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martes, 31 de enero de 2012

La Sábana Santa: la conexión templaria


Desde la encomienda de Barcelona recuperamos el apartado dedicado a saber cuál fue el ideal que tuvo la Orden del Temple a los ojos de la historia. Por ello recuperamos un nuevo texto de la paleógrafa italiana Barbara Frale, el cual hemos extraído de su libro “I templari e la sindone di Cristo”, donde nos acerca al umbral entre lo histórico y lo legendario sobre los templarios.

Desde Temple Barcelona sabemos que sus líneas os envolverán en una nebulosa de misterio..

El misterioso ídolo de los templarios (II)

  1. De la leyenda a la política

Tal vez los conocimientos científicos que habían permitido la construcción de las grandes catedrales fueran en el fondo los mismos que aquellos con los que el legendario arquitecto fenicio Hiram, milenios antes, había dado vida en Jerusalén al edificio más famoso de la historia, el legendario Templo de Salomón. El Templo no era tan sólo una construcción grandiosa; también era la capilla para albergar la Arcana Presencia, el Dios Vivo, y como tal se daba por supuesto que sólo podían tocarlo manos de personas iniciadas en los más elevados misterios. Se suponía que, en un determinado momento, con la Primera Cruzada (1095-1099), cuando los occidentales llegaron a Jerusalén y crearon el reino cristiano de Tierra Santa, las antiguas doctrinas de Hiram habían pasado al Medievo europeo. En la historia de la Edad Media y de las cruzadas había una presencia especial que había tomado su nombre directamente del Templo de Salomón: era la Militia Salomonica Templi, más conocida como orden de los templarios. Nacida precisamente en Jerusalén con el fin de defender a los peregrinos en Tierra Santa no bien llegada la Primera Cruzada, la orden de los templarios había conocido una fortuna prácticamente imparable, que la había convertido, sólo cincuenta años después de su fundación, en la orden religioso-militar más poderosa de la Edad Media, hasta que, cerca de dos siglos después, fue destruida por un oscurísimo proceso por herejía y brujería que concluyó con la muerte del último gran maestre en la hoguera.

Intelectuales famosos como Dante Alighieri, contemporáneos del proceso, habían denunciado sin medias tintas que el ataque a los templarios era en esencia un gran montaje promovido por el rey de Francia Felipe IV el Hermoso para apoderarse del patrimonio de la orden, gran parte del cual se hallaba en territorio francés; pero ya en el siglo XVI, ciertos obsesionados por la magia, como el filósofo Cornelio Agripa, habían insinuado la posibilidad de que en la orden se practicaran rituales extraños y ocultos, rituales que se celebraban a la débil luz de velas con la presencia de misteriosos ídolos y hasta de gatos negros.

No se tenía idea exacta del papel que desempeñara en esta historia el papa, que a la sazón era el gascón Clemente V (1305-1314); este personaje, siempre titubeante, que parecía seguir servilmente la voluntad real, consiguió, sin embargo, prolongar el proceso contra los templarios durante más de siete años, prácticamente hasta su muerte, que se produjo apenas un mes después de la del último gran maestre del Temple. Entonces se desconocían muchas fuentes hoy accesibles, pero incluso las que se conocían se estudiaban con un método muy diferente del crítico que se emplea en la actualidad: se concebía la historia de la misma manera que las otras bellas letras, es decir, como un pasatiempo útil capaz de entretener y elevar el espíritu, por lo cual se tomaban del pasado los hechos que podían dejar una enseñanza moral, o bien estimular la imaginación de la misma manera que una novela de aventuras.

De este pontífice, cuyo nombre seglar era Bertrand de Got, se sabía que había nacido en suelo francés, que había dado comienzo al cautiverio papal en Aviñón, que había absuelto de la excomunión a Guillaume de Nogaret, verdadera “alma negra” del reino de Felipe el Hermoso que el soberano utilizó para llevar a cabo sus empresas más inescrupulosas; el rey de Francia había triunfado en todas las cuestiones a propósito de las cuales había tenido un enfrentamiento con la autoridad papal, e incluso en el caso del proceso a los templarios, muchos hechos parecían indicar que la Iglesia se había adaptado fácilmente a las pretensiones del soberano. Pero había también otro hecho que inclinaba el platillo de la balanza a favor de esta idea, un hecho completamente ajeno a los estudios históricos y, sin embargo, capaz de ejercer una influencia de primer orden. La actitud de la Iglesia a comienzos del siglo XVIII era extraordinariamente cauta en relación con las nuevas ideas iluministas que se afirmaban con fuerza y que intentaban promover la renovación del pensamiento y también de muchas dinámicas sociales. Varios eran los factores en los que esta obcecación hundía sus raíces. Gran parte de los prelados que ocupaban puestos de primer orden en la jerarquía eclesiástica provenían de las mismas familias nobles que regían el poder civil: tenían la misma mentalidad e idéntico modo de ver el mundo. La Iglesia había sido siempre un organismo inmune a los condicionamientos sociales que dominaban el siglo, en el sentido de que en su seno era posible acceder a las máximas cumbres del poder espiritual y temporal con las dotes naturales, aun siendo de origen muy humilde; en efecto, varios papas entre los más famosos y celebrados habían pertenecido a familias indudablemente pobres. Basta pensar en el celebérrimo Gregorio VII, que en su juventud se había ganado la vida trabajando como mozo de cordel, o bien nuestro contemporáneo Juan XXIII, hijo de una familia campesina numerosa que apenas tenía qué comer. Así era al menos en teoría, aunque muy a menudo la realidad de los hechos era muy distinta: los inmensos patrimonios asociados a tantos cargos eclesiásticos convertían a éstos en presas muy codiciadas por la nobleza, que introduciendo a sus hijos segundones en las filas de la jerarquía eclesiástica encontraba una manera de asegurarles una vida de privilegio sin dividir el patrimonio familiar. El momento de mayor corrupción en este sentido se había dado en el Renacimiento, cuando era muy común la práctica de vender directamente a tarifas fijas los cargos de mayor privilegio, como los arzobispados, las púrpuras cardenalicias y la dignidad de abad de los monasterios ricos.

El escándalo y la incapacidad de operar a corto plazo una sólida reforma de las costumbres había alimentado incluso motivos de contestación política, cuyo resultado fue el cisma protestante. A comienzos del siglo XVIII, más de dos siglos después de la rebelión de Martin Lutero, distaban mucho de haberse calmado las violentas polémicas desencadenadas en los siglos XVI y XVII por el pensamiento protestante, que acusaba al Papado de haber atrapado a la humanidad en una red de invenciones construidas en su provecho sobre el único, el auténtico tejido de la doctrina cristiana, el primitivo. En Magdeburgo se había fundado una escuela de estudios históricos para demostrar la interminable serie de falsedades que se creían acumuladas por la Iglesia católica durante más de mil años con el único fin de someter a los fieles a sus intereses materiales. Sus integrantes, conocidos como “los centuriadores de Magdeburgo” por el nombre de las obras que publicaban en serie (Centurie), tenían indudables cualidades intelectuales y, aun cuando había incluido en sus reconstrucciones abundante material imaginativo, lo cierto es que crearon muchos problemas a generaciones de estudiosos católicos. En resumen, la herida del gran cisma protagonizado por Lutero había producido un trauma que distaba mucho de agotarse. Y cada novedad que parecía poner en tela de juicio la tradición del pensamiento católico, consolidada y, por eso mismo, tranquilizadora, se veía como la bandera de un nuevo ataque: Galileo Galilei había sido una de las víctimas más ilustres de esta reacción. En poco tiempo se consolidó la tendencia a ver en la Iglesia un poderoso instrumento aliado del opresivo poder laico que se quería abatir, y diferentes grupos masónicos adoptaron un definido carácter anticlerical que en un comienzo no tenían.

De la idea de que la razón fuese la vía preferente, cuando no la única, para el mejoramiento de la vida humana, nace poco a poco un concepto cuasi divino del propio intelecto: una Razón como chispa de divinidad que el hombre ha recibido de Dios, Él mismo puro raciocinio y exaltado como el Gran Arquitecto que construyó el universo. Los misterios con los que el Sumo Arquitecto había puesto en pie el cosmos traían a la mente aquéllos con los que otro legendario arquitecto, Hiram el fenicio, había edificado el Templo en la ciudad santa de Jerusalén. El Templo lo había querido Salomón, a quien la Sabiduría divina había concedido inconmensurables riquezas, y evocaba a los templarios, destruidos porque también ellos estaban en posesión de fabulosas riquezas y tal vez –todo parecía indicarlo- eran herederos de los secretos de Hiram. Esta misma Iglesia católica, tan retrógrada, que parecía obstaculizar cualquier pequeñísimo progreso del pensamiento, no era otra cosa que la heredera del Papado medieval, institución que durante siglos había protegido las frágiles bases de su verdad histórica con el uso de su arma más terrible, la Inquisición, contra quienes estaban en poder de pruebas útiles para desenmascararla.

Todas estas ideas distintas, independientes entre sí, pero nacidas en el seno de un mismo contexto, terminaron por fundirse y sus respectivos perfiles se adaptaron al punto de encajar unos con otros como si se tratase de piezas de un rompecabezas. De simples víctimas de la razón de Estado y de la debilidad política de Clemente V, poco a poco los templarios pasaron a ser los desafortunados héroes de una sabiduría milenaria, una sabiduría superior y muy antigua del cristianismo que habría podido difundir progreso y bienestar social, pero que fue sacrificada para defender los injustos privilegios de una institución siempre aliada del poder absoluto y sus múltiples abusos. El templarismo (es decir, una visión muy novelada de esta orden que se proyectaba a la realidad social del siglo XVIII) se convirtió en un fenómeno fascinante y digno de pasar a formar parte de la cultura popular europea, aunque con manifestaciones sustancialmente diferentes en los distintos países. Efectivamente, si en Francia se había presentado a los templarios como los campeones del pensamiento libre contra la opresión de los dos “dinosaurios” del Ancien Régime –la corona y la Iglesia-, en Alemania, por el contrario, los estudios sobre los templarios se promovieron precisamente para castigar a esos mismos grupos radicales y subversivos que en ellos se inspiraban.

El príncipe Metternich, líder de la reacción contra las conmociones que Napoleón produjera en Europa, había puesto en práctica una política cultural dirigida a enturbiar la credibilidad de los modernos grupos masónicos neotemplarios: se quería hacer saber que esos heroicos hermanos de una orden secreta, de quienes los franceses y la Revolución se honraban en reivindicarse herederos, no eran en realidad otra cosa que una rama de herejes pervertidos, enemigos de Dios, de la Iglesia y del Estado. De campeones del libre pensamiento y guardianes de los sublimes conocimientos que los templarios habían sido en Francia, pasaron a ser en Austria el baluarte de la herejía más irreductible. Es probable que Napoleón tuviera conocimiento de esta instrumentación política; y si realmente lo tenía, su interés se vería por ello indudablemente acrecentado.


lunes, 30 de enero de 2012

Evangelio dominical: “Cállate y sal de este hombre”


Desde la encomienda de Barcelona recuperamos nuevamente el evangelio de ayer Día del Señor, 29 de enero en el ciclo de san Marcos. Y lo hacemos con la intención de que la poderosa Palabra del Hijo resuene en el alma de cada uno de nosotros al leerla.

Desde Temple Barcelona esperamos que su lectura meditada la encontréis instructiva.

Entraron en Cafarnaún, y cuando llegó el sábado, Jesús fue a la sinagoga y comenzó a enseñar.
Todos estaban asombrados de su enseñanza, porque les enseñaba como quien tiene autoridad y no como los escribas.
Y había en la sinagoga un hombre poseído de un espíritu impuro, que comenzó a gritar:
"¿Qué quieres de nosotros, Jesús Nazareno? ¿Has venido para acabar con nosotros? Ya sé quién eres: el Santo de Dios".
Pero Jesús lo increpó, diciendo: "Cállate y sal de este hombre".
El espíritu impuro lo sacudió violentamente y, dando un gran alarido, salió de ese hombre.
Todos quedaron asombrados y se preguntaban unos a otros: "¿Qué es esto? ¡Enseña de una manera nueva, llena de autoridad; da órdenes a los espíritus impuros, y estos le obedecen!".
Y su fama se extendió rápidamente por todas partes, en toda la región de Galilea. (Mc 1, 21-28)

Reflexión:

A veces creemos que nuestros pensamientos son correctos, que proceden de un razonamiento basado en la lógica humana, pero nunca llegamos a pensar que pudiera ser que esas ideas estuviesen contaminadas por las “fuerzas del mal”. Eso nos ocurre cuando nos dejamos llevar por los miedos y las bajas pasiones, desencadenando malintencionadas palabras que tratan de herir a aquéllos que tenemos delante.

Por ello es imprescindible que meditemos en silencio aquello que no sabemos cuál puede ser su procedencia, con el fin de no caer en posibles errores.

Plegaria:

¡Señor!, ilumínanos con tu poderosa sabiduría para saber valorar los buenos deseos de nuestros semejantes, y apartarnos de aquéllos que pretenden dividirnos con el fin de confundir tus enseñanzas.

viernes, 27 de enero de 2012

Conociendo a Jesucristo: El destino del Bautista


Desde la encomienda de Barcelona retomamos nuevamente el apartado dedicado a conocer mejor la vida de Nuestro Señor Jesucristo. Hemos creído conveniente el compartir con vosotros un texto del teólogo J.R.Porter de su libro “Jesus Christ” donde nos habla de la ejecución de Juan el Bautista.

Desde Temple Barcelona deseamos que su contenido os sea agradecido.

“Decapitación de Juan el Bautista”, de Massimo Stanzione (1585-1656)

La detención y ejecución de Juan el Bautista impresionó profundamente a la comunidad cristiana primitiva. En el evangelio se menciona varias veces, y el hecho de que el escritor judío Josephus, el cual escribió en el último cuarto de siglo del siglo I d. C., también lo recoja demuestra que los hechos seguían siendo bien conocidos.

Los tres sinópticos afirman que Herodes Antipas, el tetrarca (gobernador) de Galilea y Perea, detuvo a Juan principalmente porque el Bautista había condenado su boda con su antigua cuñada, pues su exmarido todavía estaba vivo, un hecho que la ley judía consideraba incesto. Sin embargo, según Josephus, Antipas encarceló y ejecutó al Bautista porque temía que su popularidad acabara provocando una insurrección. Ambas historias son posibles, ya que Josephus escribió en Roma para un público gentil al que no le debía de preocupar los detalles de ley matrimonial judía. No obstante, Mateo apunta que, debido a la popularidad de Juan, Antipas no quería que fuera ejecutado, ya que temía la reacción de “la multitud” que tenía al Bautista por un profeta (Mt 14, 5).

Marcos presenta una narración viva de la muerte del Bautista (Mc 6, 17-29), mientras que el relato de Mateo es mucho más resumido (Mt 14, 3-12). Probablemente, ambos evangelistas se basaron en una misma tradición, conservada entre los discípulos del Bautista y quizás relatada a las personas que visitaban su tumba (Mc 6, 29; Mt 14, 12).

La versión de Marcos tiene el carácter de un cuento popular judío, con reminiscencias de la Biblia hebrea. La hija de Herodías, Salomé –gracias a Josephus conocemos su nombre- bailó para Antipas, que le hizo una rápida promesa: “Me pidas lo que me pidas, te lo concederé, aunque sea la mitad de mi reino”. Esta promesa aparece dos veces, prácticamente de forma idéntica, en el libro de Ester (Est 5, 6; 7, 2), donde el escenario también es un gran banquete real. La respuesta de Ester a la promesa del monarca provocó la ejecución de su enemigo, Haman. En Marcos, Salomé es empujada por su madre Herodías a pedir “la cabeza de Juan el Bautista”.

Asimismo, la historia de Marcos refleja el resentimiento de la gente ordinaria, como los seguidores del Bautista y de Jesús, contra el esplendor y las intrigas de la corte de la dinastía de Herodes. En otro pasaje, Jesús compara al Bautista con aquellos cubiertos de ropajes delicados y que viven rodeados de lujo en palacios reales (Lc 7, 25; Mt 11, 8). La decadencia de la familia real herodiana se remarca con la ejecución de una danza (probablemente de carácter lascivo), por una princesa real (Mc 6, 22), por lo general este tipo de entrenamiento era ofrecido por cortesana profesionales.

jueves, 26 de enero de 2012

El ministro de justicia anuncia que reformará la Ley del aborto.


Desde la encomienda de Barcelona queremos compartir con todos vosotros una noticia publicada ayer en la página de Forum Libertas, donde se hace eco que el ministro español, D. Alberto Ruiz Gallardón, se ha comprometido a reformar, durante estos primeros meses del año, la legislación vigente en algunos aspectos importantes para el sano desarrollo de nuestra sociedad.

Nuestro deseo desde la encomienda de Barcelona es que endurezca las leyes para aquellos individuos que utilizan el aborto como una salida “cómoda” para evitar la maternidad. ¡A ver si cumplen su promesa!.

A continuación reproducimos íntegramente la noticia.

Fotografía del ministro de justicia, Alberto Ruiz Gallardón.

ForumLibertas.com

El ministro de Justicia, Alberto Ruiz Gallardón, ha anunciado en el Congreso este miércoles, 25 de enero, entre otras cuestiones, una reforma de la Ley de Salud Sexual e Interrupción Voluntaria del Embarazo en la que se exigirá el consentimiento paterno en los casos de menores de edad que quieran abortar.

En su primera comparecencia en el cargo en la Comisión de Justicia, Gallardón ha indicado que en la reforma de la Ley del aborto de marzo de 2010 también se defenderá el derecho a la vida en los términos ya definidos por la doctrina del Tribunal Constitucional, que estableció que el nasciturus es un bien jurídicamente protegido, aunque no ha hecho mención alguna a en qué términos se llevará a cabo.

“Se trata de la reforma legislativa parcial más importante. Que no les sorprenda que la anuncie yo porque la trataremos en esta comisión. Fue aprobada sin el consenso de los órganos consultivos. Nos inspiraremos en la doctrina defendida en el Tribunal Constitucional y por supuesto principios anunciados por nuestro partido estarán incluidos en esta reforma”, ha añadido.

Un anuncio ambiguo

“Les quiero decir de forma muy esquemática pero muy rotunda que para esa propuesta de reforma, insisto, tramitaremos ante la Comisión de Justicia como tradicionalmente, con la excepción última, se ha venido realizando en el Congreso de los Diputados, nos inspiraremos en la doctrina ya definida por el Tribunal Constitucional cuando tuvo ocasión y obligación de pronunciarse sobre la primera ley que regulaba el aborto”, ha insistido el ministro en rueda de prensa.

Ante los medios, Ruiz Gallardón ha añadido: “Y también les anuncio que, desde luego, algunos principios anunciados por nuestro partido como es la exigencia del consentimiento paterno en relación a los menores estará incluido en este proyecto de ley”.

Sin embargo, el anuncio del ministro de Justicia es ambiguo y, desde luego, se queda corto para las expectativas creadas ante el electorado del Partido Popular, ya que en ningún momento se ha pronunciado sobre cómo quedará en esa reforma la protección del embrión.

Hay que insistir en que el PP hizo de este asunto bandera de su oposición en las pasadas elecciones y, lo que acaba de anunciar Gallardón no es una modificación sustancial de la ley.

Los grandes interrogantes

La pregunta clave que se plantea ante el anuncio de Gallardón es si, precisamente, la reforma modificará la aplicación de plazos tal como está establecida actualmente y la derogará para pasar a proteger el feto y volver al sistema de supuestos (malformación, violación, riesgo para la mujer), como en la anterior legislación.

En este sentido, cabe recordar que el riesgo psicológico se convirtió en la causa de más del 95% de los más de 100.000 abortos que se llevan a cabo en España cada año.

Así, es fundamental que el Gobierno aborde la cuestión central de la Ley del aborto: como quedará en esa reforma la protección del embrión que establecía la sentencia del Tribunal Constitucional.

Del mismo modo, también hay que preguntarse qué pasa con la regulación del aborto eugenésico, de la que también se hacía eco la sentencia del Constitucional.

Y otra cuestión clave, cuáles son las condiciones en que se regula esta práctica del sector privado. Estos son los grandes interrogantes a los que debe responder el Gobierno al plantearse la reforma de la actual Ley del aborto.

Y, si no se da una respuesta coherente con las promesas hechas en la pasada campaña electoral, cabría considerar su propuesta como una estafa a los electores que votaron al PP confiados en que cambiaría la ley.

miércoles, 25 de enero de 2012

Padre Gabriele Amorth: Una vida consagrada a la lucha contra Satanás


Desde la encomienda de Barcelona recobramos el apartado dedicado a explicar la batalla entre el bien y el mal que habita entre los hombres.

Gracias a la dilatada dedicación del exorcista del Vaticano, el padre Gabriele Amorth, reflejadas en su libro “Memorie di un esorcista – La mia vita in lotta contro Satana -”, podemos concienciarnos de la importancia que tiene el llevar una vida en Cristo para evitar encontronazos con el Maligno.

Desde Temple Barcelona estamos seguros que su lectura os atrapará.

Vomitar cristales y clavos

¿Guarda usted objetos utilizados para hacer maleficios y objetos que se han materializado durante los exorcismos?

En mi habitación tengo más de dos kilos. Clavos, algunos así de largos [con un gesto, indica unos diez centímetros], muñecos de plástico, muchos trozos de hierro y objetos de todo tipo. Estos objetos se materializan en cuanto salen por la boca, tal como he podido ver y tocar. Eso significa que, si unos momentos antes de la materialización le hicieran una radiografía al paciente, no se vería nada. Y he visto cosas de un tamaño… ya le digo, ¡clavos así de grandes! Además, si uno quiere ser exorcista debe estar dispuesto a que le escupan continuamente.

Voy a contar un caso que resulta especialmente significativo en lo tocante a esta cuestión.

Me exponen la situación de un hombre de ochenta y cinco años, muy sano, según confirman los médicos, que fuma tranquilamente sus cuarenta cigarrillos al día. Se había casado y tenía un hijo. La mujer, yendo en bicicleta, chocó contra una tapia, tuvo una mala caída y murió. Su madre, es decir, la suegra del hombre, quería que éste se casara con su otra hija, una chica que anteriormente se había quedado embarazada de otro hombre. La madre la obligó a abortar y a tirar el feto por la alcantarilla. El hombre se opuso al proyecto de este segundo matrimonio. Para vengarse, su suegra, amante de las supersticiones y el ocultismo, encargó un hechizo de muerte contra su yerno. Encontraron un muñeco de trapo clavado en un trozo de madera, con el estómago lleno de fragmentos de vidrio de botella.

El hombre decide abandonar el pueblo de su difunta esposa para regresar al suyo. Y entonces empieza a sentirse mal: vomita y expulsa por el ano clavos y cristales, que también le salen del pantalón sin saber cómo; a veces, cuando se pone en pie, ve muchos alfileres clavados en el sofá. Esto continúa durante años. Se cae al suelo, le salen cristales y clavos hasta veinticinco centímetros de largo, gruesos como un pulgar. Los médicos no le encuentran nada, aunque ha vomitado cristales delante de ellos. En las radiografías tampoco sale nada. A veces repta por el suelo como una serpiente, o se cae como si lo sostuvieran, sin hacerse daño. El padre Candido lo exorcizó en dos ocasiones. Recibe exorcismos presenciales y a distancia, y tiene reacciones fuertes, blasfema y se debate. No suele ponerse violento, pero siente el intestino, las piernas y otras partes del cuerpo como clavadas; siente que los cristales lo cortan y hace esfuerzos para regurgitar y vomitarlos. Nunca se ha hecho daño con los cristales; en cambio, su hijo y yo nos cortamos levemente al cogerlos con la mano.

Ahora las cosas van mejorando. Por fin pudo comulgar y, desde entonces, no ha vomitado objetos ni se ha caído al suelo, pero aún no puede entrar en la iglesia, porque al llegar a la puerta siente una enorme fuerza que lo detiene.

Como vive en un pueblo alejado, lo que más recibe son exorcismos a distancia. En su casa se oían ruidos extraños y los objetos se movían solos. Durante un año, una persona que vivía con él no pudo salir de casa, pues cada vez que lo intentaba se quedaba paralizada. Exorcicé la casa y todas estas perturbaciones cesaron.

Tenía una niña grande. Un día vio una cepa cortada a la perfección. Pensó que alguien lo habría hecho para contrariarlo y, durante quince días y quince noches, sus familiares y él montaron guardia. Pese a todo, seguían apareciendo cepas cortadas; en dos semanas la viña quedó destrozada.

Compró una cabra de leche; en cuanto llegó a su casa pasó quince días sin comer ni beber. Tras una bendición (es decir, un exorcismo adaptado, poniendo óleo y agua exorcizados en la boca del animal), la cabra, que ya estaba a punto de morir, volvió a comer. En mi opinión, el origen de todos estos fenómenos es la negatividad que el hombre sigue albergando en su interior.

Un pacto en una tumba

Un día me llama una esposa en apuros. Voy a su casa con el cura que me había ayudado en otras ocasiones. Durante los dos días anteriores a mi visita, yo había llamado varias veces. Según me cuenta la mujer, su marido siempre sabía que era yo quien llamaba, incluso antes de que ella descolgara, y solía dedicarme una sarta de injurias.

El caso es que voy a su casa. Empezamos el exorcismo a las seis de la tarde y lo prolongamos hasta la liberación. Al ser dos, leemos juntos el Ritual y en algunos momentos nos turnamos. Le creemos más dificultades al demonio cuando rezamos juntos. Los familiares nos invitan a cenar, pero rehusamos, para que el ayuno contribuya a la liberación. Los padres y la mujer rezan en otra habitación; no queremos que presencien escenas dolorosas.

Durante las letanías, el marido cae en una especie de trance; reacciona visiblemente ante la invocación a Santiago. Un tal Santiago, que fue empleado en el bar donde trabaja nuestro paciente, le encargó a un brujo un maleficio contra el exorcizado con el fin de quitarle el puesto. Mucho después de la liberación, le contamos todo esto al paciente, tal como nos lo había relatado el diablo. El hombre dijo que, una noche, había percibido con claridad el instante en que el demonio había entrado dentro de él. Intentó luchar, pero era demasiado tarde. Según contó el demonio durante el exorcismo, hicieron un pacto escrito, y lo guardaron en una tumba. Tras una dura lucha, en la que debilitamos al diablo con la ayuda de sacramentales (agua y sal bendecidas, reliquias y medallas), nos responde con precisión, diciéndonos l pueblo, el cementerio y el sarcófago donde habían ocultado el papel. Al día siguiente, la mujer fue al lugar indicado; frente a la entrada, en un sarcófago vacío, encontró entre varios papeles dos hojas de cuaderno, sin ninguna escritura visible, y las quemó.

Tomo en mis manos el Ritual para seguir con el exorcismo, busco el punto donde me había quedado, y el poseído me dedica una sonrisa burlona. Además de proferir injurias, de vez en cuando vomita y nos escupe, pero estamos bien protegidos y nunca nos da. Ahora el demonio es muy débil; el hombre reza con nosotros y, en determinado momento, me dice que quiere confesarse. Lo confiese sin problemas. Tras el último exorcismo, las reacciones cesan. Es la una de la madrugada. Temiendo un engaño, empezamos el gran exorcismo. Esta vez no hay ninguna reacción.

Manchas negras

Un marido, su mujer y un sobrino regentan un supermercado con la ayuda de dos empleados. Poco después de haber abierto la tienda, todos sufren un persistente dolor de cabeza, acompañado de unas manchas negras en los brazos, en cuanto pisan el local. Las manchas se ponen rojas, empiezan a dolerles mucho y se extienden al cuello y los brazos, por todo el cuerpo. Uno tras otro los aparatos se estropean: el frigorífico, las cámaras del mostrador, la caja registradora… Manos invisibles cambian de lugar los productos. La puerta de entrada se atasca, o se abre sola. Siempre hay algo que no funciona, pero cuando llega el técnico va bien; una vez se ha ido reaparecen las averías.

Cuando me llamaron prometí que iría a bendecir el local, aunque les pedí que antes se confesaran y se comprometieran a seguir un camino de fe. Después exorcicé la tienda y a todo el personal para romper cualquier hechizo o maleficio que pudiera haber. Mientras rezaba coloqué unos vasos con agua bendita y sal en varios puntos del establecimiento. Al día siguiente, la sal de cinco vasos se había derramado hasta el suelo; en cambio, en los otros tres no ocurrió nada.

Según observaron los cinco protagonistas, la mujer del piso de arriba, que había intentado impedir por todos los medios la apertura de la tienda, entraba y salía sin comprar nada. Siempre se detenía ante el lugar donde estaban ocultos los vasos de los que se derramaba la sal, como si esperase descubrir algo. Habíamos esparcido sal exorcizada por todas partes y habíamos rezado mucho, repitiendo las renuncias a Satanás, las oraciones contra los maleficios y la renovación de los votos bautismales. Colocamos bien a la vista una imagen de Jesús Misericordioso y el personal adquirió el hábito de rezar una oración todas las mañanas, antes de empezar a trabajar.

Una vez, al entrar en la tienda, a mí también me salió una mancha en el brazo; primero era negra y después, roja, muy dolorosa. Me apliqué óleo exorcizado en el brazo y se me curó enseguida.

Después de cuatro exorcismos (y muchas oraciones, eso sí) acabaron todos los fenómenos y trastornos, la extraña mujer no volvió a aparecer y ahora en el supermercado trabajan en paz.

martes, 24 de enero de 2012

Templarios en las tierras del Ebro


Desde la encomienda de Barcelona retomamos el apartado destinado a conocer los lugares del Reino de Aragón, donde estuvieron conviviendo los templarios.

Para ello hemos seleccionado un nuevo texto de nuestro buen amigo, el investigador y escritor D. Jesús Ávila Granados de su libro “Templarios en las tierras del Ebro”, donde nos habla de lugares y rutas para disfrutar de un distraído y placentero recorrido por el tiempo.

Desde Temple Barcelona estamos seguros que disfrutaréis de su lectura.

Fotografía de la Torre de Campredó.

Campredó (Baix Ebre, Tarragona)

Campredó, pueblo que pertenece al municipio de Tortosa, fue testimonio del paso y del asentamiento de numerosas culturas a lo largo de los tiempos, gracias a su singular emplazamiento sobre la ribera izquierda del Ebro, a medio camino entre Tortosa, Amposta, el litoral mediterráneo y los Puertos de Beseit; por eso su historia se pierde en la nebulosa del tiempo. Por sus fértiles tierras trascurre la Vía Augusta. Pero no fue hasta la conquista cristiana de la vecina ciudad de Tortosa, en el año 1148, cuando Campredó inició su desarrollo como un núcleo influyente de la comarca. Precisamente en aquel duro y prolongado sitio a la capital del Baix Ebre, ejerció un destacado papel el río, porque a contra corriente, los barcos cristianos –muchos de los cuales llegaban desde tierras italianas (de Génova)- fueron a sitiar la poderosa fortaleza de la Suda tortosina; embarcaciones que fijaron su plataforma de soporte en el Port Rodó de Campredó.

Después de la batalla, el conde Ramón Berenguer IV no dudó en dividir en tres partidas, o heredados, el territorio conquistado, y concedió a la Orden del Temple la zona llamada de la Pedrera; las otras dos posesiones –Rocacorba y Campredó- fueron adjudicadas a la casa de los Montcada, señores de la ciudad de Tortosa.

Y fue aquí, en este privilegiado enclave de Campredó, donde los templarios se hicieron fuertes al mismo tiempo que potenciaron los recursos naturales y agrícolas de la zona, que comercializaban a través de las vías terrestres y fluviales. Y más todavía, durante el siglo XIII, y a consecuencia del progresivo avance del Delta, la acumulación de barro en el fondo del río obligaron a las embarcaciones de mayor calado a amarrar en Port Rodó, aumentando considerablemente la logística comercial de los templarios, cuando los caballeros, desde las torres de vigilancia, controlaban exclusivamente todo el tráfico que llegaba para abastecer a la ciudad de Tortosa.

Campredó conserva actualmente algunas construcciones relacionadas con la Orden del Temple. Entre estos edificios, hemos de citar la Torre de Campredó (torreón militar amparada por la Declaración genérica del Decreto de Protección de fecha 22 de abril de 1949, y la posterior Ley 16/1985, sobre el Patrimonio Histórico español), que, con los vecinos de la Carrova y de Sant Onofre, garantizaban la tranquilidad de los habitantes de la zona; la Lonja era el edificio donde se comercializaban los productos que llegaban con barco a Campredó, que se corresponde con el mas de la Misa, edificio que fue concebido en principio para funciones religiosas, el cual, aunque bastante modificado, exhibe una fachada que recuerda los templos romanos. A pocos metros, se encuentra la fuente del Quinto; la ermita de la Petra, y la ermita de la Ardiaca; hasta esta última llegaban los parroquianos para rezar a la Madre de Dios de la Aldea, imagen negra que apareció sobre un milenario olivo de la variedad fragua.

lunes, 23 de enero de 2012

Evangelio dominical: "Síganme, y yo los haré pescadores de hombres"


Desde la encomienda de Barcelona como cada lunes continuamos con la meditación del evangelio dominical de ayer 22 de enero.

Desde Temple Barcelona deseamos que entre todos reflexionemos su contenido.

Después que Juan fue arrestado, Jesús se dirigió a Galilea. Allí proclamaba la Buena Noticia de Dios, diciendo:
"El tiempo se ha cumplido: el Reino de Dios está cerca. Conviértanse y crean en la Buena Noticia".


Mientras iba por la orilla del mar de Galilea, vio a Simón y a su hermano Andrés, que echaban las redes en el agua, porque eran pescadores.
Jesús les dijo: "Síganme, y yo los haré pescadores de hombres".
Inmediatamente, ellos dejaron sus redes y lo siguieron.
Y avanzando un poco, vio a Santiago, hijo de Zebedeo, y a su hermano Juan, que estaban también en su barca arreglando las redes. En seguida los llamó,
y ellos, dejando en la barca a su padre Zebedeo con los jornaleros, lo siguieron. (Mc 1, 14-20)

Reflexión:

Siempre se ha dicho que lo breve si es bueno, dos veces bueno. Pues bien esta frase se adapta de maravilla al contenido del Evangelio de ayer. A Jesús le basta un par de frases acompañadas de una mirada intensa para que sus futuros discípulos dejen sus tareas habituales para dar paso a una nueva vida. ¡Seguir al Señor!. Difícil tarea la de seguir a otro, aunque sea el mismísimo Dios quien te lo pida, pues eso acarrea un conflicto de intereses. ¡Qué hacer ante esas dudas que acechan nuestra mente!. ¿Nos estaremos equivocando si hacemos aquello que se nos pide, aunque pueda parecernos que va en prejuicio nuestro? La respuesta es no, no nos estamos equivocando puesto que es Dios quien nos lo pide, y como hijos de su creación que somos, Él quiere siempre lo mejor para nosotros. Dios nos pide sensatez y obediencia, ¡sigámosle!.

Plegaria:

¡Señor, tiéndenos Tu mano cada vez que sea necesario, no nos abandones aunque nos cueste seguirte, pues no todos somos capaces de andar veloces a tu encuentro.

viernes, 20 de enero de 2012

Lo que no se explica sobre el naufragio del Costa Concordia


En los medios de comunicación no paran de filtrarse noticias sobre la más que posible negligencia del capitán del naufragado “Costa Concordia”.

Sabemos casi todo sobre este “Capitán cobarde”, como así lo conocen en su país de origen, Italia. Pero, es interesante el explicar, qué hicieron otras personas que estuvieron a bordo del barco instantes después del accidente.

Para ello hemos querido desde Temple Barcelona compartir la siguiente noticia publicada en la página de Forum Libertas. Estamos convencidos que su contenido os emocionará.

Imagen del naufragado crucero del Costa Concordia.

ForumLibertas.com

Tras el naufragio del crucero Costa Concordia en aguas del mar Tirreno, junto a la isla italiana de Giglio, todo apunta a que el comandante del buque, Francesco Schettino, fingió seguir a bordo cuando en realidad ya había abandonado la nave siniestrada y apenas había comenzado la evacuación de pasajeros.

Así se desprende de las conversaciones que mantuvo con la Capitanía de Puertos de la Guardia Costera, a los que informó de que ya habían sido evacuadas unas 4.000 personas cuando tan solo habían dejado el crucero apenas unas 40.

“Ahora vuelvo al puente (de mando)”, aseguró Schettino, antes de explicar que se había ido a popa, la parte trasera del barco, para “saber qué estaba pasando”. El capitán del Costa Concordia añadió: “yo estoy coordinando”, antes de reconocer que no estaba a bordo del crucero.

La otra cara de la moneda se muestra en las figuras del capellán a bordo, el padre Raffaele Malena, y del párroco de San Lorenzo y San Mamiliano, en la isla de Giglio, Lorenzo Pasquotti. El primero, al permanecer en el crucero atendiendo y confortando a la tripulación y los pasajeros; el segundo, en representación de las parroquias de la isla, que se volcaron con las víctimas del buque embarrancado.

“El capellán, donde es llamado tiene que correr”

El padre Malena vivió en primera persona el naufragio. En una llamada telefónica a la central del Apostolado del Mar, el sacerdote avisó de lo que estaba sucediendo y, cuando le preguntaron siquería que lo fueran a recoger, se negó a ello.

Ahora es importante que me quede cerca de la tripulación y los pasajeros para confortarlos en este momento de gran confusión”, contestó.

Según informa la agencia Zenit, el sacerdote conocía a muchos de los más de mil tripulantes e indicó que el problema del desembarco fue principalmente el pánico, añadiendo que el personal de a bordo se comportó bien.

El capellán donde es llamado tiene que correr. Les di coraje, había tantos niños…, a una niña la tomé en mis brazos, dije que la mandaran antes con la mamá y la hicieron evacuar antes”, explicó en una entrevista a Radio Vaticano.

También tuvo una mención especial para el párroco del Giglio: “había otro sacerdote a quien le doy las gracias, el párroco del Giglio, don Lorenzo Pasquotti, que inmediatamente abrió la iglesia”, y recordó que en esta isla de 1.200 personas en verano y 700 en invierno “todas querían dar una mano: abrieron los hoteles, nos dieron de comer, nos dieron mantas y todo lo que tenían nos lo daban” y concluyó indicando que “a los habitantes de la isla del Giglio deberíamos hacerles un monumento”.

“Nuestra misión, salvar náufragos”

Por su parte, don Lorenzo, párroco de San Lorenzo y San Mamiliano, de 61 años, la noche del accidente se refugiaba en su casa del intenso frío cuando, al asomarse a las ventanas y ver al gigante de 17 pisos embarrancado y desplomándose sobre la bocana del puerto, salió a la calle al mismo tiempo que lo hicieron el resto de vecinos.

Es como si lo estuvieran esperando, “como si nuestra misión en la vida no fuese otra que la de salvar náufragos; hasta la señora más vieja de Giglio –que habitualmente tiene dificultad para caminar- se presentó con comida caliente y mantas”, recuerda todavía sorprendido.

Don Lorenzo abrió inmediatamente de par en par las puertas del templo y encendió todas las luces, para que sirvieran de guía a las víctimas del naufragio que iban llegando a tierra firme. Cientos de personas se fueron apretujando entre los bancos de la iglesia.

“No tardaron en aparecer los primeros náufragos. Venían empapados, con los rostros desencajados, los chiquillos tiritando”, subraya. El padre Pasquotti se dirigió entonces a la sacristía para utilizar incluso el manto de la Virgen y los ropajes de la misa y las túnicas de la procesión, que sirvieron para ahuyentar los primeros miedos y fríos.

También el párroco de la iglesia de San Pedro Apóstol, don Vittorio Dossi, explicó la situación que vivieron y tuvieron que afrontar en la pequeña isla en una entrevista telefónica a la periodista de Radio Vaticana Antonella Palermo.

“Esa noche estaban fatal: había quien buscaba a su hijo y quien buscaba a la esposa. Había confusión y una agitación increíble. Las personas eran de todas las nacionalidades: alemanes, ingleses, japoneses, coreanos”.

“Les hemos ofrecido todo lo que teníamos, mantas y colchones. Ahora, tras los momentos iniciales de conmoción, han ido a descansar y yo me he dedicado a buscar a uno de los desaparecidos. Había una madre que había perdido a su hijo en el puerto”, dijo.

“Quisiera, de nuevo, agradecer el esfuerzo de los habitantes de esta isla, que se ha implicado inmediatamente para afrontar esta emergencia. Una vez más he visto que esta isla está compuesta por personas comprometidas con el bien de la humanidad”, concluyó.

De esta manera, una vez más se demuestra la importancia de la presencia y la acción de la Iglesia sobre el terreno cuando se producen tragedias como la que en este caso ha afectado a los pasajeros y la tripulación del crucero Costa Concordia.

jueves, 19 de enero de 2012

Ascenso y caída del imperio mogol en Tierra Santa


Desde la encomienda de Barcelona recuperamos el apartado dedicado a conocer mejor los diferentes entresijos que rodearon a las Cruzadas. Esta vez viviremos la séptima Cruzada donde tuvo un gran protagonismo los mogoles venidos del este, arrasaron con todo lo que se les puso por delante.

Por ello hemos seleccionado un nuevo texto del periodista, escritor y licenciado en Ciencias de la Información Juan Ignacio Cuesta de su libro “Breve historia de las Cruzadas”.

Desde Temple Barcelona pensamos que su lectura os será recreativa.

Retrato del mogol Gengis Khan.

El cronista Ibn Al-Atir de nuevo nos hace un relato dramático en su Historia Perfecta: “Si os dijeran un día que la Tierra no ha conocido jamás tal calamidad desde que Dios creó a Adán, no dudéis en creerlo, pues ésa es la estricta verdad…hasta el fin de los tiempos no se verá otra catástrofe de tal envergadura.”

El gran jinete mogol no se había atrevido hasta ahora más que a pesar algunas incursiones de poca entidad en territorio persa. Cuando le llegó la muerte en el año 1227, contaba sesenta y siete años. Tras su desaparición, las hostilidades contra los árabes disminuyeron notablemente. Pero ahora, tres nietos suyos aspiraban al poder, y tuvieron que repartirse los territorios. Halagu se instaló en Persia, donde diseñó una política expansionista que le llevaría a conquistar todo el Oriente, alcanzando las orillas del Mediterráneo; Magu Khan se convirtió en el nuevo soberano del imperio mogol y estableció su capital en Karakorum, en territorio de Mongolia y Kubilai se coronó a sí mismo como nuevo rey de China.

Halagu era un hombre culto con ansias por adquirir los conocimientos de filosofía y ciencias que poseían sus enemigos. En contraste era un guerrero bastante más fiero que todos los conocidos hasta entonces. Un individuo sanguinario y cruel que pretendía destruirlo todo. Estaba imbuido de nestorianismo, una herejía nacido en los primeros tiempos del cristianismo que en este momento era una iglesia cismática, pero que practicaba la brujería, el chamanismo y los ritos mágico-religiosas tradicionales de su pueblo. Su objetivo era ahora llegar hasta Bagdad y conquistarla de modo contundente y demoledor.

Al-Mutasim, su califa, recibió un mensaje enérgico e inequívoco, debía reconocer la soberanía de los mogoles: “…y recuerda que tus ancestros aceptaron a los selyúcidas, con lo que ahorraron dolores a su pueblo…”.

La reacción fue la lógica en estos casos, amenazarle con levantar a todo el Islam en su contra. Pero el mogol no se dejó intimidar por los numerosos guerreros con los que contaban sus tropas, que le hacían sentirse fuerte, confiado y muy seguro de sí mismo.

Se cuenta que fueron varios centenares de miles de hombres los que, sobre sus caballos, se dirigieron hacia la capital abásida en el año 1257. Aprovechando la incursión, consiguieron destruir Alamut, la fortaleza de los “asesinos”. Desgraciadamente quemaron sus extraordinaria biblioteca, de donde salieron muchos de los secretos que fueron difundidos en Europa por los monjes-soldados del Temple, a la vez que documentos imprescindibles para comprender aquella secta, modelo de algunos grupos terroristas que hoy día han convertido el mundo en un lugar inquietante e inseguro.

El asedio de Bagdad fue terrible. Al-Mutasim quiso que los asaltantes respetaran a todo aquel que se rindiera. Pero los mogoles no tenían ninguna intención de mostrar la menor debilidad y fueron destruyendo todo a su paso con extrema ferocidad. Eran como una maldición imposible de contener. A partir de la madrugada del 10 de febrero de 1258, se desataron las fuerzas del Averno. Destruyeron edificios, violaron a las mujeres, degollaron a los niños y a los ancianos. Nadie estaba a salvo. El saldo fue de casi ochenta mil muertos. Sólo unos pocos cristianos pudieron sobrevivir gracias a la intercesión de la mujer de Halagu. Es la primera vez en toda su historia que los árabes sintieron miedo por el peligro de la desaparición total de su religión y su etnia (hoy día diríamos que aquel fue uno de los más grandes genocidios conocidos).

Tras fulminar la ciudad de los dos ríos, las hordas de mogoles se dirigen a continuar su labor en Alepo. En enero del 1260, la ciudad cayó en pocas horas y quedó aplastada como si las nubes se hubieran vuelto de piedra y se hubieran desplomado sobre ella. Jamás los árabes, ya acostumbrados a toda clase de conflictos, vieron nada parecido. Inmediatamente después Halagu sitió Damasco, donde algunos gobernadores, conscientes de su extrema debilidad, reconocieron al khan como su nuevo señor.

Los cristianos, mientras tanto, adoptaron diversas posiciones. Bohemundo, príncipe de Antioquía, y el rey armenio Hetum apoyaron a los mogoles. En Acre, sin embargo, prefirieron no intervenir y apoyar discretamente a los árabes. Todos pensaron que la contienda tenía semejanzas con su Cruzada. Kitbuka, el general mogol, pertenecía a la iglesia nestoriana. La capital siria cambió de dueño el 1 de marzo del año 1260. Hetum y Bohemundo acompañaron a los conquistadores en su entrada triunfal.

Empezó entonces a sospecharse que Halagu tenía la intención de llegar hasta La Meca y conquistarla, con lo que la sensación de humillación se hacía insoportable.

Fueron cayendo algunas ciudades como Nablus. En todas partes se temía la inminente toma de Jerusalén. Sin embargo, los mamelucos cairotas, acorralados, reaccionaron con violencia y se convierten en el último bastión contra el imparable avance mogol. Pero la legendaria muerte del sultán y de su esposa venía a complicar las cosas, según los rumores que circulaban entre el pueblo. “Shayarat-ad-dorr recriminaba a su esposo Aibek el haber tomado una nueva esposa de catorce años, cuando este le respondió:’Tú ya eres vieja’. Ella, que disimulaba resignación, encontró la forma de matarlo de una puñalada. Un hijo del sultán lo observa y sale corriendo a avisar a la guardia. La sultana corre detrás de él, pero tropieza y de desnuca.”

A pesar de que ambos habían tenido un hijo que debería haber sido el nuevo sultán que asumiera el poder en El Cairo, el mameluco Saif ad-Din Qutuz protagoniza un golpe de estado contra eél y se alza con el poder para inmediatamente llamar a la yihad.

Coincidió entonces que Halagu tuvo que marcharse para atender las luchas sucesorias que se producían en Asia central tras la muerte de su hermano Mangu. Sólo quedaron en Tierra Santa unas pocas hordas mogolas al mando de Kitbuka. Los mamelucos marcharon hacia Acre y empezaron a atacarles. Mientras tanto, una revuelta espontánea en el interior de Damasco terminó con la vida de muchos de ellos.

Qutuz parecía hacerse de nuevo con el control de la situación. El choque entre él y Kitbuka se hizo inevitable. Tendría lugar el 3 de septiembre de 1260 en la llamada Fuente de Goliat donde el mogo no pudo evitar caer en una trampa inteligentemente urdida por el árabe. Los magníficos jinetes de la estepa serían entonces exterminados y la cabeza de su jefe terminó rodando por el suelo. Había llegado el fin de la hegemonía de las tropas del nieto de Gengis Khan. El episodio recibe el nombre de la Batalla de Ain Yalut. El Islam pudo ahora respirar tranquilo. Incluso los hijos de Halagu se convirtieron a la fe de Mahoma.

En octubre del año 1260 volvió a recuperarse Alepo. Qutuz empezó a recelar de las ambiciones de su lugarteniente, el general Baybars. El día 23, cuando ambos se dirigían a Siria para defender los intereses del sultán, éste propuso a su compañero ir a cazar liebres. Aprovechando el momento en el que descansaban, Baybars asesinó a Qutuz por la espalda. Inmediatamente volvió al campamento y fue nombrado nuevo sultán. Los mamelucos le aceptaron como su verdadero jefe. Éste, que era un hombre brutal, severo y despiadado, sin embargo se convertiría en el nuevo unificador de toda la región tras la conquista de Damasco. A pesar de todo ello, se le tuvo por gran estadista. Bajo su reinado El Cairo recuperaría todo su esplendor. Se construirían multitud de edificios, carreteras y otras infraestructuras.

Los tártaros y los armenios fueron las únicas fuerzas que le detuvieron en el norte de Asia Menor. Pero su rey, Hetum, fue incapaz de evitar que devastase su reino. Fueron capturados cuarenta mil de ellos.

Tampoco le inquietaban los frany, que estaban ya muy disminuidos en su número, ni por los rumores que empezaron a difundirse en el año 1268 de que se estaba preparando una nueva expedición para intentar por última vez recuperar Jerusalén.

Tal hazaña ya no fue posible, la ciudad donde había predicado y muerto Jesús de Nazaret jamás sería recuperada por los cristianos de forma total. Durante muchísimos muédanos cinco veces al día desde los minaretes de las mezquitas, o haciendo eco en los mihrabs.

miércoles, 18 de enero de 2012

Los símbolos templarios


Desde la encomienda de Barcelona proseguimos nuevamente a compartir con todos vosotros los conocimientos del catedrático de historia, Alain Demurger, que hemos extraído de su libro “Vie et mort de l’ordre du Temple”.

En esta ocasión nos habla sobre el simbolismo que utilizaron los templarios en su vestimenta para poder diferenciarse del resto de monjes de otras órdenes.

Desde Temple Barcelona, deseamos que su lectura os sea gratificante.

La “blanca clámide” de los templarios impresionó a sus contemporáneos. Toda regla monástica describe con precisión el hábito de los monjes. La regla del Temple no es una excepción. La misión particular de los hermanos impone un tipo de ropa adaptada al clima y a la vida en los campamentos. Muy pronto, las damas piadosas de Tolosa donaron camisas y calzas que ellas mismas habían confeccionado. Abundan los detalles sobre las armas y las piezas del uniforme militar: cotas de malla, lórigas, cascos…

Pero todo esto se borra ante la capa, cargada de sentido simbólico. La capa de las órdenes militares corresponde al hábito cluniacense o cisterciense. La entrada en la orden se traduce simbólicamente por la entrega de la capa. Tras el intercambio de promesas, “el que dirige el capítulo debe tomar la capa y ponerla al cuello y atarla…” (art. 678).

Al principio, como nos han dicho Guillermo de Tiro y Jacobo de Vitry, los templarios usaron sus ropas seculares. La regla, una vez revisada, distingue entre el hábito y la capa blanca, cuyo uso está reservado a los hermanos caballeros, y la capa de sayal, negra o parda, que llevan los demás. Los abusos habían conducido a esta distinción. Es probable, por ejemplo, que personas que no tenían nada que ver con la orden se sirviesen de la capa blanca para conseguir fondos con engaño. Los colores son los mismos del Cister: blanco para los monjes, negro para los conversos.

El artículo 17 de la regla precisa el sentido de esos colores, un sentido muy simple: “Que aquellos que hayan abandonado la vida tenebrosa reconozcan mediante le hábito blanco que se han reconciliado con su Creador: significa blancura y santidad del cuerpo…Es castidad, sin la cual no se puede ver a Dios”. Símbolo de la castidad de su blancura, la capa lo es también de la pobreza por el material de que está hecho, paño crudo, sin tinte y sin aprestos.

Ni la versión francesa ni la versión latina de la regla hacen alusión a la cruz. Ésta, colocada sobre el hombro izquierdo, por encima del corazón no figura sobre la capa antes de 1147. El 24 de abril de ese año, el papa Eugenio III, presente en Francia en el momento en que partía la segunda cruzada, asistió al capítulo de la orden, celebrado en París. Concedió a los templarios el derecho a llevar permanentemente la cruz; cruz sencilla, pero ancorada o paté, que simboliza el martirio de Cristo, pero también símbolo de vida. Sabemos que el voto de cruzada se acompaña de la toma de la cruz. Llevarla permanentemente simboliza, pues, la permanencia del voto de cruzada de los templarios.

El cronista Ernoul, que escribe en el siglo XIII, asigna al porte de la cruz un origen producto de su fantasía. Según él, templarios y hospitalarios tomaron una parte de “la enseña del hábito del Sepulcro”, la cruz roja, en recuerdo de los lazos, rotos después, que les unieron con el capítulo del Santo Sepulcro. De todos modos, todas las órdenes militares acabaron por adoptar la capa y la cruz: cruz blanca sobre capa negra para los hospitalarios; cruz verde sobre capa blanca para la orden de San Lázaro, reservada a los caballeros leprosos; cruz negra sobre capa blanca para los teutónicos. Los templarios acogieron mal esa capa blanca de los teutónicos y no se privaron de hacerlo saber.

A finales del siglo XIII, si no antes, se produjo un cierto relajamiento. Había templarios y hospitalarios que se vestían de “civil” cuando se hallaban en París. Una ordenanza real, aprobada por el Parlamento de 1290, les amenazaba: los templarios y hospitalarios que no lleven su hábito no disfrutarán de los privilegios concedidos a sus órdenes.

Otro símbolo: el sello. O los sellos, porque, además del que representaba la autoridad de la orden, existía también el sello del maestre en Jerusalén, la cúpula dorada del templo del Señor que figura también en el sello del reinado de Jerusalén, con la cúpula del Santo Sepulcro, abierta para dejar pasar el fuego de Pentecostés. Ambos encuadran la Torre de David.

La otra cara del sello de los templarios ha suscitado en mayor grado la curiosidad de los historiadores. Representa a dos caballeros montando el mismo caballo, acompañados de la leyenda siguiente: “sello de los caballeros de Cristo”. Se le han dado interpretaciones diversas. Prestando fe a los cronistas ingleses, se ha pretendido ver en ella el símbolo de la pobreza primitiva de la orden. “Este año comenzó la orden de los templarios, que eran tan pobres al principio que dos hermanos cabalgaban un solo caballo, lo que está hoy esculpido en el sello de los templarios para exhortar a la humanidad.” La explicación es inverosímil. Los primeros caballeros eran “pobres”, no cabe duda, pero eran todos caballeros. La regla indicaba que cada uno podía tener dos caballos.

Por consiguiente, se ha buscado otra razón. El sello simboliza la unión y la entrega. Aunque ciertos historiadores hayan querido ver en los dos caballeros a los dos fundadores de la orden, Hugo de Payns y Godofredo de Saint-Omer, hay que retener el simbolismo del buen entendimiento, la armonía y la disciplina que deben reinar en la orden. Algunos artículos de la regla aclaran este simbolismo, en particular el artículo “Sobre las escudillas y los vasos”: “en lo que respecta a la disposición de las escudillas, que los hermanos coman de dos en dos, a fin de que el uno se provea con lo del otro, para que aprecien la vida en la abstinencia y en el hecho de comer en común” (artículo 25). No significa forzosamente que los templarios comiesen dos en la misma escudilla, como se ha repetido con demasiada frecuencia, aunque la práctica era frecuentemente en la Edad Media.

Se recomendaba también partir el pan juntos. La regla se dirige a cenobitas, y no a ermitaños. Insiste sobre la vida en común. El sello la simboliza a su vez.

Asimismo cargado de sentido, el pendón de los templarios recibe el nombre de baussant o bauceant, lo que significa semipartido. Por ejemplo, en francés se llama baussant a un caballo cuando tiene dos colores. Dado que se trata de un adjetivo, la palabra francesa baussant nunca se emplea sola. El pendón del Temple es baussant porque es negro y blanco, lo mismo que las capas de los templarios son blancas o negras, según la clase de hermanos. El blanco significa pureza y castidad; el negro, fuerza y valor. A menos que sigamos a Jacobo de Vitry: “Son francos y acogedores para sus amigos, negros y terribles para sus enemigos”.

El caballero que lo llevaba en el combate tenía una gran responsabilidad, compartida por de cinco a diez caballeros, que debían rodearle sin cesar. El pendón debía alzarse siempre hacia el cielo, bien alto. Bajarlo, incluso para servirse del asta como una lanza durante la carga, se castigaba con los hierros y, sobre todo, con la pérdida del hábito, de la capa, una de las sanciones más graves en todas las órdenes militares (artículo 241). El hermano caballero regresaba su capa y se revestía con un hábito sin cruz. Estaba obligado a comer en el suelo y a ocuparse de trabajos infamantes. La duración máxima de esta verdadera degradación militar se limitaba a un año y un día.

Los templarios inventaron el uniforme y el apego a la bandera. Llevaban el pelo corto y usaban barba. Los pocos templarios que escaparon a la detención el 13 de octubre de 1307 se apresuraron a afeitársela.

Cosa muy natural, tanto el sello como el pendón ha provocado elucubraciones extravagantes, que se acumulan en la dudosa bibliografía templaria. Por ejemplo, el incitador artículo titulado “Bajo el signo de Baussant” esconde una serie de consideraciones confusas, que recubren las rivalidades internas y externas (hay los blancos y los negros) de una asociación de defensa y animación de una pequeña localidad del Vaucluse que hubiera podido llamarse Clochemerle…