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lunes, 30 de abril de 2012

Evangelio dominical: “Yo soy el buen pastor”



Desde la encomienda de Barcelona nuevamente volvemos a recuperar el apartado dedicado a reflexionar sobre el evangelio del Día del Señor. Por ello hemos seleccionado el Sagrado Texto de ayer domingo 29 de abril.

Desde Temple Barcelona estamos deseosos de que su contenido nos continúe inspirando para nuestros quehaceres diarios.

Yo soy el buen Pastor. El buen Pastor da su vida por las ovejas. 
El asalariado, en cambio, que no es el pastor y al que no pertenecen las ovejas, cuando ve venir al lobo las abandona y huye, y el lobo las arrebata y las dispersa. 
Como es asalariado, no se preocupa por las ovejas. 
Yo soy el buen Pastor: conozco a mis ovejas, y mis ovejas me conocen a mí 
-como el Padre me conoce a mí y yo conozco al Padre- y doy mi vida por las ovejas. 
Tengo, además, otras ovejas que no son de este corral y a las que debo también conducir: ellas oirán mi voz, y así habrá un solo Rebaño y un solo Pastor. 
El Padre me ama porque yo doy mi vida para recobrarla. 
Nadie me la quita, sino que la doy por mí mismo. Tengo el poder de darla y de recobrarla: este es el mandato que recibí de mi Padre".  (Jn 10, 11-18)

Reflexión:

Jesús, nos dice según San Juan, que Él es el buen Pastor. ¿Qué nos insinúa con estas palabras? Pues que como buen Pastor siempre estará al cuidado de su Rebaño, no lo abandonará, puesto que en él tiene depositada todas sus esperanzas para que sus Palabras resuenen por siempre y no caigan en el olvido. Jesús dio su vida por Su Rebaño, se entregó a sus enemigos para que pudiera cumplirse lo que estaba escrito. Con este sacrificio, el Rebaño quedaría liberado del pecado y del tormento eterno, puesto que Jesús venció a la muerte para demostrar al mundo que si le seguimos, nos conducirá a la Vida eterna.

Plegaria:

¡Señor!, muéstranos el camino para que podamos ser merecedores de Ti. Enséñanos a ser parte de tu Rebaño, ése que nada ha de temer teniéndote como Pastor.

viernes, 27 de abril de 2012

Benedicto XVI: demasiadas ocupaciones “endurecen el corazón del hombre”.



Desde la encomienda de Barcelona hemos querido compartir con todos vosotros una noticia que ha sido publicada en la página de Forum Libertas donde recoge unas palabras del Santo Padre que aluden al exceso de productividad que se nos exige a las personas en el mundo laboral.

Y es que la percepción del miedo ante la crisis que se nos induce desde los medios de comunicación y las empresas para que trabajemos más, haciendo que las empresas sean más rentables y que de esa forma éstas no tengan que cerrar, se ha convertido en un modus vivendi.

Por ello desde Temple Barcelona llamamos a la calma y que nadie tenga miedo de que una puerta pueda cerrarse, puesto que seguro que hay otras que acabarán abriéndose.

Forum Libertas:

Si la oración y la Palabra de Dios no alimentan nuestra vida espiritual, corremos el riesgo de que los mil trabajos y preocupaciones de la vida cotidiana nos sofoquen; rezar nos hace ver la realidad con ojos nuevos, y nos ayuda a encontrar el camino en medio de las adversidades. Así lo ha afirmado Benedicto XVI en la catequesis de la audiencia general de este miércoles, 25 de abril, pronunciada ante más de 20.000 fieles reunidos en la plaza de San Pedro.

El pontífice afirmó que demasiadas ocupaciones y una vida frenética “endurecen el corazón de los hombres y hacen sufrir al espíritu” y que la vida no puede valorarse con los únicos criterios de la productividad y la eficiencia. En ese contexto el obispo de Roma destacó la importancia de la plegaria en la vida del hombre y señaló que sin la misma nuestra vida se vacía y quedamos insatisfechos.

“Las demasiadas ocupaciones, una vida frenética, acaban muchas veces por endurecer el corazón y hacer sufrir al espíritu, decía san Bernardo. Son palabras muy importantes para el hombre de hoy, acostumbrado a evaluar todo con el criterio de la productividad y la eficiencia”, afirmó Benedicto XVI.

Benedicto XVI añadió que el libro de ‘Los Hechos de los Apóstoles’ recuerda la importancia del trabajo en la vida diaria, pero precisa que se debe desarrollar con responsabilidad y dedicación y sin olvidad la necesidad que tenemos de Dios.

Sin la plegaria diaria vivida con fidelidad, nuestro menester se vacía, pierde el alma profunda, se reduce a una simple actividad que a larga nos deja insatisfechos”, destacó el Papa, que resaltó la antigua tradición cristiana de rezar antes de cada actividad.

Cuando la oración se alimenta con la Palabra de Dios, “se ve la realidad con ojos nuevos, con los ojos de la fe, y el Señor, que habla a la mente y al corazón, da nueva luz al camino en cualquier situación. Nosotros creemos en la fuerza de la Palabra de Dios y de la oración. (…) Si los pulmones de la oración y de la Palabra de Dios no alimentan la respiración de nuestra vida espiritual, nos arriesgamos a ahogarnos en medio de las mil cosas de todos los días. La oración es la respiración del alma y de la vida”.

Las divisiones de la Iglesia

La Iglesia -ha dicho el pontífice-, desde el inicio de su camino, se ha encontrado con situaciones imprevistas que ha tenido que afrontar, nuevas cuestiones y emergencias a las que ha tratado de dar respuesta a la luz de la fe, dejándose guiar por el Espíritu Santo”.

Esto se manifestó ya en tiempos de los Apóstoles. El evangelista San Lucas narra en los Hechos “un problema serio que la primera comunidad cristiana de Jerusalén tuvo que resolver (…) sobre la pastoral de la caridad hacia las personas solas y necesitadas”, cuestión difícil que podía provocar divisiones dentro de la Iglesia. “En este momento de emergencia pastoral, destaca la distinción realizada por los Apóstoles. Ellos se encuentran ante la exigencia primaria de anunciar la Palabra de Dios según el mandato del Señor, pero consideran con la misma seriedad el deber de (…) proveer con amor a las situaciones de necesidad en las que encuentran los hermanos y las hermanas, para responder al mandamiento de Jesús: amaos los unos a los otros como yo os he amado”.

La decisión que toman es clara: no es justo que abandonen la oración y la predicación, por lo que “son elegidos siete hombres de buena reputación, los Apóstoles rezan para pedir la fuerza del Espíritu Santo, y luego les imponen las manos para que se dediquen de forma especial al servicio de la caridad”. Esta decisión, explicó el Papa, “muestra la prioridad que debemos dar a Dios, a la relación con Él en la oración, tanto personal como comunitaria. Sin la capacidad de pararnos a escuchar al Señor, a dialogar con Él, se corre el riesgo de agitarse y preocuparse inútilmente por los problemas y las dificultades, incluidas las eclesiales y pastorales”, ha añadido.

jueves, 26 de abril de 2012

La vida en la encomienda



Desde la encomienda de Barcelona recuperamos el apartado histórico de la orden del Temple. El catedrático en historia, Alain Demurger, nos transporta a través del tiempo para adentrarnos en cómo se respiraba en las encomiendas templarias. Para ello hemos seleccionado un nuevo texto de su libro “Vie et mort de l’ordre du Temple”.

Desde Temple Barcelona esperamos que su contenido os sirva para contextuar la vida que llevaba un caballero templario.

Además de administrador, el preceptor o comendador es también el jefe de una comunidad religiosa. A ese título, debe velar por el respeto de la regla. Redactada en función de las necesidades de la orden en Tierra Santa, los templarios de Occidente tienen, sin embargo, que conformarse a ella. Por lo demás, ciertas prescripciones se aplican con mayor facilidad que en Oriente, las que se refieren al servicio divino, por ejemplo.

La ascesis templaria se ajusta a las condiciones particulares de la vida del monje soldado, que lleva la dura vida de los campamentos. Y aunque no la lleve siempre ni en todas partes, debe evitar toda práctica ascética susceptible de alterar su salud. El dominico Esteban de Borbón relata la historia del “Señor Pan y Agua”, un templario que, a fuerza de privaciones, se había debilitado tanto que no se sostenía sobre el caballo. La regla del Temple no exige ese género de prácticas. Muy al contrario, el templario tienen derecho a cierto confort. Ha de llevar ropa adaptada tanto a los fuertes calores como al frío (artículo 20); tiene derecho a un material cómodo para acostarse (artículo 21), y los inventarios hechos en las casas templarias en el momento de la detención de los miembros de la orden en 1307 enuncian con precisión los elementos de la ropa de cama en el dormitorio común. En su primera redacción, la regla recomienda a los hermanos que permanezcan sentados durante el oficio:

“Ha llegado a nuestros oídos […] que, sin interrupción, oís de pie el servicio de Dios. No os lo recomendamos. Lo desaprobamos. Y ordenamos que […], para el canto del salmo que comienza por Venite y para el Invitatorio y el himno, tanto los fuertes como los débiles se sienten […]. Pero al final de los salmos, cuando se cante el Gloria Patri, por reverencia a la Santa Trinidad, levantaos e inclinaos; los débiles y los enfermos inclinarán la cabeza… (artículos 15 y 16)”.

Pero las diferencias con la ascesis monástica tradicional son más marcadas todavía en el capítulo de la alimentación. El templario hace dos comidas diarias, a excepción de los períodos de ayuno, en las que no hace más que una. El maestre del Temple también, por consiguiente. El preceptor de una encomienda puede autorizar una tercera comida. El templario como carne tres veces a la semana (artículo 26). “Muchas veces, se da dos clases de comidas a todos los hermanos, a fin de que los que no coman de una puedan comer de la otra, o de tres clases, cuando hay abundancia en las casas y los comendadores lo quieren así” (artículo 185).

Las comidas transcurren en silencio, como en todas las comunidades monásticas. De todos modos, el templario medio no conoce, como los cluniacenses, el lenguaje de los signos que permite pedir pan o sal sin decir una palabra. Por ello, se le permite hablar un poco, aunque discretamente, para no molestar al lector, que lee fragmentos de los textos sagrados.

Esté en Tierra Santa o en Occidente, el templario no debe permanecer ocioso. Cuando el preceptor de su convento no le requiera para cumplir un servicio, se ocupará de sus caballos y sus armas (artículo 285). En este caso necesario, mandará efectuar las reparaciones necesarias. Por lo demás, prohibírselo equivale a una sanción. No hace falta precisar que, entre los hermanos de oficio, el hermano herrero es uno de los más solicitados.

¿Los templarios se entrenan para el combate? La carga de la caballería pesada no se improvisa. En Occidente, torneos y cacerías preparan al caballero para el combate. Ahora bien, la regla prohíbe a los templarios ambas actividades. Sin duda hay que identificar como maniobras de entrenamiento esos desplazamientos en grupo, de “albergue” en “albergue”, que llevan a cabo los templarios de Oriente para ocupar los momentos de ocio. ¿Y en Occidente? Se sabe poca cosa al respecto. A veces se cita al campo de Fickettscroft, en Londres, como terreno de entrenamiento. Los estatutos conventuales prevén concursos de tiro al arco y a la ballesta, animados con apuestas sobre objetos sin valor (artículo 317).

El servicio divino ocupa una parte bastante importante de la vida diaria. La regla prevé el caso, frecuente en Oriente, de que los templarios no puedan celebrar regularmente el servicio divino porque sus obligaciones militares se lo impiden. Autoriza incluso a aprender los oficios de prima, tercia y sexta (artículo 10). Pero, excluyendo estos casos de fuerza mayor, los templarios tienen que conducirse como religiosos y seguir los oficios, recitar salmos y padrenuestros en las horas canónicas. Nada que ver, ya se imagina, con el esplendor del Opus Dei de los cluniacenses. Sin embargo, no se debe subestimar el alcance de estas oraciones en común, que han contribuido, en la misma medida que los combates, a forjar un espíritu de cuerpo. Jacobo de Molay, el último maestre del Temple, no se equivocaba sin duda al decir, durante el interrogatorio a que se le sometió en noviembre de 1309:

“…que no conocía orden en que las capillas y las iglesias tuviesen ornamentos, reliquias y accesorios del culto divino mejores ni más bellos y en que el servicio divino fuese mejor celebrado por los sacerdotes y los clérigos, a excepción de las iglesias catedrales”.

El hecho de que el servicio divino esté asegurado por un capellán miembro del Temple no dispensa totalmente a los templarios de recurrir a los servicios de sacerdotes u obispos exteriores a la orden. Todas las casas del Temple no disponen de un hermano capellán, y éste no disfruta de un poder de absolución ilimitado. No está capacitado para “juzgar” a un templario culpable de la muerte de un cristiano, ni a un templario culpable de simonía (tráfico con los sacramentos de la Iglesia). Por último, un templario puede recurrir siempre a los servicios del sacerdote de su preferencia; una bula pontificia lo recuerda expresamente a principios del siglo XIV. La acusación hecha a la orden a este respecto –es decir, la negativa a consultar a clérigos exteriores a la orden- es falsa. Actuando como testigos en el proceso de los templarios de Lérida, Aragón, ciertos franciscanos afirmaron que habían recibido con frecuencia las confesiones de templarios. No puede negarse que se dieron abusos en este terreno. No sólo los capellanes de la orden se excedían en sus poderes, sino que se sabe con seguridad que maestres y preceptores, no ordenados sacerdotes, absolvieron a veces los pecados de sus hermanos, para lo cual no tenían ningún poder. El obispo de Acre, Jacobo de Vitry, puso en guardia a los templarios contra esta tentación. “Los hombres laicos no deben usurpar las funciones del sacerdote […], ya que las llaves no les han sido confiadas, no el poder de atar y desatar”.

Los templarios tenían el deber de dar limosna y practicar la caridad, lo mismo que la hospitalidad. Su ideal no se limitaba a combatir, sino que consistía en conducirse a diario como “pobres caballeros de Cristo”. Hacer voto de pobreza significa también ayudar a los pobres. Tanto en Jerusalén como en la más pequeña encomienda, los templarios están obligados a dar de comer a los pobres. Al final de las comidas, preparadas con abundancia para este fin, se distribuían los restos. Las casas del Temple debían acoger a los huéspedes de paso. La carga resultaba particularmente pesada para la casas presbiterial de Jerusalén.

Durante el proceso, se acusó con frecuencia a los templarios de avaricia. Se les reprochó asimismo acoger de mejor gana a los huéspedes de pago, a los ricos, que a los pobres a los que había que mantener. De creer a juan de Wurzburgo, que visitó el Temple durante la segunda cruzada, los templarios no hacían en este campo la décima parte de lo que hacía el Hospital. Maticemos, sin embargo. Las acusaciones no son generales. La caridad y la hospitalidad no forman parte de las misiones de la orden. El Hospital, orden caritativa, se ha convertido en orden militar. El Temple no recurrió nunca –no tenía por qué recorrerlo- el camino inverso. 

miércoles, 25 de abril de 2012

Padre Gabriele Amorth: una vida consagrada a la lucha contra Satanás



Desde la encomienda de Barcelona queremos continuar con el apartado dedicado a concienciarnos del peligro que siempre acecha a la persona a través de las fuerzas del mal.

A través del padre Amorth, gracias a sus experiencias en el mundo del exorcismo, podemos ser conscientes de que Satanás nunca desfallece y acabará intentando “salirse con la suya”. Por ello hemos seleccionado un nuevo texto de este archiconocido exorcista de su libro “Memorie di un esorcista –La mia vita in lotta contro Satana-“.

Desde Temple Barcelona aconsejamos su lectura.

El discernimiento

El último caso que ha descrito me lleva a pedirle que, en beneficio de nuestros lectores, profundice usted en el tema de la capacidad de discernimiento, algo indispensable para todo exorcista que se enfrente a un caso. ¿Es cierto lo que se dice del padre Candido, que sólo mirando a una persona ya sabía si tenía un problema concreto?

Exacto. El padre Candido poseía discernimiento. Tenía un don, un carisma del discernimiento extraordinario. Tenga en cuenta que sólo recibía visitas por la mañana, y nunca en domingo; aun así, había llegado a recibir a ochenta personas en una sola mañana. Entraban de dos en dos, rezaba una oración  muy breve y luego les decía: “Vuelva”, o “No vuelva”. “Vuelva” significaba que había algo, “No vuelva” significaba que no había nada demoníaco.

Incluso lo sabía con sólo mirarle la cara a alguien. Le diré más: era capaz de hacer diagnósticos a partir de fotografías, siempre y cuando se vieran bien los ojos, porque a veces, en las fotos, los ojos no se apreciaban…Ya ve, hacía diagnósticos sólo con fotos. Y curó a muchas personas que padecían tumores.

A mí me ocurrió algo parecido. Traté a varias mujeres con quistes en los ovarios que luego se curaron. Las tenían que operar, venían a verme para que las exorcizara y me decían: “Padre, deme su bendición, me van a operar”. Yo les practicaba un exorcismo normal y luego se iban a casa. Antes de la operación, les hacían un último análisis, con un TAC, y ya no tenían nada. En estos casos podemos hablar de plegaria de curación.

Yo hago plegarias de curación y plegarias de liberación, e incluyo ambas en el exorcismo, porque en el Evangelio también iban juntas. El Señor solía hacer ambas cosas: curar enfermos y expulsar demonios. Y, como el Evangelio dice: “Expulsad a los demonios y curad a los enfermos”, yo practico el exorcismo con la intención de que la plegaria tenga también poderes curativos. Gracias a Dios, hasta ahora no he tenido casos tan graves como los del padre Candido, que llegó a curar enfermedades para las que no había esperanza.

El padre Candido trató a personas que sufrían fuertes dolores de cabeza debidos a tumores. Iban a verlo y, después de su oración de exorcismo, el tumor desaparecía; no de forma inmediata, sino al cabo de unos días. Entonces, los enfermos llamaban para contar lo ocurrido: “Esta noche me he curado”, o “Todos los tratamientos y medicinas que me dieron no me han servido para nada. En cambio, después de su bendición…”. En estos casos, aparte de la sintomatología médica, quizá se hubiera producido una leve vejación.

A diferencia del padre Candido, yo no estoy dotado de un carisma del discernimiento especial; para evaluar un caso, tengo que practicar un exorcismo de diagnóstico. Es decir, necesito ver la reacción al exorcismo y, después, hacer un seguimiento del caso. A veces, los exorcismos no provocan reacciones inmediatas, sino que los pacientes regresan a casa y mejoran al cabo de uno o dos días. Me llaman para decírmelo, como si fuera algo extraordinario, y luego vuelven. Practico más exorcismos y la mejoría empieza a ser inmediata, hasta que el trastorno desaparece. En cambio, la primera vez que vienen observo su reacción y, aparentemente, no ocurre nada. Sí, a veces se mueven y chillan, pero algunos de ellos no experimentan una reacción seguida de un cambio. Más adelante me dice: “Nadie podía quitarme ese mal. En cambio, después de su bendición…”. Yo las llamo bendiciones para no asustar a nadie con la palabra exorcismo, y son tan efectivas que el trastorno desparece. A veces, durante la primera etapa, el efecto tiene una duración limitada. Me dicen: “Padre, después de su bendición estuve bien un mes, pero ahora el mal ha vuelto”. Respondo: “Pues vamos a repetirlo, quizá eso signifique que usted necesita una bendición al mes”. La verdad es que cada caso es distinto.

Con todo, puedo afirmar que la cabeza y el estómago son los dos puntos más vulnerables, aunque el demonio ataca en todas partes: huesos, piernas, con frecuencia en el útero o los genitales. A veces, los hombres dejan de tener erecciones y, después de la bendición, vuelven a la normalidad.

Lo ideal sería practicar un exorcismo al día

Si tuviera un solo paciente, lo ideal sería practicar un exorcismo al día. Si no, al menos una vez a la semana; o sea, más de cincuenta exorcismos al año por persona. Pero… mire usted mi calendario. Arriba anoto las visitas de la mañana, abajo, las de la tarde. Aquí tiene, por ejemplo, el mes de diciembre, que no fue uno de los más sobrecargados: todo lleno, incluido el día de Navidad.

En cuanto a la duración del exorcismo, suelo tardar media hora, pero a veces no es suficiente, porque hay que continuar hasta que la persona despierta. Si el paciente cae en trance, debemos esperar a que recobre el sentido. Cuando vuelven en sí están alegres, contentos, se sienten curados; pero no es así. Al cabo de unas horas, o al día siguiente, vuelven a caer en lo mismo.

Recuerdo un caso único, el exorcismo más largo que he hecho. Era un 8 de diciembre, un día especial, dedicado a la Inmaculado Concepción. El padre Candido exorcizó durante años a esa señora y luego me la pasó a mí. Yo la veía una vez a la semana; ese día, otro exorcista y yo le practicamos un exorcismo de cinco horas y media. Después, se la veía tan liberada…Besos, abrazos, felicidad, estaba radiante. Sin embargo, al cabo de una semana, volvía a estar como antes. Era un caso muy peculiar. Tenía muchos demonios dentro, y el diablo había echado profundas raíces en ella. No creo que esa señora, a la que el padre Candido había tratado mucho tiempo y a la que seguí tratando yo, esté liberada ni siquiera ahora, con sesenta años cumplidos. Ha mejorado, esos sí; puede hacerlo todo, llevar una vida autónoma, es una buena esposa, tiene hijos, trabaja…

Al principio, cuando fue a ver al padre Candido, sufría dolores en todas partes, sobre todo en la cabeza, sin razón aparente. La habían visto muchos médicos y ninguno encontraba una explicación. La mujer era víctima de unos maleficios; en realidad, el origen del 90 por ciento de los casos son los maleficios. Una vez, al llegar a su casa para exorcizarla (cuando estaba en Roma venía a mi despacho, pero cuando yo iba a Capranica, el exorcismo se  hacía en su casa; ese día yo estaba un poco desmoralizado, aunque intentaba disimularlo), la señora me dijo: “Padre Amorth, usted sabe que nosotros somos muchos hermanos, todos casados y con hijos. Ninguno de nosotros rezaba, ninguno íbamos a misa. Desde que yo empecé a tener problemas, todos van a misa, todos rezan juntos el rosario”. Entonces me dije: “Señor, ahora comprendo por qué ha durado tanto tiempo”. El Señor consigue grandes bienes espirituales a través de esos sufrimientos. He visto familias alejadas de la religión que se han transformado por completo al tener un caso de este tipo; de pronto, todos van a misa, oran, rezan el rosario, hacen peregrinaciones… 

martes, 24 de abril de 2012

El misterioso ídolo de los templarios (II)




Desde la encomienda de Barcelona recuperamos el apartado destinado a clarificar algunos aspectos de la historia de la Orden del Temple.

Por ello, hemos seleccionado con un nuevo texto de la paleógrafa italiana Barbara Frale, extraído de su libro “I templari e la sindone di Cristo”, donde nos ayuda a interpretar cómo fue el montaje de falsas acusaciones contra los monjes templarios.

Desde Temple Barcelona os invitamos a continuar indagando sobre la vida de los “Pobres Soldados de Cristo”.


8        Un proceso sin veredicto

En presencia del papa, los templarios tuvieron la posibilidad de explicar que los gestos del rito de ingreso eran una simple escenificación sin ninguna correspondencia con una verdadera convicción íntima y que todo aquello no era otra cosa que un tremendo disgusto por el que había que pasar porque la orden lo imponía.

El hecho de  haber renegado por haberse visto obligado a hacerlo excluía la libertad personal y no podía haber verdadera culpa si el ultraje a la religión no se había realizado de manera voluntaria; Clemente V se convenció de que los templarios no eran herejes, aun cuando la orden no pudiera ser absuelta, puesto que había tolerado la existencia de una tradición militar vulgar y violenta, absolutamente indigna de hombres que habían pronunciado los votos religiosos. Finalmente, su juicio fue severo, pero no de condena; no herejes, pero tampoco exentos de mancha, los templarios debían hacer enmienda pública pidiendo perdón a la Iglesia por sus culpas, para ser luego absueltos y reintegrados a la comunión católica. Entre el 2 y el 10 de julio de 1308, el papa se disponía a escuchar estas demandas de perdón y absolver a los templarios en calidad de penitentes, pero a su maniobra le faltaba algo importante: el gran maestre y los otros dignatarios de la orden, que habían salido de París con el resto del convoy, habían sido retenidos por soldados realistas en la fortaleza de Chinon, sobre la orilla del Loira, con el pretexto de que estaban demasiado enfermos para cabalgar hasta Poitiers. Clemente V comprendió de pronto que el soberano intentaba quitar todo valor a la investigación apostólica: si en realidad el papa no podía escuchar a los principales jefes del Temple, que eran quienes conocían toda la verdad, siempre se podía decir que su juicio no era completo ni significativo, porque se basaba en testimonios de poca monta. Tras la finalización de su investigación exclusivamente entre los templarios que había tenido ante él, Clemente V envió secretamente a tres cardenales al castillo de Chinon, quienes del 17 al 20 de agosto de 1308 escucharon a los máximos responsables del Temple, recibieron de ellos la solicitud de perdón y los absolvieron en nombre del papa. No fue lo que hoy entendemos por absolución jurídica, sino una absolución sacramental, que, no obstante, tenía también aspectos jurídicos, puesto que la causa por la que los templarios habían terminado acusados era un agravio a la religión.

Agredido en sus derechos por la detención ilegal de los templarios, luego engañado una vez más por la estratagema del rey que quería impedirle el encuentro con las cabezas de la orden, el papa podía pensar que la investigación de Chinon era una notable victoria moral; sin embargo, era también el único éxito que podía obtener, dada la extremada debilidad de su condición política. Ya en el mes de octubre siguiente, poco después de que el acontecimiento de Chinon tuviera relevancia pública, los estrategas de Felipe el Hermoso pusieron en  marcha una maniobra que tenían preparada desde hacía tiempo y que atacaba directamente a la Iglesia de Roma: el obispo Guichard de Troyes, previamente caído en desgracia ante la corte de Francia y luego implicado en un escándalo económico, fue acusado de brujería y quemado en la hoguera por orden del rey, pese a que el propio Clemente V lo había exculpado de esas acusaciones. El acontecimiento repetía la trama de un proceso que había tenido lugar pocos años antes contra el obispo de Pamiers, Bernard Saisset, perseguido por Felipe el Hermoso y luego condenado por un delito de lesa majestad independientemente de la voluntad del papa.

El hecho guardaba relación con el proceso contra Bonifacio VIII y con el de los templarios, pues en conjunto constituían un plan de desestabilización: un obispo, un papa y toda una orden religiosa habían terminado bajo la acusación de gravísimos agravios, como la herejía y la brujería, lo cual demostraba que la Iglesia de Roma estaba impregnada de corrupción en todo su cuerpo. Los juristas de Felipe el Hermoso proyectaron exhumar el cadáver de Bonifacio VIII con el propósito de someterlo a un proceso público, a cuyo término sería quemado bajo la acusación de herejía, blasfemia y brujería. La quema del papa difunto pondría a toda la Iglesia en una posición de ilegalidad: todo el pontificado de Bonifacio VIII quedaría invalidado, y todo lo sucedido tras la abdicación de Celestino V, incluida la propia elección de Clemente V, quedaría en consecuencia anulado. Con el Colegio Cardenalicio dividido y la fidelidad de buena parte de los obispos franceses en su favor, Felipe el Hermoso amenazaba con un cisma que separaría a la Iglesia de Francia de la de Roma. Clemente V se encontró ante un terrible dilema: tenía que elegir entre condenar la orden del Temple, como pretendía el soberano, o bien salvarla, con lo que tendría que afrontar la quema de Bonifacio VIII en la hoguera y el cisma de la Iglesia francesa con todas sus funestas consecuencias.

El pontífice escogió salvaguardar la integridad de la institución de la que era responsable y, para ello, sacrificar una parte con el fin de salvar el todo. La orden del Temple ya había sido destruida en la realidad concreta, derrumbada por la ola del escándalo y la difamación. Muchos frailes habían muerto en las prisiones del rey y muchos otros habían perdido para siempre la motivación. En la primavera de 1312 se reunió en Viena un concilio ecuménico que, entre otras cosas, debía decidir la suerte de la orden templaria; al pontífice no se le ocultaba que el juicio era extremadamente controvertido y que una buena parte de los padres conciliares se oponía a su condena. Tras una prolongada reflexión, le pareció que sólo había una manera de resolver la cuestión si se quería conjurar escándalos irreparables y servir al interés de la cruzada: evitar el pronunciamiento de un veredicto (definitiva sentencia) y adoptar en cambio una disposición administrativa (provisio), es decir un acto de autoridad necesario por razones de orden práctico. Gran experto en derecho canónico, buscó un recurso para no condenar la orden del Temple, de cuya inocencia estaba convencido, al menos en lo relativo a las acusaciones más graves: en la bula Vox in excelso, el papa declaró que la orden no podía ser condenada por herejía, y que por eso era “clausurada” mediante una providencia administrativa y sin veredicto, con el fin de evitar un grave peligro para la Iglesia. Los bienes de los templarios fueron devueltos a la otra gran orden religiosa militar de los hospitalarios: de esa manera quedaban protegidos de la avidez de la corona francesa y podían servir todavía para la recuperación del Sepulcro de Jerusalén, motivo por el que tantas personas habían donado en el pasado sus bienes al Temple. Felipe el Hermoso no aceptó de buen grado esa decisión; de todos modos, finalmente los hospitalarios pudieron quedarse con una parte considerable de lo que había sido el patrimonio del Temple.

El final de la orden templaria no era justo, pero resultaban históricamente oportuno: había que aplacar el escándalo que había provocado el proceso y disipar la duda que las confesiones de los templarios habían motivado; a causa de este escándalo la orden se había vuelto odiosa a los soberanos y a todos los católicos, por lo que ya no se encontraría un hombre honesto dispuesto a hacerse templario. En todo caso, la orden se había vuelto inútil para la causa de la cruzada, que era para lo que se la había creado, y además, si no se tomaba pronto una decisión al respecto, el rey dilapidaría rápidamente los bienes del Temple.  Por tanto, Clemente V decidía “quitar de en medio” la orden de los templarios absteniéndose de emitir una sentencia definitiva. Pero prohibía que se continuara empleando el nombre, el hábito y los signos distintivos del Temple, so pena de excomunión automática para quien osase proclamarse templario en el futuro. Actuando de esta manera, el papa eliminaba la orden en la realidad histórica de su momento, pero al negarse a emitir una sentencia dejaba de hecho en suspenso al juicio sobre ella.

Finalmente, por tanto, no hubo un culpable, sino únicamente un imputado, severamente castigado por delitos distintos de los que figuraban en la acusación. Algo semejante ocurrió también en el proceso a la memoria de Bonifacio VIII, lo que no debe sorprender, puesto que ambas cuestiones estaban doblemente vinculadas y su solución fue el fruto de una larga lucha diplomática, llevada a veces a fuerza de negociaciones y otras de chantajes por ambas partes.

Las máximas autoridades de la orden de los templarios seguían bajo sospecha. El 18 de marzo de 1314, mientras asistían al juicio contra el papa y tras haber proclamado que la orden era inocente, el gran maestre Jacques de Molay y el preceptor de Normandía Geoffroy de Charny fueron raptados por soldados del rey y condenados a la hoguera en una islita del Sena, sin mediar consulta con el pontífice. Viejo, enfermo desde hacía años y también gravemente desgastado por el largo pulso que había sostenido con la monarquía francesa, Clemente V y ano estaba en condiciones de trabajar: murió alrededor de un mes después, y con su desaparición comenzó para la Iglesia de Roma el perídodo de cautiverio de Aviñón. Los pontífices que le sucedieron, presionados por otras urgencias, prefirieron no ocuparse de la extraña situación de la orden templaria, que nunca fue condenada, sino prácticamente “clausurada” en virtud de una disposición absolutamente excepcional.


lunes, 23 de abril de 2012

Feliz Sant Jordi




Desde la encomienda de Barcelona, hemos hecho una excepción, y hoy tratándose de una festividad importante, no trataremos la reflexión del evangelio dominical, como es costumbre.

Nos ha parecido interesante el compartir con todos vosotros qué significa para Cataluña la festividad de San Jorge (Sant Jordi en catalán). Por ello hemos extraído unas líneas de la página Wikipedia, para que podáis conocer mejor sus connotaciones culturales.

Desde Temple Barcelona, os deseamos que tengáis un buen Sant Jordi y que disfrutéis de la oportunidad de leer un libro interesante.
La Leyenda
En Capadocia -región que cambia de nombre según el lugar donde se explique- había un dragón que atacaba al reino. Muertos de miedo, los habitantes decidieron entregarle cada día dos corderos al dragón para satisfacer su hambre y que no atacase la villa. Pero cuando los animales empezaron a escasear se decidió enviar a una persona -escogida por sorteo- y un cordero. Aquella familia que veía cómo un miembro era devorado por el dragón recibía, a cambio, todo tipo de riquezas como compensación.
A partir de aquí, hay dos versiones de la leyenda: por un lado, que el pueblo se cansó de que ningún miembro de la familia real fuera enviado y que por tanto debía ser la princesa quien fuera devorada y, por otro, que un día fue la princesa la escogida por sorteo para acompañar al cordero. Sea como fuere, de camino hasta la cueva del dragón, la princesa se encontró al caballero Jorge y éste, matando al dragón clavándole su espada, la rescató. De la sangre que brotó del cuerpo sin vida del monstruo nació una rosa roja que el caballero le entregó a la princesa.
El rey ofreció al caballero todas las riquezas a imaginar, pero él prefirió que se repartieran entre los habitantes del reino. Además, se construyó una iglesia en su nombre, de la cual brotaba un agua milagrosa que era capaz de curar a los enfermos.
Es por ello que en Cataluña y en partes de la Comunidad Valenciana es costumbre cada 23 de abril que los hombres regalen rosas a las mujeres, como si de un caballero y una princesa se trataran. Ellas les regalan un libro, recordando el enterramiento y fallecimiento respectivamente de dos grandes de la literatura: Cervantes y Shakespeare.
Santurtzi en Bizkaia proviene de la evolución romance y la contaminación del euskera de San Jorge, tal y como era denominado en latín en la Alta Edad Media. Esta denominación era extraña en el entorno, dado que no es normal encontrar en Bizkaia topónimos con este origen ni una especial relación con la figura de este santo. De hecho, se suele explicar desde la leyenda esta singularidad, atribuyéndose el origen del nombre de Santurtzi a algunos monjes ingleses asentados en la aldea que fundaron un monasterio dedicado a San Jorge.
Sea como fuere, Santurtzi ha tenido como siempre como patrón a San Jorge y en su honor se celebran, desde tiempos antiquísimos, el 23 de abril las Fiestas de San Jorge.
En Cataluña
La costumbre de que el hombre regale una rosa a la mujer se remonta, probablemente, al siglo XV. Algunas versiones hacen coincidir esto con la Feria de las rosas que tenía lugar en Barcelona durante aquellos veranos. Lo que sí es cierto es que a las mujeres que el 23 de abril asistían a la misa oficiada en la capilla de Sant Jordi en el Palacio de la Generalidad de Cataluña se les regalaba una rosa. La rosa roja (que simboliza la pasión) debe ir acompañada de la señera (símbolo de Cataluña) y una espiga de trigo (símbolo de la fertilidad).
El Día de Sant Jordi tiene un aspecto reivindicativo de la cultura catalana y muchos balcones lucen la bandera autonómica. En toda Cataluña se venden rosas y libros, llegando a su máxima expresión en las Ramblas, donde a los puestos habituales se añaden otros para la ocasión. En las últimas décadas se promueve también mucho la venta de libros con firmas de los autores y un descuento al precio de venta, ya que el 23 de abril es oficialmente el día del libro por ser el día (de 1616) en que murieron Miguel de Cervantes y William Shakespeare (en rigor, ninguno de los dos murió este día: Cervantes murió el 22 y fue enterrado el 23; Shakespeare murió en la fecha indicada del calendario juliano, (que corresponde al 3 de mayo en el calendario gregoriano). Normalmente también se realizan actividades en las bibliotecas y conciertos en las calles, que se añaden a la agenda cultural de la Ciudad Condal.


viernes, 20 de abril de 2012

Benedicto XVI cumple 7 años como Sumo Pontífice.


Desde la encomienda de Barcelona queremos hacernos eco de la noticia publicada ayer jueves 19 de abril en Forum Libertas y es que ayer se cumplió el séptimo aniversario de la elección del cardenal Joseph Ratzinger como Papa. Siete años en el trono de Pedro liderando a la Iglesia con sus reflexiones y consejos a la comunidad cristiana.

Desde Temple Barcelona aprovechamos desde esta humilde página para felicitar a Su Santidad el Papa en tan responsable cargo, deseándole que cumpla muchos más y podamos disfrutar de su sabiduría.

ForumLibertas.com

El Papa Benedicto XVI celebra este jueves, 19 de abril, el VII aniversario de su elección como el 265 Papa de la historia, un pontificado que, según ha asegurado el portavoz del Vaticano, el padre Federico Lombardi, se ha centrado en la atención a Dios, la relación del hombre con Dios, la dimensión trascendente de la vida y la personalidad de Jesucristo.

Tan sólo cuatro días después de su 85 cumpleaños, el pontífice vuelve a estar de enhorabuena. Es una fecha que coincide cada año con el aniversario de su elección como pontífice, que fue el 19 de abril de 2005. Lleva, por tanto, siete años de pontificado.

Ratzinger superó hace mes y medio la edad que tenía su antecesor, Juan Pablo II, cuando murió. Al contrario que Wojtyla, que vivió unos últimos años dramáticos de declive físico, Ratzinger parece llevar bien su vejez, dosificando mucho sus fuerzas y adaptando su agenda a su estado físico.

Un Papa pragmático que sabe dosificarse

En Roma no hay especial aprensión por su salud, un tema siempre dado a rumores y expectación. Aunque va acumulando achaques, los médicos le siguen escrupulosamente. Además, su actividad se ha reducido de forma notable. Ahora mismo, por ejemplo, ha pasado toda la semana en la residencia de Castelgandolfo, cerca de Roma, y solo fue al Vaticano a la tradicional audiencia del miércoles. Volvió el viernes, precisamente, para recibir a su hermano Georg, de 88 años, que llega para celebrar con él su cumpleaños.

Además de las prolongadas vacaciones en varios momentos del año, Benedicto XVI ha cortado drásticamente sus audiencias privadas, que son con cuentagotas. Incluso las visitas ad limina que los obispos de todo el mundo deben hacer al Papa ya se organizan en grupo. Los viajes han sufrido un parón y en la agenda solo está el de Líbano en septiembre, aunque no se descarta algún otro desplazamiento corto, de fin de semana. En el horizonte únicamente se ven las Jornadas Mundiales de la Juventud en Río de Janeiro en 2013 y otros viajes largos en estudio están congelados.

Un pontificado fructífero

En su programa del año la cita principal será en octubre, cuando abrirá el Año de la Fe al cumplirse 50 años del Concilio Vaticano II. Será un aniversario que traerá cola, pues en torno a ese evento de la historia reciente de la Iglesia católica -un intento de modernización de la institución- aún gravita el debate interno.

El Papa ha empezado este año con la visita a México y Cuba, donde evitó pasar por el D.F. por consejo médico, debido a la altitud, y hubo muchos tiempos de descanso. El propio portavoz vaticano, Federico Lombardi, reconoció al final de la gira que el Papa estaba “fatigado”.

Lombardi ha destacado recientemente en una entrevista en Radio Vaticana recogida por Europa Press, que durante estos siete años de pontificado, el Papa ha servido como “guía a la Iglesia hacia el centro de su misión”.

Durante este tiempo, el Papa ha realizado 23 viajes apostólicos fuera de Italia, entre los que se encuentran 3 viajes a España, y cinco Sínodos de los Obispos. Además, ha convocado la XIII Asamblea General Ordinaria del 7 al 28 de octubre de 2012 sobre el tema: 'La nueva evangelización para la transmisión de la fe cristiana'.

Ratzinger ha dicho sin rodeos varias veces que si realmente viera que no podía desempeñar su labor no tendría problemas en renunciar. De ahí que de forma periódica deba insinuar que por el momento se encuentra perfectamente para acallar rumores. La última vez fue en Cuba, con Fidel Castro, cuando éste le preguntó si a su edad era capaz de hacer su trabajo. “Soy viejo, pero puedo cumplir mi deber”, respondió. En Roma tras siete años de papado tomaron nota.

jueves, 19 de abril de 2012

El Archivo Secreto del Vaticano cumple cuatro siglos


Desde la encomienda de Barcelona queremos compartir con todos vosotros una noticia que hemos recibido del Servicio de Información del Vaticano (VIS) donde nos explica que este año se conmemora el cuarto aniversario de la creación de la biblioteca vaticana, la más importante del mundo en cuanto a manuscritos medievales se refiere.

Todavía existe mucho material archivado en la biblioteca que todavía no ha sido leído y quién sabe si en un futuro se encuentre información inédita que nos aclare mejor la historia medieval a los ojos de Nuestra Amada Iglesia.

Desde Temple Barcelona deseamos que el Archivo Secreto del Vaticano pueda convertirse en una herramienta útil para la historia de Occidente.

Ciudad del Vaticano, 18 abril 2012 (VIS).-El Archivo Secreto Vaticano, en el que se custodian todas las actas y documentos de la Santa Sede, celebra este año el IV centenario de su fundación. Como parte de las iniciativas emprendidas con este motivo, ayer se inauguró en el Vaticano el congreso “Religiosa Archivorum Custodia”, durante el que se estudiarán la historia del archivo, su importancia cultural y los resultados de las investigaciones más recientes.

A causa de una errónea interpretación de su nombre - “secreto” ha de entenderse en su acepción latina de “privado”-, el archivo ha estado siempre rodeado de un aura de misterio. Constituido originariamente por manuscritos del pontificado de Gregorio VII (1073-1085) que sobrevivieron al cisma de Avignon, el archivo actual fue fundado por el Papa Pablo V hacia 1611. Según ha explicado mons. Sergio Pagano, Prefecto del Archivo Secreto, en una entrevista de Radio Vaticana, “se trata de siglos y siglos de registros de cartas enviadas o recibidas por los papas, de documentos de la Cámara Apostólica y de documentación diplomática de los nuncios, las misiones diplomáticas, los concilios, los sínodos, etc. Al principio, el archivo cabía en 400 metros lineales. Hoy alcanza 85 kilómetros lineales”.

En 1881, el Papa León XIII abrió el archivo a los expertos para que pudieran consultarlo libremente. Según el historiador alemán Arnold Esch, “es el mayor archivo del mundo, al menos por lo que se refiere al Medievo; pero, sobre todo, es un archivo con un material universal”.

A pesar de los esfuerzos, buena parte del Archivo Secreto permanece aún inexplorada; se trata, principalmente, del enorme material procedente de las nunciaturas, y del periodo de la II Guerra Mundial.

miércoles, 18 de abril de 2012

La resurrección del Señor


Desde la encomienda de Barcelona volvemos con el apartado dedicado a conocer mejor a la figura del Salvador. Por ello hemos seleccionado un nuevo texto del teólogo J.R. Porter de su libro “Jesus Christ”.

Esta vez, aprovechando que tenemos reciente la Semana Santa, tratamos el episodio de la Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo.

Desde Temple Barcelona estamos seguros de que su contenido nos será de gran utilidad para entender mejor los designios del Altísimo.

Imagen de Cristo resucitado

Cada evangelista presenta su propio relato sobre los sucesos que siguieron al entierro de Jesús, y aunque los entendidos han intentado con frecuencia reconciliar las cuatro narraciones, en realidad esto no es posible. No obstante, las cuatro versiones coinciden en la temática subyacente y en los patrones estructurales, lo que indica que todos se basaron en una tradición común y bien establecida.

Resulta significativo que todos los evangelios coincidan en que al tercer día del entierro se descubrió que la tumba de Jesús estaba vacía. Mateo, Marcos y Lucas se esfuerzan en remarcar que aquellos que lo descubrieron sabían de cierto que la tumba a la que se dirigieron era la tumba en la que se había colocado el cuerpo de Jesús (Mc 15, 47 y paralelos). En Mateo, las autoridades del Templo sobornaron a las guardas del sepulcro para que dijeran que los discípulos habían robado el cadáver (Mt 28, 15). Es improbable que este episodio sea históricamente cierto, pero sugiere que el conocimiento de que la tumba estaba vacía se extendió rápidamente y fue aceptado.

Un segundo elemento coincidente es que una o más mujeres descubrieron que la pesada piedra que cerraba la tumba había sido corrida y que el cuerpo de Jesús había desparecido (Mc 16, 3-4 y paralelos). Ellas visitaron la tumba porque tenían miedo de que el cuerpo de Jesús no hubiera recibido un entierro adecuado. Esta preocupación es coherente con la manera en que las discípulas procuraron por Jesús durante su ministerio (Mc 15, 40-41 y paralelos). Un elemento común a todos los sinópticos es que las mujeres se enfrentaron a uno o varios seres sobrenaturales, los cuales les aseguraron que Jesús había resucitado de la muerte. Seguidamente, en Marcos y Mateo se ordena a las mujeres que expliquen a los discípulos que Jesús va a su encuentro en Galilea, donde le encontrarán sus seguidores (Mc 16, 5-7 y paralelos).

Para la época, es remarcable el hecho de que se diera crédito al primer testimonio de la Resurrección en boca de las mujeres, lo que por sí sólo supone un obstáculo para aceptar que los relatos de los evangelios tienen algún tipo de base histórica. Bajo la ley hebrea, las mujeres no eran aceptadas como testigos en los juicios y, al principio, los discípulos varones no creyeron lo que les contaban las mujeres (Mc 16, 11; Lc 24, 10-11).

El final del Evangelio según Marcos

Todos los relatos de las apariciones del Jesús resucitado del Evangelio según Marcos aparecen en sus versículos finales (Mc 16, 9-20). En general, los entendidos están de acuerdo en que estos pasajes on un añadido posterior y que la obra concluía con Marcos 16, 7-8; un ser angelical que anunciaba que Jesús “ha resucitado” y ordenaba a las tres mujeres que habían acudido a la tumba que contasen a los discípulos que Jesús les precedería hasta Galilea. Pero las mujeres huyeron y “no decían nada a nadie porque tenían miedo”.

Si Marcos no acabó nunca el evangelio, ¿fue quizás porque se interpuso la muerte, o se perdió el final original? Ambas teorías han sido debatidas, pero en la actualidad muchos eruditos creen que Marcos se propuso concluir con el versículo 16, 8. Al hacerlo así, finalizó con una nota que demostraba simplemente el tremendo y atemorizante efecto que causó la Resurrección en los creyentes de a pie. Se ha apuntado que Marcos recoge tres veces la predicación de Jesús de que resucitaría al tercer día (Mc 8, 31; 9, 31; 10, 34). El angelical “joven” simplemente confirma el cumplimiento de la promesa de Jesús y no es necesaria otra prueba. Más aún, los relatos de las apariciones de Jesús debían de ser bien conocidos por sus lectores.

En un primer momento, muchos lectores se sintieron evidentemente incómodos con el final aparentemente brusco de Marcos y la falta de historias sobre la Resurrección. Se añadieron versículos que se leen como un resumen de las apariciones posteriores a la Resurrección de los otros evangelios: la aparición ante María Magdalena (compárese Mt 18, 1-10); el encuentro en el camino con Emaús (Lc 24, 13-32); la aparición de Jesús a los discípulos y sus instrucciones (Mt 28, 16-20; Lc 24, 36-53; Jn 20, 26-29; 21, 1-23). Su único hecho distintivo –la promesa de que los creyentes poseerían un poder especial (16, 17-20)- refleja la experiencia de la Iglesia primitiva (Lc 10, 17; 10, 19; Act 2, 1-4; 5, 16; 28, 1-6; 8; 1 Cor 12, 10).

martes, 17 de abril de 2012

La encomienda: enorme granja y castillo en España


Desde la encomienda de Barcelona recuperamos el apartado destinado a conocer los rasgos históricos de la orden del Temple. Esta vez el catedrático en historia, Alain Demurger, nos advierte de la importancia que tuvieron los templarios en lo que hoy conocemos como España. Por ello hemos seleccionado un texto de su libro “Vie et mort de l’ordre du Temple”.

Desde Temple Barcelona os invitamos a recorrer su historia mediante su distraída lectura.

No se crea una encomienda hasta el momento en que los bienes reunidos son suficientes para obtener un excedente utilizable en Tierra Santa. Pero la encomienda tiene que ser también un centro de vida, capaz de irradiar sobre una región, de atraer las vocaciones. Con demasiada frecuencia, ciertos espíritus románticos han transformado unas cuantas paredes en ruinas en un austero castillo; con demasiada frecuencia, han soñado en el templario de guardia, recorriendo el camino de ronda armado de pies a cabeza, envuelto en su capa blanca con la cruz roja. La realidad es más prosaica y hay que renunciar a ese cliché que representa a los templarios (o los hospitalarios) siempre en armas, recorriendo la cristiandad a partir de sus conventos-fortalezas.

Los numerosos y detallados estudios sobre las encomiendas –de valor desigual y a veces muy ingenuos- revelan una enorme mayoría de explotaciones agrícolas, en una palabra, de grandes y excelentes granjas. Cierto que se encuentran granjas fortificadas, iglesias-torreones (en Vaours), castillos: la donación de la familia Barbairano en Douzens, por ejemplo, y la del vizconde de Carcasona en Campagne-sur-Aude, en la misma región. La Couvertoirade está rodeada de murallas, y los templarios edificaron dos torres redondas en el recinto del Temple de París. Pero dejando aparte el hecho de que muchos de los castillos del Temple son imaginarios (el de Gréoux, en Provenza, por ejemplo), conviene entenderse sobre el valor defensivo de estos lugares fortificados. Suponen ante todo el centro de una dominación señorial, semejante a la de los señores laicos de Occidente. Su carácter militar resulta siempre secundario. Se trata de lugares protegidos, defendidos. En una palabra, de refugios. Pero se lo deben tanto a su cualidad de establecimiento religioso como a su capacidad defensiva.

Hay, sin embargo, una excepción, la península Ibérica, donde los templarios se encargan muy pronto de la custodia de verdaderas fortalezas, con sus guarniciones. Grañana, Monzón, Barbera, Chivert, Alfambara, Tomar son capaces de sostener un sitio prolongado, lo que se producirá en 1307-1309. Aun así, esos castillos constituyen también centros de vida económica. Y esta característica se intensifica a medida que el frente de la Reconquista avanza hacia el sur. El castillo de Monzón, convertido en el cuartel general de la orden en Aragón, se encuentra en el centro de un patrimonio de veintinueve pueblos e iglesias. Por lo demás, incluso las formidables fortalezas de la orden en Siria-Palestina, con su función militar evidente, son también centros de ocupación política y de explotación económica.

Un criterio sencillo permite apreciar la vocación guerrera de esas casas: el número de armas que se encuentran en ellas durante las confiscaciones de 1307 y los años que siguieron. Si bien en la casa de Limassol, en Chipre, el inventario enumera novecientas treinta cotas de malla, novecientas setenta ballestas, seiscientos cuatro cascos y diversas armas más, el que se estableció en las casas de Irlanda hace referencia sólo a algunas armas en medio de los sacos de trigo o de avena y de las cabezas de ganado. En 1308, los recursos de las encomiendas irlandesas aprovisionan al ejército inglés, que opera en Escocia, de trigo, guisantes y pescado salado, pero no de armas. Algunas armas solamente en la importante encomienda de Sainte-Eulalie-du-Larcaz, y ni una sola en el inventario, tan preciso, de la casa de Baugy.

El personal de la encomienda es más o menos numeroso en función de la importancia de ésta, pero también de acuerdo con las misiones que le están asignadas. La encomienda de Mas Deu, con sus seis o siete casas subordinadas (entre ellas Perpiñán), está ocupada por veintiséis hermanos: cuatro caballeros, cuatro capellanes, dieciocho sargentos, a los que hay que añadir un personal importante de hermanos de oficio y de criados y legos de todas clases. El Mas Deu era una fortaleza, de ahí ese número elevado. Las condiciones especiales de la Reconquista explican que en España haya más hermanos caballeros que en otras partes. En particular, proporcionan la mayoría de los preceptores: veinte de los veinticuatro conocidos de 1300 a 1307 en Aragón. Pero tales efectivos y esa composición social siguen siendo excepcionales. En una encomienda ordinaria, el cargo de preceptor recae en un hermano sargento. Asistido por otros dos hermanos, a veces por un capellán, dirige un personal trabajador claramente más numeroso. En Baugy, en Calvados, se encuentra un pastor, un vaquero, un porquero, un guardián de potros, un guardabosques, dos porteros, seis labradores, en total veinticinco personas, con responsabilidades ya sea en el trabajo agrícola, ya sea en el servicio doméstico de la casa. Ninguno de ellos irá jamás a Tierra Santa. En cambio, algunos serán detenidos en 1307.

Administrador de los bienes de la orden, el preceptor puede ser secundado por un teniente, aunque siempre a título temporal, por ejemplo cuando afluyen las donaciones, cuando las compras se multiplican. Para la administración diaria, recibe la ayuda de un cillerero, como en las abadías cistercienses. A veces, desempeña la función un laico.

A la orden del Temple no le gustan los especialistas en gestión administrativa y económica. Toma como regla la rotación rápida de los hombres en los diversos puestos directivos.

lunes, 16 de abril de 2012

Evangelio dominical: ¡Felices los que creen sin haber visto!


Desde la encomienda de Barcelona volvemos como de costumbre a compartir la reflexión del evangelio de ayer domingo 15 de abril. Esta vez San Juan nos invita a creer en Jesús, como el Mesías que había de venir, para que de esta forma podamos tener Vida eterna.

Desde Temple Barcelona estamos deseosos que estos versículos nos sean útiles para conseguir arribar al único camino que lleva a la Verdad.

Retrato de Jesús enseñando sus heridas a Felipe.

“Al atardecer de ese mismo día, el primero de la semana, estando cerradas las puertas del lugar donde se encontraban los discípulos, por temor a los judíos, llegó Jesús y poniéndose en medio de ellos, les dijo: "¡La paz esté con ustedes!".
Mientras decía esto, les mostró sus manos y su costado. Los discípulos se llenaron de alegría cuando vieron al Señor.
Jesús les dijo de nuevo: "¡La paz esté con ustedes! Como el Padre me envió a mí, yo también los envío a ustedes".
Al decirles esto, sopló sobre ellos y añadió: "Reciban el Espíritu Santo.
Los pecados serán perdonados a los que ustedes se los perdonen, y serán retenidos a los que ustedes se los retengan".
Tomás, uno de los Doce, de sobrenombre el Mellizo, no estaba con ellos cuando llegó Jesús.
Los otros discípulos le dijeron: "¡Hemos visto al Señor!". El les respondió: "Si no veo la marca de los clavos en sus manos, si no pongo el dedo en el lugar de los clavos y la mano en su costado, no lo creeré".
Ocho días más tarde, estaban de nuevo los discípulos reunidos en la casa, y estaba con ellos Tomás. Entonces apareció Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio de ellos y les dijo: "¡La paz esté con ustedes!".
Luego dijo a Tomás: "Trae aquí tu dedo: aquí están mis manos. Acerca tu mano: Métela en mi costado. En adelante no seas incrédulo, sino hombre de fe".
Tomas respondió: "¡Señor mío y Dios mío!".
Jesús le dijo: "Ahora crees, porque me has visto. ¡Felices los que creen sin haber visto!".
Jesús realizó además muchos otros signos en presencia de sus discípulos, que no se encuentran relatados en este Libro.
Estos han sido escritos para que ustedes crean que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y creyendo, tengan Vida en su Nombre.” (Jn 20, 19-31)

Reflexión:

El evangelista Juan nos comenta cómo Jesús una vez resucitado se presenta varias veces a sus discípulos para que no tengan ninguna duda sobre Él. Les demuestra con las heridas propias de su crucifixión, que ha vencido a la muerte. De esta forma nos enseña que la muerte no es el final, sino un inicio de una vida perdurable en el tiempo.

Si seguimos sus enseñanzas y nos mostramos dignos de Su Amor, Él nos dará una vida eternamente feliz, donde no sobrevendrán ni las mentiras, ni el odio, ni el dolor, ni el hambre; sino que por el contrario sentiremos un abundante amor que rebosará y embriagará nuestra alma.

Plegaria:

¡Señor!, muéstranos tus heridas las veces que nos sean necesarias para que nunca dudemos acerca de tu naturaleza humana y divina. Tú que como Hijo de Dios que eres, fuiste enviado por el Padre para enseñarnos a merecer ser “Hijos de Dios”, haz que tu Palabra resuene por siempre en nuestros corazones.