, y María Magdalena, son para ella la misma persona. La Magdalena no sería un gentilicio, sino un título honorífico, que significa María la grande, María la enaltecida, María la magnífica. Pero eso habrá que analizarlo en el próximo  apartado. 

jueves, 22 de noviembre de 2012

Descubriendo a María Magdalena



Desde la encomienda de Barcelona volvemos a retomar el apartado diseñado para conocer a la enigmática María Magdalena. Para ello os hemos acercado un nuevo texto del teólogo catalán Lluís Busquets de su obra “Els evangelis secrets de Maria i de la Magdalena. La història amagada”, donde esta intenta aclararnos qué posición social tuvo la Magdalena tanto fuera como dentro del círculo cristiano que rodeó a Jesús de Nazaret.

Desde Temple Barcelona os invitamos a que disfrutéis de su lectura.

¿María Magdalena o María “la Grande”? Iª parte

Nos ha sido presentada como una discípula de Jesús –de las que le servían con sus bienes, como las desconocidas Susana y Juana, esposa de un funcionario de Antipas (Lc 8, 3). ¿Era una mujer rica, con posibles merced al negocio del pescado de Magdala? Avancemos desde ahora que, pese a haberse escrito mucha literatura a partir de este dato exiguo de Lucas, de la misma manera que queremos ser honrados al hablar de otras interpolaciones, ésta, aunque nos duela, porque deja a la Magdalena en una nebulosa original, para muchos expertos sería una interpolación más. Lucas inserta mujeres que abastecen de provisiones a los de Jesús durante los primeros tiempos de la predicación galilea, cuando eso muy posiblemente sucedió mucho más tarde, y él solo pudo verlo en lugares más urbanizados siguiendo a Pablo de Tarso. Este hecho de convertir a determinadas discípulas de Jesús en simples sufragistas de sus gastos solamente se halla en Lucas, y hoy se considera una proyección lucana al pasado de una época posterior en la que el cristianismo naciente era sostenido por protectores adinerados (sobre todo, protectoras). En este sentido opina King, que se basa en otros autores, especialmente en Jane Schaberg. Ésta asegura que la idea de Lucas de que las mujeres ricas estaban cerca de Jesús no tiene su origen en las tradiciones perdidas del movimiento del galileo y sus discípulos, sino en experiencias posteriores de la joven Iglesia de las ciudades del Imperio romano fuera de Palestina, que Lucas proyecta hacia atrás, a la época de Jesús (cf. Hch 16, 14s, 17, y 4.12).

Reparemos en que Marcos ni siquiera menciona a la Magdalena durante el ministerio de Jesús (aparece sólo cuando la crucifixión); para él, al menos, “no fue una de las personas importantes en la vida de Jesús, ni su seguidora más próxima y, todavía menos, la compañera de su vida o su amante; en cambio, Lucas, que escribe tres o cuatro lustros más tarde, consciente o no, es el primero en reducir el estatus de María Magdalena, y el de las mujeres en general, a papeles subordinados al de los hombres (¿misoginia?). Esta restricción del papel de las mujeres se puede probar por diversas razones: a) sólo otorga, de manera anacrónica, el título de apóstol a los Doce (Lc 6, 13) y al hecho de ser varón (Hch 1, 21); b) sólo él impone dejar a la esposa para seguir a Jesús (Lc 14, 25); c) a diferencia de Mc y Mt, las mujeres no son enviadas por el ángel a la Resurrección a anunciar nada a los discípulos; d) aunque lo hacen, no las creen y les dicen que deliran; e) al contrario que Mt y Jn, ninguna mujer recibe aparición alguna del Resucitado. Para Carmen Bernabé, profesora de Teología en Deusto, “parece evidente que Lucas proyecta en estas discípulas de primera hora la situación de las mujeres de su comunidad”. Sólo a los apóstoles y discípulos varones se les reserva el papel de ver al Resucitado, de responsabilizarse de la predicación del Evangelio y de acrecentar las iglesias; a las mujeres se las reduce a simples receptoras de curaciones (Lc 8, 2) y a convertirse en un mero respaldo financiero del movimiento de Jesús, un hombre dispuesto a cambiar el mundo, a transformar el opresivo reino del César (el Imperio Romano) en otra clase de mundo ideal, el del Reino de los Cielos. Pero, ¿qué podía motivar a la Magdalena a dejarlo todo para seguir a Jesús?

Los expertos también debaten este punto. Para los que consideran el de Jesús un movimiento apocalíptico, el galileo no era un reformador a largo plazo, aunque sus enseñanzas propiciaran cierta reforma social en la medida en que sus seguidores debían llevar a la práctica los valores del nuevo Reino; para otros, Jesús pretendía conseguir una sociedad igualitaria que reemplazara las estructuras jerárquicas, de modo que promovía una política de absoluta igualdad entre ambos sexos. Todo ello tenía su aliciente. A pesar de estos datos tan escasos en relación con las opresiones sufridas por la mujer judía, hay quien los toma como una de las escasas informaciones antiguas que permiten una indagación histórica y estudian la falta de libertad de una mujer como la Magdalena en una cultura androcéntrica como la suya y la de sus alrededores para definir cuál podía ser el atractivo liberador que podía encontrar en el mensaje de Jesús.

Debió de  haber un poco de todo. Jesús, como profeta apocalíptico, no podía ser un reformista social a largo plazo. Entre otras cosas, porque no había largo plazo. Los apocalípticos creían inminentemente la intervención de Yahvé, porque en el mundo había fuerzas cósmicas malignas, antagónicas a la divinidad, que empujaban a hombres y mujeres a actuar de maneras contrarias a la voluntad divina. Más que concebir el pecado como una mala acción individual, se entendía como una violación de los deseos de Dios en el mundo. Yahvé reharía el mundo de arriba abajo, inclusive la sede de su culto, el Templo de Jerusalén. Yahvé enviaría desde el cielo a alguien a quien Jesús denominaba “Hijo del Hombre”, que derribaría a los poderosos y enaltecería a los humildes. “Porque todo el que se ensalce, será humillado; y el que se humille, será ensalzado” (Lc 4, 11). Se planteaba como un cambio radical, urgente: “Yo os aseguro que entre los aquí presentes hay algunos que no gustarán la muerte hasta que vean venir con poder el Reino de Dios” (Mt 9, 1). La llegada de este nuevo Reino, pues, era inminente (ésta era la buena nueva, el Evangelio): “Yo os aseguro que no pasará esta generación hasta que todo esto suceda” (Mc 13, 30). Es natural que algunos discípulos dejaran sus trabajos para seguirlo. Había que prepararse y llevar una vida de acuerdo con este nuevo Reino, reflejo de las virtudes de Dios –justicia, libertad, amor…-, donde no debía existir soledad (para ello había que visitar a viudas y huérfanos), ni hambre (para esto era necesario repartirse el pan), ni pobres (había que vender las posesiones y regalárselas a ellos), ni odio (la estima de los discípulos debía ser digna del nuevo Reino), ni demonios (los seguidores de Jesús los tenían que expulsar), ni guerras (había que trabajar por la paz)…

Entendámonos. Jesús, como hombre de su tiempo, por avanzado que fuera, no podía proclamar lo que hoy denominamos la igualdad de géneros o sexos ni establecer relaciones igualitarias en una sociedad altamente jerarquizada. A la hora de tener discípulos, de hecho, elige a hombres y no a mujeres. En el nuevo Reino de los Cielos que Yahvé debía instaurar, habría gobernantes como siempre los había habido en el pasado de Israel. El propio Jesús o los intérpretes que redactaron los Evangelios estaban convencidos, como en los viejos tiempos, de que los doce apóstoles elegidos por él regirían las doce tribus del nuevo pueblo de Dios:
‘Yo os aseguro que vosotros que me habéis seguido, en la regeneración, cuando el Hijo del hombre se siente en su trono de gloria, os sentaréis también vosotros en doce tronos, para juzgar a las doce tribus de Israel’ (Mt 19, 28; Lc 22, 28ss).

Entonces, ¿qué atractivo entrañaba su mensaje para las mujeres? “Como apocalipsista judío, Jesús creía que los verdaderos seguidores de Dios serían reivindicados cuando el Señor llevara la salvación al mundo que había creado.” Este mensaje era absolutamente revulsivo y prometía un cambio radical en el que los oprimidos y los humildes serán liberados y enaltecidos. La mujer en general, y la judía en particular, por poca ambición que tuviera, se hallaba sometida por todas partes (primero, a los padres; después al marido) y no tenía escapatoria ni sabía dónde encontrar cobijo. De acuerdo con el mensaje de Jesús, las familias terrenales y sus valores opresivos quedaban atrás, tenían fecha de caducidad (“Quien cumpla la voluntad de Dios, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre”: Mc 3, 35).


miércoles, 21 de noviembre de 2012

A uno de cada tres católicos le gustaría que su párroco tuviera un blog



Desde la encomienda de Barcelona queremos compartir con todos vosotros una curiosa noticia que ha sido publicada en la página de Forum Libertas. Dicha noticia vincula el deseo de algunos católicos a que la Iglesia tenga una mayor presencia en el mundo virtual. Y es que las nuevas tecnologías, han dejado de ser nuevas hasta convertirse en herramientas muy utilizadas en las tareas cotidianas, tanto en las personales como también en las profesionales.

Desde Temple Barcelona estamos convencidos que la noticia no os resultará indiferente.

Forum Libertas: Jorge Enrique Mújica, LC

El 72% de los católicos adultos en los Estados Unidos (36,2 millones de personas) tiene un perfil en Facebook. Este es uno de los datos de la reciente investigación 'Catholic New Media Use in the United States 2012', realizada por el Centro de Investigación Aplicada para el Apostolado (CARA, por sus siglas en inglés) de la Universidad de Georgetown.

De acuerdo al informe, el 37% de los católicos nacidos antes de 1943 tienen un perfil en Facebook. El dato asciende al 82% entre los católicos nacidos a partir de 1982. Respecto al uso de otras redes sociales la presencia no es menos significativa: entre los católicos menores de30 años, el 24% usa Twitter, el 15% está registrado en LinkedIn y el 13% utiliza Instagram.

Los resultados de la encuesta evidencian tres grandes bloques de católicos: los que se identifican abiertamente como católicos en sus perfiles digitales, los que no se identifican como católicos y los que siendo católicos no tienen registrado algún usuario en la red.

Hasta un 47% de los que católicos que utilizan internet suelen hacerlo al menos una vez al día y hasta un 45% de este grupo suele compartir contenidos al menos una vez a la semana. Entre los católicos de menos de 30 años la periodicidad con que comparten pasa de una vez a la semana a una vez al día. Por sexos, las mujeres católicas tienden más a subir contenidos diarios (17% contra 9% de los hombres). Los sitios más populares para compartir imágenes son Tumblr (50%), Instagram (44%) y Twitter (34%).

Uso de YouTube, dispositivos móviles, blogs y conocimiento de la presencia de la Iglesia en la red

'Catholic New Media Use in the United States 2012' dedica apartados para el análisis de uso de YouTube, blogs y dispositivos móviles por parte de los católicos, así como el conocimiento que ellos tienen sobre la presencia institucional de la Iglesia católica en internet.

Sobre el uso de YouTube, hasta un 68% de los católicos confirma que lo utiliza. Esa cifra se dispara al 84% entre los católicos menores de 30 años. El informe destaca la popularidad que tiene YouTube entre los católicos respecto a otras redes sociales, algo que se debe –según el estudio– a que muchos de los nacidos antes de 1943 suelen visitar también el famoso portal de videosharing (el primer lugar lo ocupa el motor de búsquedas Google). Pero, ¿cuántos visitantes católicos acuden a YouTube para ver contenido religioso? Apenas un 6%, si bien se eleva a un 17% entre las personas que asisten a misa una vez a la semana.

El panorama de los blogs católicos en los Estados Unidos no es muy halagüeño: apenas un 5% de los católicos (unos 2,9 millones de personas) leen o siguen blogs relacionados con la Iglesia, la fe o la espiritualidad. Entre las personas que asisten a misa una vez a la semana el porcentaje sube al 13%. ¿Los motivos? El 72% para aprender más sobre las enseñanzas de la Iglesia y su fe y el 71% para estar al día sobre las noticias de la Iglesia. Sobre el mundo de los dispositivos móviles, el estudio de CARA evidencia que el 8% de los católicos adultos usan al menos una app católica.

El estudio subraya también tres preocupaciones manifestadas por los encuestados sobre la presencia on line de la Iglesia: el 45% echa de menos un sistema con el cual la Iglesia pueda validar sitios y contenidos auténticamente católicos; el 43% se lamenta de la falta de un tono civil en las conversaciones en internet; y un 42% tiene la impresión de que hay una renuencia por parte de líderes católicos para usar internet.

'Catholic New Media Use in the United States 2012' destaca un dato anecdótico pero relevante: el 33% de los católicos les gustaría que sus sacerdotes tuvieran un blog y un 31% que su obispo también lo tuviera. La voz de este tercio de católicos adultos supone la voluntad de 19 millones de personas.

Finalmente, hay una división entre quienes conocen la presencia en internet de la Iglesia y los que no la conocen: el 24% cree que la Iglesia es “muy visible” o “algo visible” mientras que un 23% dijo que es sólo un “poco” o “muy poco visible”. El 53% de los encuestados no conocía una presencia significativa de la Iglesia en la red.

Los portales católicos más visitados por los católicos adultos de los Estados Unidos son las webs de sus propias parroquias: 1 de cada 10 visita el sitio de su parroquia al menos una vez al mes o con mayor frecuencia. En números totales se trata de 5,3 millones de personas.

El informe 'Catholic New Media Use in the United States 2012' fue preparado a petición del Departamento de Comunicación de la Conferencia de Obispos Católicos de los Estados Unidos. Los resultados fueron presentados en el 'An Encounter With Social Media: Bishops and Bloggers Dialogue' en la ciudad de Baltimore el pasado 11 de noviembre de 2012. Cada punto porcentual equivale a 583.000 personas.

El estudio completo de CARA puede consultarse en el siguiente enlace.

martes, 20 de noviembre de 2012

Los templarios y la Sábana Santa




Desde la encomienda de Barcelona, seguimos con la segunda parte del apartado destinado a saber algo más sobre los elementos que pudo venerar la Orden del Temple. Para tal fin, hemos extraído un nuevo texto escrito por la paleógrafa italiana Barbara Frale, de su libro “I templari e la sindone di Cristo”, donde nos pincela argumentos que como mínimo, hacen reflexionar.

Desde Temple Barcelona recomendamos su lectura.

Ecce homo!(III)

7. De carne y sangre: IIª parte

En lugar del Rey de los Reyes, lo que encontraron en Edesa fue el Hombre de los dolores. Nada podía estar más lejos de la gloria del emperador bizantino que aquella visión piadosa, que parecía el símbolo mismo de la humanidad vencida por el dolor y la muerte. Sin embargo, había en el mandylion algo inefable que las fuentes no nos describen, y eso fue lo que animó a los funcionarios a presentarse ante el emperador con el objeto tan radicalmente distinto de lo que se esperaba. Las fuentes que relatan su llegada a la capital contienen ciertos detalles curiosos, difíciles de entender en un primer momento: los hijos del emperador Romano miran la reliquia, pero no consiguen distinguir los detalles, mientras que su yerno Constantino Porfirogéneta, que heredará el trono, percibe enseguida todas las particularidades y experimenta una gran emoción.

¿Qué significa todo esto? Si este relato se refiere a la Sábana Santa de Turín, como sostiene Ian Wilson, parece muy fiable, porque como se sabe, la imagen del sudario tienen la curiosa propiedad óptica, ya señalada más arriba, de que sólo es visible si se lo mira de al menos dos metros de distancia, pero desaparece rápidamente cuando uno trata de acercarse a la tela. Mi impresión personal es que ha de haber algo más, es decir, que Constantino VII consigue ver la imagen porque es capaz de aceptarla tal como es: por alguna razón especial, a diferencia de tantos hombres de su tiempo y de tantos otros que lo habían precedido, logró captar el valor de un retrato de Cristo con los signos indudables del sufrimiento y de la muerte. Es seguro que el descubrimiento de la verdadera “identidad” del mandylion produjo una conmoción y planteó el delicado problema de justificar que la tradición lo hubiese ocultado siempre tras la apariencia de un simple retrato; pese a todo, Gregorio el Referendario apostó por su autenticidad porque estaba seguro de que el emperador lo recibiría con mucha satisfacción e incluso que descubriría la increíble novedad.

Romano I había tenido que luchar durante mucho tiempo contra los paulicianos y otros grupos heréticos que continuaban manifestándose en el territorio del imperio y aprovechando la cuestión religiosa para poner en tela de juicio la autoridad imperial. Los paulicianos y otras sectas del mimo tipo derivaban sus creencias de la antigua herejía del gnosticismo, que en los primeros siglos de la era cristiana había sembrado gran confusión doctrinal, sobre todo entre las iglesias de Oriente Medio. Pese a estar divididos en muchos grupos que respondían a distintos evangelios, los gnósticos tenían en común la convicción de que Jesús no había dio en realidad un hombre de carne y hueso, sino un puro espíritu, una especie de ángel aparecido en la tierra, pero que no tenía un cuerpo de carne, sino únicamente una apariencia humana. El Cristo era un símbolo y al mismo tiempo un mensajero celestial que se había manifestado en medio de los hombres para enseñarles cómo alcanzar el conocimiento de Dios (en griego, gnosis); y una vez cumplida su misión había vuelto a su dimensión originaria. Según los gnósticos, Cristo nunca se había encarnado, nunca había sufrido la Pasión, nunca había muerto y por tanto tampoco había resucitado. El emperador Romano I había comprendido que una lucha religiosa no se podía librar con la mera fuerza del ejército, sino que necesitaba también la confrontación en el terreno de las ideas. Ya el famoso mandylion del que hablaba la tradición podía ser útil para desmentir a los herejes, porque era un retrato realista del rostro de Cristo, mientras que ellos decía que Cristo nunca había poseído un verdadero cuerpo humano; este extraño, este inquietante objeto que llegaba de Edesa, sin embargo, lo mostraba bajo la forma de una naturaleza tremendamente humana, de un realismo doloroso e impactante. Poseer su sudario funerario con todos los signos de la Pasión, embebido incluso de la sangre surgida de su costado, era demostrar a todo el mundo la falsedad de la prédica de los herejes.

Gregorio el Referendario frecuentaba la corte de Romano I debido a sus tareas diplomáticas y seguramente conocía la naturaleza de la familia imperial. Era un diplomático y sabía de política: consideró que la reliquia podía ser también un arma poderosísima de lucha ideológica contra la proliferación de herejías y que al menos alguien de la familia de Romano I sabría apreciarla, sin duda. Fue un juicio perspicaz, pues en el curso de sólo unos meses el joven Constantino VII Porfirogéneta ascendió al trono de Bizancio y convirtió al mandylion en el objeto más venerado y celebrado de todo el imperio.

De hecho, justamente durante el larguísimo reinado de este hombre, el pensamiento religioso bizantino tuvo un desarrollo notable y puso en primer plano de la liturgia y de la teología la figura del Cristo sufriente, el cuerpo muerto y martirizado por la Pasión, mientras que anteriormente sólo había exaltado la de la Resurrección resplandeciente de gloria. También se introdujo un nuevo elemento de la liturgia, llamado epitàphios, un paño que llevaba la imagen recamada o pintada del Cristo en el sepulcro antes de la Resurrección, con las manos unidas sobre el pubis, exactamente como se ve hoy en la Sábana Santa de Turín. Es muy difícil, tal vez históricamente imposible, que este cambio fuera independiente de lo que acababa de descubrirse acerca de la verdadera naturaleza del mandylion. Lo que se veía en la tela cuando se la desplegaba produjo en los contemporáneos una impresión tan fuerte como para orientar la investigación teológica  en direcciones inexploradas, y tan poderosa como para cambiar la sensibilidad religiosa de un mundo. Bizancio descubría el crucifijo como la imagen de un hombre aniquilado por la violencia de otros hombres, desnudo, ensangrentado, la cabeza caída sobre el pecho y ya sin aliento. Durante siglos se lo había representado siempre con los ojos abiertos de un hombre vivo y el rostro sereno, sin la más mínima huella de dolor, a menudo hasta lujosamente vestido de color púrpura y una diadema de oro en la cabeza, en lugar de la Corona de Espinas. Durante casi mil años, los fieles habían venerado la absurda imagen de un emperador suntuosamente ataviado, majestuosos e impasible, que ha llegado a la cruz casi por azar; en el fondo, aunque sin incurrir en herejía, la idea de que el Elegido de Dios pudiera ser ajusticiado como un criminal era dura de oír. Ahora, en cambio, los teólogos contemplaban una dimensión nueva de la fe: los místicos se distinguían por su llanto sobre las heridas de Jesús.

lunes, 19 de noviembre de 2012

Evangelio dominical: “El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán”



Desde la encomienda de Barcelona volvemos a compartir un lunes más, la meditación del evangelio dominical de ayer 18 de noviembre, donde se recoge una profecía del evangelio de San Marcos.

Desde Temple Barcelona deseamos que su reflexión os sea beneficiosa.

‘En ese tiempo, después de esta tribulación, el sol se oscurecerá, la luna dejará de brillar, 
las estrellas caerán del cielo y los astros se conmoverán. 
Y se verá al Hijo del hombre venir sobre las nubes, lleno de poder y de gloria. 
Y él enviará a los ángeles para que congreguen a sus elegidos desde los cuatro puntos cardinales, de un extremo al otro del horizonte. 
Aprendan esta comparación, tomada de la higuera: cuando sus ramas se hacen flexibles y brotan las hojas, ustedes se dan cuenta de que se acerca el verano.
Así también, cuando vean que suceden todas estas cosas, sepan que el fin está cerca, a la puerta. 
Les aseguro que no pasará esta generación, sin que suceda todo esto. 
El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán. 
En cuanto a ese día y a la hora, nadie los conoce, ni los ángeles del cielo, ni el Hijo, nadie sino el Padre’.(Mc 13, 24-32)

Reflexión:

El evangelista Marcos, siguiendo las Antiguas Escrituras, nos brinda una enigmática profecía de Jesús, con cierta similitud a la del profeta Daniel: “Yo oí sin entender y pregunté: -Mi Señor, ¿cuál será el desenlace? Me respondió: -Vete, Daniel. Las palabras están guardadas y selladas hasta el momento final”. (Dan 12, 8-9) De esta forma se entiende la afirmación de Jesús cuando dice: “El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán”. La palabra de Dios, en forma de promesa liberadora del pueblo de Israel, acaba por convertirse con Jesucristo en la acción del perdón de los pecados, por no seguir los preceptos del Padre. Jesús, como también anteriormente lo hicieran los profetas israelíes, nos explica que si las personas nos apartamos del camino que el Señor nos propone, éstas acabarán cayendo en desgracia. Sus gobernantes sucumbirán a la ambición y al egoísmo, desconociendo el verdadero significado de la justicia. La salvación de las almas sólo será posible si no nos olvidamos de amar. Aquéllos que aman, esos son los elegidos.

Plegaria:

¡Señor! No permitas que dejemos de amarnos para poder llevar a cabo tus designios. Ilumínanos para que podamos conocer la sabiduría y obrar con la justicia que emana del Reino, porque tuyo es el poder y la gloria.