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jueves, 31 de marzo de 2011

La Iglesia apuesta por el diálogo en Libia, frente a las perpetuas acciones bélicas.


Desde la encomienda de Barcelona nos hacemos eco de la noticia publicada en la página de Forum Libertas acerca del conflicto armado en Libia. El papa Benedicto XVI se muestra preocupado y cree que agotar el diálogo es la mejor acción para encontrar una posible solución a la crítica situación del pueblo libio.

Por ello hemos considerado interesante esta reflexión del Papa y la hemos querido compartir con todos vosotros.

ForumLibertas.com

La Iglesia se ha volcado en tratar de alentar la vía del diálogo para resolver el conflicto que mantiene Libia entre la población y el dictador Muamar Gadafi. “¿Es posible que no se pueda entender que con las bombas no se soluciona nada?”, ha afirmado recientemente el vicario apostólico de Trípoli, monseñor Giovanni Innocenzo Martinelli.

Martinelli ha pedido “una vez más” que se busque “una solución diplomática, quizás a través de la mediación de algunos líderes africanos. Quién ha promovido esta guerra debe entender que Gadafi no se rendirá. Esto podría crear una crisis muy larga, con éxito incierto”.

El Papa “preocupado” por la población civil

El propio Papa Benedicto XVI se mostró preocupado en el rezo del Ángelus este domingo, 27 de marzo, por la situación libia al afirmar que frente a las noticias, “siempre más dramáticas”, que llegan de Libia “crece mi preocupación por la incolumidad y la seguridad de la población civil y mi aprensión por el curso de la situación, caracterizada actualmente por el empleo de las armas”.

El Santo Padre considera que en los momentos de mayor tensión “se hace más urgente” la exigencia de recurrir a cualquier medio a disposición de la acción diplomática y de sostener hasta la más débil señal de apertura y de voluntad de reconciliación, entre todas las partes implicadas, “para buscar soluciones pacíficas y duraderas”.

“Dirijo un fuerte llamamiento a los organismos internacionales y a cuantos tienen responsabilidades políticas y militares para la inmediata puesta en marcha de un diálogo que suspenda el uso de las armas”, sentenció el obispo de Roma. Además, hizo extensible su llamamiento a las autoridades y a los ciudadanos de Oriente Medio “donde, en los últimos días, han tenido lugar episodios de violencia, para que también allí se privilegie el camino del diálogo y de la reconciliación en la búsqueda de una convivencia justa y fraternal”.

Por otro lado, el representante de la Santa Sede en Londres que ha afirmado que la intervención en Libia por parte de la comunidad internacional debe ser “una pacificación duradera”.

El arzobispo Antonio Mennini afirmó después de la Conferencia de Londres de este martes sobre la situación del país africano que “varias representaciones han subrayado cómo la acción militar se legitima sólo si asegura la seguridad de los civiles y preserva de la violación de los derechos humanos por parte del actual régimen”.

Por este motivo, “si las operaciones militares tienen lugar bajo la égida de la OTAN, la gestión de las ayudas humanitarias tendrá que tener lugar a través de un delegado especial del secretario general de la ONU, involucrando de este modo a gran parte de la comunidad internacional”.

Las ayudas consistirán “no sólo en la ayuda inmediata a la población, sino también en la reconstrucción de las carreteras, acueductos, infraestructuras que han sido destruidos durante el conflicto”.

No se ha previsto sólo un apoyo material. “Se ha expresado la voluntad -afirma Mennini- de ayudar a los libios a edificar un futuro político y social inspirado en los principios de democracia y libertad, pero no sustituyendo a los ciudadanos, sino creando un ambiente favorable en este sentido”.

“En este futuro -aclara el nuncio apostólico en Londres-, se ha experimentado plena unanimidad para reconocer que no hay lugar para el actual presidente Muamar Gadafi”.

Representantes católicos se unen para acallar las armas

Los representantes más autorizados de la Iglesia católica, comenzando por el mismo Benedicto XVI, han unido sus voces en los últimos días para exigir a los organismos internacionales y a las partes implicadas que detengan las operaciones militares en Libia.

Los obispos de la Conferencia Episcopal de las Regiones del Norte de África (CERNA), que engloba a Marruecos, Argelia, Túnez y Libia, han emitido este lunes un comunicado en el que se manifiestan contra la guerra.

En ese sentido, se manifestó el presidente de la Conferencia Episcopal Italiana, el cardenal Angelo Bagnasco, en su intervención que pronunció este lunes ante el Consejo Permanente de esa institución. Bagnasco explicó que “la invocada y repentina intervención internacional ideada bajo la égida de la ONU y llevada adelante con la participación de la OTAN ha provocado interrogantes y tensiones”.

El purpurado se ha unido “a las apremiantes palabras que el Santo Padre ha expresado en varias ocasiones de solidaridad a esas poblaciones y de auspició de una superación inmediata de la fase cruenta: ante la intervención ya emprendida, deseamos que se detengan las armas, y que sobre todo se preserve la incolumidad y la seguridad de los ciudadanos, garantizando el acceso a los indispensables auxilios humanitarios, en un marco de justicia”.

“Creemos que el camino de la diplomacia es el camino justo y posible, quizá todavía deseada por las partes en causa, premisa y condición para encontrar un 'camino africano' hacia el futuro, invocado sobre todo por los jóvenes. Así se podrán evitar también posibles presiones extremistas, que tendrían resultados imprevisibles y graves”, explicó el cardenal Bagnasco.

miércoles, 30 de marzo de 2011

Las órdenes militares: La orden de San Lázaro


Desde la encomienda de Barcelona reemprendemos el apartado dedicado a la divulgación de las diferentes órdenes militares. Esta vez, recuperamos un texto del periodista y escritor, Juan Ignacio Cuesta, publicado en su libro “Breve historia de las Cruzadas”, donde nos habla de los lazaristas.

Desde Temple Barcelona, deseamos que su lectura os sea gratificante.

Fotografía de D. Carlos de Gereda y Borbón, 49º Gran Maestre de la Orden de San Lázaro.

Los monjes de San Lázaro habían llegado mucho antes a Tierra Santa para atender a leprosos, pero fue durante la Primera Cruzada cuando se transformaron en una orden militar, con el nombre de Caballeros de San Lázaro o Lazaristas. Tenían por costumbre atender a cualquier miembro de otra orden que contrajera esta enfermedad, a los que acogían y atendían adecuadamente. En el año 1115 se constituyeron como comunidad independiente, bajo la regla de San Agustín. Dos bulas confirmaron este hecho, la emitida por Pascual II y la promulgada por Alejandro IV, en 1255.

Sufrieron una gran derrota en la batalla de Gazza, el 18 de octubre de 1244, pereciendo todos. Posteriormente, una vez reconstruida la orden, volvieron a ser masacrados en Mansourah, junto a hospitalarios, templarios y teutónicos (1250). Su Gran Maestre moriría durante el asedio a San Juan de Acre, ciudad portuaria que sería tomada en el 1291. Todas sus posesiones fueron a parar a manos de Saladino.

Tras el gran desastre de la primera expedición, San Luis, regresó a Francia con doce hermanos lazaristas, cediéndoles el castillo de Boigny, que sería a partir de ahora su casa central. Desde aquí se expandirían por todo el territorio francés. También cruzaron el mar para ira a establecerse al otro lado del Canal de la Mancha, en la ciudad inglesa de Burton en Staffordshire.

En 1490 Inocencio VIII los unió a los hospitalarios de San Juan pero, como los caballeros franceses permanecieron autónomos, poco después León X procedió a su separación. Enrique IV los uniría a los monjes del Carmelo que estaban a punto de desaparecer.

Durante el siglo XVII combatieron en el mar contra los piratas y corsarios que atacaban barcos y poblaciones costeras. Fijaron su puerto en Saint Maló, donde tuvieron hasta diez fragatas. En esta época Gregorio XIII, mediante bula, los unió de nuevo con la orden de San Mauricio. La unión se convirtió en una de las organizaciones religiosas más poderosas de Italia, aunque los lazaristas siguieron conservando gran parte de su independencia ya que, como había sucedido antes, la rama de Boigny no acató el mandato papal.

A partir del siglo XV, existe una notable lista formada por Maestres ilustres de la orden, entre los que podemos encontrar a los marqueses de Nerestang, Dangeau y Luvois; a los que se añaden el duque de Berry, que luego llegaría al poder como Luis XVI hasta la revolución francesa, cuando fue guillotinado. Hay que añadir al conde de Provenza que también sería coronado como Luis XVIII; dos zares, Pablo I y Alejandro I y el archiduque Leopoldo de Austria. Tuvo varios protectores, como Carlos X.

Los lazaristas se unieron a las antiguas órdenes del Espíritu Santo, la de San Miguel y la de San Luis, imponiendo a los aspirantes requisitos estrictos, como la obligación de poseer nueve grados de nobleza y ser católicos reconocidos.

Al contrario que otras instituciones desaparecidas, hoy día siguen existiendo. Tienen representantes en Alemania, Suiza, Portugal, Holanda, Polonia, Italia, Francia y España, donde fue declarada de utilidad pública en el año 1940.

martes, 29 de marzo de 2011

Conociendo a Jesucristo: la trayectoria pública de Jesús


Desde la encomienda de Barcelona abordamos nuevamente el apartado destinado a conocer mejor a la vida y obra de Nuestro Señor Jesucristo.

Para ello hemos seleccionado un texto del libro “Jesus Christ” del teólogo J.R. Porter.

Desde este humilde rincón, confiamos que encontraréis amena su lectura.

Escena pictórica del evangelio de Juan, donde Jesús expulsa a los mercaderes del Templo de Jerusalén.

Según los evangelios, la carrera pública de Jesús se divide en tres etapas distintas: el ministerio de Galilea, el viaje a Jerusalén y los sucesos finales de su vida. Durante el ministerio en Galilea, la actividad de Jesús se limitó a una pequeña zona de la costa oeste del lago y las montañas circundantes; ocasionalmente también realizó visitas fuera de Galilea.

Es poco probable que los evangelistas intentaran presentar una secuencia cronológica exacta en sus relatos sobre los dichos y obras de Jesús. En el Evangelio según Marcos los sucesos no siguen un orden y, asumiendo que Mateo y Lucas tuvieron presente la obra de Marcos, evidentemente se sintieron libres para cambiar el orden y el escenario de las secciones individuales que forman la narración de Marcos. No obstante, los tres sinópticos coinciden en que el ministerio de Galilea llegó a su fin con la decisión de Jesús de viajar a Jerusalén, un viaje que le llevó hacia el sur, a lo largo del río Jordán (Mc 10, 1; Mt 19, 1), probablemente con el fin de evitar la ruta directa a través de la hostil Samaria (Lc 9, 51-56; 17-11). Lucas desarrolla este viaje en una extensa narración (Lc 9, 51- 19, 27).

Tomados como un todo, Mateo, Marcos y Lucas presentan una imagen de Jesús marcadamente diferente a la de Juan. El Cuarto Evangelio habla de un ministerio de dos años o más, lo que con frecuencia ha sido contrastado con los sinópticos, en los cuales se menciona sólo una visita a Jerusalén, con motivo de la Pascua, lo que parece implicar un ministerio de un años o menos. Puede que las diferencias no sean completamente irreconciliables, ya que todos los evangelistas están más preocupados por la teología que por una cronología precisa.

Para Juan, cada festividad judía revela una parte de la importancia de Jesús. Por ejemplo, Jesús representa al cordero de sacrificio de la Pascua (Jn 1, 29; 36). En los evangelios sinópticos, el último viaje de Jesús a Jerusalén no tiene importancia porque iba a celebrar la Pascua, sino porque era el momento en que iba a encontrarse con la muerte (Mc 10, 33 y paralelos). El único significado relacionado con esta particular visita a Jerusalén no excluye necesariamente la posibilidad de que Jesús, como judío devoto, hubiera visitado la ciudad en otras ocasiones para observar ciertas fiestas judías. La ley judía (Dt 16, 16-17) invitaba a todos los varones a visitar el Templo durante las fiestas de Pascua, Pentecostés y Tabernáculos, las llamadas “fiestas de peregrinaje”. Aunque parece improbable, por razones prácticas, que todo varón judío estuviera realmente obligado a dejar su casa tres veces al año, sin lugar a dudas se consideraba un mérito cumplir con el mandamiento bíblico siempre que las circunstancias lo permitieran.

El ministerio de Jesús en el evangelio de Juan

Según Juan, Jesús inició su ministerio en Judea y la región de Perea de la vecina Transjordania (Jn 3, 22; 26) y habitualmente se movió entre esta zona y Galilea. Pero la mayor parte del ministerio de Jesús, según el Cuarto Evangelio, se desarrolló en Jerusalén y sus alrededores. Jesús visitó la ciudad en ocasión de la Pascua y otras importantes fiestas judías y en la mayoría de estas ocasiones visitó el Templo.

El evangelista menciona tres Pascuas y otras tres festividades. Si se considera que ocurrieron en estricta sucesión, es posible reconstruir una cronología bastante precisa de la vida de Jesús durante dos o más años.

El primer año incluyó una visita a Jerusalén en primavera con motivo de la Pascua (Jn 2, 13) y otra visita con ocasión de una fiesta no especificada (Jn 5, 1), además de la fiesta de las semanas (Pentecostés, siete semanas después de la Pascua) o quizás con mayor probabilidad, la festividad del Año Nuevo (a principios de otoño).

Al año siguiente, Jesús alimentó a la muchedumbre en Galilea cerca de la Pascua (Jn 6, 4) y se dice que estuvo en Jerusalén para la fiesta de la Dedicación en diciembre (Jn 10, 22), y quizás permaneció en la ciudad desde la fiesta de los Tabernáculos en otoño.

El tercer año, después de visitar Perea (Jn 10, 40), Betania (Jn 11, 1-43) y una ciudad cerca del desierto de Judea (Jn 11, 54), Jesús regresó a Jerusalén para su última Pascua (Jn 12, 1; 13, 1).

lunes, 28 de marzo de 2011

Organización y gobierno de los Templarios: IVª parte


Después del duelo hacia la memoria de mi querido padre, volvemos a la rutina de esta vuestra casa para poner en orden algunos de los aspectos que más interés ha suscitado al público admirador del Temple.

En esta cuarta y última parte dedicada a la organización y el gobierno de los Templarios, la historiadora y especialista en la Orden del Temple, Mrs. Helen Nicholson, nos habla de aquellas personas que sin ser propiamente “caballeros”, tuvieron el reconocimiento tanto moral como legal de formar parte del Temple.

La autora anglosajona, en su libro “The Knights Templar”, nos ilustra positivamente sobre estos hechos.

Desde la encomienda de Barcelona, deseamos que su contenido sea de vuestro interés.

En uno de sus sermones, Jacques de Vitry, obispo de Acre, señala algunos de los problemas que se suscitaban cuando unos hermanos de origen humilde conocían la prosperidad relativa de la Orden del Temple. Cuenta que tuvo noticia de un hermano que, en toda su vida en el mundo exterior, nunca había recostado la cabeza en un cojín, y que cuando ingresó en la orden se acostumbró tanto a dormir con el cojín que, una noche en la que se lo quitaron porque tenían que lavar la funda, no dejó descansar a nadie en el convento con sus constantes quejas y lamentos. Otros hermanos que habían pasado miseria y necesidades se volvieron tan orgullosos cuando ingresaron en la orden y les fue asignada alguna tarea menor, que empezaron a faltar el respeto a los caballeros seculares.

Pero también hubo casos a la inversa: hermanos de una condición social superior que mostraban menosprecio por los de origen más humilde, y los que, aprovechándose de su poder, trataban mal a los que carecían de él. Jacques pedía a sus feligreses que no despreciaran a los hermanos por ser hijos de padres humildes. En noviembre de 1309, el hermano Ponzard de Gizy, comendador de Payns (Aube), en Francia, alegó, como parte de sus acusaciones contra la orden, que los hermanos menores sufrían las represalias de los oficiales. Todas estas actitudes reflejan los conflictos que se vivían en la sociedad de la que procedían los hermanos.

Cuando la orden fue fundada, sus escuderos y criados no podían formar parte de ella. Esta política no tardó en cambiar, y el personal auxiliar fue admitido como miembro de pleno derecho. También se podía ingresar en la orden por un período limitado de tiempo, como hizo el conde Foulques V de Anjou o Ramón Berenguer IV.

Los hermanos sargentos o hermanos sirvientes podían actuar como guerreros o prestar sus servicios sin tomar las armas. Aunque la Regla restringía su acceso a los altos cargos, muchos ejercieron de comendadores y ocuparon puestos subalternos. El grueso de los hermanos lo integraban los sargentos. La Regla establecía que los sargentos y los miembros asociados debían llevar la capa negra (el color tradicional de los hábitos monásticos, símbolo del pecado del hombre), mientras que la blanca (símbolo de pureza) estaba reservada al uso exclusivo de los hermanos caballeros. Si esta norma se puso en práctica, no es de extrañar que la gente de la época soliera confundir las capas negras de los hospitalarios con las también negras de los sargentos del Temple, y no consiguiera distinguir una orden de otra. Los sargentos que no tomaban las armas eran fundamentales para el funcionamiento de la orden, pues mientras que los guerreros eran enviados a Tierra Santa, donde su presencia era siempre necesaria, los sirvientes, como, por ejemplo, los pastores, se quedaban en la patria, en la casa en la que habían entrado originalmente. Se suponía que no tenían que asistir a las reuniones del capítulo provincial, y si estaban al frente de una camera que no disponía de capilla y que estaba ocupada por menos de cuatro hermanos, probablemente tampoco asistieran a ninguna reunión dominical del capítulo. La vida de esos hermanos apenas se diferenciaba de la que llevaban los labriegos de su vecindad.

La Regla de la orden prohibía la admisión de hermanas. Esta restricción tenía sentido en una orden militar, pues la presencia de mujeres en un ejército habría distraído a los hombres y alterado la disciplina. Pero en Occidente, lejos de los frentes de guerra, las consideraciones militares perdían su importancia. la razón que da la Regla cuando establece su exclusión de la orden es que las mujeres pueden desviar a los hermanos de su camino espiritual. Otros órdenes religiosas del siglo XII también tenían esa norma por la misma razón, como por ejemplo la del Císter. […]

[…] Sin embargo, en la práctica tanto cistercienses como premonstratenses siguieron admitiendo mujeres con regularidad, mientras que los caballeros teutónicos aceptaban su ingreso como hermanas de pleno derecho, y sus casas a veces estaban adosadas a las de los hermanos varones. De hecho, las órdenes religiosas se veían prácticamente obligadas a aceptar el ingreso de mujeres porque con ellas llegaba dinero, influencia y otro valioso regalo: el favor y el apoyo de familias. Una orden que se negaba a aceptar a la mujer perdía mucho más de lo que ganaba, y ninguna orden religiosa habría estado dispuesta a negar el ingreso a mujeres piadosas que podían mejorar la espiritualidad de su comunidad.

Los templarios tuvieron al menos un convento de monjas. En 1272 el obispo Everardo de Worms cedió a la Orden del Temple la titularidad del convento de Mühlen, y la responsabilidad de su administración y del cuidado de las hermanas que lo habitaban. […]

[…] Cabe destacar que muchas de las mujeres que aparecen documentadas como hermanas o asociadas de la Orden del Temple estaban en casas de Cataluña. Probablemente este hecho se deba a que ha llegado a nuestras manos muchísima documentación de esa región, y los especialistas la han podido estudiar con detalle; pero en el caso de Inglaterra ha sucedido lo mismo, y en cambio sólo se tiene conocimiento de una asociada de la orden y no hay constancia de hermanas de pleno derecho. Por su parte, en Alemania, donde la documentación de los templarios es escasa, se sabe de un convento de monjas y de una hermana que fueron miembros de la orden. Las mujeres tenían en la península Ibérica unos derechos de propiedad más amplios que en el resto de Europa occidental, por lo cual estaban mejor situadas para fundar conventos y podían disponer de sus propiedades si decidían ingresas en una orden religiosa; del mismo modo, en buena parte de Alemania, la mujer podían heredar propiedades y utilizarlas como quisiera. Esta posibilidad hizo que las órdenes religiosas en esas regiones las consideraran un objetivo importante al que no debían ignorar. En Inglaterra en cambio, las mujeres casadas no tenían ningún control sobre sus propios bienes, por lo que no fueran tan bien recibidas. […]

[…] Todos los individuos citados anteriormente fueron, en menor o mayor grado, miembros del Temple, siendo admitidos en la orden en el transcurso de una ceremonia especial. Aunque la Regla de los templarios establecía que los candidatos debían pasar un período de preparación –el noviciado- antes de ser admitidos en la orden como miembros de pleno derecho, lo cierto es que se renunció a esta práctica porque la orden necesitaba reclutar rápidamente personal militar para cubrir sus bajas en Oriente. Lo mismo ocurrió en otras órdenes militares. […]

[…] En las encomiendas había también personas que no pertenecían a la orden. Podían ser hombres y mujeres religiosos que no eran miembros de la orden, como, por ejemplo, ermitaños o anacoretas, que vivían una vida de santidad en celdas independientes, aislados del mundo. Ese tipo de personas solían estar vinculados con alguna casa religiosa. También había criados y criadas. La Regla del Temple prohibía el empleo de mujeres, pero la documentación existente indica que algunas encomiendas contrataron a ordeñadoras, aunque probablemente nunca llegara a poner un pie en la casa propiamente dicha. En una propiedad de los templarios en Rockley, en Wiltshire (Inglaterra), fue empleada una de esas mujeres, pero fue deber de los arrendatarios contratarla. En 1307 había tres ordeñadoras trabajando en la lechería de la casa de la Orden del Temple en Baugy, Francia. Otro trabajo que rutinariamente llevaban a cabo las mujeres en la Edad Media era lavar la ropa, y las casas religiosas solían emplearlas para este cometido.

Un último grupo de personas que podían estar viviendo en una encomienda del Temple era el formado por gentes que recibían una pensión de la orden, bien porque eran viejos criados de la orden, demasiado ancianos ya para trabajar, o bien porque habían hecho una donación a la orden a cambio de su sustento cuando llegaran a la vejez: esta ayuda venía en forma de alimentos, ropa y dinero, y recibía el nombre de conroi o corroi. Hombres, mujeres y parejas casadas podían beneficiarse de esas dotaciones. Las personas que las recibían rara vez aparecen citadas en los informes rutinarios de los templarios, pero sí lo hacen en la documentación relacionada con el proceso y disolución de la orden. Tuvieron derecho a recibirlas incluso durante el tiempo que duró el proceso de investigación de la orden, y cuando las propiedades de los templarios pasaron a manos del Hospital de San Juan en 1312, los hospitalarios tuvieron que asumir esa obligación. Algunos de esos individuos vivían en las casas de la orden, mientras que los otros lo hacían en su propio domicilio, pero siempre con la ayuda de la orden.

Esas personas podían ser partidarios entusiastas de la orden, y hacer suculentas donaciones. En la década de 1320, el fraile franciscano Nicolás Bozon escribió un relato acerca de un pensionado templario, un clérigo de parroquia que había sido procurator del Temple en Bow, Londres. Este personaje tenía derecho a recibir de la orden alimentos, un criado, un caballo, ropas y una pensión anual, pero en vez de gastar ese dinero en él, lo guardaba y, cuando podía subir hasta Londres, lo entregaba a los templarios. Falleció en la pobreza, pero a su muerte encontraron unas ocho mil libras escondidas en su casa, cantidad que tenía la intención de entregar a la orden en su próxima visita a Londres. Nicolás Bozon cuenta esta historia como un ejemplo de avaricia, pero también ilustra la dedicación con que los admiradores del Temple ayudaban a la orden.

miércoles, 23 de marzo de 2011

Fallecimiento de D.Ramón Villar Pérez


Estimados hermanos, lectores y amigos de la Orden del Temple

El pasado lunes 21 de marzo, primer día de la entrada de la primavera, mi queridísimo padre D. Ramón Villar Pérez falleció en presencia de su esposa e hijos a las diez y media de la mañana; recibiendo cristiana sepultura el martes 22 de marzo a las cinco de la tarde.

Desde aquí hago público el agradecimiento de parte de toda mi familia, a todos aquéllos que con su presencia, sus cariñosas palabras y sus oraciones, han hecho posible que nos hayamos sentido arropados en todo momento.

El Señor ha querido que mi estimado padre haya dejado de sufrir y al igual que la primavera es sinónimo de renacimiento, su muerte corporal en tan importante estación para los cristianos, no es más que el preludio de una eterna paz ante los ojos del Altísimo.

Por último en señal de duelo y de respeto hacia el que con su amor, su entrega y su incansable trabajo, se convirtiera en mi mejor maestro. La página de la encomienda de Barcelona permanecerá inactiva hasta el próximo lunes 28 de marzo.

Espero que entendáis este pasajero silencio.

Reciban un caluroso y Trinitario Abrazo Templario.

lunes, 21 de marzo de 2011

El crucifijo en las aulas no es “una violación de los derechos de los padres”


Desde la encomienda de Barcelona, queremos compartir con todos vosotros una noticia que ha sido publicada en Forum Libertas y que trata sobre la polémica que ha suscitado en algunos padres el ver como se retiraban de las aulas los crucifijos.

Ahora tras recurrir a Estrasburgo esa decisión, la justicia europea dictamina que la presencia de los crucifijos no vulnera los derechos de los padres.

Desde Temple Barcelona deseamos que también acojáis con alegría la noticia.

Forum Libertas

El Vaticano acoge “con satisfacción” la sentencia de la Corte Europea de los Derechos Humanos en respuesta al recurso presentado por una ciudadana italiana que pidió a la escuela pública donde estudiaban sus hijos que quitaran las cruces de las clases

ForumLibertas.com

La presencia de los crucifijos en las aulas no constituye “una violación de los derechos de los padres a educar a sus hijos según sus convicciones” y de “la libertad de religión de los alumnos” ya que “no subsisten elementos que puedan probar que el crucifijo influye eventualmente en los alumnos”.

Estas afirmaciones son parte de la sentencia dictada por el Tribunal de Estrasburgo o Corte Europea de los Derechos Humanos este viernes, 18 de marzo, y que ha sido aprobada con 15 votos a favor y 2 en contra.

La sentencia de la Corte Europea ha sido acogida “con satisfacción” por el Vaticano, según declaraba, tras conocer el fallo, el portavoz de la Santa Sede, Federico Lombardi.

“Ante todo, un símbolo religioso”

La sentencia dictada en Estrasburgo responde al recurso presentado por el Gobierno italiano contra el fallo precedente del mismo Tribunal por el llamado 'caso Lautsi', que declaró en el año 2009 que la presencia de los crucifijos en las escuelas públicas era “una violación de los derechos de los padres” y de la libertad religiosa de los alumnos.

El Tribunal respondió así al recurso presentado por Soile Lautsi, una ciudadana italiana de origen finlandés que había pedido a la escuela pública en la que estudiaban sus hijos que quitara los crucifijos de las clases. El Gobierno italiano recurrió la sentencia ante la Gran Sala de la Corte de Derechos Humanos Europea porque consideraba que “eliminaba un símbolo de la tradición” italiana.

Según adelantó el diario La Stampa el pasado miércoles, el Ejecutivo italiano asegura en su defensa que el crucifijo tiene “una función simbólica altamente educativa” y “no es sólo un objeto de culto” sino “un símbolo que exprime el elevado fundamento de los valores civiles”.

El Tribunal Europeo subraya que el crucifijo “es ante todo un símbolo religioso” y que el Estado debe “garantizar el derecho de los padres a la educación y a los hijos conforme a sus propias convicciones religiosas y filosóficas”, aunque recuerda que “la presencia de los crucifijos no está asociada a una enseñanza sobre cristianismo” y subraya que “no hay nada que indique” que las autoridades italianas son “intolerantes con los estudiantes de otras religiones o no creyentes”.

Además, el Tribunal Europeo sostiene que los demandantes no han presentado pruebas de que la presencia del crucifijo “haya promovido una tendencia hacia el proselitismo” del cristianismo.

Una sentencia que “hará historia”

Por su parte, el padre Federico Lombardi declaró que la sentencia de la Corte Europea hará historia” y ha destacado que el Tribunal Europeo reconoce “en un nivel jurídico internacional e imperativo” que la cultura de los derechos del hombre no puede ser “contraria a los fundamentos religiosos de la civilización europea a la que el cristianismo ha dado una contribución esencial”.

Asimismo, el Vaticano añadió que “según el principio de subsidiariedad” es necesario que la Unión Europea “garantice en cada país un margen de apreciación respecto al valor de los símbolos religiosos en la propia historia cultural y en la identidad nacional” así como “el lugar de la exposición” de los símbolos religiosos.

Lombardi subrayó que, en caso contrario y en nombre de la libertad religiosa, “se tendería paradójicamente a limitar e incluso a negar la libertad religiosa” de forma que “excluiría del espacio público cada expresión religiosa” y “violaría la libertad misma”.

De hecho, recordó que la sentencia de la Corte reconoce que la exposición del crucifijo “no es un adoctrinamiento, sino la expresión de la identidad cultural y religiosa de los países de tradición cristiana”.

La sentencia “contribuye eficazmente a restablecer la confianza en el Tribunal Europeo de gran parte de los europeos que están convencidos y son conscientes del papel determinante de los valores cristianos en su propia historia y en la construcción unitaria europea, en su cultura de derecho y de libertad”, agregó el portavoz del Vaticano.

viernes, 18 de marzo de 2011

La gran victoria de Simancas


Desde la encomienda de Barcelona, continuamos con el espacio reservado a la Reconquista. Hoy, gracias al que fuera escritor y periodista Juan Antonio Cebrián, hemos extraído de su libro “La Cruzada del Sur”, el importante suceso que supuso para las tropas cristianas el afianzarse en las tierras del río Duero.

Deseamos desde este humilde rincón que su lectura os sea grata.

Aparición de San Millán en la batalla de Simancas

Abderrahman III y su ejército contactaron con las vanguardias leonesas el 26 de julio. Durante días se sucedieron las refriegas. La superioridad musulmana chocaba con un mejor conocimiento del terreno a cargo de los cristianos. Al cabo de cinco días surgieron las disputas entre los generales mahometanos por la forma de conducir aquella batalla. El momento fue aprovechado por las tropas de Ramiro II para atacar desde dos frentes al contingente andalusí. La desorganización y desconcierto provocados por la ofensiva leonesa, desembocaron en un desmoronamiento de la línea ismaelita con la consiguiente retirada. Es estupefacto califa ordenó entonces un repliegue hacia la plaza de Atienza; sin embargo, Ramiro II, desde ese día llamado el Grande, no estaba dispuesto a dejar escapar tan espléndida oportunidad. Las tropas leonesas persiguieron sin descanso a los desmoralizados soldados de Alá, quienes desconocedores del territorio por el que se movían, fueron retrocediendo cegados hasta un lugar que los cronistas árabes denominaron Alhándega, sitio escarpado, sembrado por cortados y barrancos que se convirtió en una tumba para miles de soldados musulmanes. Otra hipótesis nos pone en contacto con la traducción árabe de Alhándega (ciudad del foso); eso también nos incita a pensar que no hubo tal persecución sino que la matanza se originó al caer cientos de jinetes con su monturas en el foso defensivo construido a propósito por Ramiro II en el contorno de Simancas. Sea como fuere, Abderrahman III escapó a duras penas, gracias a la determinación de su escolta personal y al empuje de su caballo. Herido, vencido y humillado, tuvo que soportar la pérdida de unos 20.000 hombres muy necesarios para la fortaleza del califato. El regreso a Córdoba fue tristísimo, su ira por el desastre se concretó en la ejecución pública de 300 oficiales a los que acusó de nula combatividad y, en consecuencia, traición al Estado. De esa manera se pasaba página al vergonzoso suceso.

Abderrahman III aprendió la dura lección ya que jamás volvió a dirigir personalmente ninguna expedición militar contra los cristianos; éstos, mientras tanto, gozaban de la victoria enseñando los magros tesoros capturados a los cordobeses.

Entre esas riquezas se encontraban la cota de malla favorita del califa, objeto elaborado en oro puro, y el Corán predilecto usado por Abderrahman en sus aceifas. El botín sirvió para pagar espléndidamente a los soldados leoneses participantes en la batalla. Pero, sobre todo, la victoria de Simancas se convierte en fundamental por ser un episodio tangible desprovisto de leyendas, un suceso real a diferencia de otros capítulos emblemáticos de la Reconquista siempre cubiertos por la falta de documentación o la neblina de la historia. Simancas sirve como propaganda de la fe católica en todo el reino leonés y más allá, dado que muchos escritores europeos hicieron alusión a la épica batalla en ese mismo siglo X. De Covadonga o Clavijo se podía imaginar lo que se quisiera adornando o engrandeciendo según las necesidades. Sin embargo, Simancas pasa por ser la primera gran victoria cristiana en la península Ibérica que disfruta de una perfecta profusión documental.

El celebérrimo combate fue aprovechado no sólo por el rey leonés, quien repobló localidades como Sepúlveda, sino también por el conde Fernán González, personaje esencial de la crónica castellana.

Castilla había nacido en el siglo IX como una suerte de pequeños condados fronterizos defendidos por innumerables fortificaciones de las que tomaba el nombre. Los castillos castellanos sustentaban la primigenia personalidad de unos pobladores cántabros y vascones que se habían ido extendiendo desde el año 800 por las desérticas tierras ribereñas del Ebro y del Duero. Las cartas puebla y las delegaciones regias insuflaron potestad a los asentamientos de aquellos colonizadores. Durante el siglo IX el condado de Castilla se limitó a cumplir con la misión encomendada; fue muro para los ataques musulmanes y hogar de infanzones, agricultores y ganaderos. […]

[…] En 920, tras la derrota cristiana en Valdejuquera, los nobles castellanos son acusados de no acudir en auxilio de las tropas navarras y leonesas; algunos condes son recluidos por ello. En 930 Fernán González, el hombre más respetado de la nobleza castellana, comienza a reivindicar los particularismos de Castilla. Nueve años más tarde, tras la batalla de Simancas, exige la independencia total de León; son las primeras notas de una sinfonía llamada “Castilla”.

Las discrepancias entre Ramiro II y Fernán González alcanzaron su punto álgido en 943 cuando el castellano se rebeló ante el leonés; el hecho supuso la detención y encarcelamiento del conde durante un tiempo. Finalmente, la presión agobiante ejercida por las tropas de Al-Andalus sobre la frontera, hicieron que Ramiro II reconsiderara su actitud, liberando al noble para que le ayudara con su tropa den los asuntos bélicos librados por el reino frente a los musulmanes. En 960 Castilla consigue una autonomía que le desvincula prácticamente del reino de León, salvo el homenaje y reconocimiento de los nobles castellanos hacia la corte leonesa. Fernán González consigue implantar la sucesión nobiliaria. A su muerte en 970 es sucedido por su hijo García Fernández, que se encargará de ampliar lo territorios obtenidos por su padre. Por desgracia para él, durante su gobierno surgió en Al-Andalus el genio militar de Almanzor quien propinó duras derrotas por toda la Península a los diferentes reinos cristianos. García Fernández sufrió además una tremenda conspiración familiar cuando su mujer e hijo se confabularon con el dictador andalusí para derrocarle. Murió en Medinaceli en 995 a consecuencia de unas heridas de guerra. Con Fernán González y su hijo García Fernández quedan trazados los caminos por los que discurrirá el futuro reino de Castilla. […]

[…]En la primera mitad del siglo X los condados catalanes de la Marca Hispánica sufrieron un pequeño debilitamiento que estuvo a punto de dar al traste con lo conseguido por el conde Wifredo I el Velloso. Sin embargo, un nieto suyo, Borrell II, supo reunir, gracias a su tacto e inteligencia, la fuerza suficiente para que, una vez obtenido el poder en 947, los condados volvieran a pensar en su independencia de los carolingios. En efecto, Borrell II negoció con Abderrahman III, y posteriormente con Al-Hakam II, pactos de amistad que le permitieron repoblar las zonas sureñas de la Marca Hispánica. Durante años se mejoraron las infraestructuras y regadíos, se levantaron monasterios y se favoreció el ámbito cultural. Desgraciadamente la dictadura de Almanzor rompió los fértiles acuerdos y en 985 el líder andalusí arrasó la casi totalidad del territorio catalán. Este hecho no entorpeció el anhelo secesionista del conde Borrell II; la excusa llegó en 987 al suceder la dinastía capeto a la carolingia: fue entonces cuando el conde catalán negó a los capeto cualquier tipo de vasallaje o reconocimiento; es por tanto el 988 un año decisivo para la futura Cataluña al ser el momento de arranque como entidad independiente de los francos para los condados catalanes de la Marca Hispánica. Aún pudo el conde Borrell II saborear unos años el éxito conseguido. Falleció en 992 dejando un recuerdo imborrable que se prolongaría durante siglos.

jueves, 17 de marzo de 2011

Organización y gobierno de los Templarios: IIIª parte


Desde la encomienda de Barcelona seguimos con el apartado dedicado a la organización del Temple y cuyo texto hemos extraído del libro “The Knights Templar” de la historiadora y especialista en la Orden del Temple, Mrs. Helen Nicholson.

Desde Temple Barcelona deseamos que su lectura os sea reconfortante.

En muchas cartas aparece una lista de testigos que estuvieron presentes cuando se llevó a cabo la donación, y que posteriormente podían testificar que la cesión se realizó según lo indicado en el documento. Esos testigos eran miembros del Temple y personas ajenas a la orden. En las casas más grandes se haría constar en las cartas únicamente los nombres de los principales templarios presentes, y los de inferior categoría serían indicados como “otros”. Por ejemplo, el 11 de agosto de 1198, en la encomienda de Rourell, Cataluña, un tal Berenguer Durán, que dice ser un asociado de la Orden del Temple, donó una parcela de tierra, en parte cultivada, que se encontraba en Robarroja. La cedía a doña Ermengarda d’Oluja, hermana de la Orden del Temple y por aquel entonces preceptrix (comendadora) de la casa de Rourell, y al hermano Raimón de Solsona, al hermano Juan, al hermano Guillermo Escansset, a Titborgs (una mujer) y a los hermanos y hermanas presentes y futuros. Al parecer, la casa de Rourell era muy grande y había en ella muchos hermanos para nombrar en la carta a todos los presentes, pero al menos hubo nueve.

La calidad de vida en una encomienda variaba dependiendo de la zona en que estaba y de su importancia. excepto en regiones sin leyes en las que reinaba la anarquía, como, por ejemplo, Irlanda y el sur de Francia, las casas no estaban protegidas por una muralla como los monasterios. Cuando estaban situadas lejos de las zonas fronterizas de la Cristiandad, no tenían depósitos de armas, lo que significaba que los hermanos quedaban expuestos a posibles ataques de sus vecinos violentos. La encomienda no era un lugar donde abundaran las riquezas; en su mayoría eran pequeñas, y todos los recursos que tenían eran enviados a Oriente.

Cuando a partir de octubre de 1307 los templarios comenzaron a ser detenidos, los funcionarios reales elaboraron un inventario de lo que encontraron en cada casa. Las capillas estaban muy bien provistas de objetos de plata y de los libros necesarios para los servicios y el mantenimiento de la vida religiosa: los maestres del Temple se sentían justamente orgullosos de la calidad de la observancia de los principios religiosos de su orden. Pero las casas propiamente dichas no estaban generalmente bien provistas de las comodidades de la vida, incluso en una época como aquélla, que no se caracterizó por la ostentación de mobiliario. El nivel de vida de los templarios era muy parecido al de los campesinos, que eran sus arrendatarios. En el inventario correspondiente a la pequeña casa de Llanmadoc, en la península de Gower, al sur de Gales, no aparece ningún tipo de mueble; tan sólo unos pocos utensilios de cocina y unos cuantos animales de establo, entre ellos dos bueyes muertos. También se encontraron objetos rotos por el suelo. Se suponía que el comendador, tras quedarse con lo imprescindible, debía enviar todos los ingresos sobrantes al maestre provincial para que éste los hiciera llegar a Oriente, en vez de utilizarlos para hacer la vida más confortable a los templarios.

La encomienda era la unidad básica de vida para los miembros de la orden en Europa. Los moradores de las encomiendas eran de distinta condición: unos eran templarios profesos, otros eran asociados o pensionistas de la orden y luego estaban los criados, que podían ser individuos libres contratados o siervos de la gleba. Los profesos eran capellanes, caballeros, sargentos o hermanos sirvientes (armados o no) y hermanas. Habían hecho los tres votos monásticos de pobreza (ningún bien personal), castidad (abstinencia sexual) y obediencia (a Dios por medio del maestre de la orden, su comendador más inmediato y la Regla de la orden). Los miembros asociados no habían hecho estos tres votos. […]

[…] La mayoría de los individuos que vivían en una encomienda en Occidente nunca entraron en combate contra el musulmán [excepto los que vivían en la península Ibérica], y tampoco se esperaba que lo hicieran. El papel de los capellanes era ofrecer ayuda espiritual a los miembros de la orden, decir misa y rezar. Los clérigos no debían mancharse las manos de sangre, de modo que se suponía que los capellanes no tenían que hacer uso de las armas. Los sargentos o hermanos sirvientes que no tomaban las armas hacían trabajos manuales de carpintería, herrería y albañilería, además de encargarse del cuidado de los animales. El cometido de los miembros asociados y las hermanas era rezar: la suya era una guerra espiritual, la guerra de todas las personas religiosas.

En virtud de la bula papal Omne Datum Optimum de 1139, se permitía que la orden tuviera hermanos clérigos que no dependieran de la autoridad del obispo local. Estos clérigos gozaban de una gran consideración entre los miembros de la orden, cuyos estatutos y retrais hacen constantes alusiones a ellos. No era necesario que pertenecieran a una familia de caballeros para ser nombrados capellanes.

Los demás miembros de la orden eran legos, a diferencia de las órdenes monásticas tradicionales en las que la mayoría de los hermanos profesos serían monjes. Los hermanos caballeros eran los más prominentes, aunque su número fuera muy inferior al de los hermanos sargentos. En teoría, eran los únicos que podían ocupar los cargos más importantes de la orden, aunque en la práctica algunos hermanos sargentos también lo hicieron. Jochen Burgtorf, por ejemplo, ha señalado que Pedro de Castellón, tesorero de la orden a comienzos del siglo XIV, era un hermano sargento, no un hermano caballero.

Hemos señalado que, cuando se creó la Orden del Temple, algunos comentaristas la consideraron representante de lo que una caballería debía ser en realidad: era la forma más perfecta de una caballería. Fuera o no acertada esa observación, lo cierto es que los ideales de la caballería no dejaron de evolucionar después de que se creara la orden, y a comienzos del siglo XIII, los caballeros afirmaban que podían servir a Dios como individuos por el simple hecho de ser caballeros y que no necesitaban ingresar en una orden religiosa. El ideal de los templarios de trabajar para Dios en comunidad seguía siendo aceptado como una forma que tenían los caballeros de servir a Dios, pero evidentemente no la única.

Los templarios, más que incidir en el desarrollo de la caballería, se vieron afectados por él. Su imagen fue uno de los aspectos que más sufrió esa influencia. La cultura de la caballería exigía que un caballero tuviera un elevado grado de autoestima. Las personas ajenas a ella lo consideraban un exceso de orgullo. Todas las órdenes militares supranacionales fueron acusadas de exceso de orgullo, un pecado muy propio de la caballería. La política de admisión de caballeros que seguía la orden fue otro de los aspectos que sufrió esa influencia. En el siglo XIII, como convertirse en caballero resultaba cada vez más difícil y oneroso, pocos hombres estaban preparados para ello. Como únicamente los nobles podían afrontar ese gasto, la caballería tenía que ser un signo de nobleza. No todos los caballeros pertenecían a la alta nobleza, pero todos se consideraban miembros de un estrato social superior al de los mercaderes, que se veían obligados a mentir y a engañar para hacer dinero, y al de los clérigos, que nunca se ensuciaban las manos. Durante el siglo XIII, las órdenes militares empezaron a insistir en que únicamente los hijos de caballeros o hijas de caballeros podían ingresar en la orden en calidad de hermanos caballeros, y las sentencias recogidas en la Regla del Temple hablan del caso de un hermano caballero que fue degradado porque por sus venas no corría sangre de caballero.

Los hombres de condición social inferior ingresaban en las órdenes militares para mejorar en la vida. Los hermanos fueron utilizados a menudo como funcionarios de reyes y papas, y los comendadores y oficiales podían llegar a ejercer un poder y una autoridad notables. Para un joven guerrero perteneciente a una familia no noble de caballeros o a una familia de condición social ligeramente inferior a la de un caballero, estas órdenes suponían una vía de ascensión en la escala social por medio del trabajo constante y la dedicación.

miércoles, 16 de marzo de 2011

Padre Amorth: una vida consagrada a la lucha contra Satanás


Desde la encomienda de Barcelona recuperamos el testimonio de una de las personas que más veces ha tenido que enfrentarse contra los poderes del mal. El padre Amorth con estricto rigor se sincera ante la opinión pública y nos muestra lo que puede hacer Satanás contra la humanidad.

No publicamos sus narraciones con un afán propio de “asustar” a nuestros lectores, sino que lo hacemos de una manera informativa, para que entre todos seamos conscientes que debemos luchar contra el Maligno, tal y como también lo hicieron nuestros hermanos mayores.

Un sacerdote embrujado

Me invitaron a un encuentro de universitarios de alto nivel. Especialistas de varios países europeos hablaban de magia y brujería desde un punto de vista informativo y científico. En cuanto a mí, me invitaron para hablar de la brujería de nuestro tiempo. Después de mi conferencia, uno de los asistentes se acercó a mí y me confió su sufrimiento. Esto fue lo que me dijo:

“Lo que usted ha contado se corresponde exactamente con lo que yo estoy viviendo. Soy sacerdote y me ocurrió lo siguiente: era misionero en una gran ciudad africana. Mandé edificar varias casas, con la intención de construir una ciudad para los chicos, y contraté a una cuadrilla de lugareños. Tuve la suerte de recibir una donación cuantiosa de una organización internacional y, con ese dinero, contraté una segunda cuadrilla, formada por obreros de otra tribu.

Al finalizar el trabajo, uno de los hombres de la segunda cuadrilla me dijo: “Padre, no se le ocurra dormir en estas casas, porque se sentirá mal. ¡Mire!”. Y levantó unas baldosas del suelo para enseñarme unos objetos muy raros. Luego despegó un trozo de papel pintado, me enseñó más objetos raros y añadió: “Padre, son objetos consagrados al demonio, los pusieron aquí obreros de la otra cuadrilla. Están furiosos con nosotros, porque somos de otra tribu y usted nos dio trabajo. Ahora se han vengado y quieren matarlo”. Yo, como buen europeo racional, hice caso omiso de la advertencia y sonreí para mis adentros al pensar en lo crédulos que eran aquellos hombres.

La noche siguiente dormí en la casa; mejor dicho, no dormí en absoluto. Me atormentaron todo tipo de imágenes y de ideas absurdas y no pegué ojo. Tras varias noches de insomnio sentía deseos de suicidarme. Me llevaron al hospital e impidieron que me suicidara. Todos los análisis que me hicieron salieron bien y los tests psicológicos me declaraban perfectamente sano. Tuvieron que repatriarme. En Francia pasé años vagando por clínicas y hospitales, sin obtener resultados. Ingresé en una casa para sacerdotes enfermos, donde no me encontraron ninguna enfermedad. Ahora vivo en una cas para sacerdotes ancianos y enfermos y me reconozco en los síntomas que usted ha descrito.”

Aunque estaba muy cansado, pronuncié una larga plegaria de liberación. Él estaba muy inquieto, pero rezaba con todas sus fuerzas. Aquella noche no conseguí liberarlo. Empezamos al día siguiente y el proceso fue largo, pero al final se liberó. Dejó la casa para sacerdotes ancianos y enfermos, recuperó la fuerza de su juventud y volvió a su misión en África. De vez en cuando me escribe; lleva cuatro años de intensa actividad apostólica. Su liberación fue definitiva, no ha necesitado más intervenciones.

Una vocación salvada

Éste es el testimonio de una víctima

“Escribo porque me lo han pedido y porque yo también creo que mis palabras pueden ayudar a otros a comprender y obrar de forma correcta. Los primeros síntomas me sorprendieron una noche al acostarme, tras apagar la luz: un terror imprevisto, una inquietud febril de los sentidos, convulsiones. Mi reacción fue adentrarme en lo más profundo de mi ser, en busca de Dios, y rezarle a la Virgen. Me llevó un buen rato hacerlo, pues sufría ataques contra el sexto mandamiento. Estos fenómenos se fueron repitiendo a la hora de acostarme y también sufría tentaciones durante la noche. El sacramento del perdón me daba fuerzas; si no, no habría podido resistir las tentaciones contra el sexto mandamiento, pues una vez que comenzaban persistían con fuerza, a pesar de las oraciones.

El segundo síntoma fueron las convulsiones, que aparecían al empezar las oraciones en común durante el oficio de la mañana, y las tentaciones de desesperación o de suicidio. Mi padre espiritual me dijo que todo ello formaba parte de la lucha espiritual, pero quien me ayudó realmente fue el padre exorcista que me trataba, a menudo por teléfono. Pasé una etapa en la que me costaba mucho estudiar y hasta me costaba comer. Durante un oficio en la capilla, percibí olores fétidos y tuve la impresión de que el agua bendita que guardo en una botella estaba putrefacta. Al día siguiente, el agua estaba perfectamente y ya no olía mal.

Una violenta tentación contra el sexto mandamiento me hizo repetir: “Antes morir que ceder”. Me sirvió de gran ayuda recitar el exorcismo de León XIII y, sobre todo, recibir por teléfono el exorcismo del padre exorcista. El domingo siguiente reaparecieron los mismos síntomas. Llamé al padre exorcista y él me liberó por teléfono. Esto se repitió tres veces en el mismo día. Antes del exorcismo sentía que me volvía loco y tenía fuertes tentaciones contra la vocación; sin embargo, logré superarlas gracias al exorcismo.

En agosto reaparecieron los síntomas: cansancio extremo, jaquecas, la sensación de volverme loco, tristeza, etcétera. El padre me exorcizó en persona. Desde sus primeras palabras empecé a golpear el suelo con los pies. El demonio habló por mi boca; yo en cuanto podía rezaba interiormente, invocando el nombre de Jesús. El agua bendita me daba miedo, la píxide me quemaba en cuanto la acercaban a mí y mi cuerpo hacía movimientos incontrolables. Después del exorcismo todos los males desaparecieron y volvió la paz. Sufrí ataques una vez más, pero los superé con un exorcismo a distancia.

Terminaré diciendo que, para mí, fue muy importante descubrir la existencia del demonio. Desde ese momento empecé a luchar contra él y comprendí que yo no estaba loco. No obstante, sin la intervención de un exorcista no habría superado todo aquello y hubiese perdido mi vocación. También me sentí, y sigo sintiéndome, muy vinculado a la Pasión de Cristo.”

Destino: suicidio

¿Cuál es el objetivo final de las actividades que realizan brujos, cartománticos, sectas satánicas, etcétera?

El objetivo final es la muerte, porque Dios es el dios de la vida, mientras que Satanás es el dios de la muerte. El diablo ha inspirado muchos suicidios en grupo.

Yo nunca he tratado a personas que después se hayan suicidado, pero he tenido muchos casos de individuos que habían intentado suicidarse, aunque, por suerte, algo les impidió llevar a cabo su propósito. Cuando alguien empieza a recibir exorcismos, es casi imposible que se suicide.

Un caso típico es el de una chica a quien exorcicé muchas veces. Se curó por completo, retomó su vida cotidiana y ahora tiene un puesto de profesora. Sin embargo, su restablecimiento costó años y años. No recuerdo bien cómo entró Satanás, porque heredé a este pariente del padre Candido, que la trató duramente mucho tiempo, y me la pasó cuando él ya no podía exorcizarla.

Pues bien, esta chica, un día, empezó a pasearse, con un saco de dormir al hombro, por la vía del tren de la línea Roma-Livorno-Génova. En una de las grandes curvas, se metió dentro del saco y se tendió sobre las vías. Quería matarse, quería que un tren la pasara por encima. Es un caso inexplicable, no se puede comprender.

En otra ocasión, aquí, en Roma, la chica anduvo por una calle muy transitada, sin mirar los semáforos ni nada, con el fin de que la atropellaran, y ningún vehículo la rozó. Intentaba suicidarse, pero nunca lo lograba. Y es que, si se empiezan los exorcismos, eso significa que la persona tiene la voluntad de curarse, de liberarse, lo cual desencadena una lucha interior; y el Señor responde a las invocaciones, otorgando las gracias necesarias para que se produzca la liberación.

¿Sabe usted de algún caso que no haya terminado bien?

El padre Candido me contó el único caso que tuvo de una chica que, al final, acabó suicidándose.

La exorcizaba porque estaba poseída por el diablo. Esta chica tenía una madre muy pérfida. Una vez, la madre fue a hablar con el padre Candido y él le explicó los trastornos que padecía su hija. La mujer asentía, pero el padre comprendió que no creía nada de lo que le decía.

Vivían en un sexto piso. Un día, la chica se confió a su madre y le dijo: “Lo único que deseo es suicidarme, ya no puedo más”. La madre le respondió: “Bah, no sirves para nada, no serías capaz de hacerlo”, tras lo cual se acercó a la ventana y la abrió. Y su hija se tiró.

Es el único caso que conozco de una persona exorcizada que, al final, terminó así.

En estas personas, la tentación del suicidio es muy común, muy fuerte, porque sufren dolores agudos. Sin embargo, según mi experiencia, cuando una persona empieza a recibir exorcismos, es imposible que logre quitarse la vida. Puede que lo intente, pero nunca consigue su objetivo. Hay muchos casos de personas que han ingerido sustancias venenosas, pero siempre las han encontrado a tiempo, las han llevado al hospital y les han hecho un lavado de estómago. Conozco muchos casos de este tipo. Satanás impulsa al suicidio, porque es el dios de la muerte. Por eso san Agustín dice que, si Dios no lo frenase, el diablo nos mataría a todos.