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domingo, 14 de julio de 2019

De la globalización y la inmigración al multiculturalismo y la diversidad religiosa

La democracia política y social defendida en el pasado siglo XX, bajo la idea de la defensa nacional, basada en las opciones que ofrecía la derecha o la izquierda, pasó a encallarse a principios del siglo XXI dando paso a la apuesta de relaciones multinacionales cuyo epicentro de entendimiento acabaría siendo la economía global. Este proceso económico de transformación de la sociedad hasta nuestros días se le ha llamado Globalización o nuevo orden mundial.

La aceptación de la globalización
Al aceptar esta realidad global la sociedad debe asumir una serie de cambios que vienen incrementándose durante estas dos décadas que llevamos de siglo, entre ellos el de la población, fomentada por la inmigración, al instalarse personas de muy diversos orígenes, en especial en las ciudades, en busca de mejores oportunidades con la esperanza de conseguir una mejor calidad de vida. Esto ha dado lugar al concepto de Multiculturalismo.

El multiculturalismo, en el mejor sentido del término, pretende aunar lo local y lo global, dando paso a la idea de democracia cultural, desplazando a un segundo plano la democracia política y social, tan arraigada en el siglo pasado. 

La democracia cultural, a diferencia de la democracia nacionalista, debe llevar a la transformación de las diversas costumbres culturales que se presenten en la sociedad, evidentemente, siempre y cuando estas se hallen dentro del marco jurídico de esta última, con la intención de reconocer a todos los individuos como iguales.


Problemas de la democracia cultural
Se debe tener en cuenta que en una sociedad multicultural se presentarán diversidad de individuos que profesarán diferentes religiones, donde la democracia cultural también deberá admitir y acoger la diversidad religiosa como integración entre iguales.

Para evitar posibles conflictos, que pudieren derivarse de núcleos del fundamentalismo religioso y que estos se conviertan en un peligro para la integración y el civismo de la sociedad, los estados deberán buscar fórmulas que minimicen los riesgos tanto de las rupturas identitarias como del auge del supremacismo, reduciendo la repulsa hacia lo diferente.

El pensamiento existencial como regulador del nuevo orden mundial
Debemos tener en cuenta que la religión juega un papel muy poderoso en la socialización, es capaz de ordenar la convivencia siguiendo unas normas morales que emanan de ella.

La religión, al igual que el multiculturalismo, se manifiesta tanto en lo local como en lo global.

Teniendo en cuenta ambas realidades, las naciones que se propongan conseguir la integridad plena de los individuos que conforman las sociedades multiculturales, deberán ser sus estados los mediadores interreligiosos y, que bajo el diálogo con las distintas religiones oficiales, en especial las de carácter universal, puedan recoger conceptos e ideas que converjan en pos del bien del individuo y el de su entorno, y desarrollar temarios educativos que deberán impartirse como asignatura obligatoria durante el periodo escolar, con la intención de formar e influir positivamente en lo público, en la globalidad de la sociedad. Un posible nombre para dicha asignatura podría ser Pensamiento existencial.

Con esta medida no se pretende que desaparezcan las religiones, cosa improbable teniendo en cuenta la gran cantidad de información y medios de los que disponemos actualmente, sino que la práctica de cada fe religiosa deberá permanecer en el ámbito de lo privado.

De lo religioso a lo espiritual
Como observamos la semana pasada, el ser humano está formado por una parte espiritual que viene de Dios y que necesita ser tenida en cuenta para que el hombre pueda desarrollarse plenamente. Esa plenitud no puede quedar relegada a lo privado sino que debe compartirse de manera pública para sentirse un individuo libre.

Un Estado moderno, que ha aceptado la globalización como la mejor forma de convivir en la multiplicidad de culturas, debe tener en cuenta la naturaleza espiritual del individuo y garantizarle que, si así lo decide libre y voluntariamente, pueda ir al encuentro de lo divino.

En ese sentido la democracia cultural no puede actuar de forma independiente y necesita de la regulación filosófica de lo existencial como garante conciliador de la vida humana.

domingo, 7 de julio de 2019

¿A qué debe aspirar el hombre?

El ser humano está compuesto de dos partes bien diferenciadas, a saber: la parte espiritual y la parte material. La mente, unida a ambas partes, se encarga, gracias al pensamiento, de buscar las opciones más gratificantes para el ser.

La parte espiritual es originalmente libre en el alumbramiento porque es la unidad donada por Dios, mientras que la parte material está originalmente sujeta desde el nacimiento a las leyes de la naturaleza porque es la unidad cedida por nuestros progenitores; es decir, el cuerpo necesita de unos cuidados para sobrevivir y el espíritu no requiere de esas leyes naturales para seguir vivo.

Como he mencionado antes, la mente está unida a ambas partes y se encarga de orientar al ser aplicando la mejor opción que se le presente durante el tránsito por el camino de la vida. Si el espíritu se siente atraído por pensamientos, creados libremente por la mente, hacia lo material dejará de ser libre sometiéndose a las leyes de la naturaleza; si por el contrario el espíritu es alentado por pensamientos ajenos a lo material seguirá siendo libre, que fue su estado original.

Quiero mencionar un hecho curioso que encontré sobre esta cuestión en La Biblia, concretamente en el Génesis, y da fe de la importancia que tiene entender esto para la la Humanidad.

" Entonces el Señor Dios modeló al hombre del polvo del suelo e insufló en su nariz aliento de vida; y el hombre se convirtió en ser vivo ". (Gn 2,7)

" La serpiente replicó a la mujer: 'No, no moriréis; es que Dios sabe que el día en que comáis de él (el árbol del conocimiento del bien y del mal), se os abrirán lo ojos, y seréis como Dios en el conocimiento del bien y el mal' ". (Gn 3,4)

Y tras convencer la serpiente a Adán y Eva, Dios se pronuncia diciendo:
" Y el Señor Dios dijo: 'He aquí que el hombre se ha hecho como uno de nosotros en el conocimiento del bien y el mal; no vaya ahora a alargar su mano y tome también del árbol de la vida, coma de él y viva para siempre' ". (Gn 3,22)

De estos tres párrafos se puede decir que surgen varios actores que representan la composición del ser humano. La parte espiritual, el hombre; la parte material, la mujer; la mente, la comunicación con Dios y el pensamiento, la serpiente.


¿Qué proporciona al hombre tener un espíritu libre?

Como se comprueba en el relato bíblico, la serpiente seduce a Eva y, esta a su vez, influye en Adán a seguirla. Entonces, se percibe que cuando lo espiritual queda a merced de lo material acarrea consecuencias nefastas en el ser humano. Por tanto, un ser con el espíritu libre gozará de una serie de beneficios que le conducirán a la tranquilidad.

De todos es sabido, y así ha quedado patente desde hace milenios, que las riquezas materiales no suelen ir de la mano con la felicidad, porque si el hombre acaba dándoles excesiva importancia comenzará a agitarse cuando sienta que peligran, consiguiendo que poco a poco su espíritu quede aprisionado y sujeto a las leyes de la naturaleza, convirtiéndose en un individuo infeliz. En cambio, si la mente se encarga de preservar los deberes espirituales el espíritu se encargará de proporcionarle emociones constructivas que conducirán al ser a sentirse libre y poderoso.

La sociedad del bienestar en un mundo depresivo

Entiéndase por sociedad del bienestar la idea de que generando bienes y servicios para que sean disfrutados por los individuos se consigue una sociedad placentera.

Ese concepto podría compartirse como cierto si en dicha comunidad no hubieran tantos casos de depresiones. El ser humano se deprime por varias circunstancias, que ahora no  me pararé a enumerar, pero de lo que podemos estar seguros es que no existen personas felices que estén deprimidas.

Por tanto, la sociedad del bienestar no lleva a la felicidad del individuo cuando este se plantea deseos basados únicamente en lo material. Mas bien, independientemente en la sociedad que nos haya tocado vivir, deberíamos preguntarnos qué cosas nos harán realmente felices y por las que valdría la pena luchar para conseguirlas.

Solo aquello que llene nuestro espíritu será capaz de engrandecer a nuestro ser. El pensamiento del hombre debe encaminarse a que sea el espíritu quien trabaje para su libertad, evitando caer preso de lo perecedero, que conduce a estados depresivos.

El mayor deseo al que el hombre debería aspirar es a estar tranquilo. Solo así se puede hallar la felicidad.

sábado, 29 de junio de 2019

¿Qué es el hombre?

Era lunes, día de San Juan, el Bautista; estaba sentado en el sofá de casa cuando una reflexión de Albert Einstein, recogida en su libro Mi visión del mundo, me hizo pensar. Decía lo siguiente: 
<<¿Cuál es el sentido de la vida, cuál es, sobre todo, el sentido de la vida de todos los vivientes? Tener respuesta a esta pregunta se llama ser religioso>>.

El famoso científico alemán, con este breve párrafo, abrió la puerta de mi imaginación y salí a buscar respuestas. Entendí que para hallar sentido a la vida lo primero que debe hacer un individuo es conocerse a sí mismo.

Existen muchas personas que no saben quiénes son; tal vez sea porque no se lo hayan preguntado o, bien, porque no hayan tenido la necesidad de saberlo. ¡Cada persona es un mundo!

En la inquietud por descubrirme, me cuestioné quién soy, o lo que vendría a ser lo miso en un contexto más global: ¿Qué es el hombre? Einstein me dio la respuesta. El hombre, a diferencia del resto de animales, es un ser religioso.


¿Por qué el hombre es un homo religiosus?
Vivimos en un constante presente efímero, siempre se acaba, conduciéndonos a un futuro incierto. en esa mezcolanza de inquietudes por cumplirse, algunas motivadoras y otras desesperantes, la mente va perdiéndose por un laberinto de posibilidades. Entonces, una vez perdidos es cuando la conciencia del hombre le hace viajar al pasado, al encuentro de su origen como ser viviente.

Tras nuestro alumbramiento comenzamos nuestra pertenencia al grupo, primero al familiar y posteriormente al entorno por donde nos movemos. Esa pertenencia al grupo para la supervivencia condiciona nuestra vida, porque fueron los líderes del clan quienes ritualizaron las normas de convivencia reproduciendo una estructura repetitiva de un pensamiento individual convirtiéndolo en pensamiento colectivo. El peligro de la ritualización del grupo estriba en la sumisión del pensamiento individual.

Está ampliamente probado que las mentes más sobresalientes dependen mucho menos del grupo que aquellas más limitadas, que necesitan del colectivo para poder sobrevivir. Una conciencia poderosa busca la calma de la soledad, utilizando el pensamiento, para continuar desarrollándose.

Para aquella mente inquieta, deseosa de seguir creciendo, comenzará un viaje de su conciencia individual alejándose del subconsciente colectivo, donde deberá llegar a su ser primitivo.

Tú, lector, si sientes el impulso de comenzar ese viaje maravilloso por el tiempo y el espacio debes buscar un lugar apartado del bullicio, para que tu conciencia no se distraiga.

¿Cuál es el mejor lugar para emprender ese viaje?
En la Biblia se halla la respuesta. Tanto en el Antiguo Testamento como en el Nuevo Testamento aparecen dos lugares bien distintos: el desierto y la montaña. El desierto refleja la desolación, la muerte. Es el tránsito que el hombre debe soportar si quiere vivir. El Éxodo del pueblo judío transcurre por el desierto hasta que llegó a la tierra prometida, a la libertad. Pero antes, Moisés subió a la montaña donde fue recompensado por Dios dándole los Mandamientos. La montaña es la elevación del hombre a lo espiritual.

De igual forma, Jesús de Nazaret permaneció en soledad en el desierto, demostrándose a sí mismo que era capaz de vencer al mal. En cambio, subía a la montaña a predicar a sus discípulos la Palabra. La montaña es la salvación del alma.

Mi querido lector, si quieres comenzar tu viaje elige una montaña frondosa, llena de vida. Permanece en soledad el tiempo que consideres necesario para arribar a tus orígenes. Así lograrás hallar la respuesta que buscas.

Al acabar esta redacción me paré a reflexionar y creo que el hombre es pensamiento.

sábado, 22 de junio de 2019

Carta a Séneca



Mi apreciado amigo Lucio Anneo Séneca.

Aunque nos separa una distancia grande, no es suficiente para evitar que haya sentido la necesidad de hacerte llegar esta carta.

Ciertamente, no tuvo que ser fácil abandonar Córdoba, tu tierra natal, a tan pronta edad para formarte como buen ciudadano de Roma. Los años dieron la razón a tu padre, Marco Anneo Séneca, de su decisión, y me alegro que aprovechases la suerte de rodearte de gente sabia.

Cayó en mis manos una de tus cartas que escribiste a Lucilio, leyéndola con el meditado silencio que tus palabras merecen. Se notan que están llenas de un deseo salvífico de invitarle a que cambie de vida.

Fijé mi atención en tu siguiente aseveración: <<[...]creo más meritorio al que (el hombre), luchando consigo mismo, ha logrado vencer sus malas inclinaciones[...]conduciéndola (el alma) al camino de la sabiduría>>. Pienso que pasaste por alto mencionar a Lucilio dónde se halla el camino de la sabiduría.

La búsqueda de la sabiduría no basta con luchar contra la decadencia de uno mismo, creyendo alcanzarla evitando las malas inclinaciones; se halla con el pensamiento deseoso, que alberga la razón de los hombres, en encontrarse con Dios, solo Uno, el Creador. A Dios no lo ha visto nadie porque es el Pensamiento universal creado por Él. Un pensamiento no tiene forma física, no puede verse pero sí imaginarse desde la conciencia.

De igual manera que cuando el artesano utiliza la arcilla para hacer una vasija antes debe pensar cuál será su forma, así pasa cuando queremos llegar a Dios, antes debemos pensar en cómo llegar a Él.

Si nos remontamos tiempo atrás, recordaremos la importancia que tuvo para los griegos el Logos, que como bien sabes, fue la palabra meditada y razonada del pensamiento divino y universal, común en la razón del hombre. Pasaron centurias y Roma convirtió el Logos en Verbum, donde el pensamiento divino dejó de ser etéreo, siendo un modo de vida con el cumplimiento de la Virtus.

Sé que para ti, mi querido amigo, es importante para la realización moral de todo hombre cumplir con esas virtudes. Pero las virtudes que defiendes, y que todo hombre debe cuidar, son tan variadas y extensas que solo una mente privilegiada, como la tuya, sería capaz de cumplir. Estarás de acuerdo conmigo, mi estimado Lucio Anneo Séneca, que si un buen hombre debe vivir humildemente y con la conciencia tranquila, no debe aspirar a ser reconocido como virtuoso porque haya cumplido con todas ellas. Mas bien su absoluta tranquilidad se la ofrecerá el sentir amor, en su cuerpo y en su alma, con cada uno de sus actos cotidianos. 

Tengo algo importante que decirte y que tal vez desconozcas. De esa pobreza, que con ahínco proclamas en tus cartas, nació Jesús en Belén, conocido con el nombre de Jesús de Nazaret. Ese hombre fue alumbrado en un humilde pesebre y compartisteis la misma época, pero en lugares diferentes. No deja de tener su gracia que tanto el Nazareno como tú vivisteis, durante un tiempo, Él de niño y tú de adolescente, en Egipto. Algo, inmensamente importante, debe tener ese país cuando de él han surgido tantas mentes brillantes.

Pues bien, mientras tú todavía no habías comenzado a escribir tus pensamientos haciéndolos públicos, viviendo en la capital del imperio más preocupado por asuntos políticos, Jesús de Nazaret predicaba en las tierras orientales de Roma un Verbum más real al que tú imaginabas. Ese Verbum, antes pensado bajo la razón divina, se vio realizado físicamente encarnándose en el Hijo, fruto del Pensamiento universal que Dios Padre regaló a la Humanidad.

Aunque te cueste creerlo, Jesús, a pesar de haber sido muerto crucificándole, sigue vivo en nosotros. Tú, ya anciano y apartado del poder político, aún puedes vivir la realidad del Verbum pleno si sientes un amor sincero hacia tus semejantes.

Jesús nos dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente. Amarás al prójimo como a ti mismo.

Como sabrás apreciar, mi estimado amigo, no hay virtud sin amor.

sábado, 15 de junio de 2019

Sobre la infinidad del amor y la brevedad de la pasión

Mi querido y querida navegante que, por los mares agitados del pensamiento, buscas viajar en calma.
Raro sería encontrarse a alguien que no haya tenido que evitar naufragar en las aguas revueltas del desamor. Los que lograron no hundirse en la tormenta enfurecida supieron agarrar el timón firmemente, sabiendo esperar pacientes a que cesara el mal tiempo.

Una vez finalizado el trayecto y haber atracado la embarcación, alguien habría podido pensar que fue un milagro quien lo llevó a buen puerto. Sabed, mi querido y querida navegante, que todo buen navío es sostenido por unas velas resistentes. solo sosteniendo el timón del corazón no es suficiente para dirigir el cuerpo del barco, se necesitan las velas del alma para surcar apaciblemente. ¡No fue un milagro!; fue lo que debía suceder.

Al igual que una nave necesita del timón y de las velas para navegar alegre, al ser humano le es necesario hacer servir el alma y el corazón para hallar la felicidad de amar y de ser amado.
Todos hemos sentido el impulso de la pasión de la carne, de tomar a la persona que despertó en nuestra mente emociones placenteras y también de haber sido el deseo de otras personas, que de nosotros persiguieron lo mismo.


Hallar el placer de la pasión no es la mejor solución para saciar el apetito sintiéndose pleno, porque al igual que cuando ingerimos alimentos al tener hambre volveremos unas horas después a tener que repetir esa misma acción. En la temporalidad de la digestión está la fragilidad del cuerpo, y es ese corto espacio de tiempo lo que dura la pasión carnal. Al ser la pasión breve, también será el interés por la otra persona, siendo apartada al tomar un segundo plato de comida.

Deberemos ser conscientes que no somos manjares, sino personas con sentimientos, que para sentirnos saciados plenamente debemos respetarnos y querernos, primero a nosotros mismos y después a las demás personas.

Cuídate de sentirte un objeto de deseo, porque serás temporal. Mas bien haz que tu corazón y tu alma hagan rebosar de plenitud a tu mente; solo así hallarás el amor de tu alma y de tu corazón, el mismo que no querrá abandonarte porque, al igual que tú, se sentirá saciado.

En la infinidad del amor se encuentra la felicidad y si fracasas en el intento de hallarlo no naufragues, acuérdate de enderezar bien el timón, de desplegar presto las velas y estate sereno porque lograrás navegar por la inmensidad del océano del amor.