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jueves, 20 de marzo de 2014

El Temple: ¿inocente o culpable? IIª parte

Desde la Encomienda de Barcelona, seguimos con la conmemoración del setecientos aniversario de la ejecución del Gran Maestre templario, Jacques de Molay. Para ello, retomamos la segunda parte sobre si la Orden del Temple fue inocente o culpable, realizada por el historiador francés Alain Demurger de su obra: ‘Vie et mort de l’ordre du Temple’, que nos da su punto de vista.

Desde Temple Barcelona deseamos que os haya gustado.


Por Alain Demurger

Pero a finales de siglo se produce una evolución. Un estudio reciente ha demostrado que la herejía, pese a haber sido combatida vigorosamente durante sesenta años, no sólo no había desaparecido por completo del Languedoc, sino que había ganado a ciertas familias de la nobleza cruzada, las familias de barones del Norte venidos con Simón de Montfort y que se habían aposentado en el Midi. Si hay influencia cátara, más vale explicarla por el hecho de que el Temple encuentra sobre todo sus reclutas entre la pequeña y la mediana nobleza, que, en el Languedoc, fueron muy permeables al catarismo, lo cual pudo afectar al Temple. Pero no únicamente a él. En este aspecto como en muchos otros, me niego a clasificar aparte al Temple. En resumen, quizá se dieron casos aislados de herejía, pero la orden en conjunto no era herética. Ni siquiera Clemente V lo pensaba así. Jacobo de Molay, en su declaración del 28 de noviembre de 1309, tenía todo el derecho de defender la ortodoxia de la orden y hacer una profesión de fe católica. Los errores de los templarios en materia de fe se refieren a la conducta, no a la creencia. Además, último argumento a este propósito, si el Temple se hubiera convertido en una secta herética, se hubiera encontrado al menos un hermano que muriese por su fe, como entre los cátaros o los dolcinistas. Tanto los cincuenta y cuatro condenados a la hoguera en 1310 como Molay y Charney murieron por la fe católica.

En cuanto a la idolatría, la adoración de la cabeza, la breve historia siguiente debe inducirnos a la desconfianza: Guillermo de Arrablay, antiguo limosnero real, dio una descripción tan precisa de la cabeza que la comisión de investigación pidió al guardián de los bienes del Temple de París que la buscase. Era una cabeza-relicario de plata…

Quedan los contactos con el islam, que sería vano negar. Dos siglos de combate contra el infiel en Oriente dejan huellas. Los templarios empleaban mano de obra musulmana, con frecuencia esclava, en sus dominios de Siria-Palestina y España. Negociaban treguas por su propia cuenta y, por lo tanto, tenían que desarrollar una diplomacia adaptada a las costumbres del mundo musulmán. Mantenían una red de agentes secretos (Guillermo de Beaujeu). Tampoco en esto se singularizaron. Los hospitalarios y los barones locales hacían lo mismo.

Ya he puesto de manifiesto la incomprensión demostrada por los occidentales en cuanto a la política oriental. Para ellos, los latinos de Tierra Santa son amigos de los sarracenos. Un templario irlandés explicará la impopularidad de la orden por su buen entendimiento con los musulmanes. El diálogo siguiente entre Nogaret y Molay, el 28 de noviembre de 1309, resulta esclarecedor, Nogaret…

…dice al maestre que se contaba en las crónicas de Saint-Denis que, en tiempos de Saladino, sudán de Babilonia, el que entonces era maestre de la orden y otros dignatarios habían rendido homenaje a Saladino y que éste, enterado de la gran desgracia que habían sufrido entonces los templarios, había dicho públicamente que los templarios la habían padecido porque estaban carcomidos por el vicio de sodomía y porque habían faltado a su ley y a su fe; el susudicho maestre quedó en extremo estupefacto y declaró que nunca hasta entonces lo había oído decir, pero que sabía bien, sin embargo, que, encontrándose en ultramar en la época en que el maestre de la susodicha orden era el hermano Guillermo de Beaujeu, él mismo, Jacobo y muchos otros hermanos del convento de los susodichos templarios, jóvenes deseosos de hacer la guerra, como es costumbre en los jóvenes caballeros […], habían murmurado contra dicho maestre porque, durante la tregua que el difunto rey de Inglaterra había establecido con los sarracenos, dicho maestre se mostraba sumiso al sudán y conservaba su favor; pero que, finalmente, el susodicho hermano Jacobo y otros del susodicho convento de los templarios quedaron satisfechos, viendo que el susodicho maestre no podía obrar de otra manera, porque en aquel tiempo su orden tenía bajo su mano y bajo su guarda muchas ciudades y fortalezas de la tierra del susodicho sudán […] y no hubiera podido guardarlas de otra forma…(pp. 169-171).

Un texto apasionante, ya que se ve en él el foso que separa a los latinos de Oriente de los cruzados, un foso que aparece en el seno del propio Temple. Se observa también la renovación constante del mismo. De todos modos, adviértase la mala fe de Nogaret. En las Crónicas de Saint-Dionis no se hace ninguna alusión a lo que él cuenta.

Se comprende muy bien cómo pudo servirse la acusación de la impopularidad de estas prácticas para sugerir un lazo todavía más fuerte con el islam, cuando no una conversión secreta. ¡Cuántas especulaciones azarosas se han hecho a este respecto! Ya me he referido al problema a propósito de las relaciones con la secta de los asesinos y, más en general, a propósito de las relaciones entre cristianos y musulmanes. Sólo vuelvo sobre ello para precisar que todas las elucubraciones sobre una pretendida “ósmosis dogmática” entre templarios y musulmanes carecen de fundamento. Por lo demás, la reacción de Molay ante las invenciones de Nogaret confirma lo que ya se sabía: la renovación de los hombres en el Temple es demasiado rápida para permitir la menos ósmosis. Esteban de Troyes, que profesó en el Temple en 1297, indica en su declaración que asistió a un capítulo en París (probablemente en 1300). “En ese capítulo, se decidió enviar trescientos hermanos a ultramar”.

Si hubiesen tenido lazos privilegiados en el islam. ¿se puede creer que Saladino, Baibars, Qalawun y al-Ashraf, hubieran matado sistemáticamente a sus prisioneros templarios u hospitalarios? No, los templarios constituyen el duro núcleo de la ofensiva cristiana contra el islam, no el caballo de Troya del islam en el mundo cristiano.

La acusación no era nueva. Paradójicamente, uno de los primeros en formularla fue el emperador Federico II, bien conocido por sus relaciones amistosas contra el cristianismo cuando visitó el Sepulcro de Cristo. Mathieu Paris se apresuró, claro está, a propagar la acusación de traición formulada por Federico II con ocasión de la derrota de Gaza, en 1240. Nogaret no tuvo que buscar muy lejos para encontrar sus argumentos.

¿Culpable o no culpable?

Tomadas una por una, ninguna de las acusaciones presentadas contra el Temple es falsa. Siempre se encontraría un templario sodomita, un templario avaro, un templario violento, un templario que, en un día de gran cólera, hablase imprudentemente sobre la fe (recordemos a Ricaut Bonomel). Por lo demás, numerosos artículos de la regla están dedicados a la represión de esas faltas y delitos, prueba de que existen. Los acusadores del Temple echan abajo una puerta abierta, que hubieran podido derribar, de la misma manera en cualquier otra casa religiosa.

Se comprueba además que, cuanto más se retrasa el proceso, más se recargan las tintas. En 1307, los acusados confiesan los besos obscenos en la boca, el ombligo, la parte inferior de la espina dorsal: en 1311 se añaden al ano, la entrepierna, el sexo. Se entera uno también de que, desde hace veinte años, si no más, todos conocen las pequeñas manías del Temple. Un franciscano, Esteban de Néry, cuenta que, en 1291, cuando uno de sus parientes se preparaba para entrar en el Temple, sus parientes y amigos le embromaban: “¿Así que mañana vas a besar el ano del comendador?” Ni siquiera la comisión pontificia se lo cree ya.

Por consiguiente, consideradas una a una las acusaciones no significan nada. Para que se conviertan en operatorias, se precisa que una voluntad política las reúna en un sistema coherente, ajustándose a la opinión corriente a fuerza de deformaciones, de añadidos, de mentiras. Tal es la obra de Guillermo de Nogaret y sus adjuntos, que trabajan por cuenta de la realeza francesa. Sólo elucidando los motivos del rey se llega a una explicación racional de la cuestión del Temple.


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