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lunes, 31 de octubre de 2011

Evangelio dominical: No hacen lo que dicen


Desde la encomienda de Barcelona seguimos ofreciéndoos la reflexión del evangelio de ayer domingo 30 de octubre.

Desde Temple Barcelona deseamos que su lectura y reflexión os sea provechosa.

En aquel tiempo, Jesús habló a la gente y a sus discípulos, diciendo: «Los escribas y fariseos ocupan la cátedra de Moisés; ustedes hagan y cumplan todo lo que ellos les digan, pero no se guíen por sus obras, porque no hacen lo que dicen. Atan pesadas cargas y las ponen sobre los hombros de los demás, mientras que ellos no quieren moverlas ni siquiera con el dedo. Todo lo hacen para que los vean: agradan las filacterias y alargan los flecos de sus mantos; les gusta ocupar los primeros puestos en los banquetes y los primeros asientos en las sinagogas, ser saludamos en las plazas y oírse llamar "mi maestro" por la gente. En cuanto a ustedes, no se hagan llamar "maestro", porque no tienen más que un Maestro y todos ustedes son hermanos. A Nadie en el mundo llamen "padre", porque no tienen sino uno, el Padre celestial. No se dejen llamar tampoco "doctores", porque sólo tienen un Doctor, que es el Mesías. Que el más grande de entre ustedes se haga servidor de los otros, porque el que se ensalza será humillado, y el que se humilla será ensalzado». (Mt 23, 1-12)

Reflexión:

Los próximos días 3 y 4 de noviembre, se celebrará en Cannes (Francia) la reunión del G-20, donde se abordarán los problemas surgidos por la crisis económico-financiera que azota a todo el mundo.

No sabemos si esta vez se tendrá una voluntad de llegar a acuerdos y que éstos se acaben cumpliendo para el bien del conjunto de la sociedad, sin que –como nos dice Nuestro Señor- “aten pesadas cargas y las pongan sobre los hombros” de los más desfavorecidos.

¿Será capaz el G-20 de humillarse y ponerse al servicio del interés común, o simplemente la reunión de los días jueves y viernes de esta semana será otra pantomima para continuar teniéndonos engañados?

Plegaria:

Señor, que las personas que tienen algún tipo de autoridad recuerden siempre que están al servicio de quienes las han elegido o de las personas que han sido encomendadas. Que sean los primeros cumplidores de las leyes y normas y no se sirvan de estrategias para eximirse de ellas.

viernes, 28 de octubre de 2011

La tercera cruzada: asesinos y templarios


Desde la encomienda de Barcelona seguimos incorporando más datos acerca de las cruzadas. Para ello hemos elegido de nuevo un texto del escritor y periodista José Ignacio Cuesta publicado en su libro “Breve historia de las cruzadas”, donde esta vez nos habla de las intrigas entre Templarios y Asesinos.

Desde Temple Barcelona estamos seguros que con su lectura os entretendréis.

Recreación del video-juego de acción “Assassin’s Creed” donde puede observarse la lucha entre Asesinos y Templarios.

Aquella era una época en que no importaba tanto la religión profesada, ni las lealtades prometidas, como los recelos, las ambiciones, y una capacidad ilimitada para la intriga y el cambalache. La Iglesia siempre ha tratado de ofrecernos a una visión idílica de las Cruzadas, en la que los nobles caballeros parecen empeñados en liberar los Santos Lugares del yugo musulmán. A estas alturas ya sabemos que hubo más cosas. El principal afán de los nobles europeos fue el de conquistar tierras y poder y enriquecerse a cualquier precio para satisfacer sus ambiciones y un ego desmedido. Los peregrinos les importaban bastante poco, excepto como carne de cañón en las batallas.

Ha llegado, la hora de tomar contacto con unos interesantes personajes que protagonizaron una serie de episodios que influyeron decisivamente en el desarrollo de algunas Cruzadas, liderados por Hassan as-Sabbah. Hablamos de los “hashashin”, palabra que fue transformándose hasta convertirse en el término occidental “asesinos”.

En ellos se inspiran los actuales suicidas que tantos desastres causan hoy. Merece la pena conocer su origen y algunas anécdotas que se les atribuyen. Nos resultarán esclarecedoras para reflexionar en cómo pasa el tiempo sin que cambien las intenciones de quienes se consideran especialmente elegidos por un dios…por cualquier dios, para matar en su nombre.

La biografía de Hassan nos permite comprobar que estamos ante un hombre sensible y culto. Nació en la ciudad persa de Rayy. Desde niño hizo gala de gran sensibilidad lírica. Se cuenta que acompañó a un poeta, Umar al-Jayyam, que también era astrónomo y matemático. Fundó su temible secta en el año 1090.

Eran momentos de transición, cuando Asia Menor pasó del dominio chií al sunní. Los chiítas quedaron como un grupo marginal que sufría persecución frecuentemente por parte de los turcos selyúcidas.

Huyendo del acoso, Hassan se refugió en el año 1071 en Egipto, pero allí las cosas no fueron mejor. El anciano califa al-Mustanzir estaba entonces en manos de su visir Badr al-Yamali, de origen armenio. Allí pudo reclutar un buen número de descontentos que querían reestablecer el chiísmo. Nació así un movimiento de apoyo decidido a Nizar, el hijo del califa. Era éste un hombre de intenciones y costumbres ascéticas que será nombrado su heredero, apoyado por los enemigos de los sunnitas que estaban dispuestos a ayudarle a cualquier precio. Para ello, Hassan diseñó un método temible que requería un lugar de entrenamiento apartado de todo.

Fue en el año 1090 cuando asaltó un bastión de muy difícil acceso situado en la sierra de Elburz (Irán). Hay allí un pico llamado Alamut en una zona inhóspita y desértica. En él, Hassan instruía a sus seguidores en el arte de matar de un modo muy peculiar. Debían realizar su misión en solitario o formando pequeños grupos. Tenían que suprimir a personas importantes, ya fueran políticos, clérigos o comerciantes. Su aspecto era el de ascetas itinerantes que venían de meditar en el desierto.

Tenían que acabar con sus víctimas ante el mayor número de personas posible, ya fuera en el interior de una mezquita, en un haman o en medio de una plaza. Los días preferidos para ejecutar a sus víctimas eran los viernes, y la hora la de máxima luz, al mediodía. Eran asesinatos rituales con intención ejemplarizante.

El ejecutor normalmente moría en el acto, pero esto no era un inconveniente, sino que mostraba el heroísmo del ejecutante en defensa de la fe. Era un “fedah”, o sea un “mártir” que elegía el suicidio para cumplir su misión, tal y como sucede hoy con los hombres-bomba.

Es muy probable que la leyenda que les atribuye ser consumidores de hachís, que habría dado origen a su nombre, sea cierta. Utilizarían no sólo los derivados del cáñamo, sino también algunos otros alcaloides, para conseguir estados alterados de conciencia que les ayudaran a cumplir su misión eficazmente.

Su “presentación en sociedad”, su primer crimen, tuvo lugar en el año 1092, a mediados de octubre. Nizan al-Mulk, el viejo califa que llevó al poder a los sunníes, murió apuñalado por un “asesino”. Su efectividad fue tanta que se firmó que este crimen “había desintegrado el estado”.

Hasan decidió trasladar su cuartel principal a Siria, donde podría enemistar a unas ciudades con otras para que fueran destruyéndose mutuamente sin demasiado esfuerzo por su parte. Para ello, envió allí un nigromante, médico y astrólogo, que se hará amigo del gobernante de Alepo, Ridwan. Pondrá a su servicio algunos miembros de la secta para que le ayuden a matar a algunos de sus más odiados enemigos. Le sucedió un misterioso “orfebre” que influirá mucho más que su predecesor sobre la voluntad del mandatario.

Los “hashashin” eran conocidos también con el nombre de “batiníes”, una corriente filosófica despreciada por los sunníes como traidora al Islam. Sus interpretaciones de los textos religiosos estaban basadas en los significados ocultos de las palabras, algo que atrajo a los soldados del Temple, que visitaban con frecuencia Alamut.

Allí aprendían no sólo técnicas para eliminar a sus enemigos, sino que probaron también sustancias capaces de modificar estados de percepción utilizadas por los “asesinos”. Por otra parte, estos persas manejaban una serie de conocimientos de alquimia que, como sospechamos, les fueron transmitiendo poco a poco en su extraordinaria biblioteca.

Todos estos saberes y prácticas llegaron a Europa por dos vías, los propios hermetistas árabes que los introducían a través de España, y de los caballeros templarios.

Hassan falleció en su fortaleza en el año 1124. Lejos de terminarse la actividad de los “batiníes”, se recrudeció y realizaron atentados mucho más sutiles y clandestinos. Por ejemplo, terminaron asesinando a Ibn al-Jasab, el cadí de Alepo, uno de sus más encarnizados enemigos.

Otro importante dirigente de la secta, sobre todo por su apodo, el “Viejo de la Montaña”, fue especialmente famoso. No sabemos el año de su nacimiento, pero sí que falleció en el año 1192. Se trata de Sinan ibn-Salman ibn-Muhammad, o también, Rashid al-Din Sinan, afincado también en Siria, en otra fortaleza inexpugnable, la de Masyaf. Su apelativo le fue puesto por su avanzada edad, por su sabiduría, su energía y su carácter impecable. Pero sobre todo por su empeño en el asesinato, tanto de cristianos como de musulmanes.

El mismo Saladino se convirtió en 1275 en objetivo permanente de los “asesinos”. El “comando” que trató de matarlo fue detenido y sus miembros ejecutados inmediatamente. El día 22 de mayo del año siguiente recibió una puñalada en la cabeza, pero llevaba una protección dentro del turbante y logró sobrevivir al atentado. Inmediatamente sitió Masyaf (tan inexpugnable como Alamut), y sólo levantó el asedio cuando amenazaron de muerte a todos los miembros de su familia.

A pesar de ser aliados de los templarios, estos mismos irían poco a poco exterminando a todos sus miembros. Los “batiníes” habían perdido poder y empezaban a ser desleales. Su promesa de convertirse al cristianismo se dilataba demasiado tiempo y ellos ya habían obtenido los conocimientos que querían. El último gran dirigente de la secta fue el “Viejo de la Montaña”. El resto de miembros corrieron suerte parecida a la de sus aliados cristianos.

jueves, 27 de octubre de 2011

La invasión benimerí de Al-Andalus


Desde la encomienda de Barcelona intentamos acercaros de manera breve la Reconquista. Para ello hemos seleccionado un nuevo texto del que fuera periodista y locutor de programas radiofónicos tan conocido como “La rosa de los vientos”, de su libro “La cruzada del Sur”.

Esta vez viajaremos gracias a su fluida lectura por las tierras nazaríes del reino de Granada por los siglos XIII y XIV, reflejos de conspiraciones inacabables que fueron mermando lentamente la moral de los musulmanes peninsulares y la de los de más allá del Estrecho.

Desde Temple Barcelona estamos convencidos que su lectura os gustará.

Mapa del reino de Granada (siglo XIV)

La dinastía beréber de los benimerines constituyó el último esfuerzo musulmán por reconquistar Al-Andalus. Nacidos como sus hermanos almorávides y almohades en los profundos desiertos magrebíes, heredaron el espíritu imperial de éstos, sobre todo, gracias al carisma de su gran líder Abu Yusuf Yaqub (1258-1286), quien envió los primeros expedicionarios a tierra hispana aprovechando las revueltas mudéjares y el peligro cristiano que amenazaba el reino nazarí de Granada; pronto las ayudas esporádicas se convirtieron en asentamientos de enormes contingentes bélicos.

A finales del siglo XIII las tropas benimerines controlaban importantes plazas andalusíes como Málaga o Algeciras con el propósito de ser utilizadas para el desembarco de los futuros ejércitos invasores norteafricanos.

A principios del siglo XIV fallecía el rey nazarí Muhammad II, aliado de los benimerines. Le sucedió Muhammad III, más preocupado en fomentar la cultura o construir la hermosa mezquita de la Alhambra que de reforzar la unión con sus aliados sarracenos. En 1308 su belicoso hermano Nars le obligó a la abdicación en su favor ante el inminente ataque cristiano. En efecto, un año más tarde, las huestes de Fernando IV lanzan una ofensiva sobre las tierras gaditanas tomando la importante plaza de Gibraltar; los benimerines poco o nada pueden hacer ante esto. Perdidas Tarifa y Gibraltar, tan sólo disponían de Algeciras como presumible cabeza de puente para sus tropas.

En este período se libra una crucial batalla por el control del Estrecho; serán casi cien años de desigual fortuna para un bando y otro. Mientras tanto Nars cedía el mando nazarí a su sobrino Ismail I, quien seguirá apostando por el apoyo de sus hermanos norteafricanos para contener el impetuoso ataque cristiano. Su desgraciada muerte en 1325 a manos del gobernador de Algeciras coincidió con la mayoría de edad del rey castellano Alfonso XI. El nuevo rey Muhammad IV sobresalió por su ardor combativo al recuperar algunas plazas expugnadas anteriormente por los cristianos, destacando la toma de Gibraltar en 1333 con la inestimable aportación militar benimerí.

Pero, sin duda, el gobernante nazarí más representativo del siglo XIV fue Yusuf I Abul Hedjahd, hombre cauteloso que protagonizó el capítulo final de la presencia benimerí en la península Ibérica. Yusuf combatió con decisión a los ejércitos cristianos, principalmente, a los castellanos de Alfonso XI. Durante sus veintiún años de gobierno mantuvo constantes algaras con la idea de menoscabar la potencia militar de sus enemigos peninsulares, a fin de establecer una situación propicia para la llegada de un gran ejército benimerí del que pensaba servirse para la reconquista de Al-Andalus. En aquel tiempo la fuerza militar de Granada no era demasiado grande, sin embargo, el excelente entretenimiento y motivación de las reducidas tropas nazaríes llamaban la atención de esa época tan acostumbrada a tropas poco profesionales.

Los ejércitos musulmanes que guerreaban a mediados del siglo XIV, en realidad, no distaban mucho de los que lo habían hecho en siglos anteriores. El reino de Granada, por sus dimensiones y población, se encontraba en manifiesta inferioridad con relación a sus enemigos peninsulares; esto lo compensaba con una eficacia extrema a la hora de reclutar y adiestrar a los efectivos disponibles. Existía un ministerio de la guerra con funcionarios capaces de engrasar a la perfección la maquinaria bélica granadina. En consecuencia, no era extraño ver cómo, en tiempos de conflicto, Granada era capaz de movilizar más soldados que sus oponentes aragoneses, castellanos o portugueses. […]

[…] Se puede decir, utilizando la terminología militar de los ejércitos contemporáneos, que la división principal constaba de unos 5.000 efectivos, subdivididos a su vez en batallones de 1.000 hombres, compañías de 200 y secciones de 40 con unidades de ocho soldados; todos ellos acompañados por banderas, pendones, tambores y distintivos de guerra.

Como ya sabemos, las tropas nazaríes participaron junto a las benimerines en la definitiva batalla del río Salado, donde sufrieron gravísimas pérdidas a manos de los castellanos y sus aliados aragoneses y portugueses. Estos últimos se enfrentaron directamente a las tropas de Yusuf I, que poco pudieron hacer ante la carga resuelta de los caballeros de Alfonso IV.

Tras el desastre, Yusuf I escapó a Marbella donde se atrincheró esperando que amainara la tempestad desatada sobre su ejército; por su parte, el benimerí Abu I Hasan se parapetó con los restos de ejército en Algeciras desde donde partió al norte de África para no volver jamás a poner pie en tierra hispana.[…]

[…] Los benimerines cesaron en sus ambiciones expansionistas sobre Al-Andalus. La derrota del Salado, la desarboladura de su flota y, principalmente, las intrigas internas por el control del poder, fueron factores esenciales para entender su retirada del escenario europeo. Eso les permitió sobrevivir un siglo más en el que intentaron ejercer su influencia sobre los nazaríes granadinos con más o menos acierto. Yusuf I falleció en 1354, sumiendo al reino de Granada en una severa crisis mal conducida por sucesores incapaces como Muhammad V el Viejo, quien reinó de 1354 a 1391 con una paréntesis provocado por las eternas conspiraciones intramuros donde reinaron Ismail II (1356-1360) y Muhammad VI (1360-1362). Finalmente la amistad de Muhammad V con el castellano Pedro I sirvió de ayuda para que el primero recuperara el gobierno de Granada durante veintinueve años más, en los que se suavizó la situación permitiendo un mayor florecimiento de la capital nazarí con la incorporación de nuevos recintos a la Alhambra, como el valiosísimo Patio de los Leones y la potenciación de la fértil Universidad fundada en 1349 por Yusuf I y que tantos talentos alumbró. […]

[…] Muhammad V falleció hacia 1391, siendo sucedido por su hijo Yusuf II que tan sólo pudo reinar un año, al morir envenenado por orden del rey de Fez. Muhammad VII (1392-1407) se limitó a mantener los costosos pactos de amistad y no agresión con Castilla, aunque al final de su gobierno se rompieron de nuevo las hostilidades, en lo que ya se entendía como un intento definitivo por parte de los castellanos de conquistar las posesiones del reino nazarí de Granada.

Terminaba el siglo XIV envuelto por la incertidumbre de una Al-Andalus cada vez más estrangulada en una carrera frenética hacia su inminente catástrofe de 1492.

miércoles, 26 de octubre de 2011

El Vaticano pide un cambio en el sistema financiero


Desde la encomienda de Barcelona, queremos compartir con todos vosotros una noticia del Servicio de Información del Vaticano que nos llegó el pasado lunes 24 de octubre. En ella podemos ver como la Santa Sede pide a los jefes de gobierno del G-20 que intenten cambiar el sistema financiero actual aportando una serie de ideas que podrían servir para una modificación de la economía mundial.

Desde Temple Barcelona os seguiremos informando sobre este asunto después de la cumbre del G-20 que está prevista para los días 3 y 4 de noviembre, mientras deseamos que estas líneas os aporten luz.

CIUDAD DEL VATICANO, 24 OCT 2011 (VIS).-Esta mañana, en la Sala de Prensa de la Santa Sede, ha tenido lugar una conferencia para presentar la nota del Pontificio Consejo "Justicia y Paz" titulada: "Para una reforma del sistema financiero internacional en la perspectiva de una autoridad pública de competencia universal". Han intervenido el cardenal Peter Kodwo Appiah Turkson, presidente del Pontificio Consejo; el obispo Mario Toso, S.D.B., secretario; y Leonardo Becchetti, profesor de Economía Política de la Universidad de Roma "Tor Vergata".

El Cardenal Turkson se refirió a la sexta reunión de los Jefes de Gobierno del G-20 que se celebrará los días 3 y 4 de noviembre en Cannes (Francia) para abordar cuestiones relativas a la economía y la financia mundial. "El Santo Padre y la Santa Sede -dijo- siguen estas cuestiones con mucha atención exhortando y alentando constantemente no sólo 'una acción de conjunto', sino una acción basada en una 'visión clara de todos los aspectos económicos, sociales, culturales y espirituales'. Con este espíritu de discernimiento, la Santa Sede, a través de la nota del Pontificio Consejo Justicia y Paz ofrece y comparte su aportación que puede ser útil para las deliberaciones del G-20".

El obispo Toso explicó que la nota del Pontifico Consejo "quiere proponer una reflexión sobre los posibles caminos a recorrer -en línea con el más reciente magisterio social de los pontífices- para alcanzar políticas e instituciones financieras y monetarias eficaces y representativas a nivel mundial, y orientadas a un desarrollo auténticamente humano de todas las personas y pueblos".

Al afrontar la cuestión de la actual crisis del sistema monetario y financiero, la Iglesia no desea adentrarse en cuestiones técnicas, sino que se mueve en el plano de su competencia ética y religiosa. Así, señala como causas de la crisis no sólo las de carácter ético, sino más específicamente, las de tipo ideológico. Tras el ocaso de las viejas ideologías, han surgido nuevas "ideologías neo-liberales, neo-utilitaristas y tecnocráticas que, al tiempo que marginan el bien común en favor de dimensiones económicas, financieras y técnicas absolutas, ponen en riesgo el futuro de las instituciones democráticas mismas".

El prelado aseguró que es necesario superar esas ideologías mediante un "nuevo humanismo global, abierto a la trascendencia, (...) una ética de la fraternidad y la solidaridad, así como la subordinación de la economía y la finanza a la política, responsable del bien común".

En cuando a las vías de solución, el Pontificio Consejo propone, retomando el magisterio social de los pontífices, especialmente de Juan XXIII y Benedicto XVI, "que la globalización sea gobernada mediante la constitución de una autoridad pública de competencia universal". Sugiere también reformar las actuales instituciones internacionales, que "deben ser expresión de un acuerdo libre y compartido entre los pueblos; más representativas; más participativas; más legitimadas (...) Deben ser 'súper-partes', al servicio del bien común de todos, capaces de ofrecer una guía eficaz y, al mismo tiempo, de permitir que cada país exprese y persiga el propio bien común, según el principio de subsidiariedad, en el contexto del bien común mundial. Solo así las instituciones internacionales conseguirán favorecer la existencia de sistemas monetarios y financieros eficientes y eficaces, o sea, mercados libres y estables, disciplinados por un adecuado cuadro jurídico, dirigidos al desarrollo sostenible y al progreso social de todos".

"La Autoridad mundial deberá entender su facultad de orientar y decidir, así como de sancionar sobre la base del derecho, como un ponerse al servicio de los varios países miembros, para que crezcan y posean mercados eficientes y eficaces".

Para que todo ello sea posible, es preciso recuperar "el primado de lo espiritual y de la ética y, con ello, el de la política, responsable del bien común".

martes, 25 de octubre de 2011

La figura de Hugo de Payns


Desde la encomienda de Barcelona hemos querido contrastar la visión de un veterano historiador. Se trata del catedrático de historia Alain Demurger, donde gracias a su obra, un clásico en las librerías de todo el mundo, cuyo título original es “Vie et mort de l’ordre du Temple”.

Para esta ocasión hemos elegido reflejar el primer maestre de nuestra amada Orden, fr.+++Hugo de Payns.

Desde Temple Barcelona estamos seguros que os sentiréis atraídos por su lectura.

Representación de Hugo de Payns recibiendo de manos de Bernardo de Claraval la Regla aprobada para la Orden de los Pobres Soldados de Jesucristo.

Se conoce poco sobre los primeros tiempos de los templarios. Los relatos más precisos son muy posteriores a la fundación de la primera orden religiosa militar de la cristiandad. Suele citarse a este respecto a Guillermo de Tiro:

“En aquel mismo año de 1119, ciertos nobles caballeros llenos de devoción a Dios, religiosos y temerosos de Él, poniéndose en manos del señor patriarca para el servicio de Cristo, hicieron profesión de querer vivir perpetuamente siguiendo la costumbre de las reglas de los canónigos, observando la castidad y la obediencia y rechazando toda propiedad. Los primeros y principales de entre ellos fueron dos hombres venerables, Hugo de Payns y Godofredo de Saint-Omer…”

Guillermo había nacido hacia 1130 en Palestina. Canciller del reino de Jerusalén en 1174 y obispo de Tiro al año siguiente, empezó la redacción de su Historia rerum in partibus transmarinis gestarum (que se tradujo al francés en el siglo siguiente, con el título Historie d’Éraclès) durante el reinado de Amalrico I (1163-1174), en el momento en que éste llevaba a cabo una serie de campañas victoriosas en Egipto y en que el porvenir del reino parecía asegurado. Guillermo no conoció los comienzos gloriosos de los Estados latinos de Tierra Santa. Por lo tanto, no asistió a los primeros pasos de los templarios, difíciles pero prometedores.

En el siglo XIII, Jacobo de Vitry, historiador y obispo de Acre, nos relata los mismos acontecimientos en su Historia orientalis seu hierosolymitana:

“Ciertos caballeros amados de Dios y ordenados para su servicio renunciaron al mundo y se consagraron a Cristo. Mediante votos solemnes, pronunciados ante el patriarca de Jerusalén, se comprometieron a defender a los peregrinos contra bandidos y ladrones, a proteger los caminos y a constituir la caballería del Rey Soberano. Observaban la pobreza, la castidad y la obediencia, según la regla de los canónigos regulares. Sus jefes eran dos hombres venerables, Hugo de Payns y Godofredo de Saint-Omer. Al principio, no fueron más que nueve los que tomaron una decisión tan santa y, durante nueve años, se vistieron con ropas seculares, que los fieles les daban como limosna. El rey, sus caballeros y el señor patriarca se llenaron de compasión por estos hombres nobles que lo habían abandonado todo por Cristo y les concedieron ciertas propiedades y beneficios para subvenir a sus necesidades y por el alma de los donadores. Y como no tenían iglesia ni lugar en que habitar que les perteneciesen, el rey les alojó en su palacio, cerca del Templo del Señor. El abad y los canónigos regulares del Templo les dieron un terreno no lejos del palacio para su servicio; y por esta razón, se les llamó más tarde ‘templarios’.”

No obstante, en la mayoría de los casos los historiadores de la época se refieren brevemente al acontecimiento. Por ejemplo, Guillermo de Nangis dice que en ese tiempo (1120) fue fundada “la orden de la milicia del Temple, dirigida por Hugo, su maestre”. Los compendios o resúmenes de textos históricos publicados con el nombre de ‘pequeña crónica’ se limitan en su mayor parte a indicar el dato y su fecha, 1119 o 1120.

Como se ve, esos relatos están escritos mucho tiempo después de los hechos. Se copian los unos a los otros y siguen la misma orientación. Lo menos que puede decirse es que Jacobo de Vitry había asimilado bien a Guillermo de Tiro. Pero, en Acre, frecuentó a los templarios, de los que se hizo amigo. Su testimonio, aunque poco original, añade algunos detalles interesantes al de Guillermo de Tiro, en general poco favorable a las órdenes militares. En cuanto a los documentos de archivo, casi todos ellos actas de donación, aclaran poco los orígenes del Temple.

Queda todavía un texto, desgraciadamente poco explícito, pero que tienen el doble mérito de proceder de los propios templarios y de ser casi contemporáneo de la creación de éstos: la regla de la orden. En su versión latina, fue redactada entre 1120 y 1128, puesto que el concilio de Troyes, reunido en el año 1128, la aprobó con algunas modificaciones. Según dice su prólogo, el concilio de Troyes se reunió ‘a petición del maestro Hugo de Payns, bajo la dirección del cual dio comienzo la dicha caballería por la gracia del Espíritu Santo’.

Se mantienen, pues, muchas incertidumbres, que más tarde se transformaron con demasiada facilidad en ‘misterios’. Sin embargo, se perfilan claramente tres ideas fundamentales:

  • La orden nació de la voluntad de renunciar al mundo de algunos caballeros, los cuales llevaron a cabo un acto religioso.
  • La iniciativa corresponde a dos hombres, uno de los cuales, Hugo de Payns, fue el primer maestre de la nueva milicia, como se la llamaba entonces.
  • Su creación respondía por completo a los deseos de las autoridades religiosas y laicas del reino de Jerusalén.

El Temple, como las órdenes militares ulteriores, une el ideal del monje al de caballero, algo que no está lejos de suscitar el escándalo en el preciso momento en que se impone en la sociedad cristiana el esquema tri-funcional de los tres órdenes –los que rezan, los que combaten y los que trabajan-. Esos tres órdenes están bien delimitados y subordinados jerárquicamente unos a otros. El clero domina a los demás, y el monacato forma la clase superior del clero.

El Temple nace de la voluntad de un oscuro caballero de Champaña, preocupado por su salvación, pero arrastrado también por las nuevas corrientes espirituales que la reforma de la Iglesia –la reforma gregoriana- ha liberado. Se ajusta perfectamente a la ideología de la cruzada. Es la respuesta más pertinente a las necesidades de ésta.

lunes, 24 de octubre de 2011

Evangelio dominical: Amarás al Señor, tu Dios, y a tu prójimo como a ti mismo


Desde la encomienda de Barcelona como cada lunes queremos compartir con todos vosotros la reflexión del evangelio de ayer domingo 23 de octubre.

Desde Temple Barcelona deseamos que su contenido sea de vuestro agrado.

“En aquel tiempo, los fariseos se enteraron de que Jesús había hecho callar a los saduceos, se reunieron en ese lugar, y uno de ellos, que era doctor de la Ley, le preguntó para ponerlo a prueba: «Maestro, ¿cuál es el mandamiento más grande de la Ley?». Jesús le respondió: «Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con todo tu espíritu. Este es el más grande y el primer mandamiento. El segundo es semejante al primero: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos dependen toda la Ley y los Profetas».” (Mt 22, 34-40)

Reflexión

El pasado jueves 20 de octubre, la opinión pública de todo el mundo se hizo con una noticia que los españoles llevábamos tiempo por escuchar: tres miembros encapuchados de la banda terrorista ETA anunciaban el final de la violencia, tras más de cuarenta años asesinando y extorsionando a millares de personas. Una violencia gratuita que ha sesgado la vida a más de 850 personas.

Jamás debieron sufrir por un mal llamado ideal político, cientos de familias. El desprecio por el prójimo provoca conductas impropias de seres civilizados, individuos capaces de cualquier cosa por intentar “salirse con la suya”. El egoísmo, la intolerancia y el totalitarismo han sido males endémicos que desgraciadamente han llevado al límite de lo imaginable a la especie humana.

Jesús nos enseña que para ganarnos el respeto de los demás debemos amar al prójimo. De esa forma podremos evitar caer en la tentación de vilipendiar a nuestros semejantes.

Plegaria

Que podamos celebrar tu victoria y en el nombre de nuestro Dios alzar estandartes.

viernes, 21 de octubre de 2011

Conociendo a Jesucristo: Sermones y Discursos


Desde la encomienda de Barcelona volvemos a compartir con todos vosotros la ética con la que Nuestro Señor Jesucristo preparó a sus discípulos.

Para ello hemos seleccionado un texto del teólogo J.R.Porter que fue publicado en su libro “Jesus Christ”, donde esta vez nos aclara los sermones y discursos que nos enseñó el Unigénito.

Desde Temple Barcelona deseamos que su lectura os sea enriquecedora.

Representación de uno de los sermones de Jesús

Según los evangelios sinópticos, Jesús expresó la mayor parte de su doctrina en dichos sucintos y sentenciosos o en breves parábolas. Este hecho contrasta con el Cuarto Evangelio, en el que la doctrina de Jesús representa casi por entero en discursos más largos. Sin embargo, existen ejemplos en los evangelios sinópticos de discursos extensos atribuidos a Jesús, como el llamado “Apocalipsis Sinóptico” (Mc 13, 5-37 y paralelos). En el Evangelio según Mateo hay por lo menos cinco discursos de este tipo, los cuales ocupan un lugar destacado en la estructura de la obra.

Sin embargo, aunque no es imposible que Jesús ocasionalmente construyera alguna frase a la manera de algunos profetas del antiguo Israel, evidencias internas sugieren que, tal y como están, los discursos de los evangelios de Mateo, Marcos y Lucas son, en realidad, recopilaciones de dichos individuales. Por ejemplo, dichos que aparecen en un discurso de uno de los evangelios, en ocasiones aparecen en otro evangelio en un contexto completamente distinto.

Los más conocidos de este tipo de discursos aparecen en dos versiones relacionadas, conocidas tradicionalmente como el Sermón de la Montaña (Mt 5-7) y el Sermón de la Llanura (Lc 6, 20-49), las cuales se ocupan de las retadoras exigencias éticas de Jesús. La comparación entre las versiones de Mateo y Lucas sugiere que ambas derivan de una recopilación más antigua de dichos, bien en forma oral o escrita, que cada evangelista extendió e interpretó a su manera. En ambos evangelios, el discurso se presenta como dirigido a un público general (Mt 7, 28; Lc 6, 17, 7, 1), pero parece probable que originalmente fuera pensado sólo para los discípulos (Mt 5, 1; Lc 6, 20) y se conserva como un manual de instrucciones para la Iglesia primitiva.

Tanto en Mateo como en Lucas, el discurso esencialmente representa la proclamación del reino por el Mesías. Este punto queda más claro en Mateo, en el que el sermón abre la sección de este evangelio que establece el mensaje y las enseñanzas de Jesús (Mt 4, 17- 16, 20). Sin embargo, considerarlo básicamente como una ley –incluso si se trata de una nueva ley para Israel- es confundir su carácter. Las enseñanzas morales y éticas que contiene representan los requerimientos y las obligaciones de aquellos que están preparados para aceptar el presente del reino.

La posición de las bienaventuranzas al inicio del sermón es significativa: éstas aportan la clave para todo lo que sigue. Lucas cita sólo cuatro de las nueve bienaventuranzas mencionadas por Mateo, y existen diferencias (probablemente sin importancia) en la forma de abordar las que ambos incluyen. La estructura formal de las bienaventuranzas se basa en el modelo de dichos similares de la Biblia hebrea y otros textos judíos. Por ejemplo, en el libro de Sirácide (Eclesiástico) (Si 25, 7-10) existe una secuencia de nueve bienaventuranzas.

Las Bienaventuranzas del Reino

Las bienaventuranzas del Sermón de la Montaña del Evangelio según Mateo y el Sermón de la Llanura del Evangelio según Lucas parecen reflejar deliberadamente los versos de inicio de Isaías 61, lo que da la calve de su carácter. Isaías 61 fue el texto a partir del cual Jesús hizo su primera prédica en la sinagoga de Nazaret (Lc 4, 18-20), y las bienaventuranzas son dichos proféticos y apocalípticos que expresan el núcleo de la prédica de Jesús en las sinagogas de Galilea, donde proclamó el evangelio del reino (Mt 4, 23). Las connotaciones milenarias son más enfáticas en Lucas, el cual añade a las cuatro bienaventuranzas cuatro “lamentaciones” que describen el destino de aquellos que están sordos ante las exigencias del reino (Lc 6, 24-26).

Las cuatro primeras bienaventuranzas del Evangelio según Mateo expresan reveses de la fortuna que traerá el reino a los “pobres de espíritu”, “aquellos que se lamentan”, “el sumiso” y “aquellos que pasan hambre y sed de justicia”. Las restantes continúan con el tema de las recompensas en el reino que está a punto de consumarse, aunque ambos evangelios expresan la convicción de que esta consumación está al alcance de la mano. Los discursos alcanzas su clímax con una llamada a la gente para actuar según las palabras de Jesús a la luz del futuro Juicio. Esta cuestión está expresada en la parábola de las casas construidas en la roca y en la arena (Mt 7, 24-27; Lc 6, 47-49), la cual se basa en la idea del pueblo de Israel de “los dos caminos” de rectitud y negligencia (Dt 30, 15; Sal 1, 6; Prov 4, 10-19).

jueves, 20 de octubre de 2011

Padre Gabriele Amorth: Una vida consagrada a la lucha contra Satanás


Desde la encomienda de Barcelona seguimos informándoos de lo peligroso que tiene el practicar todo tipo de ritos que nada tengan que ver con la doctrina de la Iglesia.

Así el invocar el nombre de otros pseudo-dioses trae más perjuicios al alma que hipotéticos beneficios. Para que seamos más conscientes, hemos recuperado una nueva selección de experiencias del exorcista de Roma, el padre Gabriele Amorth, de su libro “Memorie di un esorcista – la mia vita in lotta contro Satana-“.

Desde Temple Barcelona les invitamos a que lo lean cuidadosamente.

Caminos y formas del Mal

Don Gabriele, ¿podría hablar de las distintas modalidades con las que se puede causar un maleficio, de las formas en que el Mal puede afectar al hombre?

Para contestar esta pregunta, utilizaré un esquema del maleficio extraído de varios autores y de mis reflexiones personales sobre los casos tratados.

El maleficio es un daño causado a través del demonio. Según su objetivo, puede ser:

  • Amatorio: favorece o destruye una relación amorosa.
  • Hostil: causa daños físicos, psíquicos, económicos o familiares.
  • De legamen: crea impedimentos a la acción, los movimientos y las relaciones.
  • De transferencia: los daños infligidos a un muñeco o una foto de la persona a quien se desea perjudicar se transfieren a dicho individuo.
  • Putrefacción: causa un daño moral, pues hace que se pudra un material expuesto a la putrefacción.
  • Posesión: introduce una presencia diabólica en la víctima, lo cual constituye una auténtica posesión.

Según la modalidad, un maleficio puede ser:

  • Directo: la víctima entra en contacto con el objeto portador del mal (por ejemplo, alguien le da comida o bebida embrujadas).
  • Indirecto: la acción maléfica se realiza sobre un objeto que representa a la víctima.

Según la acción:

  • Por implantación y tortura: con alfileres, clavos, martillos, pinchos, fuego, hielo…
  • Por sujeción o atadura: con cintas, nudos, correas, tiras, aros…
  • Por putrefacción: enterrando el objeto o animal símbolo tras haberlo embrujado.
  • Por maldición: directamente contra la persona, o contra una foto o símbolo de la misma.
  • Por rito satánico: por ejemplo, un culto satánico o una misa negra realizados con el fin de dañar a alguien.

Según el medio:

  • Con hechizos: muñecos o carne con alfileres, huesos de muertos, sangre, pollos, sapos.
  • Con objetos embrujados: regalos, plantas, almohadas, muñecas, cintas, talismanes.
  • Con la mirada (mal de ojo), contacto por manos, abrazos.
  • Por teléfono: en silencio, soplando o de otras formas.

Misas negras

Para prevenir a nuestros lectores contra los riesgos de consultar con brujos, quisiera preguntarle si éstos usan algún tipo de estrategia para que los clientes, inconscientemente, caigan en sus maléficas trampas.

Claro que se usan estrategias. Una de ellas es atacar en los momentos de debilidad. Por ejemplo, en algunas discotecas (no todas, nunca se puede generalizar) hay un itinerario fijo. Un chico o una chica van allí; empiezan con el tabaco, luego pasan a las drogas, al sexo, a la secta satánica. Es algo infalible; al final, acaban en una secta satánica.

Podría poner muchos ejemplos de este tipo. Para un joven, es una gran desgracia tener amigos que se droguen. Y más tarde se descubre que hacen cultos satánicos, misas negras.

La característica principal de las misas negras es que siempre se desprecia la Eucaristía. Además, en la auténtica misa negra una mujer desnuda hace las veces de altar. En teoría, tiene que ser virgen; primero debe violarla el que hace de sacerdote y luego los demás. Después de esto, hacen de todo entre ellos, como si estuvieran en un burdel. En realidad, muchos asisten a la misa negra por el después, o sea, por el burdel.

En tales situaciones, ¿existe el peligro real de que se produzca una entrada maléfica?

Por supuesto. Cuando se hacen misas negras, o se ofrece culto a Satanás, existe el peligro de una entrada maléfica, y a menudo ocurre. No es ninguna broma, el diablo toma las cosas muy en serio. Y Dios no tiene por qué impedirlo; nos creó libres. Los curas deberían predicar sobre estos temas, pero no lo hacen. No dicen nada de la existencia del diablo, ni de los peligros que conlleva tomar el camino de las drogas y el tabaco, o consultar con brujos y cartománticos. Según algunas estadísticas, catorce millones de italianos consultan con cartománticos.

Ritos satánicos en el cementerio

El interesado es un joven de veinte años. Llega acompañado de sus padres. Padece fuertes dolores en los testículos y en todo el cuerpo; chilla como un obseso. Ha salido momentáneamente del hospital donde está ingresado para asistir a una plegaria de liberación. Los médicos no se explican la causa de tanto sufrimiento y el joven ha decidido pedirnos ayuda a nosotros.

Me cuenta su historia con mucho esfuerzo, entre espasmos, sujetándose el bajo vientre.

“Hace unos tres años, unos amigos de mi edad me propusieron hacer ritos satánicos. Yo no creía en eso, sólo participé por curiosidad. Los ritos se realizaban en un cementerio; éramos diez personas, y uno era el jefe. Todos llevábamos capuchas durante el rito sacrificial y la misa negra. Los ritos sacrificiales se efectuaban en el sótano del cementerio, sobre la tapa de piedra de una tumba abierta. Lo hacíamos de vez en cuando, con intervalos de varios meses. El sacrificio de animales consistía en matar un gato, ave o serpiente mezclado con huesos de muertos que cogíamos del osario. Comíamos la carne de ave o gato calentada al fuego, mezclada con sangre de serpiente o huesos triturados. Yo comí ave y bebí sangre de serpiente. Por cierto, la serpiente es el símbolo de la secta. Luego, durante el rito, manteníamos relaciones sexuales con una muchacha virgen a la que habíamos llevado engañada. El rito solía durar unas tres horas. Le ofrecíamos el sacrificio al dios Abu Katabu, al que sentíamos presente, junto con el dios indio Zei.

El último rito lo celebramos el domingo pasado. Fui solo, ningún amigo vino a recogerme. Sentía que me llamaban, pero ahora veo que soy una víctima designada y tengo miedo.”

Le pregunto: “¿Cómo te las arreglaste para entrar en el sótano, abrir el osario y cumplir con los ritos sin que los vigilantes del cementerio se dieran cuenta?”. Me dice que, anteriormente, ya había robado las llaves, que conocía bien el lugar, sabía abrir y cerrar la reja del pasillo del sótano y que, después del rito nocturno, volvió a dejarlo todo en su sitio.

También le pregunto cómo lograban embaucar y desvirgar a las chicas. Me dice que el pretexto más común es proponerles que vayan a rezar a la iglesia o al cementerio, junto a la tumba de un conocido. Suelen llevar una o dos cada vez; las obligan a asistir al rito y luego se unen a ellas. Les pagan con dinero, les imponen silencio. Según el joven, las chicas suelen respetar el trato; algunas incluso vuelven, pero los chicos siempre quieren muchachas vírgenes para los ritos y sólo se sirven de las otras si no encuentran vírgenes.

Le pregunto cómo se llama la secta, cómo se entra en la misma y si existe algún pacto entre ellos. Me responde que se llama Serpiente Negra y que adoran al dios Abu Katabu. También me dice que, una vez se entra, es difícil salir. A dos chicos que salieron, el resto los maldijo durante un rito. Al cabo de dos días, uno de aquellos chicos murió en un accidente de moto y el otro se fracturó el cráneo. El jefe de la secta tiene veinticuatro años.

Me interesa saber cómo celebran las misas negras. Me dice que utilizan hostias robadas. Él mismo robó varias en su iglesia, donde lo conocían; había sido monaguillo, sabía dónde estaban las llaves y cogía las hostias directamente del sagrario. Últimamente, la cosa se había puesto más difícil, de modo que hacía cola para tomar la comunión y luego se metía la hostia en el bolsillo.

La misa negra la celebra un ex monje, quien se viste de rojo para la ocasión. Escupen sobre las hostias y después las queman. También emplean huesos de muertos y profieren maldiciones contra sus enemigos. Él las profirió contra sus familiares y, según dice, las maldiciones siempre surten efecto.

Tras este diálogo preliminar, empiezo con el exorcismo. Al escuchar las letanías de los santos, el chico se pone hecho una furia, patalea, grita y es un peligro. Invoca a Abu Katabu. Noto presencias demoníacas y echo agua bendita. El joven grita e invoca a sus dioses, Abu Katabu, Zei y otros. Grita por el dolor en los testículos, arremete contra su abuela y su madre. Esta última está presente, y le dice a su hijo que su abuela y su tía siempre lo han querido. Él responde que necesitaba el amor de su madre, no el de su abuela ni el de su tía, y que por eso los ha maldecido a todos. Advierto que un fuerte componente psicológico impulsa al chico a reaccionar ante las carencias de afecto. Tras sus maldiciones, a la abuela la operaron de un cáncer de mama, a la madre, de apendicitis, y el padre sufrió una fuerte descarga eléctrica que hubiese podido ser mortal. El joven atribuye estas desgracias a sus maldiciones.

En determinado momento, pierde la vista; luego habla en varios idiomas y me hace cuernos con la mano. Vomita, y así es como empieza a liberarse; se siente más ligero, llora, pide ayuda, se santigua.

Uno de mis ayudantes, amigo del vigilante del cementerio, va al lugar de los hechos y saca una fotos. Los detalles que ha narrado el joven son ciertos.

Llegamos al segundo exorcismo. Gritos desgarradores, fortísimos dolores en el bajo vientre. El chico invoca a sus dioses y se siente rodeado de llamas que lo queman. Chilla a más no poder, pide que le echemos agua en el pecho y los hombros, pero el agua bendita aumenta su dolor. Luego empieza a desembuchar; tiene muchos remordimientos. Sigo observando un fuerte componente psicológico en su tormento. Dice que el puntapié en el bajo vientre se lo dio su chica durante la violación. Ahora, después del rito satánico, ella está ingresada en el hospital, en estado de coma.

El joven vomita de nuevo; le doy agua bendita para que siga vomitando. Se calma, recobra el sentido, pide que lo salvemos. Quiere ver a su padre, su madre, su abuela, su hermano. La escena es conmovedora; les pide perdón a todos, los abraza llorando. Me abraza a mí también, invoca el nombre del Señor, reza con nosotros.

Sigue temiendo que lo maten. Se cree una víctima designada y necesita protección, cuidados especiales.

miércoles, 19 de octubre de 2011

El Oriente latino: defensores de la Santa Iglesia


Desde la encomienda de Barcelona, hemos seleccionado un nuevo texto de la especialista en la Orden del Temple, la historiadora Mrs. Helen Nicholson de su obra “The Knights Templar”.

En esta ocasión, la autora nos acerca al Oriente latino y cómo las órdenes militares se convierten en un pilar para los Papas, ganándose su estima.

Desde Temple Barcelona os invitamos a viajar hasta Oriente Próximo en un agradable recorrido a través del tiempo.

En 1289 el poeta satírico flamenco Jecquemart Gielée compuso su Renart le Nouvel (“El nuevo Renart”), donde cuenta cómo Renart, un zorro amoral y sin escrúpulos, se apodera de toda la sociedad, incluida la Iglesia. Al final la fama de Renart llega hasta el reino de Jerusalén, donde el patriarca y los maestres de la Orden del Temple y la Orden del Hospital de San Juan quieren que gobierne sobre ellos para poder derrotar al enemigo. Reunidos ante el tribunal papal para exponer sus respectivos casos, los abogados de las dos órdenes no tardan en entablar un dur debate. El templario declara:

“[…]Tenemos oficiales y caballeros, nos vemos obligados a contratar a muchos mercenarios y a gastar grandes cantidades de oro y plata, todo ello para defender la Santa Iglesia […] Pues si no aumentamos nuestras riquezas y bienes, tendremos muy poca fuerza para mantener a la Santa Iglesia; y nos veremos obligados a retirarnos y abandonar la región de Siria. Entonces el sultán de El Cairo vendrá hasta aquí con una flota. Santo Padre, debéis daros cuenta de que nuestros hombres defienden la Santa Iglesia y la Cristiandad frente al infiel.”

Es una buena descripción de la situación que atravesaba la Orden del Temple en 1289, justo antes de que se perdiera definitivamente el reino de Jerusalén en beneficio de los mamelucos de Egipto. La indicación de los hermanos de que, si no se mandaba ayuda, la orden se vería obligada a abandonar Tierra Santa, era una amenaza que en realidad ya habían hecho en numerosas ocasiones a lo largo de los siglos XII y XIII. El hecho de que Gielée incluyera dicha indicación pone de manifiesto que era bien conocida por su público (tan conocida que se había convertido en tema de broma). No obstante, esto no quiere decir que lo que manifestaba el templario de Gielée no fuera cierto. La orden se consideraba, y era considerada por los demás, la defensora de la Cristiandad; si no la única, seguramente la más importante. Era tan prominente en el papel que desempeñaba, que el autor Wolfram von Eschenbach identificaba el castillo del Santo Grial de su novela de caballerías Parzival con Jerusalén presentando a los templarios como sus guardianes. Aunque la Orden del Temple recibió las críticas de diversos comentaristas por varios aspectos de sus actividades en Tierra Santa, siguió siendo considerada la principal fuerza militar de la Cristiandad y el grupo con más responsabilidad en la defensa de Tierra Santa, incluso una vez perdidos definitivamente los estados cruzados en 1291.

¿Fueron los templarios un activo para los estados cruzados?

El arzobispo Guillermo de Tiro, que compuso su obra entre 1165, el año de su regreso al reino de Jerusalén tras haber seguido una trayectoria universalista en Italia, y 1184, el año de su muerte, consideró a los templarios y a los hospitalarios una fuerza de desintegración y anarquía del reino. Aunque sus inicios habían sido buenos, pensaba que en su época se habían hecho demasiado ricos y orgullosos, y se negaban a obedecer a las autoridades designadas por Dios a las que debían obediencia: el patriarca de Jerusalén y el rey. Cuando cuenta las hazañas que llevaron a cabo a partir de 1150, les quita importancia y minimiza el papel que las órdenes desempeñaron en su consecución, haciendo hincapié en sus fracasos. El desastre de la campaña contra Egipto de 1168 lo imputa exclusivamente a los hospitalarios; y el de las negociaciones con la Secta de los Asesinos a los templarios. Sin embargo, si estudiamos y comparamos la versión de Guillermo con otras fuentes a menudo más contemporáneas, observamos que el retrato de las órdenes militares que nos ofrece no es muy correcto. Si doce templarios desafiaban a su rey, y entregaban rápidamente un castillo, el monarca podía ordenar colgarlos, restaurando así su autoridad; y ni el Papa ni la orden podrían haber hecho nada para impedirlo. Su relato acerca de la temeraria codicia de los templarios en Ascalón se basa cuando menos en una interpretación equivocada de los hechos; incluso su relato del homicidio del enviado de la Secta de los Asesinos no es totalmente preciso, a juzgar por la versión ofrecida posteriormente por Jacques de Vitry. Tal vez los templarios se negaran a secundar la campaña contra Egipto de 1186, pero el relato de Lambert Wattrelos no deja lugar a duda de que tuvieron que participar en ella, les gustara o no, porque el rey así lo mandaba. Es evidente que a Guillermo de Tiro no le gustaba Odón de Saint Amand, maestre de la Orden del Temple, pero, según paree, la razón de ese desencuentro debe buscarse en una incompatibilidad de personalidades: en Montgisard Odón demostró su valía al rey de Jerusalén. No cabe duda de que los maestres de la Orden del Temple tenían sus propias estrategias militares, pero al menos tres de ellos habían estado al servicio del rey antes de ocupar su cargo, y difícilmente se habrían opuesto a la voluntad regia de su antiguo señor.

La postura de Guillermo de Tiro frente a los templarios y también frente a los hospitalarios formaba parte del mensaje que quería transmitir en su Historia. Escribía para el pueblo del reino de Jerusalén con el fin de difundir entre sus gentes el amor patrio, de mostrarles lo que se había hecho mal y cómo podía ser salvado el reino. Tras su participación en el Tercer Concilio de Letrán en 1179, escribió para los pueblos de la Cristiandad de Occidente, para mostrarles asimismo cómo podía ser salvado el reino de Jerusalén. Demuestra una y otra vez que los cristianos de Occidente –como, por ejemplo, Thierry de Flandes y su hijo Felipe de Alsacia- no entendían el reino y no actuaban a favor de sus verdaderos intereses. Cuando cuenta la infancia y el reinado de Balduino IV, de quien había sido tutor y era canciller, es consciente de que está escribiendo contra un contexto de preocupación papal en el sentido de que la lepra del rey era indicio de la ira de Dios, de que Dios había abandonado el reino de Jerusalén a los musulmanes y de que sólo la Cristiandad de Occidente podía salvarlo. Los papas pedían a los templarios, a los hospitalarios y a los cruzados en vez de a los nativos del reino. El mensaje de Guillermo era que esa postura era absolutamente descabellada. Los cruzados y las órdenes militares constituían el peor de los peligros para el reino. Los nativos del reino eran los que sabían realmente cómo salvar la región y merecían el apoyo de la Cristiandad de Occidente.

Desde la perspectiva que ofrecen los setecientos años trascurridos desde entonces, las órdenes militares en general, y la del Temple en particular, parecen haber sido beneficiosas para los estados cruzados. Fueron una fuerza militar esencial: con sus incursiones, mantuvieron la presión militar sobre los vecinos musulmanes de los estados cruzados; formaron parte de las fuerzas militares de los estados cruzados cuando los líderes seculares condujeron sus ejércitos a los campos de batalla; protegieron a los peregrinos, que llevaron dinero y personal al reino. La piedad y el poder de la orden y sus magníficos edificios en Jerusalén, y más tarde en Acre, impresionaron profundamente a los peregrinos. Los templarios también desempeñaron profundamente a los peregrinos. Los templarios también desempeñaron un importante papel político, aconsejando al rey de Jerusalén (hasta 1225) o emprendiendo una política en ausencia de un monarca.

Sin embargo, los maestres del Temple y de las demás órdenes militares tuvieron sus propias opiniones acerca de cuál era la mejor política a seguir, y esto sí fue una fuente de problemas para los estados cruzados. Como los nobles seculares y la Iglesia perdieron muchos recursos después de 1250 y fueron incapaces de conservar sus fortificaciones y proteger su territorio, las órdenes militares se encargaron de custodiar casi todas las fortalezas y se convirtieron no sólo en la unidad efectiva más eficaz de los estados cruzados, sino prácticamente en la única unidad militar de dichos estados. Ése nunca había sido el plan, y se convirtieron –como Guillermo de Tiro había previsto- en una fuerza de desintegración en vez de unidad. No obstante, supieron unirse ante el peligro común, en 1260 contra los mongoles y en 1291 en Acre. Pelearon con arrojo y murieron con honor en la última batalla por Acre, cumpliendo con lo que la Cristiandad latina esperaba de ellos. E incluso una vez perdidos ya los estados cruzados de Tierra Santa, se confiaba en que, después de realizar ciertas reformas necesarias para hacerlas más eficientes, las órdenes militares capitanean el ejército que habría de reconquistar Tierra Santa.

martes, 18 de octubre de 2011

La Segunda Cruzada: los turcos recuperan Edesa


Desde la encomienda de Barcelona continuamos con el apartado dedicado a conocer mejor las andanzas de las Cruzadas.

Para ello hemos seleccionado un texto del periodista e investigador Don Juan Ignacio Cuesta de su libro “Breve historia de las Cruzadas”, donde hace hincapié en la Segunda Cruzada, concretamente para recuperar nuevamente Tierra Santa.

Desde Temple Barcelona deseamos que su lectura os sea entretenida.

Recreación pictórica medieval de la lucha entre cristianos y musulmanes.

El Atabeg (especie de gobernador militar selyúcida) Imad al-Din Zangi, señor de Alepo y Mosul que sería considerado como “un regalo de la providencia divina para los musulmanes”, era un tipo especialmente rudo y cruel que combatía a todo el mundo, tanto a sus propios correligionarios como a los cristianos. Se le conocía principalmente por haber castigado con mucha dureza al califa de Bagdad que anteriormente se levantó contra él. Tras una serie de escaramuzas decidió marchar con un ejército poderoso a conquistar todo el condado de Edesa, incluida la capital, una empresa complicada dada su fuerte muralla triangular fuertemente apoyada en las colinas circundantes. Sin embargo, en su interior no había prácticamente tropa. Simplemente un obispo francés rodeado de tejedores, zapateros, sastres y otros artesanos.

Zangi hizo múltiples ofrecimientos para conseguir una rendición pacífica e incondicional, pero un comerciante imprudente los rechazó y el atabeg preparó sus tropas para el asalto, tal y como nos cuenta un cronista de excepción de la época, el emir Usama.

“Los turcos arrancaron los cimientos de la muralla septentrional y colocaron en su lugar maderas diversas. Luego rellenaron los huecos con nafta, brea, grasa y azufre para que se inflamara violentamente y cayeran todas las piedras. A la orden de Zangi, prendieron fuego. Los combatientes se dispusieron a la lucha en cuanto se abriera una pequeña brecha por la que colocarse en la ciudad. Les habían prometido que saquearían la ciudad durante tres días…el viento del norte ayudó al fuego y la muralla se tambaleó y se derrumbó. Tras haber perdido muchos combatientes turcos en la brecha, entraron y empezaron a matar a sus habitantes sin detenerse ni a mirarlos. Murieron seis mil en un solo día… Las mujeres, los niños y jóvenes se precipitaron hacia la ciudadela alta para escapar a la matanza. La puerta estaba cerrada porque el obispo había mandado a los guardias que no la abrieran si no veían su rostro. Todos subían atropelladamente y se iban pisoteando…perecieron atrozmente unos cinco mil y quizá más.

Aunque Zangi intervino en persona para parar la matanza, el daño ya estaba hecho y la ciudad había caído en manos turcas. Cuando la noticia llegó a Europa, todos quedaron consternados, porque allí era donde las tropas imperiales habían encontrado la Sábana Santa, reliquia muy valiosa, tanto para unos como para otros. Melisenda, la reina de Jerusalén, envió al obispo de Jabala, Hugo, a pedir ayuda al papa Eugenio III, que por otra parte tenái dificultades con una sublevación contra su política. Sin embargo, se empeñó en predicar una nueva Cruzada mediante una bula enviada al rey de Francia y a la nobleza, conminándoles a recuperar Edesa a cualquier precio.

Al principio no recibió respuesta, porque era época de prosperidad y nadie quería abandonar sus ricos feudos con los campos a punto de dar todo su fruto. Pero insistió y convocó una nueva reunión en Vézelay, que contó además con una arenga de san Bernardo, la conocida como “la de 1146”. El abad de Citeaux desplegó todas sus habilidades como orador, emulando al mismísimo Jesucristo, empleando gestos exagerados, afectados e impresionantes que conmovieron a los burdos caballeros franceses. El auditorio quedó plenamente convencido de que algo había que hacer y así, en caliente, se lanzaron por las calles buscando cruces, enteramente dispuestos a marchar para liberar Tierra Santa una vez más.

Bernardo de Claravall recorrió el territorio franco animando a las gentes a participar y consiguiendo nuevos reclutamientos. Tras su paso por Renania, donde predicó el odio a las demás religiones, se produjeron grandes matanzas de judíos que fueron, en definitiva, las víctimas inocentes de la pérdida de Edesa. Se encontró también con el rey Conrado, pero éste no le hizo demasiado caso porque consideró que se estaba comportando en ese momento como un fanático peligroso, un tanto irracional. Sin embargo, el pueblo alemán tenía muchas ganas de partir para Tierra Santa y el rey acabó convenciéndose de la conveniencia de una alianza con su homólogo francés para emprender una nueva Cruzada, la Segunda.

La noticia no le hizo demasiada gracia al Papa, que veía en él un freno contra su adversario Roger de Sicilia, dispuesto a tratar de hacerse con sus propiedades.

El año 1147 no sólo fue el de la predicación de san Bernardo, sino el de la preparación de la campaña militar. El ejército alemán estaba formado por los propios alemanes, a los que se añadieron gentes de Lorena que hablaban en francés y algunos otros de procedencia eslava. La abigarrada composición provocaba incidentes todos los días que tenían que ser apaciguados convenientemente por Federico, duque de Suabia, hombre de carácter mucho más firme que el del rey Conrado.

El paso por Hungría no fue especialmente complicado, puesto que el rey Geza facilitó enormemente las cosas para que se marcharan cuanto antes. Se mostró amable y cordial, pero en el fondo deseaba que todo ese ejército saliera pronto de su reino ante la más que segura posibilidad de que se ocasionaran incidentes graves e irreversibles. Además, el basileus Manuel Comneno había enviado a Demetro Macrembolites y a Alejandro de Gravina para que tomaran juramento de lealtad al rey alemán, que se molestó bastante por tanta suspicacia. Sin embargo lo hizo prudentemente, y el Emperador respondió ayudándole y agasajándole con diversos regalos, costumbre propia de todos los mandatarios bizantinos.

El ejército cruzó el Danubio en julio del año 1147 y fue recibido por Miguel Branas, gobernador de Bulgaria, que proporcionó los medios necesarios para que pudieran seguir adelante. También fueron bien recibidos por Miguel Paleólogo, primo de basileus y gobernador de la ciudad de Tesalónica. De momento las cosas estaban resultando razonablemente tranquilas, pero la calma no duraría mucho. Los soldados, repentinamente, como si un resorte hubiera liberado toda su energía latente, comenzaron a realizar todo tipo de tropelías, desmanes y saqueos enervados por el consumo abusivo de alcohol. Incluso intentaron asaltar Filipópolis, cosa que no consiguieron, puesto que se trataba de una ciudad bastante bien amurallada y abastecida para resistir durante todo el tiempo que fuera necesario. (fin 1ª parte)